RENACIMIENTO MUNDIAL DEL ANHELO POR LA LIBERTAD. REACCIONES CONTRA LA ACTUAL FETICHIZACIÓN DEL MERCADO MUNDIAL. (IDEALISMO O BARBARIE: VISIÓN ALTERNATIVA DEL “FINAL DE LA HISTORIA” SEGÚN SÓCRATES, ECKHART TOLLE Y DIEGO FUSARO)
Por Nayib Abdala Ripoll
Las
nuevas investigaciones filosóficas están dando un vuelco de la mera conservación de lo tradicional hacia la renovación de
la crítica social y están impulsando nuevamente la lucha por la libertad en
medio de un mundo que piensa haber llegado ya al final de la historia, y por lo tanto al final de todo intento por
cambiar la realidad, debido a que habríamos llegado a la mejor civilización
posible, lo que hace carecer de sentido
toda controversia, supuestamente por
haberse creado en la actualidad, un
nuevo cosmopolitismo, basado en el cuidado no del mundo, sino del Mercado
Mundial, el cual a su vez fomentaría una especie de imperio pacífico, imparcial
e indiferente a toda posible controversia política o ideológica.
Ante
tal situación se supone debe cesar todo afán humano por crear utopías y, por
consiguiente, el ideal de la vida racional debe dejar de ser la acción y pasar
a ser la contemplación, y el nuevo tipo de ser humano, en vez de llamarse “Homo
sapiens”, debiera llamarse el “Homo videns” (en latín: el hombre que ve), para
el cual todo, incluso la guerra, es susceptible de convertirse en un
espectáculo, ante el cual él se debiera comportar pasivamente, como un
fotógrafo resignado al que no le queda más opción que tomar fotos
desaforadamente de todo lo que pase (1).
En
este artículo voy a examinar tres reacciones culturales que muestran, por el
contrario, que se está produciendo cierta conciencia de que “algo anda mal”,
para decirlo con el gran pensador Toni Judt, y que existen intensas discusiones
sobre la necesidad de recobrar la capacidad de tener opciones o de recobrar el
poder entendido, con el filósofo Spinoza, como “potencia” o capacidad de las
personas o, como decía él, de las
multitudes, de discutir críticamente y de cambiar lo que para algunos intérpretes de Fukuyama, (el
profesor de Harvard que ha sostenido que la historia terminó), ya no tiene discusión, ni posibilidad de
cambio, por ser el punto final.
Ahora
bien, la idea de que el actual imperio del mercado mundial es la meta de la
historia o el “non plus ultra” (en latín: “no se puede ir más allá”) se ha
entendido, de varias maneras, ,por ejemplo, en primer lugar, como un mensaje de que debemos aceptar
estoicamente la fatalidad ; en segundo lugar, como un mensaje de que hay que
abandonar toda visión utópica o imaginaria de un futuro mejor y reemplazarla
por la idea de la responsabilidad social (todos seriamos responsables de esa
especie de, para decirlo con Max Weber,
“jaula de hierro” en la que estamos detenidos), y, en tercer lugar, en
la idea de que debemos vivir con alegría el presente y dejar de mirar al pasado
y abandonar toda memoria triste de cataclismos, revoluciones o de holocaustos
que hayan podido “manchar” el pasado de la humanidad.
Por
eso, en adelante desarrollaré, en primer lugar, lo que dice una corriente de
misticismo que se ha apoderado del mundo después de la caída del muro de Berlín
que afirma que una de las dimensiones del tiempo, que llaman “el ahora”, es la
clave de la vida humana con sentido. En segundo lugar, para mostrar el polo
opuesto de esta especie de misticismo “quietista” (como una especie de “retiro
del mundo”) de origen oriental, me ocuparé del origen de la vida ciudadana y de
la política en la Grecia de Sócrates, para terminar en el actual renacimiento
en Italia, de la llamada “filosofía de la praxis” y su nueva visión de la
libertad política.
