"DEL HÉROE AL CIUDADANO. DE REGRESO AL CALOR DEL HOGAR EN AMÉRICA LATINA".

Por Nayib Abdala Ripoll      

En algunos países de América Latina el paso de las sociedades de un estado de conflicto violento a un estado de “postconflicto” de reconstrucción de la paz y la libertad se ha visto desafiado por nuevas formas de violencia de bandas de jóvenes en las ciudades, que han llegado a apedrear las viviendas en las zonas marginales y a atentar contra los más vulnerables, las mujeres, niños  y ancianos. La tradicional paz del hogar se ha visto así deteriorada. Las instituciones sociales han colocado en primer plano la necesidad de contrarrestar esos estados no sólo mediante medidas represivas, sino también propiciando una reflexión sobre lo que llaman la “convivencia”, mediante la cual se refieren a una amplia gama de virtudes sociales, desde la cortesía o la urbanidad hasta la tolerancia, al respeto por las diferencias y al respeto por la ley y los derechos humanos. 
  
Se hace necesario, entonces,  que la política se ocupe también de preguntarse por la relación que tiene el “micro mundo” del hogar con el “macro mundo” de la sociedad política. Por desgracia, las violencias urbanas del postconflicto han despertado en algunos sectores políticos, la “necesidad” de volver al predominio de las actitudes del héroe guerrero y de los gobiernos autoritarios por encima de los valores cívicos y democráticos. Por eso hemos recogido impresiones de pensadores que han reflexionado sobre el paso del héroe al ciudadano, en primer lugar y terminamos presentando reflexiones sobre el paso de pueblos rurales del estado de violencia al estado de tregua para empezar una nueva vida en común, e inventar, tal vez, nuevas formas de “convivencia,” manteniendo presente la pregunta por la relación entre la vida del hogar familiar y la vida política.

I. Del héroe al ciudadano. La convivencia como armonía  de tensiones opuestas.
 En su bello y profundo libro: “Memoria de la Ética” (Madrid, Taurus, 1995) ha dicho  el filósofo español Emilio Lledó que para entender el mundo de los héroes de Homero hay que partir de la pequeña frase de Aristóteles en el libro II de su “Ética a Nicómaco”: “Somos lo que hacemos”, pues el espacio social donde viven los héroes, es de tal naturaleza que no se puede comparar directamente con el mundo social  conformado por instituciones  de las sociedades estructuradas y por eso para nombrarlo es mejor usar el concepto griego de “ethos”( no cabalmente traducido por muestra palabra: costumbre), porque se trata no de un producto del pensamiento, sino de la experiencia de que las acciones se solidifican en forma de caminos que pueden seguir otros agentes. Las obras de dichos agentes van trazando cauces “que hacen fluir la convivencia”. Así que el ethos de los héroes es el resultado de la valoración de ciertas obras, (hazañas, hablando de los héroes), por su utilidad para guiar la convivencia, comprendida ésta, dice magistralmente Lledó, al modo del filósofo Heráclito de Éfeso, como la “armonía de tensiones opuestas,” con lo cual nos ha dado un modo ejemplar de entender la palabra, no muy tenido en cuenta hoy.

Ahora bien, aunque el “ethos” de los héroes está contenido en los poemas épicos cuyo horizonte es la guerra, no todo se reduce a la guerra, pues los héroes hablan y la palabra, aunque también puede usarse  como arma, brinda la única posibilidad de superar el horizonte de la guerra mediante la apelación a la vida racional y constituye el puente entre el mundo del héroe y el del ciudadano.  

II. El Hogar y el Mundo Político.
Aristóteles había observado que frente a la pequeña comunidad formada por el Hogar familiar, que es de carácter privado o cerrado se da el mundo político de los ciudadanos que es un espacio público abierto, lo que primero Hannah Arendt y luego el filósofo Klaus Held (“Husserl y los griegos” en E. Husserl. Filosofía Primera, Bogotá, Norma, 1998) han destacado como un espacio social de aparición de cada ciudadano mediante sus palabras y acciones (a las que ya se refería, como vimos,  Lledó).  

