LA ACCIÓN HUMANA SIN OPCIONES Y LA LLAMADA “INTENCIONALIDAD PRÁCTICA” O ASPIRACIÓN CONSTANTE DEL SER HUMANO A ALCANZAR CIERTAS METAS. (SOBRE LA PELÍCULA: “LA MUJER DEL ANIMAL” DE VÍCTOR GAVIRIA).
Por Nayib Abdala
Ripoll
La película “la mujer del
Animal” de Víctor Gaviria y Daniela Goggel (1), trata del rapto, la violación y la esclavización, a la vista de todos, de
una colegiala adolescente por el “animal”,
un traficante de vicios, que rige una pequeña banda de atracadores, al que todos temen en uno de los suburbios lejanos en las
montañas de Medellín, Colombia. Aparentemente el tema no tiene importancia nacional, pues para muchos espectadores eso sucede diariamente en muchas regiones del país donde la autoridad civil y la policía parece que no existieran y solo intervinieran con violencia al final, cuando los delitos y crímenes se agudizan, pero lo que no ha llamado la atención, a pesar de su importancia , es que los que
habitan el suburbio están ya tan adaptados a la situación y conformes con el dominio de hecho que ejerce el antisocial , que callan y se comportan con indiferencia frente a las constantes
riñas, atracos y actos vandálicos de la pandilla que dirige el “animal” ( 2) .
Al preguntar por qué un vecindario puede soportar esa horrenda situación en silencio y paralizados por el sentimiento
de estar a merced de los bandidos, es usual afirmar que la situación se debe al subdesarrollo, el desempleo y la miseria, pero nadie piensa que además, la situación puede depender de factores normativos que se pueden controlar, por ejemplo, los servicios públicos comúnmente manejados en forma de monopolios en el transporte, en el servicio de aseo, en lo que respecta al agua y la electricidad, por haber sido producto de repartos políticos non sanctos, así como también a la falta de una reforma de la policía que convierta los centros de atención inmediata y los llamados cuadrantes en puntos de partida para una red de patrullaje constante en varias formas, a pie, en vehículo y a caballo o en lanchas.
La más elemental
muestra de una situación “sin otra opción” , producida por la modalidad del monopolio de los servicios nos la dan los expertos en mercadeo
cuando ofrecen (no sólo de palabra, sino, suprimiendo la muestra de varios productos), al cliente sólo productos de una marca para
obligarlos a comprarla, o la de las farmacéuticas que esconden una medicina
para conseguir un aumento de precio o las de los políticos que consiguen
suprimir varias opciones del transporte para obligar al transeúnte a servirse
de una sola.
Sin embargo, en estos casos hasta cierto punto la vida no corre
peligro (o de otra forma ¿acaso también en los mercados se pueden encontrar los
“animales”?). Pero en un suburbio como en el del “Animal” no hay más opción que
quedarse a vivir allí, lo cual en cierto modo equivale a poner en peligro la
vida. Es que sin opción no se dan las llamadas por la filosofía “aspiraciones
prácticas” que tiene todo ser humano, ni el esfuerzo por alcanzar alguna meta
que dé sentido a la acción humana; más bien el sujeto queda paralizado, como
inerte o sujetado por una fuerza mayor que él.
Es cierto que la película muestra, como han dicho
algunos comentaristas, algo común en las “favelas”, aludiendo al Brasil y a
otros fenómenos urbanos de América Latina, pero las reacciones frente a este
film llegaron al absurdo, como el mismo
Gaviria relata en una de sus declaraciones a los medios, cuando algunos
rechazaron que un hombre inteligente como él mostrara a la adolescente
maltratada como algo digno de verse, cuando se trataba de "una muchacha sin
ningún valor", pues su papel se reducía a sufrir sin protestar, sin intentar una salida de su situación, en una
palabra, se trataba de una mujer
“bruta”.
Menos mal que otros espectadores reaccionaban preguntando, con mucha
razón, por qué los demás del suburbio se portaron con indiferencia frente al
brutal trato sufrido por la adolescente y otros se sintieron cuestionados por
la película porque caían en la cuenta de que en cierto modo ellos habrían
reaccionado también como los del suburbio del “animal”.
Ahora bien, ampliando el panorama, esta situación de
la película es simbólica de muchas otras situaciones que suceden en el ámbito
económico y social de América Latina, cuando se da el fenómeno de una lenta
adquisición de los servicios públicos como el agua la electricidad, las
comunicaciones, y el transporte por
fuerzas monopolísticas que tienden a unificar y acaparar todas las modalidades
del servicio público y logran imponer
con ayuda del Estado una sola compañía comercial como la única dueña y
señora sin competencia por otras
compañías posibles.
Pues esta monopolización deja a los ciudadanos como
encerrados en una especie de suburbio sin opciones para preferir una oferta de
servicio a otra, sometidos como a una especie de monopolio impuesto “por las
leyes del mercado”, como dirían los economistas, pero que pueden también ser impuestos por fuerzas políticas que sirvieran
a intereses comerciales y económicos que se mantendrían en secreto para mover
libremente sus capitales y esconderlos cuando los vieran en peligro de ser
disminuidos por un Estado demasiado impositivo.
