“LA PAZ COMO PODER VOLVER A CASA. CORRUPCIÓN Y POLÍTICA. LA ALEGRÍA DE VIVIR EN EL CINE DE BRILLANTE MENDOZA”.
Por Nayib Abdala Ripoll
Los estudiosos de las etapas de “Postconflicto” han destacado
como uno de sus efectos, por ejemplo, en
América Central, el aumento de la violencia
de pandillas en los barrios populares; por eso nos parece que el primer propósito
de la paz en los países de América
Latina podría ser muy sencillo: hacer posible que la gente regrese a sus hogares
en paz.
Sin pretender posar de maestro, basado en mi humilde experiencia y mis lecturas sobre el
tema, me parece que eso se logra acabando
con el sufrimiento que esa violencia callejera produce en los más
vulnerables. Para lograrlo se necesita cambiar
el entorno o “mundo ambiente”
simultáneamente con sus formas de vida. Esta es la vía difícil. La más fácil que cada
vez se vuelve más popular y produce más
votos y aprobaciones incluso entre los medios religiosos es la de la violencia,
disfrazada de autodefensa.
Aquí nos proponemos mostrar por qué vale la pena emprender la
primera de esas dos alternativas, para lo cual tendremos en cuenta, primero, qué ha sido pensado en algunos medios europeos
sobre problemas parecidos, y, segundo, examinaremos algunas experiencias recogidas por el arte cinematográfico del tercer mundo sobre problemas parecidos.
Se puede ver consultado los estupendos documentales de
YouTube que el filósofo Peter Sloterdijk interpretó los “levantamientos
populares” en París y Londres a comienzos del siglo XXI, (cuando, según algunos
“media”, multitudes populares quemaron y
destruyeron lo que se les atravesaba en el camino, sin haber expresado justificación ideológica alguna de su acción) como un caso del fenómeno del resentimiento , es decir,
como resultado de un proceso de
acumulación de las iras y de la confusión de momentos pasados, los cuales
estallan súbitamente en forma de solicitud de venganza.
Ahora bien, por otro lado, tenemos en América Latina, en
algunas partes de la costa del Caribe, lo que a primera vista podría
describirse como la ira y la confusión que expresan los participantes en el
entierro de jóvenes pandilleros asesinados, tampoco sin una explícita
declaración previa de motivos o justificación. Y si se le aplica la forma de
ver de Sloterdijk se trataría de un caso del fenómeno del resentimiento del que habló, en
otras circunstancias, el filósofo Nietzsche, resultado también de la acumulación a lo largo de los años de la
ira y la confusión que al final puede ser convertido en solicitud de venganza o
de reivindicación.
Pero el filósofo
esloveno Slavoj Zizek nos ha puesto en
guardia contra esta interpretación. Más bien él considera que el tipo de
resentimiento de principios del Siglo XXI en Londres y Paris es una forma de
“autoafirmación” y esto se debe a que para Zizek el poder no es sólo pura
“dominación” (en respuesta a la cual se puede dar el resentimiento), sino que también puede también manifestarse como
“autoafirmación”. Como veremos, puede
que esto arroje alguna luz, guardando las distancias, sobre el sentido de las
manifestaciones rebeldes de las bandas juveniles entre nosotros.
¿Qué es la autoafirmación? Es por supuesto algo complejo para ser desarrollado aquí, pero que
puede tener un primer sentido negativo, como una especie de desafío arrojado en
el rostro de la ciudad y de sus medios de comunicación en respuesta por el estado de falta de reconocimiento o, como dicen algunos, de invisibilidad, en
que se sienten los más vulnerables de la
sociedad.
Esta invisibilidad puede ser contrarrestada, en un primer
momento, por una mayor atención del periodismo al problema de la violencia
urbana de algunas zonas de América
Latina. En una época en la cual, gracias a la tecnología de punta, hay una disponibilidad total de la información y es posible que todo un periódico sea editado
por un solo empleado en unas pocas horas,
es muy fácil dejar de poner atención a los verdaderos intereses comunes de los ciudadanos
y culminar los titulares del día con una flamante y virtuosa frase acerca del
último “acontecimiento”: “¡Palo de Aguacero!”.
Por cierto que el destacar en primera plana los fenómenos
atmosféricos no es de por sí malo, sobre todo en los países del Tercer Mundo
que sufren con más crudeza las crecientes catástrofes del empeoramiento de las
condiciones climáticas. Y eso incluso constituye un desafío para el buen
periodismo, reto que ha sido asumido, sin embargo, no tanto por el periodismo
como por el arte cinematográfico, tal
como se pudo ver durante el último Festival de Cine de Cartagena de Indias,
hace unos pocos días, en las sesiones de homenaje a las películas del productor
filipino Brillante Mendoza, en cuyo trasfondo las constantes pésimas condiciones atmosféricas
son a la vez símbolos de muerte y de
vida.
