¿ES POSIBLE CONTRAPONER A LA VIOLENCIA POLÍTICA LA NOCIÓN DE UN “MUNDO COMÚN”?


Por Nayib Abdala Ripoll
Cuando la violencia política en algunos países de Latinoamérica  como Bolivia, Chile, Brasil y Argentina parece haberse vuelto una especie de “actitud natural” desde la cual se enfoca el fenómeno político del conflicto de los partidos y el choque de las diversas culturas indígenas y afroamericanas con el predominante mundo urbano y occidental, la filosofía puede intentar preguntarse, una vez más, si la noción de un “mundo común” puede ayudar a aclarar si la situación actual se debe a un abandono de la noción de “mundo político, originada en Grecia, y desarrollada por la fenomenología y la interpretación política de Kant por Hannah Arendt.

En efecto,  dicha noción fue elaborada por primera vez por el griego Heráclito de Éfeso (siglo VI a. C.) cuando  reaccionaba frente al conflicto de los diversos intentos de comprensión cosmológica en Grecia, advirtiendo que sólo unos pocos estudiosos  serían capaces de superar la tendencia natural a explicarlo todo a partir del contexto de sus intereses particulares, en lugar de abrirse a un horizonte más amplio, que pueda servir de base a la hora de “dar razones”, es decir justificaciones universales  de los diferentes puntos de vista. (1)

