SOBRE LA PREGUNTA PRÁCTICA: ¿CÓMO QUIERO VIVIR? EL DESEO JUVENIL DE RENOVACIÓN EN LA ERA DE LAS REDES SOCIALES.

Por Nayib Abdala Ripoll

Cartagena de Indias, diciembre 1 de 2017 

Un nuevo aire de renovación buscan los jóvenes latinoamericanos, como un nuevo comienzo del mundo, sin las corrupciones, trabas, cargas fiscales, impuestos y obligaciones heredados de  instituciones para ellos ya muy antiguas, impuestas por leyes y constituciones de otras épocas. En este artículo me pregunto qué significado tienen estas nuevas actitudes juveniles de ansias de renovación de sus comunidades, para la empresa de vivir en un mundo común, a pesar de las diferencias y de los conflictos.

1.   Un primer sentido de este deseo de renovación puede ser el de la búsqueda de reconocimiento. Comienzan el día mirando al mundo al través de las redes sociales, pues así “están al día” en lo que hay que decir o responder para ser reconocidos como uno de los que está “en la onda” o “en la pelea”.

2.   Un segundo sentido puede ser la búsqueda de autonomía y de libertad. Lo que siempre han temido los detentadores de los poderes políticos y religiosos y lo que siempre han perseguido las inquisiciones que en el mundo han sido. En esto parece como si quisieran partir de cero. La libertad parece consistir para ellos en vivir a plenitud el momento presente, de acuerdo con sus propias convicciones. 

3.   Uno se pregunta si se trata de un nuevo sentido de la libertad, de una libertad interior, y  ya no de la libertad política por la que lucharon sus abuelos. A veces parece que prefieren vivir en paz, aunque tengan que asumir una especie de servidumbre voluntaria, aunque a veces se los ve también participando activamente en política. Si es así, no hay que reprocharles nada, sino más bien indagar cómo quieren vivir.  

4.   A veces parece que el sentido de esta renovación es el deseo de vivir en un mundo de verdad, en vez de tolerar un mundo lleno de falsedades y falsificaciones. Anhelan la verdad auténtica al mismo tiempo que valoran las prendas de vestir con “marcas” prestigiosas.


En este artículo sostendré que estos diferentes significados se refieren, en última instancia, al problema de la necesidad de deliberar y dar razones para justificar las respuestas a la pregunta fundamental de si vale la pena vivir o no (la pregunta de Hamlet).  

La verdad en las redes sociales.

Hace algunos años en una escena de una de las películas de la serie llamada “Rápidos y furiosos”, cuando un joven le muestra orgullosamente su camisa supuestamente  “de marca”  a uno de los “héroes”, éste  le contesta que dicha camisa  tiene “la tortuga al revés” y  los espectadores se echaron  a reír. Para ellos la escena indicaba que la “marca” de la camisa estaba falsificada. 

Las camisas, como en general las mercancías, son partes importantes del entorno o, como lo llama la filosofía, el “mundo circundante” de la vida cotidiana, pero también forman parte de dicho mundo  las ideologías y valoraciones  con que los expertos en mercadeo promueven ciertas frases, ciertas valoraciones (incluso promoviendo ideas políticas o religiosas) como si fueran verdaderas. Mejor dicho, hemos caído en la comodidad de creer que una frase aprobada como si fuera “de marca” por los seguidores de las redes es señal de que es auténtica, mientras que la negada o rechazada es por ese sólo hecho falsa. 

Y si se confunden la valoración positiva de una cosa o de una creencia con la aprobación de la supuesta calidad de su “marca”, hay un gran riesgo, pues ya no podría haber ni mercancía ni opinión religiosa o política falsas, si su símbolo mediático o “marca” o los “eslóganes” que se basan en ellos, ganan rápidamente seguidores en las redes o si los opositores son objeto de matoneo mediático. 

Además, aparecer en las redes es en cierto sentido exponerse a los demás, salir del escondite. Y  algunas tendencias de la opinión consideran que la persona veraz es la que dice las cosas “de frente” y no a espaldas del otro. Las opiniones políticas son consideradas veraces si el que las sustenta  “da la cara”. “Dar la cara” y “No dar papaya”, lemas dignos a la vez del nuevo tipo ideal de profesional emprendedor, “asertórico y proactivo”, y de los   hombres diestros en el manejo de las armas y en el manejo de pactos de mutua defensa,  se convirtieron en las consignas políticas por excelencia.