En ellas se ve cómo las masas populares, sin proponérselo
expresamente, con sus formas de vida elementales realizan una “autoafirmación”
(en este segundo sentido, positivo, de la palabra) de sí mismas y, de
paso, de la vida humana, por medio de la solidaridad, a
pesar de las catástrofes
atmosféricas.
En ellas, además, se
respira un “aire fresco”, acorde con la vida nueva que comienza su camino, es
decir, al fin y al cabo, la vida de los jóvenes que el gran creador de cine
muestra a la vez en toda su
cotidianidad, en las buenas y en las malas, desde su nacimiento hasta su
muerte, desde su desesperación en medio de las tormentas y ciclones hasta su
solidaridad incansable con las víctimas. Se puede decir que esta visión de la
alegría de vivir, si no de la ausencia de sufrimiento (no de dolor, que es cosa distinta) de las
grandes masas populares, de los pobres o marginados de Filipinas es una muestra
del fenómeno contrario al de la “invisibilidad” del que hablamos al comienzo.
Nos pareció que algunos espectadores de estas bellas pero
extrañas películas se salían del teatro diciendo que se trataba más bien de documentales, mientras que los que nos
quedábamos atrapados por el ágil movimiento de la cámara persiguiendo a la
gente en los momentos repetitivos pero cautivantes en que expresaban su
dignidad y solidaridad en medio de las catástrofes, salíamos del teatro con una
nueva visión positiva, alegre de la abundancia de niños y de población vieja o
joven, es decir, justamente de lo que
para el neoliberalismo, el periodismo vulgar y el cientificismo de pacotilla se
trataría de las consecuencias de la “explosión demográfica” y de los malos hábitos de los pobres.
Nos interrogábamos sobre la imposibilidad, en el caso de las
películas de Mendoza, de trazar un límite tajante entre el aspecto
que parece documental y el aspecto artístico, aunque entendido el arte
cinematográfico de forma nueva, en películas como la estremecedora “Taklub” (sobre tres familias de sobre vivientes de uno de los más
destructivos tifones recientes de las Filipinas), o como la enternecedora película “Foster Child” (sobre el creciente fenómeno de
la adopción por extranjeros de niños de los sectores urbanos filipinos), o como
a la vez cínica, cómica y miedosa
película “Sapi”, (sobre la creciente
utilización por los “media” del miedo de las poblaciones, en el caso de las
creencias en posesiones demoníacas comunes entre las poblaciones en estado de
conmoción espiritual por las catástrofes atmosféricas y económicas) y, por
último, como la gran obra maestra “Manoro” (sobre la relación entre analfabetismo,
dictadura, corrupción y política).
Volviendo al tema de la invisibilidad, ¿Qué es “estar en
primera plana”? Es algo que los profanos en periodismo e ignorantes del
tema comprendemos un poco más después de
haber visto la película “Spot light” (“Primera Plana”) basada en la
investigación realizada por un importante periódico norteamericano sobre el
abuso infantil cometido por sacerdotes católicos en los Estados Unidos. La
forma como un equipo de periodistas del diario “Boston Globe” asume como una
responsabilidad personal y profesional, no sólo dar la noticia, sino seguir
el desarrollo de las noticias sobre el tema a lo largo de varios años e
investigar el domicilio, el paradero y la situación de victimarios y de
víctimas en ese período, es toda una lección de lo que significa un periodismo
de calidad, que resiste discretamente a
los intentos fallidos de la jerarquía eclesiástica por acallar las noticias y
contener el proceso investigativo.
Pero sí es de destacar que la culminación de la investigación
llega cuando los periodistas descubren que no se trata de “casos aislados”,
sino de un “fenómeno”, es decir, que existe una coincidencia entre la mayoría
de las víctimas, en cuanto se trata de niños de familias marginadas o caídas
recientemente en desgracia económica, moral o emocional o de niños que han sido
abandonados o han perdido a sus padres, y por eso los sacerdotes involucrados, han acudido a los hogares dedicados a la
acogida de los niños con el fin supuesto de ayudar en su formación espiritual y
moral.
Ahora bien, si relacionamos la situación de los niños víctimas de los abusos sexuales de sacerdotes
norteamericanos y la de los niños pobres en situaciones de emergencia de las
películas de Brillante Mendoza, vemos que en ambos casos son niños de clases
sociales muy pobres, que por eso dependen de la benevolencia y de la caridad.
Y justamente, hay una gran diferencia en la reacción con
que los adultos responden a esa
situación vulnerable en las dos clases de películas. En efecto, “Spotlight” se muestra a los sacerdotes aprovechándose de la situación de inferioridad
de las víctimas (por cierto que no
debemos juzgar apresuradamente a estos religiosos, pues en la misma película se
sugiere que algunos pueden ser víctimas, a su vez, de una especie de enfermedad
siquiátrica).
