MUNDO COMÚN Y MIEDO A LA LIBERTAD.
Por Nayib Abdala Ripoll
El
resurgimiento contemporáneo de lo que
con Max Weber podría llamarse un reencantamiento del mundo, es decir, de las
visiones míticas y religiosas del mundo, como medios para la búsqueda personal de libertad interior
y paz, a veces ha sido utilizado por un fundamentalismo enemigo de la libertad
política, como se puede constatar al observar en las redes sociales y en cierto
tipo de periodismo no libre, algunas campañas mediáticas contra los derechos
humanos, cierto uso tramposo de “ratings” prefabricados para favorecer
películas, libros, y opiniones predeterminados y algunos “matoneos mediáticos” contra los que
sustentan alguna opinión considerada “herética” por algunas sectas o partidos.
Como
antecedentes de esos linchamientos se puede catalogar no sólo la deficiencia de
la educación de las nuevas generaciones de la posguerra europea en derechos
humanos, sino también la frecuencia creciente con que algunos canales centroamericanos
de noticias mostraban, desde la década de los ochentas, espectaculares persecuciones policíacas de
bandidos que luego eran puestos en libertad después de una supuesta
intervención de algún defensor de los derechos humanos, y al final aparecía la
protesta de energúmenos ciudadanos contra los “la alcahuetería de los tales
derechos humanos”.
Por cierto
que en algunos países se ha detectado que esos linchamientos mediáticos que
parecen resultado de un consenso racional apabullante, han resultado ser en
realidad , como a veces los gritos de las barras de los estadios de fútbol, pura
bulla, un “bluf” originado en unos pocos ordenadores manejados por algunos
agentes mediáticos, algunos de ellos exempleados de instituciones tecnológicas
o para-militares, otros pertenecientes a sectas de diverso carácter,
expresamente contratados para el efecto, por ejemplo por algunas campañas
políticas.
Así se va
gestando no sólo un desprecio por la verdadera
discusión política, sino una “desmundanización”, un retiro del mundo común y
una tendencia a no hacerse responsable por él, lo cual tiene graves
consecuencias para la supervivencia,
pues la verdadera educación es la transmisión de una generación a otra
del amor por el mundo, según Hannah Arendt.
A la vista de esta situación podemos preguntarnos:
¿En qué forma la filosofía puede ayudar a comprender el sentido de este retiro
del mundo público común? Para contestar
a esta pregunta, hay que preguntarse en primer lugar, qué significa dicha
manipulación sectaria de las redes sociales si se parte del supuesto de que una
de las funciones de los medios de comunicación es la de promover el amor por el
mundo, el cuidado del mundo y la discusión racional sobre los asuntos comunes.
Y una
primera y obvia respuesta es que dicha
manipulación es una forma de suplantación del diálogo racional y de la
deliberación sobre los asuntos comunes por un mero intercambio de avisos o consignas agresivas a las que se responde en la red con un signo o
señal de aprobación o de rechazo (signo que por desgracia, es el mismo signo con el cual los
asistentes al antiguo circo romano indicaban al gladiador vencedor si podía
perdonar o liquidar al vencido).
Todo eso
convierte a los interlocutores de las redes en una especie de “robots” que en
vez de reflexionar sobre la cuestión sólo responden a señales. En esta forma
podemos ver que un significado de la actual retirada del mundo común es un
cierto miedo a la libertad, concebida como un peligro porque puede cuestionar los
prejuicios y las convicciones tradicionales. Aquí sólo podemos esbozar algunas
formas de enfocar este problema a partir de algunas lecturas exploratorias sobre
la relación entre libertad y mundo común.
1) En primer
lugar, habría que partir de las investigaciones filosóficas sobre las formas de
relacionarnos o de convivir con las otras personas que impliquen alguna
referencia al mundo compartido. En la obra “Ser y Tiempo” del filósofo alemán
Martín Heidegger, en los parágrafos 25 y 26, se nos advierte, sin embargo, que en vez de partir directamente del análisis
del comportamiento externo, “óntico”, de las personas que conviven hay que comenzar
por el estudio del trasfondo “ontológico”, del contexto o más exactamente, del “mundo
circundante”.
