EL TRASFONDO DE LA ACCIÓN HUMANA: LA RENOVACIÓN DE LA VIDA EN COMÚN Y LA LIBERTAD DE PENSAMIENTO Y EXPRESIÓN.

Por Nayib Abdala Ripoll


Para examinar, sin ninguna intención de pontificar en este tema, en el que somos profanos, algunos peligros para el desarrollo de la libertad de pensamiento y de expresión partiremos, primero, de mostrar algunos prejuicios comunes sobre la política, para en segundo lugar examinar la forma como algunos pensadores importantes han reflexionado sobre ellos y han propuesto soluciones.
1. Prejuicios políticos comunes.
En ciertos casos el estilo del periodismo informativo de algunos países latinoamericanos sobre la política se caracteriza  por el inmediatismo de los datos, recogidos sin ninguna crítica de las “fuentes oficiales”, es decir, del Estado.
Por otro lado, en el “trasfondo” de las actividades de los ciudadanos relacionadas con la política democrática se esconde una  tendencia a aceptar que el poder es la fuerza, a pesar de que Hannah Arendt las había diferenciado al estudiar el totalitarismo, entendiendo hoy por fuerza no sólo la violencia, sino cierta coacción, ya sea la derivada de  padrinos “poderosos”, ya sea  de  recursos financieros o de apoyo mediático o publicitario.
Además, a veces parece que existiera cierta manipulación política de algunas sectas religiosas, que han provocado que las masas perciban a los políticos a través de ciertos supuestos discutibles o de estereotipos como el ahora muy común de: “hay que apoyarlo porque él es un “hermano” o un “hombre de Dios y no del Diablo”. Todo lenguaje religioso como toda religión merece respeto. Pero en este caso se presenta la ambigüedad de si se puede usar el lenguaje religioso para atizar los prejuicios de la gente contra determinadas ideas políticas de determinados candidatos, por ejemplo,  con tesis liberales sobre el aborto, la sexualidad o la eutanasia.
2. Algunas reflexiones sobre dichos prejuicios.
A) A primera vista, frente a estos prejuicios se plantea la pregunta de si ellos no son un indicio de que entre nosotros la Ilustración no ha cumplido con su fin de educar  para el Estado laico, para la democracia, para la  libertad de expresión y de pensamiento. Pero gracias al filósofo Charles Taylor hemos comprendido que el paso de la era medieval a la moderna no se puede reducir a  un proceso de “secularización” entendido como un  simple cambio en las creencias de los individuos, el paso de las creencias falsas o irracionales a las creencias verdaderas.
Pues, a  la base de la acción humana no sólo están las creencias, sino también lo que el filósofo Martín Heidegger llamó la “pre comprensión” del mundo no tematizada, un conjunto de hábitos, modos de vida y diversas formas de interpretar la realidad, que Charles Taylor llamó el “trasfondo” cultural. La Ilustración se vio a sí misma como un combate con los “prejuicios”  pre-modernos, pero Hans Georg Gadamer nos ha enseñado que hay un sentido positivo de la palabra “prejuicio” como lo que está a la base de las creencias y que determina una cierta  comprensión del mundo que ha salvado a veces a los pueblos, en su lucha con situaciones adversas, sin que se sea consciente de ello. En el fondo Heidegger, Taylor y Gadamer esbozan de esta forma una visión crítica del intento de Descartes, al inicio de la Edad Moderna, de poner en duda todas las tradiciones culturales incluidas las religiosas,  y partir de cero para encontrar un punto arquimédico racional absolutamente cierto sobre el cual fundar la ciencia moderna.
Se pensó que así se entronizaba la razón en el mundo, pero se ignoraban las diferentes formas de vida y racionalidades incorporadas en las diferentes culturas y se llegó a pretender reducir todas las culturas a la razón moderna definida desde el punto de vista ya no científico, sino cientificista.
B) En el primer volumen hasta ahora publicado en español  de la obra maestra de Charles Taylor: “La Era secular I” (traducción de Ricardo García y María Ubaldini, Barcelona, Gedisa, 2014) se puede ver que no necesariamente la intervención de la religión en política tuvo resultados inciviles. Allí se puede observar que después de la época “encantada” de la Edad Media, en la que magia, superstición y religión aparecían enlazadas en múltiples formas colectivas  de vida religiosa, a principios de la Edad Moderna aparece un movimiento por “la civilidad” que promueve el ideal de “buen orden” en la vida colectiva y se apoya mutuamente con otro movimiento “renovador” de la piedad (p.174). Además, fue cierta comprensión protestante de la importancia de la vida cotidiana u ordinaria  la que impulsó a ver la necesidad del orden moderno social y económico.
Ahora bien, Taylor cree que a pesar de estos avances,  el gran error de los modernos  con respecto a la concepción de la identidad individual fue creer que en efecto, todas las personas se perciben a sí mismas  desde un principio ante todo como individuos, y que sólo posteriormente se dan cuenta de sus relaciones con la sociedad. Es un error en la concepción social paralelo a un error en la concepción moderna del conocimiento, el cual se caracterizaba al principio como percepción de objetos neutros, libres de valor,  a los que luego mediante la praxis se les añadían las cualidades de valor, bello o feo, bueno o malo etc.  
En cambio, para Taylor  cada ser humano no es primordialmente un individuo o átomo desvinculado de los lazos comunitarios, culturales y religiosos, sino ante todo padre o hijo, hermano o hermana, miembro de la tribu, inserto en unas prácticas de la sociedad y de la comunidad cultural y sólo a partir de ese trasfondo puede ir  tomando conciencia de su calidad de individuo independiente.
C) Por otro lado Francisco Javier Espinosa, profesor de la universidad de Castilla-La Mancha (“La religión en la esfera pública. Habermas, Toland y Spinoza”. Cuadernos del Seminario Spinoza, N° 22, Ciudad Real, 2008) ha mostrado que según el filósofo de la democracia deliberativa, Jurgen Habermas, los ciudadanos que se refieren a asuntos políticos en lenguaje religioso presuponen que sus declaraciones deben ser tomadas en serio por los demás y respetadas por los ciudadanos partidarios de una política laica, neutra en temas religiosos. A  Habermas les parecen justificados estos reclamos.  
Eso se debe a que Habermas considera que la religión puede aportar importantes reflexiones sobre las carencias de la sociedad moderna, sobre el fracaso del individuo y de la sociedad  y la posibilidad de las naciones de convertirse en sociedades “fallidas”.
Y como el filósofo norteamericano que ha revivido la reflexión sobre la política en el siglo XX John Rawls ha mostrado la necesidad de que los ciudadanos religiosos se esfuercen por expresar los aportes de su fe en un lenguaje no simplemente religioso sino ante todo racional, acorde con la racionalidad moderna y la moral universalista, Habermas por su parte ha respondido que ellos tienen derecho a expresarse en su propio lenguaje religioso, en el nivel de lo que considera como la esfera pública informal, es decir, justamente en los medios de comunicación y en los debates fomentados por las asociaciones culturales y sociales particulares. Como observa el profesor Spinoza, allí es donde se forma la opinión pública libre  y por eso es para Habermas importante que no se queden sin expresar sus reflexiones aunque sea en su lenguaje religioso, lo que no implica ignorar los límites de los dos lenguajes ni la necesidad, ya cuando se pasa al nivel de la esfera pública normal, de traducir lo religioso al lenguaje universal de la democracia deliberante.
D) Por otro lado, antes de Habermas ya el filósofo moderno Baruch Spinoza en su extraordinariamente importante “Tratado Teológico Político” cuya lectura, además de apasionante, puede ser imprescindible para comprender este tema,  busca defender la libertad de opinión y la libertad religiosa. Como con acierto resume el profesor Espinosa, en dicha obra, después de mostrar en qué consiste la superstición, cuyo origen es “la fluctuación ignorante entre la esperanza y el miedo” (p.15) y de mostrar su relación estrecha con la tiranía, muestra que la libertad de pensamiento, lejos de ser un peligro social, es la clave para la creación  de una religión libre de supersticiones y un Estado  libre.