A este nuevo nivel del conocimiento llamaba Heráclito el  “Logos” universal, al que, según él,  la mayoría de los seres humanos ( “los muchos” ) no somos capaces de acceder, a pesar de que basta con dejar la tendencia cotidiana de explicarlo todo superficialmente usando múltiples palabras que no aciertan a mostrar la cosa de la que se habla y  abandonar, además,  la tendencia de  explicar todo exclusivamente por medio de los sentidos y , más bien, adoptando una actitud pasiva de respeto y silencio por lo oculto, poner atención y  saber escuchar lo que dice ese “Logos” o palabra, a la que Heráclito  otorgaba el don de iniciarlo todo y gobernarlo todo, pues lo comparaba con el “rayo”, en el cual veía un poder que gobierna todas las cosas.
Eso equivale a la idea de que las cosas no se muestran aisladas unas de otras, sino en un marco, dentro de cierto “orden”, así como el rayo en un instante con su esplendor relaciona las múltiples cosas que ilumina. De ahí el significado del Logos como palabra que gobierna, o como lo que llamamos hoy “concepto”, pues es lo que indica en qué sentido hablamos de un objeto al que lo aplicamos. (2)
En lo que sigue, por consiguiente, trato de atisbar en qué sentido veían los griegos como algo  provechoso aplicar dicha idea de “mundo” al enfoque de algunos aspectos de nuestra situación política actual, que la muestran como lugar de confrontación o choque o polarización, pero ya no basándome sólo en el gran Heráclito, sino en unas tesis del filósofo Klaus Held, actual estudioso profundo de la idea de “mundo” que había sido objeto de estudio serio por la filosofía fenomenológica (la que, a principios del siglo XX, en Alemania, pretendía ir “a las cosas mismas” (en alemán: “zu den Sachen selbst”) en vez de repetir retóricas y palabras  que los críticos dicen, sin acertar en su significado profundo.
Como si nos recordara que los objetos no se nos presentan como seres aislados, sino en un marco común u horizonte que les da sentido, Held ha enseñado a acercarse a la comprensión de la noción de “mundo” como “el horizonte de todos los horizontes” que hay que suponer como marco general sin el cual las cosas no se hacen visibles, no “aparecen” o no se muestran como “fenómenos” (palabra originada en el verbo griego “phainesthai” que significa: “aparecer”).
Held ve la filosofía, siguiendo en esto muy de cerca al fundador de la Fenomenología, Edmund Husserl, como el intento de superar la “actitud natural” por un movimiento autoconsciente del mismo ser humano de alcanzar una nueva actitud, ya no natural, sino filosófica, que trascienda el propio punto de vista de cada individuo y que permita ver los límites de dicha actitud natural.
Ahora bien, siguiendo a Held es posible notar que, además de lo que llevamos dicho sobre Heráclito, se debe notar que este maestro presocrático llamaba “los muchos” a los seres humanos convencidos de que su punto de vista es el único, incapaces de escuchar, según él, lo que dice el “Logos” común, es decir, no la palabra que tiene por horizonte el interés particular, sino la que, en medio de la discusión y a pesar del debate, se refiere a los asuntos comunes.
Tampoco Parménides cree que el hombre común, incapaz de ir más allá de lo que le muestran los sentidos, es capaz de superar la actitud natural. Por último, Platón hace decir a Sócrates que para superar ese estado de división y violencia hay que pasar de la mera “opinión” (“doxa”) al verdadero saber (“episteme”), pero es de notar, que tanto en el caso de Platón, (quien tuvo un enorme fracaso al intentar intervenir en política) como, en el siglo XX, en el caso del error político cometido por otro discípulo de Husserl, el filósofo Martín Heidegger (quien llegó a apoyar parcialmente al nazismo), ambos ignoraron la noción de “mundo común” o “mundo político” que Heráclito había descubierto.  
También debemos a Held haber observado que Platón caracteriza la actitud natural como “doxa”, porque en griego esa palabra procede del verbo que se usa cuando alguien en una discusión dice: a mí me parece” que esto es así “ (“dokei moi”),  y justamente Heráclito critica a los que sólo quieren ver lo que a ellos “les parece” y por eso los ve como prisioneros de un modo de ver las cosas que es limitado, porque se aferra a su punto de vista particular o unilateral, como los llama Klaus Held, quien vio claro en Heráclito la idea de que la fijación a lo unilateral impide al ser humano en la actitud natural “abrirse a los puntos de vista que se oponen a su propia visión” (3).
Sin embargo, con el enfoque epistemológico de Platón que separa la “doxa” o mera opinión de la “episteme” o saber verdadero, todavía no se valora la esfera de la política como un mundo común, pues se la identifica con la charlatanería (por cierto, como hacen hoy los políticos de extrema derecha y los ciudadanos apáticos que no votan ni prestan atención a lo que llaman despectivamente la “sucia política”). ¿Cómo pudo surgir en la Grecia cuando apenas se formaban la Ciudad-Estado y la democracia?
Parece que se puede responder así: Heráclito, según nos ha mostrado Held, opone “lo común” a lo que los griegos llamaban “Idion”, es decir, lo privado o particular, pero también, lo característico del que es incapaz de mirar más allá de sus narices, pues de ahí procede la palabra “idiota”, en español. Ahora bien, en griego lo común se dice: “koinon”, una palabra, notémoslo de una vez, relacionada con la palabra griega que denotaba la comunidad o “koinonìa” que Aristóteles usaba para hablar de la Ciudad-Estado como una comunidad fundada en la “Phylia” o amistad, lo que apunta a cierta noción de la igualdad como base de la convivencia, a diferencia de las culturas del Lejano Oriente, como la de China, que fundan la convivencia no en la discusión o confrontación sobre los asuntos comunes, sino en la “armonía”, la cual consideraban que aparecía cuando la convivencia se fundaba en la jerarquía, originada, a su vez, en la imitación del orden de la familia (4) En conclusión, aunque en los casos actuales  de Bolivia y Chile hay un gran peligro de violencia que depende de la ausencia del Estado, sobre todo por el abandono en que las fuerzas de seguridad dejan sumida a la ciudadanía, la cual se convierte en víctima  fácil del vandalismo, en el fondo se nota, en los medios de comunicación, una creciente despolitización o abandono de la política por los ciudadanos y los políticos mismos, con el argumento de que la política es corrupción o está en manos de unos pocos.  Ahora bien, visto desde el fondo griego y de Heráclito, la despolitización puede ser un indicio de la desmundanizaciòn o ausencia de la idea del mundo político, como intentaremos mostrar en otra ocasión.


(1) Klaus Held, Ética y Política en perspectiva fenomenológica, Bogotá, Siglo del Hombre Editores, 2012, p.23
(2) Los Filósofos presocráticos. Vol. I. Introducción de Conrado Eggers Lan, Madrid, Gredos, 1986, fragmento 647 (22B114). 
(3) Held, Klaus, Ibíd., p.23
(4)  Held, Klaus, Ibíd., pp. 58 y ss.

(The current political violence in some countries of Latin America may be the result of contempt of political life because of the forgetting of Hannah Arendts notion of the political World)


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