Esto se debe
a que, para Heidegger, el ser humano no es primariamente un “sujeto” del
conocimiento que reduce todo lo que encuentra a objetos o hechos científicos,
como le parece que creyó el filósofo francés Descartes, sino un “ser en el
mundo”, es decir, no un “sujeto” entendido como una substancia, un ente más de
los que componen el “mundo”, entendido vulgarmente como la totalidad de las cosas, sino un ser que tiene varias formas de ser
(de relacionarse con su entorno y con los otros seres humanos) capaces de abrir
(hacer que aparezca) un mundo entendido como una serie de significados que
permiten comprender su entorno y convertirlo en su morada, pues la cultura es, como lo mostró el maestro Danilo Cruz Vélez, en su
sentido originario, la morada del
hombre, y ser un ser humano es un trascender su entorno para convertirlo en un
ámbito significativo donde se pueda habitar.
En el
trasfondo de la cultura, por medio de prácticas, hábitos, costumbres de su
pueblo y creencias ha ido formando una cierta interpretación del entorno o
mundo en el que le toca vivir y esa interpretación le abre las puertas de
entrada a una especie de mundo común en el que todo lo que encuentra no sólo lo
encuentra ya interpretado por sus antecesores, sino que también él está
conformado por la capacidad de interpretarlo a partir de sus formas de vida o
de praxis.
En la vida
cotidiana, cada uno podrá creer al
principio que se relaciona directamente consigo mismo, con su respectivo “yo”,
como algo propio y singular, diferente de los otros, pero el análisis de
las interacciones humanas indica que el verdadero sujeto de la vida cotidiana no es el supuesto “yo”
propio de cada uno, sino una especie de “yo común a todos”, que Heidegger
llama “el uno “ o el “se” pues todos
procuran, para ser aceptados, comportarse como “uno se comporta” o como los
demás “se” comportan, para perderse en la multitud y no hacer caso al llamado
que recibe de su conciencia, que el
filósofo Nietzsche en su obra: “Aurora” resume en el mandato: “Deviene el que
eres”.
Los que
cometen el “matoneo mediático” no hacen sino seguir la corriente, hacer como
todos los demás y para Nietzsche merecerían el desprecio de los seres humanos verdaderamente
creativos quienes los calificarían de
“indolentes e iguales como productos en serie de una fábrica” como ha dicho
Massimo Dessiato en el serio análisis de Nietzsche titulado:” Nietzsche,
filósofo de la Postmodernidad” (1).
Sólo un verdadero cambio en la forma habitual
de interpretar el mundo circundante hace aparecer al ser humano la necesidad de
hacerse cargo de su propia existencia, lo cual, en el nivel óntico, es decir,
de los sucesos de la vida fáctica, se da a veces cuando con motivo de un acontecimiento
o de una conmoción de su estado de ánimo, el mundo cotidiano es puesto en
cuestión.
Ahora bien, sólo a partir del mundo se pueden
entender las formas de la relación con los demás, con quienes se comparte ese
mundo. Las personas no están directamente en relación unas con otras sino que
entre ellas hay una distancia, o como dirá después Hannah Arendt, un “entre”
que usualmente ignoramos. Ese “entre” es el mundo. Ahora bien justamente con
ayuda de las ideas de esta discípula de Heidegger se puede dar un segundo paso
exploratorio, después del primer paso con Heidegger, para entrar al “mundo”
político propiamente dicho.
Pues
investigadora como era del Totalitarismo de principios del siglo XX, ella enseñó
a ver que cuando los “Nazis” quisieron demostrar en vivo a los judíos que carecían
de dignidad, los obligaron a despojarse del sentido de lo que llamamos “intimidad”
y del sentido del pudor, y los pusieron a convivir prácticamente desnudos, es
decir, “sin distancia”, en los trenes y en los campos de concentración en los
que tenían que hacer sus necesidades a la vista de los demás. Los trataban como
“nuda vida”, como ha dicho el gran pensador contemporáneo Giorgio Agamben, es
decir, como seres despojados de ciudadanía y de derechos, pura carne de cañón.