En cambio, en sus
películas Brillante Mendoza parece querer dejar unas imágenes
maravillosas del cuidado que en el seno de familias casi destruidas por la
situación se brinda a los niños y, lo que es todavía más estremecedor, del
cuidado que los mismos niños otorgan, cuando es necesario, a los adultos que
caen en estado de vulnerabilidad. Incluso muestra que la comunidad misma,
cuando no la familia, a pesar de su elemental búsqueda de subsistencia, vive
cuidando de los huérfanos o de los niños sin familia, como si la vida fuera
para ellos el valor más alto.
Lo más importante de las películas de Brillante Mendoza
parece a veces ser no sólo lo que ocurre en el primer plano, sino el trasfondo,
los segundos y terceros planos que muestran ya sea ciudades agobiadas por un
tráfico inmenso y desesperado o paisajes desolados por las catástrofes donde a
pesar de todo hay vida que ama la vida, que insiste en vivir en su pequeño,
humilde y destartalado hogar como si fuera una casa del paraíso.
Excusándome por hablar
ahora de mi propia experiencia, creo que para los que de niños vinimos del campo a la
ciudad, obligados por la sequía, por la
escasez de tierras o por la ruina o la violencia familiar, fue muy común haber
tenido la impresión de sentirse siempre como “arrimados”, como si tuviéramos que pedir
perdón a los ciudadanos que generosamente
nos ampararon con su hospitalidad.
Mi primera experiencia con el arte fue a través delas tiras
cómicas y por cierto que, a diferencia de mis compañeros, lo importante no era sólo
lo que los cuentos o “comics” narraban en primer plano, sino los paisajes que
se veían en un segundo plano, aquellas calles llenas de casas y árboles o
edificios anónimos de grandes ciudades donde todos parecían tener su auto,
donde había, al parecer, también nubes y
horizontes lejanos, que pese a su silencio infinito nos atraían lo suficiente
como para desear entrar en ellos y
desaparecer de la melancólica “realidad”. Eso hoy me parece no “autoafirmación”,
sino fuga, evasión de la dura realidad.
Me imagino que, a veces, el que tiene la paciencia de
imaginar lo que sucede en el trasfondo o segundo plano de la pintura, de la novela o del cine busca el
final, que puede ser la desaparición del
héroe o de la heroína, tragados por la niebla que de pronto parece surgir del
trasfondo y que, como al final de una obra durante un festival de teatro, deja el paisaje limpio
para que vengan al tablado otros artistas
con sus representaciones.
Pero en el cine de Brillante Mendoza los trasfondos o
segundos planos, que a veces son los
escenarios descompuestos por los ciclones y por las catástrofes sociales y
económicas, hablan no del final, sino
del principio de una nueva vida, de la reanudación de la vida en el hogar
familiar, del valor de la ayuda mutua,
sin aspirar a inmortalidad, o a otra vida más bella, sino convencidos de que
hay que amar y vivir el momento presente y ayudar al otro justo ahora, pues
entonces, además, se puede vivir entre dolores sin ser abatidos por la
desesperación o el sufrimiento.
(After violent conflicts and civil wars is neccessary to reassess family life and solidarity between
communities. Third World cinema, like the films of Filipino Brillante Mendoza has much to teach
on this very crucial subject.)
De Edgard Suárez:
ResponderEliminarMuy bien, leí el articulo y me gusto. Deje un comentario pero no se como se refleja. El comentario esta relacionado con en la medida que el ser humano se ponga en contacto con la naturaleza tendrá más posibilidad de evolucionar. Las cosas que ocurran en nuestro interior son las mismas que ocurren afuera. La violencia es una respuesta refleja de nuestro interior. Comentario tomado del correo de de Edgard Suárez Marzo 16/16
Agradezco este resumen del comentario del Dr. Edgard Suárez, el cual me tomé la libertad de copiar de un correo suyo mientras busco en el correo del Blog su comentario completo, al cual también responderé de manera más completa. Sé que el Dr. Suárez, gran estudioso tanto de su tema profesional que es el de la Administración de Empresas, como el de la espiritualidad , tiene un proyecto en el que muestra que la acción humana se explica mejor si no se desatiende la conexión entre el hombre y la naturaleza y, si no se ignora que el cuerpo humano sabe más de lo que es vivir bien que lo que pretendemos nosotros saber. Así que con base en estas ideas deduzco que él me quiere decir que la agresividad y violencia de las pandillas no depende sólo de lo que está fuera de ellas, es decir. de su entorno de pobreza y carencia de oportunidades, sino también de su capacidad interior de liberarse de los apegos a los ídolos que nos muestra la propaganda que a veces son artistas que dependen de la droga-dicción, adictos al sexo sin control, a la violencia y, en general, al consumismo. Así que la violencia que muestran las pandillas durante el estadio del postconflicto en América Central y del sur, la cual aparentemente corresponde sólo a una conducta externa, depende también de su relación consigo mismos, con su cuerpo y con su persona. Siempre aprendo mucho del Dr. Suárez, pero como las víctimas de la violencia pandillera son mujeres, ancianos y niños muy vulnerables, me parece también que hay otro factor al que poner atención cual es el del actual retiro de la policía del espacio público en América Latina, como si estuvieran en huelga o en operación tortuga.Se necesita una reforma que divida las ciudades enormes en pequeñas zonas para la protección de las víctimas pero con la obligación de responder incluso con la posibilidad de su destitución en caso de que su intervención no evite el aumento de las víctimas en la pequeña zona a su cargo. Pues actualmente existe la división en sectores urbanos, pero la violencia sigue y la gente se queja de que las autoridades siempre aparecen después de los actos violentos a recoger las víctimas y a pedir informes sobre los hechos. Esto no implica que neguemos la dedicación y el profesionalismo de muchos de esos agentes y autoridades policiales, que han pagado con su vida su sacrificio por la seguridad de los ciudadanos y a los cuales injustamente olvidamos a menudo.
