“EL SENTIMIENTO ACTUAL DE INSEGURIDAD EN LA AMERICA LATINA. ACCIÓN E INSTITUCIÓN. DE LA BARBARIE A LA CIVILIZACIÓN”.


Por Nayib Abdala Ripoll  


¿Cuál es la relación entre las acciones humanas y las instituciones? Este es un tema importante de la filosofía moderna al cual nos vamos a asomar dando tres pasos, no justificados plenamente, a saber: 1. Considerando la relaciòn entre las acciones de las fuerzas de seguridad del Estado y los estatutos que las rigen en especial en la época de la "Regeneración" en Colombia. 2) Considerando la tradicional oposición entre "barbarie y civilizaciòn" del siglo XIX  latinoamericano. 3 por último, nos basaremos en la comparación que hizo el filósofo Jorge G. F, Hegel entre la teocracia hebrea y la democracia griega, para intentar comprender cómo buscaba un equilibrio entre la ética de la autonomía de la Ilustración y su propia ética del equilibrio entre acción autónoma y las instituciones del Estado.

1.   Policía y política. En la década de los setentas, se escuchaban por radio declaraciones de altos mandos de las fuerzas armadas que, a su regreso de cursos de ascenso realizados en Estados Unidos, cuando se les preguntaba qué habían aprendido, respondían que habían tomado conciencia del fin del ideal tradicional latinoamericano de “tener un policía en cada esquina”, pues había casos cuya solución no dependía de la policía sino de la forma deficiente como el Estado enfrentaba los llamados problemas sociales.

Hoy recordamos esas declaraciones buscando una razón por la cual parece haber aumentado ese sentimiento de desprotección general que aqueja algunos países, que ven cómo a pesar de que cada día se crean nuevos cuarteles que dividen las regiones en pequeñas zonas  para atender mejor al ciudadano que pide auxilio, al mismo tiempo sienten la falta de un servicio permanente de patrullaje, debidamente institucionalizado por medio de los mismo estatutos policiales de tal manera que evite la burocratización del personal al establecer sanciones para los casos comprobados de falta de atención en determinadas zonas (que suelen convertirse en “tierra de nadie” donde abundan las pandillas y los atracos) y se nieguen, además  ascensos a los que incumplen. El problema en el continente sería el de la necesidad de recrear la institución misma.

Recientes estudios sobre la policía en la época dela Regeneración en Colombia de los que nos hemos ocupado en artículos anteriores, parecen indicar que el presidente Miguel Antonio Caro intentó una recreación  de la policía en esa época en la que Núñez, según aprendí del historiador Alfonso Mùnera, había llegado a la conclusión de que sin instituciones adecuadas el orden social era imposible. Caro, en efecto trajo a un inspector de Policía de Francia para que reorganizara la institución en los tiempos en que había habido algunos casos curiosos como el de los agentes de policía que afirmaban haber visto fantasmas cerca del sitio en el que habla ocurrido un caso policivo. Sin embargo, estudios de la Universidad Nacional sobre los fundamentos políticos de la Regeneración dirigidos por Leopoldo Mùnera, a los que me he referido en ocasiones anteriores, parecen revelar que ese intento de reordenamiento institucional no logró superar  creencias populares, fundamentalismos y tradicionalismos arraigados en las costumbres. Fue una época desconcertante en la que se daban al mismo tiempo lo moderno y lo tradicional.

2.   Civilización y Barbarie. Libertad e institución. Por eso hemos visto como muy importante no sólo para el estudio teórico del problema de la relación entre acción e institución entre nosotros sino también para comprender el desorden institucional que nos amenaza, la aparición del libro: “J. S. MILL: VIGENCIA Y LEGADO DE SU PENSAMIENTO” (2) editado por los profesores Hernán Martínez Ferro, de la Universidad Pedagógica Nacional y César Augusto Mora Alonso, de la Universidad de Cartagena, que plantean desde diferentes y muy serios enfoques políticos y científicos el estudio de la intención del gran pensador utilitarista británico  de hacer posible la preservación de la libertad individual en la lucha no solo contra la tiranía de las instituciones, sino también contra la tiranía de la mayoría  incluso durante las épocas conservadoras de las más fundamentalistas y tradicionalistas orientaciones hacia la institucionalización y el orden en política, libro al cual, dada su importancia, dedicaremos un artículo aparte.

Además de este serio estudio, un trabajo inédito del historiador Alfonso Mùnera sobre los grandes caudillos políticos del siglo XIX en América Latina, que he conocido gracias a su generosidad, pero que no puedo mencionar hasta que lo publique, muestra cómo durante dicho siglo se sucedieron varias guerras civiles en varios países latinoamericanos, a consecuencia de los cuales subieron al poder caudillos políticos y militares, algunos muy cultos, que no veían otra forma de gobernar que imponer el orden institucional por la fuerza después de la independencia. 