1) En efecto, una ola de misticismo se ha extendido
después de la caída del muro de Berlín, cuando la gente se pasa de mano en mano
el libro “El poder del ahora” de Eckhart Tolle, estremecida por el innegable
acierto del libro al reunir las mejores enseñanzas de Oriente y Occidente de
cómo vivir mejor y su llamado a atender el presente, del que en el fondo
queremos escapar, sea hacia el pasado o hacia el futuro. Estamos según el autor
tan distraídos con los fetiches y las ideologías que no caemos en la cuenta de
que estamos vivos; no gozamos del agua que bebemos en este instante por estar
pendientes de otros brebajes que hemos probado en el pasado o por soñar con
fuertes bebidas que nos hagan olvidar lo que juzgamos como una mala situación
producida por malas personas. Para el que siga esta especie de espiritualidad
del siglo XXI, el secreto del cambio personal no es la acción o el esfuerzo
por cambiarse a sí mismo, sino más bien esa especie de experiencia profunda (el idioma
inglés tiene una bella palabra para esto: “Awareness”, una especie de contacto de
la persona consigo misma, que es como un acontecimiento en el que ella observa
que toda su vida ha estado lejos de sí misma, persiguiendo lo que le parecen
bienes y huyendo de lo que le parecen males, pero sin darse cuenta de que no es
ella misma la que ha estado presente durante esos vaivenes, pues se ha limitado
a seguir las opiniones, temores y profecías de otras personas, sin ningún
intento de asumir ella misma su vida. En cambio ahora se trata, en vez de eso, de buscar un
encuentro con la verdadera realidad; de una especie de contacto con el ser,
como diría un filósofo que intentara traducir ese lenguaje espiritual al
filosófico.
Se
trataría de observarse uno mismo en esas situaciones sin juzgar sobre si es
algo bueno o malo. Sólo contemplar. Lo positivo de esta tendencia es que ya
presenta una reacción ante el presente congelado por el mercado mundial, aunque
se trate de una transformación interior del hombre para no dejarse seducir por
sus encantos. Lo negativo es que entiende por libertad cierta liberación interior
del apego por las mercancías y, por tanto, deja por fuera la libertad política.
Además, lo que llaman “el presente” parece algo fuera del tiempo y del mundo,
como si la persona por un instante pudiera enfrentarse con un paradójico
presente eterno o trans- temporal.
2) Pero, respetando esta
forma de espiritualidad en su forma singular de sacudir a la persona que
anda como alienada en un mundo lleno de mensajes y propaganda que cada día se
multiplican más y la convierte en consumidora de las novedades de la moda para olvidarse de sí misma, podemos ahora
darnos cuenta de que este tipo de experiencias no parece tener en cuenta el
mundo político, el mundo de la acción y del poder, el mundo de los ciudadanos y
por eso vamos en el examen esta segunda reacción
cultural a considerar un momento del pasado característico de Occidente cuando en la “Polis” o ciudad-estado griega, cuna
de la política para muchos estudiosos, el personaje de Sócrates quiere actuar como un
“tábano” o mosquito que despierte al ciudadano de su usual atención a lo
utilitario y a lo placentero y lo prepare para la experiencia de la vida
política. Aparentemente la Grecia de
Sócrates está lejos del mundo actual, pero muchos afirman que necesitamos hoy,
para enfrentar al imperio del mercado mundial, de un tábano como el de Sócrates
para comprender nuestro actual retiro del “mundo político”, para decirlo con el
lenguaje del fenomenólogo Klaus Held.
3) Al evocar a Sócrates por medio de los llamados
“Diálogos socráticos” de Platón se puede tener al principio una cierta imagen de mucha gente que discute
desordenada y desaforadamente en el
“ágora” o la plaza pública, pero después de leer los citados diálogos se
encuentra que ellos no conducen a ninguna conclusión definitiva sobre la verdad
de la cuestión discutida, sino que muchas veces desembocan en la situación en
la cual un ciudadano que creía al principio saber qué era lo que se discutía en
la plaza pública, al final cae en la cuenta, es decir, tiene la experiencia de que no sabe nada, por
eso se los ha denominado: diálogos “aporéticos” o que no conducen a ninguna parte.
