El perturbador del orden y la ciudadanía

 

Por Nayib Abdala                              

Agosto 2 2025,

 

En el prólogo a su importante obra  "Sobre el Ciudadano”, el pensador político de la modernidad Thomas Hobbes afirma acerca de los ciudadanos que:

 “...en sus deberes como hombres, como súbditos, como ciudadanos y como cristianos se encuentran las bases, no sólo de las leyes y del verdadero origen del poder y de la justicia, sino también la esencia misma de la religión cristiana” (p. 47, Madrid, Alianza 2016).

No se sabe por qué uno tiende a recordar estas palabras cuando observa, cómo, hace unos años, el mismo presidente de Estados Unidos, después de impulsar la toma del edificio del parlamento americano por sus seguidores, agarró una Biblia, y con pose de sumo sacerdote  la mostró a las cámaras, lo cual produjo serias protestas de las autoridades eclesiásticas protestantes por lo que juzgaban como un uso truculento de la religión a favor de la politiquería, para manipular al ciudadano en vez de impulsar discusiones sobre la paz política.  

Ahora bien, justamente es en la obra  de Hobbes , según mostró el filósofo político alemán Dieter Thomä, donde aparece por primera vez una importante figura o personaje  de la discusión política moderna que es llamado en latin: “Puer Robustus” o “niño grande”, al  que Hobbes llama también el “niño malvado” y que sera presentado por Diderot en la obra: “El sobrino de Rameau” como alguien a la vez astuto e inteligente, crítico de arte y vividor, con quien puede compartir su visión crítica del arte y la sociedad, un poco en serio y en broma.

Acerca de ese “ Puer Robustus”  Diderot, en un artículo de la "Enciclopedia", había afirmado que según Hobbes era un niño grande y malo por naturaleza, pero acerca del cual Rousseau sostenía que es la sociedad la que lo había convertido en un perturbador del orden social. Y uno tiende a pensar con Thomä que en la obra  “Los Miserables” de Víctor Hugo, aparecerá de nuevo el "Puer Robustus" entre los jóvenes  revoltosos pero defensores de la libertad cuando estalla la revuelta de la Comuna de Paris formando parte del séquito de una mujer, conocida como “la Mariana” representada posteriormente  por el famoso pintor de la revolución francesa Eugene Delacroix como el símbolo de la libertad.  

Ahora bien, fue en un momento histórico de confusión y violencia como el que actualmente vivimos en algunos países latinoamericanos al borde de una quiebra económica y de una especie de guerra civil, cuando el crítico literario y filósofo Walter Benjamín, después de enterarse del suicidio de su gran amigo Heinle junto con su novia como un acto de rechazo de la obligación de alistarse para defender su país en la primera Guerra Mundial, escribió  aquellas palabras recogidas en su obra temprana “Metafísica de la Juventud”:

“La conversación tiende al silencio y el oyente es más bien el que se calla. El hablante recibe de él el sentido; el silente es la fuente del sentido que todavía no ha sido capturado”

Aparece aquí la palabra "sentido", que no es producto del yo solitario  sino del tú que forma parte de su comunidad y base  para la comprensión de lo que otros dicen pero también para lo que se llama la "autoconciencia" y la "autodeterminación" de las personas.

En efecto,  así lo comprendí, gracias a un curso de Ética Médica dirigido por el sacerdote Alfonso Llano S.J. a profesores de  una entidad oficial, cuando el gran expositor, con el fin de que entendiéramos a qué se refería la palabra "sentido", mencionó la experiencia de un gran psicólogo alemán cuya obra principal se titulaba; "El hombre en busca del sentido" que había vivido y entendido  las vivencias de los prisioneros en un campo de concentración alemán, a los que aplicaban  técnicas para conducirlos a la desesperación y les ordenaban cargar algunas  piedras para llevarlas de un extremo de un galpón al otro y al final hacer repetir el ejercicio en sentido contrario  varias veces, lo que hizo aparecer comportamientos desesperados entre los prisioneros que obligaron al sicólogo a preguntarse por qué los Nazis habían elegido esa forma de suplicio.

