LA “VERDAD EN EL INFIERNO”: El coraje cívico contra la ruina del centro histórico



                                                                                      Por: Nayib Abdala Ripoll   

                   
El filósofo Francisco Cortés  en  su  obra: “La Verdad en el Infierno: Diálogo filosófico en las voces de Hobbes, Kant y Maquiavelo”  (Bogotá, Siglo del Hombre Edit., Edit., 2002)   trata a la vez con claridad y rigor histórico y sistemático los grandes conceptos de la filosofía política por medio de este diálogo ficticio y, nos parece que  contribuye a aclarar el sentido y  los orígenes de la posición de Hannah Arendt, la filósofa del coraje cívico, motivo por el cual trataré de mostrar el punto en el cual se pueden relacionar algunas tesis de este libro con algunas que se encuentran en un libro de ensayos dedicado recientemente a Arendt por la Universidad de los Andes. 
       
La forma del libro de Cortés, un diálogo en el infierno de Dante, alude a un sueño en el que Maquiavelo  se encontró a Platón, Plutarco y Tácito cuando discutían de cuestiones políticas en el  lugar sombrío y desde entonces el florentino lo prefirió al aburrido paraíso.  El título de la obra  alude, además, a  otro  libro famoso: “Diálogos en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu” (2007, México, Éxodo),  una crítica  del régimen de  Napoleón III, publicada en 1864 por el abogado francés Maurice Joly.                                                                                                                                              
Ahora bien, mientras que en este libro se muestra que para conservar el poder (considerado el problema central de la política moderna) se disputaban dos tesis de los clásicos de la política Moderna, una que apelaba al poder de un soberano fuerte, sin participación de los ciudadanos, y otra que mantenía la necesidad de la participación ciudadana, en la mencionada obra sobre Arendt se muestra su importancia para desarrollar el problema de cómo  formar una ciudadanía activa. Ahora bien, según el filósofo y profundo conocedor de las tesis de Arendt sobre la ciudadanía, Wolfgang  Heuer, en Palermo, Italia, por carecer de una ciudadanía participativa y activa, las consecuencias del dominio mafioso que se apoderó de la Ciudad fueron “el abandono del espacio público, la ruina del centro histórico, la clausura de instituciones culturales, el silencio público y un gran número de muertos”, (En: “Política y Coraje cívico”, en: “LAURA QUINTANA Y JULIO VARGAS (COMP.)” : Hannah Arendt, Política, Violencia y memoria, Bogotá, Uniandes, (2012) p.28).                                                                                         
Estudioso de la lucha de la ciudadanía  contra la dictadura y el crimen organizado  en  Alemania Oriental y en Palermo,  Heuer, inspirado  en  Arendt, cree que el combate sólo lo gana la ciudadanía  usando, además del coraje cívico,  lo que el   alcalde de Palermo Leoluca Orlando  llamó la “carreta siciliana” con dos ruedas: “una de la legalidad y otra de la cultura”. Hannah Arendt  pone como  tema central de la reflexión política el mundo común o “mundo político” que existe entre la pluralidad de los seres humanos en cuanto capaces de acción, es  decir, no del conformismo, sino de comenzar algo nuevo.  
                                                           
Aunque Arendt ha sido acusada de separar  abstractamente y de un modo idealista la cuestión de la libertad de la cuestión social, estudiosos como Heuer y, entre nosotros, Francisco Cortés  han encontrado en ella más bien un intento de mostrar  la necesidad de hacer compatibles la cuestión social y la libertad, la liberación de la injusticia social y la consecución de un espacio de libertad, un mundo público común sin el cual los ciudadanos no pueden aparecer mediante sus palabras y sus acciones,  un espacio  público, en fin,  que las dictaduras y las mafias que se ocultan detrás de los gobiernos de fachada  democrática tratan de abolir con la excusa de que van a acabar con la injusticia social.                                           

Arendt formula, además,  una crítica del liberalismo, en cuanto se limita a defender un espacio privado intocable de cada individuo, protegido por sus  derechos civiles, y aprecia  la importancia que otorga el republicanismo a los derechos políticos  y a la ciudadanía. También estudió  los momentos oscuros del  totalitarismo de Hitler y Stalin y su destrucción de la ciudadanía misma concebida como    EL DERECHO A TENER DERECHOS, del cual los nazis despojaron a los judíos desde el principio, para convertirlos en muertos vivientes.   