Ahora bien, el filósofo político Etienne Tassin ha
hecho ver que esos diálogos se pueden considerar como el lugar donde la verdad
no es una respuesta seca y puntual a una pregunta, sino un encuentro de
interrogaciones sucesivas o una especie de búsqueda interminable durante la
cual, sin embargo, van saliendo a flote las diferencias entre los ciudadanos y
al mismo tiempo, sin que se den cuenta, va tomando cuerpo una especie de “mundo
común”. Así que la sucesión de aporías del diálogo, aunque molesta al que se da
cuenta de que nunca se llega a la verdad, es, como dirá Hannah Arendt, (la
primera en discutir este aspecto de la filosofía socrática), diálogos que sólo
se dan entre amigos, que no necesitan llegar a una conclusión, sino justamente
hacer que aparezca la experiencia de lo común en medio de las diferencias (2).
De ahí se puede deducir que lo que preocupaba a
Sócrates era la amistad, más que la justicia (tema este último que para Platón
será el tema político por excelencia); tampoco indagaba por la esencia de lo
que significa el gobierno de una sociedad, ni la de cómo se relaciona un sujeto
soberano que tiene poder y autoridad con sus subordinados, sino la experiencia
del crecimiento del mundo común. A diferencia del misticismo oriental del
“poder del ahora” y su retiro del mundo, Sócrates busca fundar la ciudadanía en
cierto tipo de amistad política, como verá más tarde Aristóteles quien dedica
gran parte de sus obras sobre ética y política a la amistad.
3. Una tercera
reacción cultural frente al actual congelamiento del mundo la tiene el que
estudia la obra del joven filósofo italiano Diego Fusaro que acaba de aparecer
en español, titulada: “Idealismo o Barbarie. Por una filosofía de la acción” (3).
Fusaro dice que estamos ante una alternativa importante: O contemplamos el
mundo como un objeto que existe de por sí, independientemente de nosotros y de
nuestras ideas, juicios, imaginación y acción, como tendía a verlo cierto
realismo dogmático derivado de la moderna filosofía de Descartes que proponía
el dominio del mundo considerado como una máquina que el sujeto reproduce
mediante sus representaciones o lo consideramos, por el contrario, como un
objeto producido por la acción humana, que puede ser cambiado mediante la
acción.
Naturalmente que Fusaro es partidario de esta segunda
alternativa, la cual considera que se originó en parte con el idealismo alemán
y en parte con la obra de Marx al interpretar, precisamente, a ese idealismo.
Como vamos a referirnos más ampliamente a esta obra en
otro blog, digamos ahora lo que nos parece más relevante para considerarlo como
una de las tres reacciones de la cultura actual frente a la globalización, la cual
para Fusaro tiende a ser entendida como un fetiche, una cosa en sí
independiente del ser humano, el cual tendría que subordinarse a ella.
Fusaro muestra que considerar como algo natural y por
tanto inmodificable el actual imperio mundial del mercado es evitar
considerarlo como un hecho histórico y como algo superable en un futuro. Hay
allí una falsa concepción de la objetividad, entendida como realidad
definitiva, no reprogramable. Así se invierte la relación entre sujeto y objeto
o, según el idealismo alemán de Fichte y Schelling, entre el Yo y el No-Yo,
haciendo que el objeto domine al sujeto o el No Yo al Yo, dicho para nosotros
los profanos, en un lenguaje menos filosófico, se hace pasar por libre
elección, por ejemplo, de un consumidor del mercado lo que en realidad es
económicamente necesario.
En el plano ontológico el ser de las cosas se ve como
mera presencia o subsistencia o cosa independiente del ser humano, sin relación
con él. Incluso el ser humano es visto ahora como una cosa más de este mundo
cosificado del mercado mundial. Ser cosa en el caso del ser humano significa
que se le han neutralizado sus potencialidades o posibilidades de trazar nuevos
proyectos para cambiar las cosas. Frente a esta ontología cosificada que
Heidegger ha considerado que identifica al ser con la que llama
“vorhandenheit”, es decir, el mero estar presente de los seres considerados
como algo sin relación con el mundo abierto por la acción humana, se necesita,
según Fusaro, una nueva ontología de lo social, una ontología de la praxis que
rechace ese fatalismo actual de lo social y esa naturalización creciente de lo
histórico.