El psicólogo Viktor Frankl, que se encontraba entre los prisioneros,  llevaría tiempo después esas experiencias a sus libros considerándolas testimonios de los  que el ser humano es un ser que busca un sentido y el padre Llano las resumía como unos ejercicios que sólo podían entenderse si se descubría que la vida tiene un sentido, palabra esta que apuntaba naturalmente a lo que Aristóteles había sostenido en su ´Ética a Nicómaco, es decir que las acciones humanas se pueden comprender si se las aborda como acciones teleológicas, es decir que tienen una finalidad. 

Ahora bien, a esos prisioneros sus verdugos los habían sometido a una tortura que a los conocedores de los  mitos griegos les resultaba parecida a aquella a la que Zeus había sometido a Sísifo, es decir, a subir una pesada piedra gigantesca que se le caía cada vez que llegaba a la cima de una montaña.  

En aquel entonces entendí yo de modo equivocado que la palabra “sentido” la usaba el padre Llano solo  en un sentido aristotélico, es decir, en el de  creer que la vida tenía sentido sólo quería decir que tenía una finalidad, pero ¿qué quería decir el sicólogo Frankl cuando veía al hombre como un ser en busca del sentido? 

En primer lugar, se puede ver que lo que dice Benjamin parece poder aplicarse al concepto de “sentido” de Frankl pues contra toda tendencia individualista como la de un Hobbes Frankl cree que el sentido no viene de un individuo solitario  que habla consigo mismo, sino que supone que el ser humano vive en comunidad con otros y, después de tomar distancia de sí mismo  puede recibir de ellos el sentido que le permite  entender lo que hablan y soportar el peso de la realidad. 

Además, estudioso como fue del movimiento fenomenológico pronto se dio cuenta de que el creador de dicho movimiento, Edmund Husserl definía al hombre en sus lecciones de ética de 1920-24 como un ser que "aspira, quiere y siente" y la palabra aspirar aquí es la traducción de la palabra "streben" ( esforzarse por alcanzar algo, buscar comprender algo) es decir que el ser humano no es sólo un ser que conoce y se representa las cosas, sino también un ser capaz de hablar con sentido.

En efecto, Husserl toma expresiones como "una montaña de oro", que había usado Hume, y la entiende como un movimiento de la conciencia que tiende hacia una intuición sensible que le de cumplimiento, que la plenifique, pero como en este caso no hay tal intuición sensible, la llama una mención vacía, y la concibe como una intención sin cumplimiento ) aquí se nota el carácter intencional del lenguaje como fenómeno significativo, porque es un tender hacia algo, hacia un significado que puede darse en la experiencia, o de lo contrario aparece una significacion no plena, sino vacía, porque falta la intuición sensible que aportaría la presencia del objeto. 

Se trata de "direcciones de sentido" que buscan cumplimiento, realización y que son diferentes de lo que Freud llamaba: "tendencias" ( En  alemán: "Trieb") como la sexual, pues, a diferencia de ésta, que pretende mostrar al hombre como un ser pasivo, sin autonomía, aquellas aluden a las motivaciones racionales que suelen mover a los seres humanos a la acción y a la comprensión del sentido de las creaciones culturales como  una obra de arte o una ceremonia religiosa) sin convertirlo en un objeto o incluso en un robot, como hacen hoy las tecnologías que reducen al hombre a un animal que sólo responde a señales.

Citas bibliográficas  

 Dieter Thomä. Puer Robustus. Una Filosofía del Perturbador. Traducción por Alberto Siria.Herder, 2018 Barcelona

Camila de Gamboa María Victoria Uribe.editoras académicas. Bogotá Editorial Universidad del Rosariob 2017 Los Silencios de la Guerra

Viktor Frankl. El hombre en busca del sentido Barcelona, Herder, 1981

Benjamin Walter. La Metafísica de la Juventud. Barcelona. Altaya, 1994. 

Edmund Husserl, Introducción a la Etica. Edición de Mariana Chu, Mariano Crespo y Luis R. Rabanaque, Madrid, Trotta , 2020, p, 164 y ss,

 

 

 

 

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