Pero esos planteamientos de la filósofa Arendt se comprenden mejor si se tiene a la vista el gran cuadro de la evolución del problema de cómo conservar el poder del estado que se encuentra en el libro del profesor Cortés, en el cual encontramos que Hobbes,  al que  Maquiavelo ha saludado  como el “más grande pensador de la política de todos los tiempos” (p.16), afirmaba  que,  basado en el florentino,  concibió al hombre  como un ser  insocial, lleno de miedo y preocupación por el futuro  y cuya violencia  hace necesaria el contrato  que da origen al Estado para, sobre él  fundar el derecho público.  Kant, a su vez,   reprocha a Hobbes que,  para evitar la violencia que reina en   el estado de naturaleza,  en el proceso de creación del derecho,  someta la intervención de los ciudadanos a la voluntad de un gobernante soberano, ajeno a la comunidad política y a las relaciones recíprocas de los ciudadanos. En  su réplica Hobbes  se declara dispuesto a aceptar que sea el derecho y no exclusivamente  el poder del soberano lo que puede constituir un mundo público común, pero con la condición de que ese derecho sea dictado por la voluntad soberana del gobernante y no por una supuesta voluntad general de un pueblo organizado políticamente, aludiendo, como vemos, a Rousseau.  Ahora bien, en el curso de la obra dedicada a Hannah Arendt a la que nos referimos al principio el lector observará que  Arendt  critica en general  el concepto de  soberanía porque confunde el poder político con una simple relación entre una voluntad que manda y otra que  obedece, lo que  opaca su verdadero significado como una forma de relación libre entre los ciudadanos en acción.             

Arendt  es crítica, además,  de la apelación de   Rousseau  a la soberanía de la voluntad general, única e indivisible, como sede de la libertad. En la política no hay que partir de una engañosa unidad de los seres humanos, llámese pueblo o nación soberanos, sino de una pluralidad.  Rousseau cree que en cada ciudadano la voluntad general domina a su voluntad particular y esto para Arendt presupone que la voluntad general actúa como un tirano que impone  su “voluntad” a los individuos.  Para Rousseau y los modernos el poder se confunde con el dominio, mientras que para Arendt es la capacidad de concertación de una pluralidad de seres humanos. Para Arendt, la libertad tiene que ver con el poder actuar, no con el querer  de la voluntad. Y en los asuntos de la ciudadanía se trata de poder hacer, es decir, de libertad de acción, y no de la libertad de querer esto o lo otro. Este tema lo desarrolla  con claridad y profundidad el profesor  Etienne Tassin en el artículo "La manifestación política: más allá del acierto y del fracaso" ( en: Hannah Arendt: Política, violencia, memoria, op. cit.) 

Ahora bien, si volvemos al diálogo entre Maquiavelo y Kant que traza magistralmente el profesor Cortes, vemos que con Kant no existe tal tiranía de la voluntad general. A diferencia de Hobbes,  Kant  ve al ser humano como compuesto por dos partes, una rebelde y otra reconciliable, lo  que explica que califique las relaciones sociales como algo supeditado a lo que paradójicamente llama la  “insociable sociabilidad” del ser humano, lo cual le permite a la vez aceptar que, por un lado,  el Estado se base en cierta coacción, pero por otro también se base en el “asentimiento racional que puedan dar mediante el derecho todos los miembros de una  comunidad política” (p.  113 y ss.).  Por eso después  de varios encuentros controversiales entre Maquiavelo, Hobbes  y Kant, en relación con el concepto de derecho de este último, en la pág. 110, se dice que el derecho es:



el medio a través del cual es posible establecer un mundo público común”

