LIBERTAD, CULTURA Y POLÍTICA

  Por : Nayib Abdala Ripoll    



¿Qué noción de la libertad puede tener  esa mujer caribeña que cruza las plazas de nuestros bulliciosos mercados,  cargadas sus manos y brazos con mercancías o puestas en una palangana que porta sobre su cabeza, a veces seguida de alguna hija?  A principios del siglo XX tendíamos a pensar que ninguna, pues suponíamos que por ser mujer y por ser de las “clases populares”, su incentivo inmediato no era la libertad, sino la satisfacción de las necesidades del día o, como se suele decir en tono de desprecio, cuestiones “efímeras”, usando mal, al otorgarle un sentido peyorativo,  esta palabra de origen  griego, que sólo señala  lo propio de cada día. 

En vista de estas diferencias se puede preguntar cómo habría sido  el diálogo entre un nativo africano, que no hubiera conocido ninguna declaración moderna de derechos humanos  y un defensor moderno de la libertad, por ejemplo, un diálogo entre el héroe Okonkwo de la novela del africano Chinua Achebe o como el semi-mítico  Changó el Gran Putas de la novela de Manuel Zapata Olivella, con un defensor de la libertad en el sentido moderno como Diderot o D'Alambert. 

Si seguimos la clásica diferenciación entre comunidad y sociedad de Ferdinand Tönnies, podríamos pensar que, en un diálogo semejante, los africanos se sentirían parte de un grupo social cerrado, como una especie de  totalidad orgánica, dentro de la  cual se daría por sentado que algunos tienen más valor o dignidad que otros debido a su posición en  un orden jerárquico de origen sagrado o con raíces en las prácticas de los ancestros de la tribu. 

En cambio, los representantes de la Ilustración, recién liberados de tales lazos orgánicos comunitarios se sentirían  como miembros de una sociedad de individuos formada por un contrato social que permitiera convivir  fuera de todo orden jerárquico natural,  al ser supuestamente todos apreciados como de igual valor y libres .

Ahora bien, parece que durante el encuentro entre algunos esclavos haitianos y los delegatarios franceses que llegaron a la isla con la idea de los derechos del hombre pudo haber un diálogo semejante, a fines del siglo XVIII.  

El problema es que la historia hacía difícil pensar que, para esa época, existiera un auténtico núcleo de creencias ancestral africano en el Caribe,  pues, por una parte,  la economía de las plantaciones era moderna, como han mostrado los profundos trabajos del historiador Michael Zeuske sobre las formas de trabajo esclavo  en  Cuba de los siglos XVIII y XIX, y por otra, los esclavos haitianos, africanos  de la diáspora,  responden a claves culturales diferentes de los africanos de la novela “Todo se desmorona” de Chinua Achebe, que no experimentaron la diáspora, observación, esta última,  que debo al profesor de literatura moderna Gregory Jusdanis. 

Sin embargo, hoy se puede partir de descubrimientos históricos recientes que  muestran, basados en un riguroso estudio de archivos notariales, la extraordinaria lucha  de una negra llamada Rosalie, a fines del siglo XVIII, antes de viajar clandestinamente a Nueva Orleans, por hacer que los notarios de Saint Domingue reconocieran por escrito que había sido liberada por sus amos, lo que podría ser más que un indicio, sin embargo, de que ella tenía ciertas ideas compatibles con la  noción moderna de la libertad, por lo menos de la llamada "libertad negativa", es decir, entendida como ausencia de cadenas, heredada de sus orígenes en Senegambia, África,  en cierta cultura de sus ancestros guerreros africanos  que lucharon por mantener fuera de sus territorios a los tratantes europeos de esclavos (1). 

