El ser humano y el “cuidado del otro”.
Por Nayib Abdala, Agosto 2025
La gran crisis política latinoamericana actual tiene que ver con la relación entre el ciudadano y la ciudad, pues es necesaria una política de seguridad para que el ciudadano deje de concebirse como una especie de extraño, como esos seres llamados "migrantes" que de repente llenan las plazas de las ciudades turísticas y con la misma velocidad con la que llegan se van.
No se trata sólo de que las ciudades carezcan de unas instituciones decentes como ha sostenido un gran politico judío cuya obra comentamos en artículos anteriores, sino de que los organismos encargados de diseñar dichas instituciones y los encargados de ponerlas en acto se burocratizan, como en ciudades como las de hoy en Haiti y, a principios del siglo XX en Berlin, tomadas de repente por bandas armadas que se dividen por entre las calles de las ciudades para tomarlas por partes separadas, con la absoluta seguridad de que no serán impedidos por nadie.
Para considerar los orígenes de ese fenómeno es conveniente observar las reflexiones de los grandes pensadores de la política de la Antigüedad como Jean Pierre Vernant y sus estudios sobre la vida del individuo en la Ciudad-Estado griega.
Ahora bien,
Vernant parte de la distinción del antropólogo Dumont entre un tipo de individuo "fuera del mundo" como los de la India, individuos capaces de excluirse de los vínculos sociales y de vivir separados de las instituciones sociales y de la comunidad para retirarse a
la soledad, tomando distancia de sus conductas y valores; en cambio, el
individuo “mundano” es el individuo moderno , un tipo de individuo que tiende a considerar la ciudad como un medio de su acción.
Ahora bien, Foucault observó que hay un proceso de formación de la subjetividad en su relación con la verdad que está en el fondo de la relación entre el individuo y la ciudad. En Grecia comenzó a formarse una relación entre la vida pública y la privada la cual, en la Edad Moderna, se convirtió en importante para el avance del pensamiento político libre, después de notar que los mecanismos de la intolerancia, como la Inquisición sólo podían superarse si se admitían la libertad de prensa y otros derechos humanos que tanto atacan hoy los seguidores protestantes de Musk y Trump, los que parecen querer poner en vigencia regímenes del terror como los que por desgracia se dieron en la Francia de Robespierre, justo cuando se trataba de entronizar esos derechos de tal modo que la democratización moderna enfrentó a muerte a los que soñaban con la instalación definitiva de la paz en el mundo político, aunque mentes despiertas como la de Maquiavelo habían mostrado que los períodos de paz no eran resultado de la utopía de los pensadores, sino de la lucha a muerte de facciones contrarias como las de los senadores romanos y los tribunos del pueblo.
Por eso Kierkegaard,
en el siglo XIX, llegó a creer que el
ser humano en casos como éstos no hace sino reconfirmar que es por naturaleza
un ser solitario y su soledad es de tal calidad que no puede resolverse por
medio del entendimiento y de la razón, y en vano se esfuerzan los maestros o
guías por acabar dicha soledad mediante enseñanzas; pues él sostenía que el ser humano solo puede superar su soledad radical mediante un "salto a la
fe" después de haber pasado por una etapa estética de la existencia, en la que
buscaba aliviarse de su radical soledad por medio de los placeres, y después de superar
una etapa ética, en la que trata de salir del sinsentido de su existencia
solitaria obedeciendo las normas éticas, puede el hombre superar la soledad
profunda de su existencia.
Para un pensador de otra época extrema, la de las dos guerras mundiales más sangrientas, Martin Heidegger, en
el siglo XX, en cambio, se podía seguir el curso normal de una vida sin necesidad de un salto a la fe,
sobre todo cuando se considera que el hombre es el único ser que sabe que va a
morir, y por eso en el fondo es un "ser para la muerte", un ser cuya esencia no es la grata que pintan los llamados "humanismos", sino la de un ser arrojado al mundo, que puede superar su condición de arrojado mediante una "resolución" de hacerse cargo de sí mismo y de los otros, por lo que un gran conocedor de la filosofía del siglo XX, el profesor español Diego Sánchez
Meca afirma que en Heidegger a la soledad metodológica con la que considera al
ser humano corresponde la “nihilidad ontológica” que le atribuye, es decir su
carácter de no ser nada (p. 152), y con
acierto llega a afirmar que la verdadera reflexión sobre el hombre sólo puede
aparecer cuando el hombre es capaz de convertirse en un problema para sí mismo, (inspirado, tal vez en la obra: "La Confesiones" de San Agustín) lo que permite comprender que hay épocas en que el pensamiento vive en el mundo
como en su casa, y otras en que parece que viviera en el mundo a la intemperie,
como un ser “arrojado” ahí a su situación .