El Totalitarismo fue un experimento de desmundanización.
Y justamente
aquí podemos observar que los “linchamientos mediáticos” tienen en común con la
desmundanización de los totalitarismos el ocultamiento del mundo público común
como lugar que permite que los individuos se distingan por su dignidad, se
singularicen y se destaquen del “rebaño”, para volver a usar un término de
Nietzsche por medio de sus palabra y de su acción, los dos constitutivos
fundamentales del mundo político según Arendt.
2) En
segundo lugar en el ámbito de los países del Caribe, y dado cierto parecido que tiene el estado de la “nuda vida”
de las víctimas del totalitarismo con la representación que la historia ha
elaborado de la situación de los esclavos (según el investigador Orlando
Patterson, víctimas de una “muerte social”) que fueron traídos al Caribe por la
espantosa “trata” o comercio de esclavos entre los siglos XVI y XIX, vale la
pena preguntarse por la relación entre los dos fenómenos y la forma como se
aparece el mundo circundante en esta nueva situación.
Habría
primero que tener presente que el filósofo francés Maurice Merleau-Ponty ,
partiendo de la fenomenología de Husserl, después de un profundo estudio de la
percepción mostró que es el cuerpo humano
el gran intermediario entre hombre y mundo, sin el cual no se dan ni el
uno ni el otro; concretamente uno tiende a preguntarse en qué relación se
encuentran los cuerpos con los espacios sociales en general, no solo el espacio
del hogar, sino también el del mercado,
el de la ciudad o el del campo, para ver
si concretamos lo que hemos venido exponiendo sobre el mundo circundante,
aunque ahora nos alejemos de la posición ontológica de Heidegger y nos
acerquemos al examen óntico, concreto, del asunto.
Pues se trata de mostrar cómo se forman
espacios comunes a partir de las relaciones entre “sujetos” que no son
espíritus puros, sino cuerpos, y cuerpos que sufren, que tienen deseos y se
proponen realizarlos alcanzando fines concretos en su lucha por conservar la
vida. Para esto se puede seguir a la historiadora Arlette Fargue, quien en su
sobrecogedora obra: “Efusión y tormento.
El relato de los cuerpos. Historia
del pueblo en el siglo XVIII” (2) ha mostrado que en Francia en el siglo de las Luces los
espacios como el barrio o el mercado o la plaza pública no son receptáculos
neutros, sin significado, que luego los habitantes convierten en lugares con
sentido, sino que por ejemplo, el barrio es obra de los lazos que se tienden
entre sí los vecinos que los habitan (Farge, p.80) por medio de sus relaciones
comunicativas, afectivas, de intercambio e incluso de protesta contra el orden
social vigente. Por ejemplo, aunque la “vecindad” no posee status jurídico en
el Paris del siglo XVIII, el mero hecho de ser “vecino” “implica ciertas
solidaridades.
Ahora bien,
los vecinos, que comenzaron su relación con la ciudad caminando para buscar
trabajos que los hacían cambiar de tiempo y de espacio constantemente, no son una “masa
inmóvil”, según Farge, sino: “una
población precaria que pasa de una ocupación a otra”. En alguna ocasión
decía el exministro colombiano de Hacienda Rudolf Hommes, que la pobreza es muy
difícil de medir, pues los pobres nunca están en el mismo lugar, por cambiar
constantemente de sitio y de oficio.
3) Un tercer
paso exploratorio en ese sentido me parece se puede dar gracias a los trabajos de la profesora Susan
Buck- Morss (3) que han mostrado que la
revolución de independencia de Haití , con su apabullante y deslumbrante
consigna de “Libertad o muerte” fue un elemento de la concepción de la relación
entre amo y esclavo como una lucha de vida o muerte, en el sentido de que el esclavo
era el que recibía el don de seguir vivo a cambio de la libertad, para
dedicarse al trabajo o transformación de la naturaleza. Esta teoría la elaboró el
filósofo alemán G. W. F. Hegel, gran lector de los periódicos que informaban
sobre la revolución haitiana, quien, después de leer, además, al economista
Adam Smith, se puso a trabajar en una comprensión del mercado como uno de los
lugares de la libertad.