Por otra parte, cuando se compara la noción de libertad que pudiera tener una mente premoderna como la del esclavo africano y la que pudiera tener una mente moderna como la del filósofo Spinoza que aplica un método geométrico a los problemas humanos, uno termina preguntándose  cómo se aprenden las nociones básicas de una ciencia como  la geometría y las de una ciencia humana como la política,

Ahora bien, se puede pensar que, si la hay, la experiencia originaria de la libertad del esclavo que participó en la Revolución haitiana no es del mismo género de la experiencia originaria del espacio del geómetra Euclides. Cuál es la experiencia originaria del espacio, si la hay, es algo que  se plantea uno. como lego, al leer las primeras proposiciones de la geometría de Euclides.

Así, el niño Einstein, cuando su abuelo le regaló, al cumplir 5 años,  la geometría de Euclides, según cuenta en su autobiografía, pasó varios días estremecido por la comprobación de que si aceptaba una proposición cualquiera de Euclides, se veía en la “necesidad” (que no es una necesidad física, sino lógica) de aceptar la siguiente. Sintió, así puede pensar uno, el peso, la resistencia, la objetividad de un mundo no dado en la percepción, sino, como dijo el filósofo Kant, construido por medio de conceptos.

En cuanto a la experiencia originaria de la libertad, uno se estremece cuando lee en Spinoza que la libertad es una idea "confusa", es decir, que no se puede deducir con necesidad lógica de otra idea de una proposición anterior y que es contraria a la idea de la unidad de la naturaleza,  pues ésta es una serie de cadenas necesarias (necesidad física) de causas y efectos, por lo cual todo lo que existe está determinado por otro y no puede existir ningún ser libre. 

En cambio, Kant establecerá la posibilidad de que convivan  la libertad y la necesidad, pues considera la libertad como una “idea de la razón”, es decir, no formada con base en la percepción empírica de los objetos, sino con base en un sentimiento de respeto por la idea de la dignidad de la persona, en cuanto ser capaz de actuar exclusivamente por respeto a la ley moral. Esa libertad es para él un hecho pero no un hecho físico sino un "factum" o hecho de la razón, base el orden moral y jurídico.

Esta pregunta por la experiencia originaria de la libertad, parece recibir, sin embargo,  un nuevo enfoque por el pensador francés contemporáneo Jacques Ranciere ( 2 ), quien muestra que "lo político" ( y por tanto, lo que llamamos libertad) no es la pasiva aceptación de un orden jurídico y social dado ( al que llama "la política"), sino  el acontecimiento que se produce cuando irrumpen  en el mundo público  los que antes eran tenidos por incapaces de pronunciar un discurso en su propio  nombre y de participar en el orden vigente, como sucedió en Roma con la revuelta de la plebe contra el orden de los patricios. 

La historia  ha mostrado, pues,  que es absurdo  pensar  que aquella esclava haitiana del siglo XVIII que se esforzó de  forma extraordinaria por dejar claramente establecido en los documentos notariales que ella había sido liberada por sus antiguos amos y que su hija había nacido  libre,  era incapaz de pensar en la libertad. 

Curiosamente, recorriendo la historia de las campañas políticas de Abraham Lincoln en Estados Unidos hemos visto que los sureños llegaron a decir que estaban convencidos de que Dios  creó a los antepasados de esas esclavas  y a sus maridos,  “con la finalidad de que”, (para decirlo con palabras que espantaban a Spinoza),  sirvieran en sus grandes haciendas y  a los grandes emprendimientos de los cultivadores de algodón (3). 

Dichos cultivadores sostenían con sus emprendimientos, según decían  ellos, la grandeza de aquella nación considerada hoy como la heredera de la   primera democracia del Atlántico y del mundo. La esclavitud y su carencia total de libertad política era para esos sureños una noble institución predecesora de lo que hoy se llama derecho humanitario o ayuda humanitaria y parece que, no sólo allá, sino también en muchas partes del mundo “postmoderno” algunos arrogantes libertarios aspiran hoy a restablecerla. 

Por eso en el Renacimiento Maquiavelo había notado que la libertad romana nace  de los conflictos permanentes entre patricios y plebeyos, y para él, como mostró Claude Lefort, piensan mal los que sostienen que la política sólo es posible si se acaban los conflictos y se busca un estado utópico sede de una especie de  paz perpetua, sea en el pasado o en el presente.  