EliminarRetractaciones. Complemento del comentario anterior.
ResponderEliminarAl reconsiderar el comentario de Edgard Suárez, me parece que no puse atención al hecho de que su llamado a considerar la violencia de las bandas juveniles como procedentes de su "interior", es decir de su subjetividad, relacionada con sus formas de vida y su relación con su propio cuerpo, es al mismo tiempo una advertencia a que cualquier cambio de esas formas de vida y subjetivación no pueden ser impuestas coercitivamente desde el exterior, sino que deben generarse dentro de ellos mismos y de considerar sus potencialidades, por ejemplo, sus capacidades culturales, el hecho de que del seno de sus barrios y de su entorno han salido grandes deportistas y una gran capacidad para la creatividad musical, así como grandes profesionales. El comentario de Suárez me ha hecho ver que las películas de Mendoza no sólo muestran esa alegría de vivir y solidaridad de los jóvenes filipinos a pesar de las catástrofes atmósfericas, sino justamente también el hecho de que han sido contaminados por los "Mass Media" con las extravagncias y el consumismo de las civilizaciones avanzadas y con las dependencias que tienen sus ídolos del hedonismo y la drogadicción. Pero justamente Mendoza muestra que a pesar de eso esos jóvenes son capaces de sacrificarse por los demás en medio de los ciclones o de las desgracias que dejan como efectos. Por tanto, hay cierta contradicción con la supuesta necesidad de que las fuerzas del orden entren a imponer por la fuerza la corrección de la comentada violencia. El comentario de Suárez me pone, pues, en aprietos y me obliga a reconsiderar mi concepción de lo que llamo "autoafirmación" (aunque basado en Zizek,yo he usado a mi manera esta palabra y debo asumir mis errores y advertir que no son errores de este gran pensador de la actualidad) en otro Blog dedicado esta vez al tema de la cultura latinoamericana.
Comentario sobre el cine de Mendoza y el arte del fotógrafo Man Rey:
ResponderEliminarEn la historia del Surrealismo se puede observar que el creativo "Man Rey" (Enmanuel Radnitzky) hizo experimentos con la cámara como la de dejar que esta persiguiera libremente el recorrido que hace una hoja de papel o de un árbol cundo es impulsada por el viento. Y hace pocos años pudimos ver en una de la sesiones del Festival de Cine de Cartagena de Indias que un joven y gran productor de cine español, cuyo nombre, lamentablemente, no recuerdo, hizo experimentos similares durante su filmación de los recorridos que hizo Man Rey por las costas del Mediterráneo español. Al espectador de cine indiferente a los problemas de contenido las películas de Brillante Mendoza a veces la cámara parece moverse casi tan "caprichosamente" por entre los espacios urbanos como la cámara de Man Rey, siguiendo como hilo conductor los desplazamientos de los niños jugueteando por las calles, sin que aparentemente pase ningún "acontecimiento" . Pero es que me parece que en las películas de Brillante Mendoza se pone atención a la vida cotidiana, aunque no contemplada desde el punto de vista de un espectador imparcial e indiferente, pues la cámara persigue lo que a un espectador indiferente podría parecerle un indiscreto mostrar el hogar en situaciones que por pudor usualmente el cine no muestra, como el momento del baño de los niños o de los comentarios privados de algunas personas acerca de otras en sus alcobas o en la cocina o durante escenas que podrían ser juzgadas como íntimas, ya sea el tratamiento de ancianos enfermos o personas dementes. Pero pronto se ve que la cámara muestra que allí hay ante todo vidas humanas que merecen ser cuidadas.