Marco Aurelio: El sentido de la libertad vista como “práctica de si” o “arte de vivir”.

 Por Nayib Abdala

Cartagena, marzo de 2025

Con motivo de la reciente versión del Hay Festival en Cartagena de Indias  se dio un  sencillo y a la vez profundo ejemplo de diálogo sobre la pervivencia de los clásicos  por los escritores  Alejandro Gaviria, exrector de la Universidad de los Andes,  y Pablo Montoya, profesor de Filosofía de la Universidad de Antioquia  quienes abordaron el problema  de cómo acercarse desde  este  mundo que se pavonea con orgullo por el descubrimiento de  la inteligencia artificial ( a veces como lo hacen los niños con un juguete nuevo), al mundo de las reflexiones sobre el arte de vivir del emperador romano Marco Aurelio.

Sobre el tema el profesor Montoya ha escrito una novela imposible de abarcar en estas breves notas,  obra maestra tanto por la belleza de su poesía como por la profundidad cuando muestra al gran maestro del estoicismo llorar sobre la frente de un niño que acaba de morir por la peste, después de advertir los síntomas y el peligro  siguiendo el método del gran médico Galeno. Novela que pudo mostrar,  además,  el momento en que después de apreciar la belleza de las  imagénes llenas de luz de varios paisajes entre el Danubio y los montes donde Zeus castigó a Prometeo, el mismo Marco Aurelio afirma que lo más importante del arte es que enseña a  ver las cosas. 

Y sin embargo, no menos impresionantes por su actualidad política, son los momentos en que hablando de los bárbaros y de los pueblos diferentes del romano Marco Aurelio expresa que aprecia mucho la diversidad (de los pueblos), lo que me pareció un sereno pero drástico rechazo que formula la novela contra el  desprecio de los “imperios” actuales por los más diversos pueblos cuya situación ha convertido en migrantes.   

Es notable que  la atención del mencionado diálogo ,  en vez de centrarse en las respuestas de los grandes pensadores  de la actualidad a la pregunta por el sentido de la vida, se haya fijado en un filósofo romano a la vez gobernante y seguidor de la escuela estoica , escuela popular a la que llegaron a pertenecer tanto personajes importantes como el emperador Marco Aurelio, como personajes que hoy serían tachados de  marginales o  “outsiders”, o migrantes , uno de esos seres llamados "cínicos" que antes deambulaban por las calles de grandes ciudades como Atenas y Roma, algunos con atuendos humildes como los hoy llamados “habitantes de calle”, pero con un don de decir la verdad con gran peligro para sus vidas   (lo que el investigador Foucault  nombró  con una palabra griega como “parresia” o,  como lo dijo con el título de una de sus obras: “el  coraje de decir  la verdad”),  que también el actual papa describe como ”hablar con franqueza” y  valora como una de las virtudes de algunos profetas y de mártires cristianos.

A propósito del tema he recordado que el humanista caldense Santiago Colorado, citaba a veces un verso de un autor clásico cuyo nombre he olvidado, el cual dice que “A menudo la verdad se esconde bajo sórdida capa”. Y personajes de atuendos humildes fueron muchos de los discípulos de Sócrates, filósofo cuyo modo de vida, despreocupado por los negocios y ocupaciones típicas de las ciudades antiguas, así como también por las habladurías de sus habitantes  cayó mal a los ciudadanos atenienses, juzgado y condenado a muerte  en el año 399 a. C. en Atenas.

Se trata de un   personaje que hoy sería tomado por otro loco callejero más sofisticado, pero que entonces resultó ser un maestro con ilustres discípulos que  con el correr de los siglos darían  origen a las  escuelas filosóficas  de los estoicos (llamados así porque se reunían en un sitio público llamado STOA” o portal o pórtico) y  la de los epicúreos (es decir los discípulos de Epicuro,  fundador del hedonismo , o escuela de la que se decía que enseñaba a vivir partiendo de la importancia del  placer o, dicho en griego, la “hedoné” o alegría de vivir, esto dejando aparte a los cínicos y su crítica mordaz de los modos de vida usuales.

El tema de Sócrates y el de la atención a las diferentes formas de vida propio de las escuelas socráticas se unió en el Renacimiento, con el  estudio del  legado que dejaron ,  por haber sido condenados a muerte, algunos  de los primeros pensadores modernos como el humanista italiano Giambatista Vico, quien hizo ver por medio de un relato acerca de cómo se formó la humanidad, que Dios no le dio al hombre ningún lugar fijo en el universo, ni lo declaró como el ser más grande en dignidad entre todos, sino que cuando lo creó se le habían agotado todas las formas o tipos o modelos de creaturas, motivo por el cual advirtió al ser humano que él mismo se debía crear la forma  que juzgara la más adecuada para su modo de ser.  