Volviendo a la mujer caribeña actual, ella es, como dije en un artículo anterior, un cuerpo en tensión, como las “luchadoras” que pintaba el artista cartagenero  Blasco Caballero y  están siempre caminando, llevando las mercancías de un vecino al otro,  estableciendo así cierta relación primaria con las diversas familias y comunidades, creando un espacio no geométrico como el de Euclides, sino  un entorno de familiaridad en el trato cotidiano con las cosas y las personas o pequeño mundo práctico, o mundo  circundante, una morada de costumbres y significados sede de la experiencia pre teórica de la vida en común y de la libertad. 

Ese espacio social es  también  un horizonte significativo que brinda sentido a los relatos que se hacen sobre lo que sucede,  porque se forma gracias a la palabra, al  relato del pasado y al diálogo con los vecinos: una especie de  horizonte  en movimiento, que acompaña a las mujeres emprendedoras del Caribe en su permanente ocupación, en el trato práctico con las cosas, que son para ellas primariamente útiles, y en el cuidado o atención que guardan con las personas, las cuales podrían ser para ellas el verdadero “por qué”, la razón última  de la praxis, el punto final de referencia de sus ocupaciones. 

Por lo pronto sabemos también que esa esclava haitiana que era vendedora ambulante de pacotilla o mercancía al por menor, (en francés de Haiti: las “pacotilleuses”) llevaba consigo también cierta comprensión del mundo circundante que no había estudiado en los libros, sino aprendido mediante las tradiciones y costumbres y  la dura experiencia de la vida. 

Es posible que la de ella no fuera una simple libertad negativa, es decir entendida solamente como rechazo de lo que pudiera impedir su libre movimiento; en ella habría también, además de la herencia libertaria de sus ancestros,  la vislumbre de una especie de la dignidad de la persona que lucha por lo suyo y lo de sus hijos, como algo que se consigue mediante el disenso y la lucha y no  sólo mediante la simple coexistencia pacífica y el consenso. 

De ahí la reciente atención de los filósofos y sociólogos a los movimientos sociales y a las formas de “subjetivación” que se relacionan con ellos. En dichos movimientos sociales han observado propuestas de modos de pensar y formas de vida alternativas a las propiciadas por el orden vigente, que tienden a ser invisibilizadas por el periodismo trivial y por los políticos mismos, pero ante todo por las mismas redes sociales. 

Así, el mundo de las informaciones está más controlado y censurado hoy que en la época de la Inquisición, pero en formas disfrazadas de comportamientos libremente asumidos por los individuos, no impuestos desde el exterior, sino asumidos como la moda o como los nuevos “looks” que todos corren a seguir. Las  falsas noticias son los principales transmisores de los nuevos controles sociales mediáticos. 

Cartagena de Indias, 13/05/17  

Fuentes Bibliográficas
      
        
(1)         Rebecca J. Scott y Jean M. Hebrard. Papeles de libertad, Una odisea transatlántica en la era de la emancipación, traducción de Esther Pérez. Bogotá: Universidad de Los Andes, Instituto Colombiano de Antropología e historia, 2015, (ver en especial las pp. 8 y 9, sobre el rechazo de la esclavización de sus coterráneos por el  almamy Abdulkadir Kan).
(2)         Jacques Ranciere. El Tiempo de la Igualdad. Diálogos sobre política y estética. Trad. por Javier Bassas Vila. Barcelona, Herder, 2011
(3)         Frederick Douglass. Vida de un esclavo americano escrita por él mismo. Trad. Por Carlos García Simón e Iñigo Jáuregui. Madrid. Capitán Swing Libros 2010 (Ver en la p. 71: matar a un esclavo en Maryland no era considerado un crimen, ni en los tribunales ni en la sociedad) y Francisco L. Cardona. Lincoln. Barcelona. Editors SA 1991, pp. 33 y ss.