El lenguaje y la deliberación racional.

Para saber de dónde surge este deseo juvenil  latinoamericano de renovación que recuerda al comienzo del siglo XX, cuando en Alemania se mencionaba la palabra “renovación” de muchas maneras y en ámbitos diferentes,  es bueno acudir a la propuesta del filósofo  contemporáneo Ernst Tugendhat,  de dejar de considerar la ontología, es decir la pregunta por el ser, como el problema fundamental de la filosofía,  y en su lugar preguntar por el  hombre como el ser capaz de comportarse dando razones de sus actos (1). 

Esto se debe a que él ha considerado al ser humano como un ser capaz de preguntar cómo quiere vivir, pregunta considerada por él la más importante de todas, la cual, además, no exige una respuesta teórica, sino práctica, pues el hombre no es primordialmente un yo pensante, sino una forma de vida, o, (como dice Tugendhat reasumiendo con presupuestos distintos,  una idea de Heidegger), un cierto modo de “comportarse consigo mismo”. 
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Para él la filosofía moderna  convierte en problema la identidad  del ser humano o la pregunta: ¿Quiénes somos? Ahora bien, para responder a la pregunta por la identidad  Tugendhat parte de  Freud, para el cual el problema de ¿Quién soy? Depende de quién quiere ser uno, es decir, se trata de una pregunta práctica. 

Pues en cada uno existe la cuestión no teórica, sino práctica: ¿Qué quiero ser en la vida? Esta es una pregunta que, señala con razón Tugendhat, en  primer lugar, está dirigida al futuro. Por esto (aunque eso no lo afirma Tugendhat) podemos decir que es una pregunta que se puede formular a sí misma una persona que quiera "renovar" su vida. En segundo lugar,  la respuesta no consiste en dar  un conjunto de cualidades objetivas como, por ejemplo, las de sexo, edad, estatura, complexión corporal o raza. La pregunta indaga más bien  por lo que hacemos, por la acción humana. 

Pues las cualidades que la persona adquiere gracias a sus acciones son cualidades dinámicas del sujeto que está como impulsado por la cuestión práctica por excelencia: ¿Cómo debo vivir? o  ¿Qué quiero hacer? 

Ahora bien las cualidades que adquieren los seres humanos por la acción, son “disposiciones” o capacidades de actuar de cierto modo que sólo se pueden adquirir actuando de ese modo y por eso dependen de la voluntad del sujeto. Aristóteles trató de acercarse a ellas llamándolas virtudes. 

El ejemplo de Tugendhat es la pregunta del tipo: ¿Qué es ser judío?, una pregunta por la identidad. Inmediatamente surge la objeción de que eso no depende de la voluntad, pero, argumenta Tugendhat, si bien es cierto que ser judío es una cualidad que cada judío en parte ya tiene independientemente de su voluntad, también es cierto que, si cada uno la asume como suya, (es decir, se identifica con ella), entonces esa cualidad de la identidad se vuelve activa y se convierte en una “disposición” a actuar de cierta manera y no de otra. 

Por cierto el filósofo mexicano  Luis Villoro en su obra: “Creer, saber y conocer”, parte de considerar las creencias como “disposiciones a actuar" en determinada forma. Allí compara las disposiciones con cualidades como la solubilidad en agua, las cuales no se pueden ver directa e inmediatamente como el color y otras cualidades sensibles, sino que para observarlas hay que poner la materia de que se trate en ciertas situaciones, como cuando se pone el cloruro de sodio en contacto con el agua.  No se puede tampoco observar directamente si alguien es judío  o caribeño mediante la sola observación de cualidades como raza, peso, estatura, sino también mediante el juicio sobre sus  acciones y  su estilo o forma de vida. 

Tugendhat ha visto, gracias, en parte, a sus profundos estudios de Aristóteles, que hay disposiciones muy diferentes, p. ej., disposiciones o habilidades técnicas, de pertenecer a un colectivo, de desempeñar un papel social y disposiciones del carácter (virtudes o vicios). 

Y podríamos decir que para él el centro de esas actividades es lo que Heidegger denomina la relación primaria del hombre con el ser, pero Tugendhat la enfoca  desde el punto de vista del que habla, es decir el que se expresa mediante proposiciones (2). 