Pero la forma como este historiador presenta a esos caudillos, sin vilipendiarlos ni alabarlos, sino, como diría Spinoza, tratando de comprenderlos, me parece que tiene en la base la idea de que en política lo importante no es sólo la acción, sino que esta debe paradójicamente, tener al mismo tiempo como fundamento y como meta el mantenimiento de cierto orden que se hubiera podido lograr por otros medios, como el desarrollo de unas instituciones  que les dieran sentido u orden a las acciones políticas, lo cual era, según el Dr. Mùnera, justamente lo que buscaba un  político serio como el colombiano Rafael  Núñez cuando desde  Inglaterra comentaba para sus lectores colombianos  todos los adelantos de la investigación en educación.

Por otro lado, lo que tradicionalmente nos han enseñado en política es que en la América del siglo XIX se dio un paso de la Barbarie a la Civilización, conceptos que nos solicitan reflexionar sobre  la lectura de una famosa novela ( 1) del escritor argentino Domingo Faustino Sarmiento, quien pensaba que el movimiento de la civilización se desplazaba de la "barbarie" del campo (de las selvas y zonas no urbanizadas)  al mundo civilizador de las ciudades, lo que me parece que fue discutido por La novela "La ciudad y los perros" de Vargas Llosa, que muestra cierto tipo de  "barbarie" creciendo en el corazón mismo de las ciudades, y en los colegios militares, por màs señas. 
Ahora bien, este año  hemos podido acceder desde un nuevo punto de vista  a la obra de Sarmiento, gracias a la generosidad del profesor de Literatura griega moderna de la Universidad de Ohio, Gregory Jusdanis, quien nos ha permitido el acceso a los originales de sus conferencias del año pasado en Argentina sobre este tema, al cual dedicaremos un artículo especial. El lenguaje que enfrenta civilización y barbarie está presente en América y Europa, pero gracias al profesor Jusdanis nos damos cuenta de que una vasta herencia de la mitología y la literatura universales formaron las raíces que dieron pie a la formación de idea de los “barbaros” que manejó Sarmiento. 

3.   Religión, Ética y Política. Por último, en el estudio de la relación entre acción e institución, hay que tener en cuenta que en sus escritos juveniles sobre religión (3) el filósofo que representa la madurez espiritual de Europa, Jorge Guillermo Federico Hegel, compara la invención de la ciudad-estado griega con la aparición de lo que llama la teocracia hebrea, como dos formas diferentes del proceso que hoy podríamos llamar: el paso de la acción a la institución, paso que, en los judíos, se da como la absoluta subordinación de todas y cada una las actividades de la vida diaria a la guía e inspección por la  ley mosaica y, que, en los griegos, se vive como la acción del pueblo considerado como una comunidad capaz de identificarse con su ciudad, y de darse sus propias leyes, lo que conduce a  la institución de lo que hoy llamamos la democracia griega con base en la libertad.

Ahora bien, según ha mostrado en varios escritos el estudioso de la filosofía de Hegel, Shlomo Avineri, para Hegel el sistema religioso israelita de la época de Jesús se caracterizaba porque la esfera política estaba absolutamente subordinada a la esfera religiosa. Era el paradigma de lo que él llamaba la religión “positiva”, es decir configurada por un estricto conjunto de normas y la total sujeción de la vida de las personas a ellas.
Sólo cuando se vieron subyugados por los romanos, algunos judíos comenzaron a esperar un Mesías que refundara la nación. Ahora bien, Jesús no quería la emancipación política, sino liberar el elemento religioso de su subordinación a las ambiciones políticas; por eso quería que se dejara de interpretar la codificación del Sinaí, como un conjunto de normas impuestas desde afuera por instituciones y leyes exteriores al individuo y más bien se las comprendiera como originadas en lo más profundo de la conciencia  y del corazón de los individuos, o mejor, por una convicción interior de los miembros del cristianismo primitivo.
Vemos aquí la diferente relación entre acción e institución que prepara el espíritu conciliador de Hegel  que intentará, en su filosofía política, evitar que la ética del individuo movido por la idea del deber, del que hablaba el filósofo de la Ilustración, Emmanuel Kant se convirtiera en un mero ideal o una abstracción, por no haber tenido en cuenta que esa “moralidad” del individuo no se comprende realmente si se la abstrae de la  relación  que todo individuo tiene con la comunidad donde crece y se desarrolla, y con sus instituciones, las cuales generan una nueva ética ( ya no una mera “moral” personal) o como la llamará Hegel,  una nueva “Eticidad” o ética de las instituciones, sin las cuales los individuos se sienten como extranjeros de buena voluntad pero de paso por un mundo incomprensible.
En suma, para asomarnos al origen del actual sentimiento general de inseguridad en América Latina, vale la pena considerar que es posible encontrar sus raíces en relaciones distorsionadas entre las acciones y las instituciones, como las del siglo XIX, cuando se enfrentaban los conceptos de civilización y barbarie y después de las frecuentes guerras civiles  se sucedían  cambios intempestivos e irreflexivos  de constitución.
Incluso hoy es sorprendente que en ciertos paìses algunas facciones echen mano de reformas constitucionales "ad hoc" para enfrentar a un adversario polìtico, lo que ya desde la década de los setentas había notado el constitucionalista italiano Gustavo Zagrebelsky ( ver nuestro artículo anterior), al  afirmar que en América del Sur no habla "vida constitucional", es decir, no se habla tomado conciencia de que la verdadera constitución es la que es vivida por los pueblos como parte de su vida cultural y espiritual, porque indica que hay ciertos bienes que no se deben cambiar cada vez que hay un cambio de gobierno. 