(The question of the meaning of the word freedom is closely linked with the practical understanding of the world. For years, after the age of slavery,   we have been asking for the experience of freedom, but today we understand that we would better ask for the event of the irruption in the public sphere of alternating forms of life and news forms of perceiving and thinking how to live together).

Comentarios

  1. Debo agradecer la observación vía telefónica que hace el profesor Waditt Díaz en el sentido que la idea de libertad que rechaza Spinoza como libre albedrío no es la única presente en su obra y su rechazo tampoco significa que no exista otra idea de libertad, sino que de sus ideas se puede partir para concebir por ejemplo la libertad de las mujeres trabajadoras del mercado a la que aludo con el ejemplo inicial, de un modo diferente, como la potencialidad o el conjunto de posibilidades que las constituye como cuerpos dentro de un espacio geográfico (el espacio práctico al que me refiero que instaura ella con las demás vendedoras, en el cual pueden ellas representar modos de comportarse y de practicar el comercio alternativos a los que conciben los colonizadores y esclavistas de los territorios como el haitiano de fines del siglo XVIII, a los cuales hago sólo una breve referencia indicando que han sido desarrollados por investigadores como Michael Zeuske en sus investigaciones sobre el trabajo en las plantaciones del mundo Atlántico. Tiene razón y fue una gran falla no haberme referido expresamente a esta diferencia crucial,

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  2. Permítame comenzar la respuesta recordando que en la bóveda de la Iglesia de San Pedro Claver de Cartagena de Indias se encuentra entre otros un vitral, justamente colocado en un punto central como para que los fieles y los visitantes lo contemplen apenas entren, una representación de una esclava llorando angustiada contemplando la canasta llena de huevos que se le acaba de caer y el instante en que el santo se acerca para iniciar la acción de auxiliarla de tal modo que recupere absolutamente todos los que se han roto y esparcido por el suelo y que la tradición atribuyó a uno de los milagros.
    Al principio me preguntaba por qué no se puso en esa posición central uno de los vitrales que hacían referencia a actividades más “importantes” como las de cuidar a los enfermos, pero hoy he caído en la cuenta de que entre las cualidades valiosas de la representación está justamente que hace prestar atención a lo que nos suele parecer menos importante, es decir a las actividades cotidianas de una mujer tal vez vendedora que tendemos a juzgar despreciativamente como “efímeras” , por una parte; por otra parte, la escena representa al cuerpo humano inclinado, casi reclinado al suelo en plena expresión de dolor de la esclava y la expresión corporal del santo de profunda atención.
    Pues bien, la importancia del cuerpo humano y de las actividades cotidianas me han servido para intentar responder su importante y difícil sobre la relación entre Nietzsche, Spinoza y Freud, pues los tres, subrayan como una falla fundamental del pensamiento filosófico tradicional la ignorancia del cuerpo humano, lo que los hace rechazar la libertad entendida como libre albedrio o capacidad de la mente o del “alma” de elegir el bien o el mal, pues para Spinoza eso supone la separación o dualismo de cuerpo y alma, prejuicio que él atribuye, en su “Ética”, a la ignorancia que tenemos del cuerpo humano, como indica su frase hoy muy actual de que “nadie sabe lo que puede el cuerpo” . Además, estudios actuales muestran la importancia que da Spinoza las actividades de la “multitud”, de los cuerpos que actúan como si fueran uno solo por ejemplo en las revueltas populares que tiene en cuenta para sus pensamientos sobre el “poder” político.
    Por otra parte, En el parágrafo 116 de “Aurora” Nietzsche refuta a los que pretendemos que se puede conocer la “esencia de la acción humana” e ignoramos que “las acciones nunca son lo que parecen ser” , pues “ellas siempre son otra cosa”, es decir detrás de ellas están los instintos, la imaginación y el cuerpo .
    Ahora bien, en la obra “el Malestar en la Cultura” se puede ver que Freud relaciona algunas ideas del Psicoanálisis como desarrollos que deben mucho a sus lecturas de las críticas de Spinoza, Schopenhauer y Nietzsche a la concepción tradicional de la libertad. No he podido terminar mis lecturas sobre la concepción que él tiene del cuerpo, tema para el cual no me siento muy capacitado, pero sé que usted ha dedicado buen tiempo justamente a este y a la hermenéutica del sujeto de Foucault, por lo cual le agradecería sus observaciones al respe