Un graznido de un ave que ve venir un depredador es una señal general  de alarma que se da siempre en determinada situación. Pero el lenguaje humano se puede independizar de la situación gracias a que es proposicional. Ahora bien, en situaciones diferentes, las proposiciones pueden referirse a un mismo objeto idéntico para dos personas que hablan, quienes pueden adoptar actitudes diferentes ante aquello a lo que apunta la proposición. Pueden deliberar sobre su contenido, rechazarlo o adoptarlo justificando su decisión. 

Pocas veces nos damos cuenta de que no nos relacionamos ni con los demás, ni con nosotros mismos directamente, sino bajo la mediación del lenguaje. Estados afectivos como el miedo, estudiado por Aristóteles en su “Retórica” como compuesto por un sentimiento pero también por un juicio acerca de la cosa que induce al miedo, y estudiado por  Heidegger como un cierto modo de  “apertura del mundo” en su obra “Ser y Tiempo”,  son analizados de nuevo por Tugendhat como “relaciones intencionales” es decir, no relaciones meramente fácticas como las de pegar una cachetada en respuesta a alguien, o la de correr huyendo de algo o alguien, sino relaciones mediadas por el lenguaje, en las que un estado afectivo puede ser expresado por una proposición del tipo: “yo temo que p”, donde “p” es una proposición que alude a un estado del mundo singular. Proposición que puede ser examinada por otros y corroborada o puesta en cuestión. Por lo tanto, es una herramienta formidable para justificar las respuestas a las preguntas prácticas. 

En suma, la capacidad de dar razones de lo que hacemos es la raíz de la pregunta práctica. Esta podría ser la raíz del afán de renovación de la juventud en cada nueva época de la humanidad, es decir, la capacidad de justificar sus respuestas a la pregunta práctica: ¿Cómo quiero realmente vivir? 

Ahora bien, el que da razones de por qué hace una cosa y no más bien  otra generalmente se refiere en su respuesta al fin de la acción y lo califica de bueno. Todo eso lo hace posible el lenguaje. 

Es mérito del profesor Tugendhat haber mostrado que por evitar caer en una ética o en un lenguaje valorativo, Heidegger  no sólo evitó palabras como bueno y malo, sino también trató de demostrar que la verdad no está primariamente en el lenguaje, sino en el sentido de la realidad que el ser humano hace posible por ser capaz de “abrir un mundo”. La verdad está en lo que se aparece en persona en el mundo abierto por el ser humano. 

Pero Tugendhat señala que  es de las proposiciones de las que predicamos que son verdaderas o falsas, aunque Heidegger se refiere a momentos en que hablamos de una joya de oro verdadero y no falso, es decir, parece que predicamos la verdad de las cosas y no sólo de las proposiciones; pero aquí se refiere a uno de los diversos sentidos de la palabra  verdad, que remite a lo “auténtico” o “genuino” en oposición a lo falsificado o artificial, como en el caso de las “marcas” del que  hablábamos al comienzo, a las cuales se refieren los jóvenes considerándolas o auténticas o falsificadas. 

Decíamos que en esta era de las redes sociales, en su afán de renovación los jóvenes tienden a pensar que la verdad o falsedad de una creencia o valoración es comparable a la autenticidad o a la falsificación de una marca en las redes sociales, pero el peligro de este modo de pensar consiste en que se hace a un lado la necesidad de deliberar antes de afirmar que una proposición es verdadera o falsa, y la necesidad consiguiente de dar razones de las formas como  se quiere vivir y comportarse con los demás y consigo mismo. No es un mero asunto de marcas publicitarias.

(1)Tugendhat, Ernst, “No somos de alambre rígido”. El concepto heideggeriano de “uno” (en alemán: “Man”) y las dimensiones de profundidad de las razones” (1999). En: Problemas, Barcelona, Gedisa, 2001, pp 182-199 

(2) Tugendhat, Ernst. Antropología en vez de Metafísica. Barcelona, Gedisa, 2007, pp. 17-65 y “comportarse respecto de sí mismo” en Egocentricidad y Mística, Barcelona, Gedisa. 2004, pp 15-73


(Along with a new religious awakening arises a desire for renewal in Latin American youth, This desire for renewal can be considered as a consequence of the human being's ability to justify their actions or give an account and reason for their actions. Aristotle, Heidegger, Tugendhat)


Comentarios

  1. Decidí a leer su interesante blog antes de mi viaje mañana para visitar a mi madre en Canada. Me gustó mucho leer su texto que trata de analizar las ideas de los jóvenes latinoamericanos en conexión con el pensamiento de Aristoteles y Heidegger. Ciertamente lo que encuentro fascinante en sus texto es su capacidad de vincular la sociedad latinoamericana con la filosofía europea. Y por eso siempre encuentro algo desafiante en sus blogs que me causa que yo reconsidera mis propias posiciones.