E) También antes de Habermas fue la libertad de expresión, un tema importante de reflexión para el filósofo inglés del siglo XIX John Stuart Mill,  quien, en sus escritos sobre la libertad, sostiene la necesidad de defenderse de todo poder que pretenda prescribirle al pueblo lo que deba opinar sobre los problemas sociales y políticos y que pretenda imponerle determinadas doctrinas o argumentos que supuestamente estaría obligado a adoptar como suyos, si no quería aparecer como traidor de su nación.   Él se basa en la historia de épocas en las que hubo grupos que desearon que sus creencias y opiniones fueran asumidas y defendidas por la autoridad soberana y lo que es peor, esperaban también  que dicha autoridad censurara las ideas contrarias. Con eso se refería a uno de los modos como las controversias religiosas e ideológicas condujeron a las guerras civiles.
Stuart Mill sabe que, desde la época de John Locke y Voltaire,  Occidente parecía haber llegado a creer que la tolerancia religiosa se da cuando se separan Estado y Religión, lo público y lo privado. Cada uno de ellos escribió un “Tratado sobre la Tolerancia” que  nadie lee  hoy, a pesar de que periodistas, políticos y policías repiten diariamente que la violencia, tanto la callejera como la de los montes, se debe a la “intolerancia”.
En nuestros días después de la caída del muro de Berlín es usual llegar a creer que la humanidad  “postmoderna” ha avanzado más allá de la tolerancia, a la que se desdeña aludiendo a su origen en el movimiento de la Ilustración, el cual, según se afirma, condujo no sólo a la Revolución Francesa y su proclamación de los derechos del hombre, sino también al Régimen del Terror, y se piensa que estamos de regreso de aquella época, a un mundo “re-encantado”, donde las múltiples creencias religiosas o privadas pueden por fin manifestarse con alegría en el espacio público, después de las persecuciones religiosas en los estados modernos y en   los estados totalitarios del siglo XX. Sin embargo, ya el mismo Stuart Mill veía también el peligro de que no sólo el Estado sino también  los que dominen los medios de comunicación y hoy añadiríamos la  Internet y su control de los datos personales de los usuarios de las redes, puedan intentar también imponer su visión del mundo, que coincidiría actualmente con los intereses de las grandes corporaciones que dominan el mercado internacional, a cuyo servicio se colocarían las ideologías políticas y los fanatismos religiosos.   
En suma, la forma como algunos periodistas de América Latina evitan poner en cuestión con sus preguntas y análisis los supuestos y prejuicios de los políticos  y la forma como ciertos grupos religiosos parecen manipular políticamente los sentimientos de temor y esperanzas de las  masas plantea la necesidad de examinar el trasfondo cultural de las prácticas políticas, lo que las hace aparecer como un retroceso a épocas pre modernas, con  el peligro para la visión democrática de la sociedad que eso representaría.   