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  3. Aclaración
    Excuse que sin darme cuenta no haya contestado la parte de su pregunta sobre las relaciones entre las metrópolis y las colonias y el punto de vista de Spinoza sobre la libertad. Sólo por referencia conozco algunos artículos que muestran cómo el reducir la libertad al libre albedrío en el fondo para los actuales estudios llamados de-coloniales, reflejaba una valoración jerárquica del alma como más valiosa del cuerpo, por ser la sede de dicho albedrío o capacidad de elegir, concepción que en servía para sostener que como los indios no tenían alma, por ejemplo, se podían utilizar simplemente como herramientas. Para estos estudiosos ni los indios precolombinos ni los actuales son dualistas que separan el culto de las prácticas comunitarias ni el alma del cuerpo, ni el individuo de la comunidad.
    Recuerdo que hace algunos años participé (en vista de que el invitado oficial, historiador Alfonso Múnera, no pudo hacerlo, ) en un programa excelente de un canal de televisión francés sobre San Pedro Claver y Cartagena con la participación de un muy serio profesor africano de Bourkina Fasso y de Oscar e Israel Díaz y Argentina Jaraba, de la Fundación social de Santa Rita de Cartagena de Indias así también con la del sacerdote jesuita Tulio Aristizábal, quien a la pregunta de por qué el santo no defendió los derechos humanos de los negros abierta y públicamente, como lo hizo con los indios el famoso padre De Las Casas, respondió que no se le podía exigir la misma actuación en circunstancias diferentes y que no fue una especie de guerrillero, pero sí un ser humano cuya consciencia rechazaba lo que veía entre sus cercanos y se limitó a mostrar con obras que estaba de parte de los esclavos.
    Hoy veo que entonces yo callaba aunque pensaba que el santo, que no era hombre de estar como el padre Las Casas, leyendo códigos y leyes, ejercía más bien ciertas prácticas y lo que hoy llaman “performances” o representaciones físicas de actividades creativas, artísticas o de comportamientos que sirvan de ejemplo para ser seguidos, sea porque están a favor o en contra del “status quo”.
    Muchas de esas performances le parecen al lector de la vida y del juicio de canonización del santo, poco importantes, por pasajeras actividades de ejercicios de catequesis, pero hay algunas que provocaron el rechazo de su medio social, como su performance de sentar al esclavo más adelantado en cuestiones catequísticas en un lugar superior a los demás, en una silla elevada, por encima del suelo, mientras el santo se sentaba en el suelo con los demás. Hay, además, otras prácticas extraordinarias que tienen que ver con el tratamiento de las llagas de los enfermos, con el reconocimiento a los ejercicios musicales de los esclavos y otras que fueron causa de regaños o de habladurías como las ejercidas en el confesionario, donde ponía en primer lugar a los esclavos y sólo en segundo a las señoras principales.
    En suma, el cuerpo ocupaba aquí un plano especial para la expresión y comunicación de lo que no podía ser dicho con palabras. Ahora bien, al final de la filmación, cuando yo dije de una manera indiferente, como si eso no me pareciera malo, que Claver azotaba a veces a los esclavos desobedientes, sentí una gran conmoción cuando el profesor africano estalló con un rechazo a esa forma de tratar a unos seres que estaban de por sí en mala situación y sufriendo, y yo me di cuenta de que todavía había en mí modos de sentir y pensar racistas que me permitieron hablar con tal indulgencia de esos azotes, pues antes de ese desenlace, el profesor me venía preguntando qué defectos veía yo en el santo y yo no alcanzaba a ver alguno.

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