    Es interesante que en la renovación que busquen los jóvenes hoy pertenece el deseo por reconocimiento y libertad. Pero, si entiendo su texto correctamente, esta libertad no es la libertad política de sus abuelos, sino una libertad social.

    Creo que podemos generalizar sus ideas a Estados Unidos, Canada, y Europa, porque veo entre los jóvenes menos atracción a la vida política y mas a la vida interior y social. Pero no entiendo si esto representa una decepción con la política o una satisfacción con la vida.

    En el mismo tiempo piense que los jóvenes entienden las dificultades de vivir en el la sociedad de la Internet que es llena de falsedades (fake news) y diferentes interpretaciones a la realidad. Ademas, donde existe la realidad? en el Facebook, Twitter, Snapchat, WhatsApp? Hay una realidad sin interpretación ahora dirigida por la comunicación electronica?

    Estamos buscando, como identifico Georg Simmel hace un siglo, el real mientras sentimos abrumados por estímulos diferentes y ahora mas aproximaciones de estos estímulos mismos. (Agradezco al profesor Jusdanis que me permita reproducir este comentario de un correo privado, al que responderé después de reflexionar sobre su valioso contenido)

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  2. Decidí a leer su interesante blog antes de mi viaje mañana para visitar a mi madre en Canada. Me gustó mucho leer su texto que trata de analizar las ideas de los jóvenes latinoamericanos en conexión con el pensamiento de Aristoteles y Heidegger. Ciertamente lo que encuentro fascinante en sus texto es su capacidad de vincular la sociedad latinoamericana con la filosofía europea. Y por eso siempre encuentro algo desafiante en sus blogs que me causa que yo reconsidera mis propias posiciones.

    Es interesante que en la renovación que busquen los jóvenes hoy pertenece el deseo por reconocimiento y libertad. Pero, si entiendo su texto correctamente, esta libertad no es la libertad política de sus abuelos, sino una libertad social.

    Creo que podemos generalizar sus ideas a Estados Unidos, Canada, y Europa, porque veo entre los jóvenes menos atracción a la vida política y mas a la vida interior y social. Pero no entiendo si esto representa una decepción con la política o una satisfacción con la vida.

    En el mismo tiempo piense que los jóvenes entienden las dificultades de vivir en el la sociedad de la Internet que es llena de falsedades (fake news) y diferentes interpretaciones a la realidad. Ademas, donde existe la realidad? en el Facebook, Twitter, Snapchat, WhatsApp? Hay una realidad sin interpretación ahora dirigida por la comunicación electronica?

    Estamos buscando, como identifico Georg Simmel hace un siglo, el real mientras sentimos abrumados por estímulos diferentes y ahora mas aproximaciones de estos estímulos mismos. (Agradezco al profesor Jusdanis que me haya permitido publicar este valioso comentario de un correo reciente, al que dedicaré un comentario o un nuevo Blog).)

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  3. Como siempre, el comentario del profesor Gregory Jusdanis, de la Universidad de Ohio, arroja mucho màs luz sobre el problema que yo abordo aquí, que lo que mi artìculo trata de aportar y por eso agradezco mucho que dedique algunos apartes de su trabajo diario a los amigos lejanos de Suramèrica, donde leemos con mucha atención sus libros sobre la literatura moderna, la cultura griega moderna y la amistad.
    Estoy de acuerdo con su conclusión, es decir, debo enfrentar la pregunta por la realidad, la cual parece desvanecerse con los "fake news" o falsas noticias y falsos "ratings" de las redes sociales. Ademas, me parece que ha puesto el dedo en la llaga cuando expone sus dudas sobre si el actual retiro de los jóvenes en norte y suramericana de la política se debe a una decepción de la política (como me parece que tienden a pensar en suramèrica, o si debe a cierto estado nuevo de satisfacción con la vida y, diría yo, a cierta actitud de valorar màs el presente, el instante que pasa y no vuelve màs y por cuyo menosprecio nos lamentamos muchos miembros de las viejas generaciones en América Latina. Espero enfocar este gran problema que me ha planteado con su generosidad el gran amigo y apreciado profesor Jusdanis, sin cuya ayuda no habríamos valorado bien la poesía de Kavafis.

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