(Some journalists in Latin America cease their critical role of the assumptions or prejudices of politicians, and some religious sects politically manipulate the feelings of fear and hope of believers. Both these deficiencies threaten democracy and promote populism and dictatorship).

Topics: The “background” of moral and religious progress in the modern age. Spinoza. John Sturt Mill. Jurgen Habermas. Charles Taylor.

Comentarios

  1. Me es muy grato intercalar aquí un comentario formulado aparte por escrito del profesor Gregory Jusdanis acerca de mi mención de la unión de magia y ritual en la Edad Media, pues muy acertadamente me ha sugerido y así lo he hecho, buscar en la obra "Gargantúa y Pantagruel" el sentido y la importancia de la risa, la caricatura y en general el ambiente alegre del lenguaje popular y de las fiestas de carnaval y demás fiestas populares medievales que sin embargo, son religiosas.

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  2. Fe de Erratas: Presento excusas por haberme referido en el apartado "C" al "profesor Spinoza" en vez de al "profesor Espinosa.

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  3. Comentario sobre la tolerancia: Slavoj Zizek ha mostrado que en ciertos casos como el del fundamentalismo del Islam la intolerancia que predican los pensadores y periodistas occidentales le parecen pura hipocresía, porque en el fondo odian al Islam por su tendencia a hablar claro y a "dar la cara", como dicen algunos derechistas estilo Tea Party y Donald Trump hoy.

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    1. Gracias por su comentario crítico. Si he entendido bien, para usted el gran pensador Zizek ha considerado pura hipocresía la actitud de los comentaristas políticos occidentales que predican la tolerancia y critican la intolerancia de los musulmanes, porque en el fondo tienen cierta envidia y resentimiento al ver que los musulmanes son los únicos que se atreven a "salir del clóset" y dar la cara rechazando con actos terroristas toda "agresión" (o considerada como agresión por ellos) contra sus creencias. Es una observación muy importante, pero antes de responderla debo estudiar un poco lo que el pensador Zizek ha manifestado sobre la tolerancia.Ya desde ahora, sin embargo, me parece que que tal actitud fue curiosamente la que el filósofo Nietzsche adoptó contra la Ilustración y la acusación de falta de valor contra el "último hombre" con su vida fácil, sin convicciones ningunas, buscando la felicidad. También los Nazis, por desgracia, adoptaron esta actitud. de rechazo a la racionalidad del hombre moderno. Por eso mismo me parece que es incompleta como posición, pero por el momento no doy con lo que le hace falta.

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