Frase magistral  que  muestra,  desde un diferente horizonte político,  lo que podría llamarse un antecedente de  la noción del mundo público de Arendt, dicho esto a pesar de que, en nuestra lectura de principiantes, no hemos encontrado una referencia expresa de  ella al papel del derecho en la formación del mundo público. En suma, la obra de Francisco Cortés permite enlazar el problema de Arendt del mundo público común  con la idea kantiana del derecho  y con la herencia cívica de Grecia y la republicana del Renacimiento y de Roma. Y podríamos concluir, que, además, ella se interesó en este tema porque para ella una ciudadanía meramente pasiva  como la de  hoy es la base para el dominio de los grupos armados y las mafias, además del clientelismo, con lo que desaparece el mundo común o mundo público, sede de la acción política libre. 

Comentarios

  1. Gracias, profesor Abdullah, por su comentario, pero en lo referente a la ciudadanía, me parece que no subrayé lo suficiente que Arendt la basa en el coraje para salir del espacio privado al espacio público y no sólo en la categoría del reconocimiento como es usual desde Hegel

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  2. Permítame, estimado profesor Abdullah anexar algunas aclaraciones. Cuando comencé a redactar esta nota, en el 2012, no había notado (por ser un autodidacta en estos temas) que en otros escritos del autor se ve que junto con Habermas, se distingue de Arendt por la separación que ella hace entre lo político y lo social. El autor sigue a Habermas y a su discípulo Honneth en la idea de que la categoría del reconocimiento es muy importante para tratar el tema del mundo común. En cambio, Arendt subraya no tanto la categoría del reconocimiento,como la del coraje, que permite pasar de la invisibilidad de la vida privada al espacio público, como ha visto Tassin. Lo que me llama la atención de este libro, sin embargo, es que a pesar de su visión crítica de Arendt, es tan objetivo que le permite a un seguidor de la categoría de "mundo común" de Arendt relacionarla con la categoría de "derecho" de Kant, es decir, con uno de los hitos de la Modernidad (aunque el autor no se haya propuesto mostrar la evolución de la categoría del mundo común). Tengo la impresión de que el derecho ha sido visto dentro de la idea del mundo común ( entendido como la comunidad y no sólo como el espacio público de que habla Arendt) ya en la antigüedad romana. Así, he visto que ya en Cicerón se distingue la verdadera comunidad de la fallida, por el hecho de que es una vida en común basada en el "consentimiento del derecho"("Consensu iuris", dice en "La República"), pero no porque el derecho haya sido establecido mediante un pacto (como dirían los modernos) sino porque el derecho es algo como el aire que respiran, ya nacido con la fundación de la ciudad. Así que también tienen como un "mundo Común" basado en el derecho, pero de un modo distinto al de Kant, Arendt basa el mundo común en la pluralidad, raíz de la acción y el discurso,y del espacio público sin los cuales no hay política de la deliberación o concertación, sino el poder entendido como dominio o la mera violencia.

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  3. Hoy aquí en Francia tras la masacre del semanario Charlie Hebdo, la cuestión del espacio público y delo que ud llama "la necesidad de hacer compatibles la cuestión social y la libertad, la liberación de la injusticia social y la consecución de un espacio de libertad, un mundo público común" ocupa los espacios del debate. La compatibilidad entre el discurso del filósofo y la realidad compleja e indomable de la "insociable sociabilidad" que guía gran parte de las praxis sociales. Últimamente trabajo acerca de la intraductibilidad de la filosofía en términos de política pública, tarea que me ha obligado a volver a ciertos clásicos de la filosofía. En esta labor he observado que con la aparición y dominio del discurso de la filosofía política comunicativa, racional y procedimental de un Habermas y de un Rawls (por citar solo dos autores) nos hemos ido acostumbrado a pensar las democracias contemporáneas (y todo lo que en ella este en juego, incluida la libertad y la justicia social) han de ser necesariamente ser un “rio tranquilo”. Siendo que lo propio de la democracia (desde un punto ontico y ontológico) es lo que yo llamo la “tensión-sostenida”. No hay democracia sin la agonística sin la contradicción!
    No debemos esperar que un sistema político y de organización del Estado elimine todo conflicto, al olvidar este carácter que el mismo Kant en sus mal llamados “textos menores” (la historia y la antropología) denominaba “insociable sociabilidad”, estamos abriendo una brecha irreconciliable entre discurso filosófico y la praxis social. ¿Qué piensa usted? Será un placer compartir con usted mis avances en este aspecto y el desarrollo del concepto de “tensión-sostenida”