Además, Miguel de Montaigne, fundador del género literario conocido con el nombre de "ensayo", convirtió en la aurora de la Edad Moderna el tema de las diversas formas de la vida humana como el más importante, así como también el tema  de la vida y la trágica muerte de Sócrates, juzgado por sus ideas aunque no escribió nada, motivo por el cual, según  muestra un magistral libro del actual pensador Costica  Brandatan, Voltaire declaró que la muerte de  Sócrates  es como la muerte de un mártir, lo que la convierte en la apoteosis de la filosofía  pues por sus prácticas de lo que hoy se llama "autocuidado"  o su modo de aceptar la muerte  él y algunos de sus discípulos ocupan un lugar aparte y la filosofía en esos casos se convierte no tanto en un oficio de escribir sino en una forma de actuación cara a la muerte.

 Este tema principal era y sigue siendo hoy cuestión debatida, desde cuando en Francia un profesor de filosofía antigua, Pierre Hadot, lo sometió a densos debates a los que asistió el en ese entonces brillante investigador del College de France, Michel Foucault, quien interpretó  el tema de los socráticos y de sus seguidores cínicos, estoicos y escépticos como  el  “arte de vivir” en el tercer volumen de su “Historia de la Sexualidad” que tenía como subtítulo: “la inquietud de sí”.

Si el profesor Hadot sostenía que tanto en los filósofos estoicos como en  el mismo emperador Marco Aurelio se encontraban ciertas especies de “ejercicios espirituales” de cómo gobernar la vida de cada uno, a Foucault le pareció que la filosofía tenía que impulsar esas que llamaba “tecnologías del yo” o artes de vivir como ciertas formas de prácticas de libertad de los ciudadanos e  interpretó esas artes de vivir o de dirigir la propia vida como un llamado a la libertad entendida como “prácticas del cuidado de sí” cuyo contenido era el “cuidado de cada uno por sí mismo en vez de depender de la dirección espiritual de otro, ya fuera   un filósofo (de antes del cristianismo) o un monje (como cuando el cristianismo tomó las riendas del poder imperial).

Así que las “artes de gobernar la vida” que practicaban los monjes de la alta Edad Media dirigidos por un superior se convirtieron  en fuente del estudio de esas que Foucault llamó “practicas de sí” de las cuales vio derivarse varías formas de "gobernar" asuntos humanos o formas complicadas de "Gubernamentalidad" de la vida cívica y de la política.

Pero en nuestros días el filósofo Costica Bradatan ha sostenido la tesis de que no se puede saber lo que realmente entendían por "arte de vivir" esas escuelas derivadas del socratismo si no se atiende a la paradoja de que el fundador Sócrates parecía tener como tema principal de la guía para vivir bien precisamente la constante indagación por lo que significaba la muerte para un ser humano.

Bradatan ha visto algo que pocos notaron, es decir que la búsqueda por Sócrates y las escuelas socráticas de un arte de vivir bien o si queremos decirlo de otra forma, un arte de gozar la vida en toda su plenitud tenía   paradójicamente como tema principal el del significado de la muerte, lo que más tarde llevaría a algunos pensadores tanto clásicos como modernos a la idea de que el tema principal del pensamiento humano era el tema de la muerte.

Sin embargo, la novela del profesor Montoya permite mirar esos resultados desde una Roma imperial basada paradójicamente en una sabiduría que pasó de debajo de las sórdidas capas de los estoicos a las majestuosas alturas de una capa imperial, sin perder la alegría de vivir y dando a la facultad de avergonzarse tanto aprecio como los historiadores de la fiosofía le otorgaron a la facultad de asombrarse cuando preguntaban por el origen y la importancia de la filosofía. La novela aporta, además,  paisajes de lugares de importancia mitológica e histórica vueltos a vivir al otorgarles belleza inmemorial con lenguaje a la vez sencillo pero de resonancia poética. 

Notas Bibliográficas:  

Costica Bradatan, Morir por las ideas. La peligrosa vida de los filósofos. Traducción de Antonio Prometeo Moya. Barcelona, Anagrama Argumentos, 2022 

Michel Foucault, Historia de la Sexualidad. 3- La inquietud de sí . Siglo XXI Editores, Bogotá 1987  

 Pablo Montoya Marco Aurelio y los límites del imperio, (Novela) , Penguinrandomhouse  Mayo de 2024

 

                                            

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