Ahora bien, como en nuestros días ha subrayado Held, según el mito que expone el sofista Protágoras, los dioses dieron a los hombres dos condiciones para la convivencia en un mundo común, político, de la ciudad, la justicia y el pudor. Hoy suena raro hablar del pudor o vergüenza como condición de la política pero el trabajo hermenéutico de Held basado en Arendt ha puesto de manifiesto que, puesto que en Atenas se institucionalizó la igualdad ante la ley o “Isonomía” y la igualdad en el derecho del ciudadano a hablar de los asuntos comunes en el “Ágora” o centro de la ciudad, estas instituciones suponían un “ethos” ya no guerrero, heroico, sino cívico que hacía posible que cada ciudadano, llegado el momento, fuera capaz de contenerse en su aspiración a dominar a los demás o estar por encima de ellos en el derecho al uso de la palabra o en cuanto a ventajas por encima de la ley.
Es a este  ethos de la democracia al que Protágoras llamaba “Pudor” que entonces no significa una actitud de referencia sexual, sino la de hacerse a un lado para darle la oportunidad al otro de aparecer en el espacio público y mostrarse en sus palabras y acciones. Pero lo importante para nosotros es que Held ha mostrado que el ethos del pudor en el espacio político no puede aparecer si antes no se ha practicado en el hogar otro tipo de pudor  que se manifiesta en el respeto en el trato  mutuo entre las generaciones, el respeto entre jóvenes y viejos, entre hombres y mujeres. De tal modo que el Hogar familiar, su cuidado, su respeto es una condición del mundo político de la democracia y una condición de la paz política.

III El “ethos” del pudor y de la justicia en la transición de la violencia a la paz en América Latina. El caso de la Asociación de Campesinos del Carare.
Ha observado el filósofo mejicano Luis Villoro en su trabajo “Teoría de la Injusticia. La exclusión” (Miguel Rojana (Comp.). Problemas Actuales de la Filosofía en América Latina, Bogotá, U. Libre, 1990) que la misma moral social desde el siglo XIX consideró como justo mantener a las clases más deprimidas excluidas del derecho del sufragio, en especial a las mujeres y los considerados “miserables”. Para él el caso del padre De Las Casas fue ya una reacción frente a la exclusión y eso lo hizo partir no de una teoría de la justicia como se hace hoy, sino de la experiencia de la injusticia. En efecto, Para Villoro, De Las Casas vivió la experiencia de la exclusión de los indios, lo que lo llevó a un sentimiento de indignación por la injusticia y de allí pasó a exigir un trato equitativo para los indígenas, lo cual indica que logró conformar una idea superior de justicia, por ser más incluyente, que la vigente en la moral social dominante.

En la década de los ochentas, en un territorio de frontera abierto a la colonización, sin otra presencia del Estado que la del ejército, en el corregimiento de la India, municipio de Landázuri, Departamento de Santander, Colombia, se dio el fenómeno de la transformación de una agrupación espontánea e improvisada de  agricultores, asediados por la violencia en una comunidad organizada que resuelve conversar y llegar a acuerdos de no violencia con los agresores. ¿Cómo sucedió eso?

Después de haber sufrido fuertes bajas por su negativa a colaborar con los frentes XI y XII de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), tuvieron que ceder para salvar la vida y el trabajo.
Pero pronto fueron agredidos por el movimiento para-militar MAS (Muerte a secuestradores), originado en una especie de autodefensa de algunos propietarios de tierras y,  por último, por el ejército que los acusaba como el MAS de colaboración con las guerrillas.
El coraje de algunos de sus dirigentes impulsó al grupo  a hablar con las tres fuerzas del conflicto, no sin antes ponerse de acuerdo en una serie de principios que no podían ser “negociados” con ninguno de los agresores. Hoy es posible seguir el curso de ese proceso de diálogo en medio del conflicto gracias al estudio y seguimiento que de ella hizo el centro de investigación CEDE,  de la Universidad de Los Andes (fundada en Bogotá en 1948 después del asesinato del carismático líder popular Jorge Eliécer Gaitán, entre otros fines para estudiar la violencia y promover la paz).  Hemos podido conocer parte de este proceso gracias al trabajo de Carlos Correa S. J. (“Y Dios se hizo paz en la vida de su pueblo”, Bogotá Antropos, 1991).  Llama la atención la serie de principios que van adoptando, una vez que han entrado en contacto con Fundaciones nacionales e internacionales que los apoyan en su lucha, muy bien señalados por padre Correa:

1.  Antes morir que ejercer la violencia. (Prefieren morir antes que servir a los violentos, ya sean paramilitares, guerrilleros o miembros del ejército).
2. Dialogar. (Tratan de considerar al adversario no como un enemigo, sino como interlocutores y respetar el pluralismo de las diferentes perspectivas de sus adversarios sobre cada tema). 
3. No juzgar. (Antes que juzgar al otro tratar de comprender por qué se comporta de forma violenta (Para concretar este punto renunciaron a usar las instituciones jurídicas del Estado y prometieron no denunciar los crímenes cometidos por sus agresores).

Después de soportar varios atentados de sus adversarios para obligarlos a adoptar el camino de la colaboración con la violencia, al fin consiguieron una especie de pacto de no agresión.
Pronto, con recursos de las fundaciones internacionales fueron volviendo al trabajo, se organizaron como la Asociación de Campesinos del Carare, compraron una finca y la convirtieron en centro de experimentación y enseñanza en cultivos de plátano, yuca, maíz y cacao. Conformaron microempresas. Construyeron un puente sobre el río Carare, una red del acueducto rural y escuelas.
 El padre Correa, después de trabajar con los investigadores de la U. de Los Andes, señala la importancia de algunas actitudes adoptadas por el grupo para conseguir la paz:

A. Escuchar, antes que hablar y escuchar incluso al que no escucha.
B. Evitar ejercer la violencia en nombre de los grandes conceptos como el de la paz y la democracia.   

Pero a mí me parece que en esos resultados se ve el esfuerzo por crear educación y salud para la familia, es decir,  el intento de reconquistar un pedacito de tierra para fundar un verdadero hogar familiar, al abrigo del maltrato y de la violencia que suelen sufrir primero que todos los más vulnerables, las mujeres y los niños.
Hoy es indispensable pensar en la necesidad de recuperar el refugio del hogar incluso en las ciudades, en las que se ha perdido poco a poco, con la paradoja de que la historia de América Latina en los dos últimos siglos es la de la creciente emigración de los campos a las ciudades en busca de seguridad y oportunidades de trabajo y progreso. 

Resumen


Violence against family homes in Latin American revived the view that it is neccessary a military gubernment in order to access to peace. Now, this view makes no difference between the values of heroic warriors and the values of citizenship.

Comentarios

  1. La modernidad específicamente en la ilustración, conllevó al individuo a imponer un tipo de libertad, un estilo de vida, en el cual el sujeto no se hallaba, dejado atrás todas esa series de valores que se manifestaron en la época del telos aristotélico, la comunidad, las virtudes, y del bien común. Por tanto, hablar de héroes hoy en día en un mundo en dónde los interés favorecen siempre a la "mayoría". "Mayoría" como la representación de la clase alta, clase dirigente. Además en esa "mayoría", la concepción de comunidad es selectiva, es decir, existen un bien común sector-izado y no se ve esa concepción de comunidad aristotélica, cuando un miembro de la comunidad necesita una ayuda y esta comunidad actuaba como héroe-ciudadano.