La capacidad de actuar del ser humano debe pasar a
considerarse como muy importante. Así como Kant asumió como lema de la
Ilustración el lema latino. “sapere aude” (atrévete a saber o a pensar por ti
mismo), hoy se necesita, según Fusaro adoptar el nuevo lema de: “facere aude”,
es decir, “atrévete a actuar”, el cual debe ser el imperativo de una nueva
crítica a la actual “apología de lo existente”. El objeto debe volver a ser
pensado como producto del sujeto y por lo tanto no como mero objeto Cosificado
(“Objekt” en alemán), sino como Objeto en viva correlación con la acción del
sujeto, es decir, con otra palabra alemana para objeto no muerto sino vivo,
modificable con la acción: “Gegenstand”.
Pero, para que eso se dé, la praxis tiene que ser
incorporada primero a la teoría de la posibilidad real, es decir, como dijo
Campanella, “el hombre no puede hacer lo que cree que no puede hacer”. Se
necesita pues, antes que todo reformar el entendimiento, como dijo Spinoza,
pues hay que ser capaz de imaginar el cambio, antes de realizarlo. Así que para
cambiar el actual fatalismo de la economía mundial no basta con haber sufrido
las injusticias que produce, pues se necesita, además, una conciencia
imaginadora y anticipadora que vuelva a convertir en visibles las
potencialidades de los seres que el mercado actual ha ocultado, así como las
opciones que dicho mercado ha quitado o suprimido del mundo humano.
Hay, según Fusaro, un poder ser que no ha sido
convertido en realidad en la situación actual; dicho en el lenguaje de Spinoza,
hay una potencialidad que ha fracasado por el imperio del mercado. Si se llega
a ver la potencialidad ontológica que el dominio del mercado ha perdido de
vista, se comprenderá por qué nadie puede considerar el actual estado del mundo
como algo definitivo, o como el punto de llegada de la civilización.
En conclusión, frente al actual fetichismo del
“sagrado” imperio del mercado mundial se puede, 1) optar por un retiro del
mundo y de la política, lo que está de moda por cierto misticismo de origen
oriental apoyado por el periodismo dependiente y el matoneo de las redes
sociales; 2) despertar del sueño místico y volver a apreciar que pertenecemos a
un mundo común , el mismo que fue descubierto a partir de la amistad política,
descubierta por la actitud de Sócrates de apreciar que en cada opinión
diferente de los ciudadanos puede esconderse un aporte para mejorar el presente
y 3) convencerse de que no existe objeto sin sujeto; que el
mercado mundial es un producto de la acción humana y si su resultado, también producto de la acción humana, viene
provocando poco a poco una catástrofe ecológica
y política, esa misma acción es capaz de transformarlo.
(1) Diego Fusaro. Idealismo o Barbarie. Por una filosofía
de la acción. Traducción de Michela Ferrante, Madrid, Trotta, 2018
(2) Ver fina Birulés, “Arendt y Sócrates, Pensar en
compañía”, en A. Lorena Fuster y Matías Sirczuk (editores). Hannah Arendt. El
arte de leer. Argentina. Katz Editores, 2017, pp. 19 y ss.
(3) Diego Fusaro Op. Cit. pp. 136-137 y 167-168
(In
the face of the current dominance of the global market, one could assume,
according with Eckhart Tolle, a mystical attitude of withdrawal from the world,
or, on the other hand, a Socratic attitude of interest in the world, or finally,
according to Diego Fusaro, a new idealistic attitude or desire to change the
world).
Agradezco a los lectores y al profesor Gregory Jusdanis, su permiso para reproducir una parte del generoso comentario de este último:a m
ResponderEliminarPara unir los aspectos diferentes de su artículo, yo añadiría el sentido de Aristoteles del amistad como otro yo. Su teoría nos permite que nosotros tratemos de establecer una vida común, mientras reconocemos la existencia del otro, que tiene sus propias opiniones, como usted dice, para mejorar el presente.
Si el mercado mundial es un producto de la acción humana, puede ser cambiada por la misma acción.
Un abrazo,
Gregory
Gregory Jusdanis
Humanities Distinguished Professor
The Ohio State University
College of Arts and Sciences Department of Classics
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