Tanto en la película como en la actual privatización
de lo público Se trata del certificado de defunción de lo que los grandes
pensadores conservadores del siglo pasado como Mario Laserna llamaban el “bien
común”, al que defendían de lo que llamaban el “individualismo liberal” con
inteligentes escritos que lamentaban que, en épocas como la Colonia, hubiera
habido mejores ciudades con calidad urbana, con hospitales, parques y servicios
que en el presente.
Naturalmente que hoy el bien común debe incluir condiciones
como la de que haya más opciones para el ciudadano, es decir, si hubiera un
nuevo uso actual de la palabra “libertad” (que parece haber dejado de existir) podría
significar la capacidad de tener opciones cuando se trata de los servicios
públicos, de su salud, de su educación y de su bienestar (¿No será este el
único significado que queda hoy a la llamada libertad “positiva” o libertad de
poder hacer algo que uno se pueda proponer?).
¿Pero en qué podríamos basar la afirmación de que un
sentido actual de la palabra “libertad” consiste en la capacidad de tener
opciones? Parece que la vida humana es un conjunto de “aspiraciones prácticas”
de cada individuo, es una aspiración a alcanzar ciertas metas y el esfuerzo por
lograrlas, como vio la Fenomenología.
En la vida hay intenciones prácticas que,
si seguimos ahora al gran filósofo Ernst Tugendhat, se expresan por medio de
oraciones del tipo: “yo me propongo p” (o deseo o me esfuerzo por lograr p”).
(3). Son oraciones intencionales, en el sentido de que expresan una intención
práctica del sujeto de la acción. Son oraciones distintas de las teóricas (“S
es P) que pueden ser verdaderas o falsas.
En cambio, en estas oraciones
prácticas se trata de responder con un “si” o “no” a una pregunta práctica, de
la forma: “¿quieres” o “aspiras a” o “tiene la intención de…” (lograr) p?”.
Ahora la cuestión no es sobre la verdad o la falsedad, sino de las
razones en que se basa para justificar o fundamentar esa aspiración práctica.
Esto supone una cierta forma de la vida humana activa que cuando actúa no lo
hace necesariamente por haber tomado una decisión ciega, sino en un examen
previo de las razones que indican que se trata de la acción requerida.
Ahora bien, en la película “La mujer del animal” se
muestra con la selección y el movimiento de las imágenes y su desarrollo
paulatino que el protagonista es un ser humano que entra y sale por medio de
recovecos y caminos que acostumbra para tomar por la fuerza todo lo
que le apetece además de las mujeres, y mata a machete o a cuchillo al que se
le oponga, sin ningún reato de conciencia, como si no existiera ninguna
ley en esta especie de barrio, al que le falta incluso
cierta formalidad que se daba en la época de la independencia en los que se llamaban “vecindarios”, todo un
barrio puede convertirse en una especie de colmena totalmente separada del
entorno que la rodea por la manera de relacionarse las personas que se ven
obligadas a vivir en un sitio en el cual nacieron o al cual fueron relegadas
por la pobreza y la maldad humana.
No hay un momento el que se pueda plantear que el
“animal” actúa así por ciertas “razones” en vez de otras, pero el efecto
general de la película es un llamado a plantearse si hay aspiraciones prácticas
en un tipo tal de protagonista y si los que se adaptan a la situación de
dominio por el terror pueden tener la opción de buscar otras formas de vida.
(1) Sobre la Película LA MUJER DEL ANIMAL, dirigida por
Víctor Gaviria y producida por Daniela Goggel en el 2016, ver: Ana Marcos: Víctor
Gaviria: “En Colombia no hay que escarbar mucho para encontrar a los animales”
https://elpaís.com/cultura2017/03/09/actualidad/1489021924_956029html? rel=mas
(2) Ver, además. Enrique Posada. “No paga ser Pillo. La
mujer del animal” http://www.elespectadorimaginario.com/la-mujer-del-animal/
(3) Ver en Ernst Tugendhat. Egocentricidad y mística. Un
estudio antropológico. Traducción de Mauricio Suárez Crothers. Barcelona,
Gedisa, 2004, cuando en la p-40 muestra cómo el aspirar a algo bueno incluye la
posibilidad de deliberar sobre si lo que se quiere es bueno o mejor, y comenta, que cuando Hobbes define lo bueno como “lo que se quiere”, es
decir, subjetivamente, evita caer en el error de hablar de lo bueno” como de
algo independiente de una volición previa, como si hubiera valores en sí y para sí”, absolutos,y por lo tanto no hubiera otra opción que elegirlos si se quiere hacer una buena acción, idea que conduce a ignorar el pluralismo de los los bienes y puede generar un fanatismo o un monismo del bien como en los actuales movimientos populistas latinoamericanos, algunos de los cuales han conducido a dictaduras como la del hermano país de Venezuela.
(In
the Colombian film "La mujer del animal" an adolescent schoolgirl is
kidnapped and enslaved in a suburb of Medellin and the spectators wonder why
the other inhabitants of the place behaved in an indifferent way with the
suffering of the girl. In this article we try to get an answer).
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