Ahora bien,
durante una conferencia dictada en los ochenta por el profesor Carlos B.
Gutiérrez en la Universidad de Cartagena, bajo el título de: "El solipsiamo y lo nuestro" enfrentó a Heidegger con nuevas tendencias del pensamiento como la de Enmanuel Levinas que en vez de partir del "yo" como centro, partían del "otro", como lo explica en su libro: "El humanismo del otro hombre" .
Sabemos que se llegó a la pregunta de si se da una experiencia de la relación entre "yo" y el "otro". Gracias a los estudios de Sánchez Meca se puede observar que algunos como Levinas llegaron a pensar que el ser humano puede tener experiencias del encuentro con el otro, y se refirió a que un asesino evita mirar el rostro de su víctima, porque si lo hace podría tener la experiencia de sentir que el el rostro del otro hay como una mandato que dice "No matarás".
En cambio, el mismo Sánchez Meca advirtió que Martín Buber, autor de una obra muy leída a principios del siglo XX con el título de "YO yTÚ", muestra que no puede haber una experiencia del encuentro con el otro, pues no se trata de algo subjetivo, una emoción o sentimiento que puede tener un individuo sino de un verdadero "encuentro" de dos sujetos en el que cada uno se da cuenta de que no es una especie de ser solitario, como el "yo pienso" de Descartes, pues no se puede decir "yo", sin hacerlo con refererencia necesaria a un "tu".
En Heidegger la relación con el otro no es algo que se añade al ser humano, sino que está inscrita en él, pues el ser del hombre es un ser-con otro (en alemán,"mit-sein"). Ciertamente el ser humano es "cuidado" y mantiene una solicitud por el otro en dos formas, en una, se porta solícitamente con el otro a veces en una forma tan intensa que se le priva de su facultad de autodirigirse, en la otra se le deja espacio para su libertad y cuidado de sí. Pero el gran pensador judío Levinas criticó el punto devista de Heidegger por ser meramente metafísico y por no enfocar el asunto desde el punto de vista ético, pues Heidegger evitaba usar palabras como bien y mal y decía no tener una ética en su sistema de pensamiento.
Nada de esto aclara sin embargo la situación actual, que recuerda el inicio del fascismo alemán que condujo a los campos de concentración, experiencias que no deberían repetirse nunca. Estamos bajo el signo del rechazo del encuentro con el otro visto desde la herencia del cristianismo, como encuentro fraternal, tal como lo formuló el filósofo Nietzsche, cuando rechazó al cristianismo como modo de pensar de los débiles y resentidos contra los fuertes y los detentadores del poder, de modo parecido a como Elon Musk y sus títeres políticos sacuden al mundo de instituciones universales del cuidado del otro, acusándolas de aprovecharse de la pobreza y de la indigencia para ocultar la pereza de los que no trabajan quejándose de la ausencia de trabajo propiciada por un mal desarrollo de la economía moderna.
Por eso vale la pena tener en cuenta el auge de las meditaciones de la matemática y filósofa francesa Simone Weil, quien justamente en una época como la actual mostró cómo se puede partir de una situación muy particular que ella llamaba la "desgracia" para llegar a salvar la libertad y los derechos del hombre (que en la era de Trump y de Musk quieren ser borrados de toda consideración de la actualidad). Ella observa la relación del sujeto con los demás a partir del pensamiento oriental y para ella la forma de superar el solipsismo, el individualismo y los apetitos de guerra con los que se enfrentó incluso personalmente, mediante su participación en la Guerra Civil española, consistió en una experiencia mística de deshacerse del dominio del "ego" o yo y su "voluntad de dominio", la cual había sido elogiada por Nietzsche, en su afán por atacar la idea de la fraternidad universal impulsada por el cristianismo.
Comentarios
Publicar un comentario