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  4. Estimado Maestro, Hannah Arendt, "la filósofa del coraje cívico". Esta es una frase que me creo expresa lo que también se encuentra en la filosofía de esta maravillosa pensadora, el coraje de pensar: pensar a pesar de..
    Hoy aquí en Francia tras la masacre del semanario Charlie Hebdo, la cuestión del espacio público y delo que ud llama "la necesidad de hacer compatibles la cuestión social y la libertad, la liberación de la injusticia social y la consecución de un espacio de libertad, un mundo público común" ocupa los espacios del debate. La compatibilidad entre el discurso del filósofo y la realidad compleja e indomable de la "insociable sociabilidad" que guía gran parte de las praxis sociales. Últimamente trabajo acerca de la intraductibilidad de la filosofía en términos de política pública, tarea que me ha obligado a volver a ciertos clásicos de la filosofía. En esta labor he observado que con la aparición y dominio del discurso de la filosofía política comunicativa, racional y procedimental de un Habermas y de un Rawls (por citar solo dos autores) nos hemos ido acostumbrado a pensar las democracias contemporáneas (y todo lo que en ella este en juego, incluida la libertad y la justicia social) han de ser necesariamente ser un “rio tranquilo”. Siendo que lo propio de la democracia (desde un punto ontico y ontológico) es lo que yo llamo la “tensión-sostenida”. No hay democracia sin la agonística sin la contradicción!
    No debemos esperar que un sistema político y de organización del Estado elimine todo conflicto, al olvidar este carácter que el mismo Kant en sus mal llamados “textos menores” (la historia y la antropología) denominaba “insociable sociabilidad”, estamos abriendo una brecha irreconciliable entre discurso filosófico y la praxis social. ¿Qué piensa usted? Será un placer compartir con usted mis avances en este aspecto y el desarrollo del concepto de “tensión-sostenida”

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    1. Muchas gracias de nuevo, estimada profesora Montes, por su invaluable gesto de compartir su acertada preocupación por la intraducibilidad de las discusiones filosóficas al lenguaje de los trágicos conflictos actuales en el espacio público, en especial el de la masacre en el semanario de Charlie Hebdo que a usted le ha tocado vivir de cerca. Es muy pertinente su crítica a los que solemos presentar la democracia como el estado libre de tensiones y conflictos. Me ha hecho recapitular mi presentación del mundo común como el mundo del derecho, de la libertad y del espacio público y me ha obligado a buscar una presentación del actual estado del mundo en la que se muestre que después de las conquistas de la política moderna de la libertad del ciudadano entendido como propietario y dueño de su cuerpo capaz de entrar en contrato social, actualmente el ciudadano común es no propietario y se encuentra o sólo y aislado del mundo común o apertrechado en comunidades tradicionales, algunas, de ellas cerradas y bajo las cuales busca o protegerse del mundo global o atacarlo como causante de su existencia de paria. Su visión de la democracia como lugar de tensión y conflicto me causado una parecida conmoción a la que tuve al leer la obra "La Ciudad Dividida" de Loraux, la gran investigadora francesa quien me mostró que la Atenas clásica no era la elogiada por los discursos fúnebres de Pericles, sino una ciudad llena de tensiones y conflictos sumamente violentos. Nos complacería mucho su contribución al Blog con una presentación de su visión de esas tensiones del mundo político, mientras preparamos el tema para una próxima edición. pronto, .

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