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    1. Gracias por su objeción contra mi procedimiento de usar conceptos pre modernos de Aristóteles e ignorar el cambio que el individualismo de la Ilustración efectuó en tales conceptos al pasar de la "comunidad" de la ciudad-estado griega a la moderna "sociedad" del estado "soberano" producto del contrato social de Hobbes y Rousseau. Creo que esa objeción es muy importante y la única réplica consistiría, me parece, en mostrarle un poco el contexto en el que escribí: Fue el de haber notado la indiferencia de periodistas frente a la violencia contra casas de familia en los barrios populares (más bien dirigían su atención del estilo de la "prensa amarillista" a los asesinatos y robos cotidianos) y la incapacidad aparente de las autoridades, que achacaban dicha violencia a la falta de tolerancia o de "convivencia" y hasta el día de hoy reprochan a los ciudadanos el no denunciar ante las autoridades casos de violencia y maltrato, sin saber que, en ciertas circunstancias extremas como las de la comunidad de campesinos del Carare, los ciudadanos rehúsan denunciar justamente por desconfiar de la imparcialidad de las autoridades. Y sin embargo todo la institucionalidad contra la violencia se centra en el presupuesto de que se usará el procedimiento jurídico de la denuncia. Además, el hecho de notar que el periodismo sólo discute las cuestiones técnicas de los procesos de paz que les indican los "expertos" e ignora consultar la opinión de las comunidades que sufren la violencia contra el hogar. Por estas razones busqué un concepto filosófico que hiciera visible la importancia del hogar familiar y encontré el concepto de "pudor o verguenza" de Held, retomado a su vez de Protágoras. Sin embargo, el uso que he hecho de este concepto no ha sido tan acertado como el que posteriormente noté que había hecho en Colombia el padre Gabriel Giraldo S. J. después de haber acompañado a comunidades acosadas por la violencia de los gobiernos y por haber escrito entre otras obras un estudio muy completo de los procesos de postconflicto en América Central,quien al comentar el acoso del ejército contra la comunidad rural de Apartadó, Colombia, y la indiferencia de la prensa y las autoridades, dijo que carecían de "verguenza". Ahora bien, con esta palabra aparentemente tan común y desgastada, el padre Giraldo se refería a un fenómeno fundamental, (raíz de la falta de moral y de convivencia de la que hablan todos) y con mucha más autoridad que mi estudio en el papel, a distancia de los acontecimientos.

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    2. Añadido a la respuesta anterior:Presento excusas por haber citado mal en la respuesta anterior el nombre del padre Javier Giraldo S.J. (y no Gabriel) autor del libro"Búsqueda de Verdad y Justicia", (Bogotá, Cinep, 2004) un vasto y profundo estudio de la experiencia de Postconflicto desde la de Sudáfrica hasta las de San Salvador y Guatemala-

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  2. Tarde me doy cuenta de que he debido complementar la respuesta aludiendo al hecho de que también en la Edad Moderna proponer el concepto de pudor como condición de la convivencia política no sólo es posible, sino también necesario justamente por ser la edad del descubrimiento del sujeto y con él de la importancia de todo lo subjetivo (la emoción, el sentimiento, las "cogitationes" o pensamientos del sujeto pensante de Descartes ( ver Klaus Held:"Etica y política en perspectiva fenomenológica, Bogotá, Siglo del Hombre ED. 2012). Desde una perspectiva parecida ha partido Avishai Margalit para proponer el concepto de "decencia" como la base de una sociedad cuyas instituciones no humillan a la gente, como sí lo hacían las de la esclavitud, en su libro. "La sociedad decente", Buenos Aires, Paidós Ibérica, 1997. En cambio, la excelente obra de Roland Anrup "Antígona y Creonte. Rebeldía y Estado en Colombia, Bogotá, Ediciones Colombia, 2011, no cree que se haya dado el paso del héroe al ciudadano, pues ha quedado en el inconsciente colectivo la figura del héroe en el símbolo del padre de la patria en América Latina,lo que permite comprender el hecho de que el paradigma del buen gobernante sea el "hombre fuerte-."

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  4. "No entiendo por que salta a hablar de Medellìn cuando parece que este artìculo comenta la situaciòn de las "pandillas" de Cartagena."

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    1. ( Presentamos excusas, este comentario va dirigido no al tema de esta columna sino al del aparecido el 12 de julio sobre las pandillas en Cartagena) Gracias, Yosselin, por tu justificado asombro, por el paso injustificado que doy de comentar los problemas de las pandillas en Cartagena a los problemas de Medellín. Te reponderé en los comentarios al final de esa entrada del Blog.

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