Para
comprender esto hay que seguir las explicaciones de lo que el profesor Alfred Honneth en su riguroso libro: “El
derecho de la Libertad” denomina la
“libertad social” (4), para distinguirla de la mera "libertad negativa",
es decir, la que concibe la libertad como la ausencia de cadenas o de impedimentos para que el individuo
actúe siguiendo sus intereses ( la cual es la libertad del individualismo de
Hobbes) y de la mera libertad “reflexiva” que Kant y el humanismo liberal
concebían como la capacidad de autodeterminación de los individuos.
Para Hegel, según muestra Honneth, estos dos
tipos de libertad se pueden predicar de individuos aislados, y lo que se
entiende por libertad puede ser allí solamente un sentimiento interior o
subjetivo, sin relación con el mundo objetivo de las relaciones sociales.
En cambio,
no sucede así cuando se trata de la “libertad social”, que es la que se da en la
interacción mediada por instituciones entre los individuos (es decir, el
“entre” al que se refería Arendt) y, para nosotros, en nuestro mundo del
Caribe, podríamos decir que se fue dando entre otros lugares, en ciertas constituciones liberales como las de Cádiz y la de Cartagena en 1812, y, además, en los mercados. Los mercados son para el
Hegel que descubre la libertad social, lugares del reconocimiento mutuo, basados en instituciones sin cuya práctica objetiva libre, según decía Hegel, el sujeto
no puede “ser sí mismo en otro”, es decir, no puede reconocer un comerciante
que su deseo al alcanzar su meta contribuye al mismo tiempo a que el otro alcance también sus metas. Sin prácticas con base en instituciones no puede
existir la libertad realmente, sino como mero anhelo o deseo subjetivo de los
individuos.
Y no sólo
las relaciones sociales en el mercado, también las relaciones de amistad y de
amor, las relaciones comunitarias, en general pueden ser lugares de la
opresión, de la dominación y del terror. Ahora bien esto explica el miedo a la
libertad que tienen los que efectúan los linchamientos mediáticos, pues se
retiran del mundo común escondidos tras sus consignas y símbolos agresivos
contra los que pueden poner en cuestión los fundamentos de su vida y de su
concepción de la realidad. En el fondo ignoran la importancia de las
instituciones de los derechos humanos como lugar institucional o mundo común
que convierte en real el anhelo de libertad.
Ahora bien, volviendo
al tema del Caribe y a manera de complemento del tema de la libertad, con la ayuda
del arte y de la imaginación se puede pensar que uno de los caminos de la
libertad del esclavo fue la de ganarse la vida como vendedor ambulante. Muy común
en nuestros mercados populares es el paso de una vendedora ambulante cuando
cruza una peligrosa avenida atiborrada de mercancías en ambos brazos, además de
las que penden de su cuello y espalda. Así se puede ver la lucha cotidiana de
las mujeres del Caribe que no quieren depender de otros, para dirigir su vida,
pues aman la libertad, aun cuando no existan verdaderas instituciones libres
que respalden su trabajo y les proporcionen la objetividad social que necesitan.
Son mujeres en pleno esfuerzo y tensión como las afro descendientes que el gran
pintor nativo de Cartagena de Indias, Blasco Caballero, ha representado como combatiendo con seres
invisibles en su tríptico: “Las luchadoras”.
(1) Massimo
Dessiato .Nietzsche. Crítico de la
Postmodernidad. 1998, Caracas. Monte Ávila Editores. (pp.39 y ss.)
(2) Arlette
Farge. Efusión y Tormento. El relato de
los cuerpos. Historia del Pueblo en el siglo XVIII. Traducido por Julia Bucci. Madrid. Katz Editores. 2008 (Cap. III.
Avecindarse y desplazarse. Habitar el espacio)
(3) Susan
Buck-Morss. Hegel, Haiti y la historia
universal. Traducción: Juan Manuel Espinoza. Prólogo de Claudio Lomnitz.
México: F.C.E. 2013 (pp.75 y ss.)
(4) Axel
Honneth. El derecho de la libertad.
Esbozo de una eticidad democrática. Traducido por Graciela Calderón. Buenos
Aires. Katz Editores. 2014 (pp. 64 y ss.)
(The actual abandonment of public life in Latin America could be a sign of the fact
that people
is ignoring the importance of freedom, democracy and human rights).
CON PERMISO DE LOS LECTORES REPRODUZCO, A PARTIR DE SU E-MAIL (del 21 de agosto), UNA NOTA CRITICA DEL GRAN MAESTRO Y AMIGO GREGORY JUSDANIS:
ResponderEliminar"...Hoy tuve la oportunidad de leer su último blog que encontré muy interesante, leyéndolo por la primera vez cuando estaba yo mismo en América Latina. Ya que su objetivo es aplicar la filosofía occidental en los países del continente, esta experiencia fue impactante.
Usted tiene razón que cada institución puede ser un lugar de libertad pero también de totalitarismo. Pero no pude entender como se aplican estas ideas en el contexto de América Latina porque su aplicación fue solamente un párrafo. Por eso no comprendo porque en América Latina específicamente tiene la gente miedo de la libertad.
Quizá en so próximo blog usted puede elaborar sus ideas invaluables en cuanto a esto tema. Yo como un visitante en este continente quiero ver mas como se aplican estas ideas. Como y en cual aspecto es la situación en America Latina diferente?
En todo caso, las instituciones tienen funciones diferentes en cada lugar. En Argentina, por ejemplo, a pesar de la influencia de la globalización la gente ha guardado la institución del café con amigos y la institución del asado, algo que une amigos y familiares. No tengo suficiente conocimiento del país para juzgar su vida política.
Un abrazo,
Gregory
El profesor Gregory Jusdanis, cuyo admirable libro sobre la amistad traduzco poco a poco como un ejercicio personal de cultura, se ha portado como un amigo de verdad al dedicarme una seria y contundente crítica y por eso le agradezco que me haya permitido reproducirla para compartirla con los lectores.
ResponderEliminarTiene razón al mostrar la deficiencia de mi referencia a Latinoamérica. La dificultad surge del intento de aplicar la noción de mundo común de Hannah Arendt a la situación de América Latina, pues ella critica a revoluciones como la francesa (en la cual se basa la revolución haitiana)por haber anulado la política propiamente dicha, cuyo fin, según ella, es defender un espacio público libre para la discusión y la concertación)al ocuparse de problemas utilitarios o económicos es decir, de las urgentes necesidades de los más pobres. Por eso trato ahora de partir para América Latina de la esclavitud, problema que los revolucionarios franceses no pudieron resolver en Haití y busco nueva orientación teórica en la francesa Simone Weil, para la cual el trabajo es la categoría política más importante ( en lugar de la "acción política", que es para Arendt la principal), pero sin caer en los errores del marxismo. Sin embargo, mi Blog ha resultado muy poco estructurado y debo dedicarle una próxima versión. He querido partir de un posible camino seguido por el esclavo para conquistar su libertad mediante el trabajo, tema al cual dedico mis lecturas ahora. Las dificultades a las que se refiere el profesor Jusdanis son ciertas y se deben a que presento a los lectores, no resultados consolidados de mi estudio sino notas exploratorias basadas en mis lecturas . Presento mis excusas a los lectores por la incomodidad que esta forma de escribir corre el riesgo de presentar.
Nayib Abdala Ripoll, septiembre 4 de 2016
Addenda:
ResponderEliminarAgradezco mucho a los lectores que por medio de un símbolo me han objetado que el artículo comete la falacia llamada de la "causa falsa" al atribuir la causa del miedo a la libertad en América Latina a la supuesta deficiente formación general en derechos humanos y a la "mala prensa" que cierto periodismo viene haciendo de esos derechos. Esta valiosa objeción me ha hecho caer en la cuenta que aunque el método fenomenológico del que parto se propone ante todo comprender lo que sucede por medio de descripciones adecuadas a lo que se presenta ante nuestros ojos, mi deficiente presentación y uso de dicho método da la impresión de que estoy tratando de dar explicaciones científicas de causa-efecto. Tomaré nota en lo sucesivo para evitar esta errónea interpretación.