(1) Nota posterior: la prisa suele ocasionar errores graves  como éste de llamar "novela" a una obra compleja que siguiendo la generosa corrección epistolar del profesor Gregory Jusdanis, une el periodismo, la historia y la novela en una compleja forma literaria. Presento disculpas a los lectores,

(2) Hernán Martínez Ferro y César Augusto Mora Alonso Editores. J. S. Mil. Vigencia y legado de su pensamiento. Bogotá Universidad Libre 2018 

(3) G.W.F. Hegel. El Joven Hegel. Ensayos y Esbozos. José María Ripalda, Editor. Madrid. F.C.E. 2014 (ver p.192 y ss. La justicia es una virtud no porque la exija el Estado sino porque es un deber (“Positividad de la religión cristiana”)   


(The current general feeling of insecurity in Latin America requires citizens to seek a balance between their actions and their institutions, opposing those who try to revive the extremisms of the right and left)


Comentarios

  1. Agradezco mucho la aclaraciòn del profesor Jusdanis en el sentido de que "Facundo" de Sarmiento no es propiamente una novelas, sino una especial combinaciòn de periodismo, historia y novela.

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  2. Debo tambièn a la generosa observación critica del profesor Gregory Jusdanis haberme dado cuenta de que no fui muy claro al intentar mostrar la relaciòn que los recientes movimientos de protesta en algunas ciudades latinoamericanas los cuales algunos órganos periodísticos y gobiernos calificaron de "vandalismo", guardan con lo que Sarmiento llamaba "barbarie", nota que merece un comentario a parte. Sin embargo se trataba del siglo XIX cuando despuès de las frecuentes guerras civiles se cambiaban las constituciones de algunos paìses y es a este "desorden" institucional al que veo como causante tanto de los desòrdenes y guerras civiles del siglo XIX como de lo que algunos llaman peyorativamente. el "vandalismo" de hoy.

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  3. Estimado profesor Nayib cordial saludo, al igual que usted sigo creyendo que el dualismo mencionado todavía existe y su existencia, posiblemente, podría ser la razón por la cual para algunos filósofos (como el profesor Correo López) la filosofía debe ayudar en la politización de la sociedad, ayudar a pensar las diferencias: "En medio de las violencias cruzadas en que vivimos, la tarea propia de la filosofía es el trabajo crítico de disolución de clichés, el cuestionamiento de todas las formas de maniqueísmo, que, como suele ocurrir, se disfrazan de falso moralismo, con lo cual se cumple la gran fatalidad ya señalada: el pensamiento se neutraliza porque se fija a la posición que quiere legitimar y, desde allí, se hace cómplice de la violencia. Todo esto podría resumirse diciendo que, por lo menos entre nosotros, la filosofía está llamada, más que a propiciar consensos y a reavivar la nostalgia de no sé qué unidad perdida, a enseñar a pensarlas diferencias, pues ese es el comienzo del diálogo, es decir, el camino hacia la tolerancia y el respeto. De lo contrario seguiremos diciendo, como ahora lo hacemos, que el bárbaro es el otro". Perdone mi forma tosca de argumentar: si en Colombia todavía se está bregando para que a la gente, por pensar diferente, no la maten (el caso de los lideres sociales asesinados) es un signo evidente de la existencia del dualismo "barbarie-civilización".

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    1. Agradezco mucho la pertinente e importante nota del profesor Vladimir, de la Universidad de Cartagena, la cual, dada su calidad de testimonio me he permitido reproducir de un e-mail, rogando me excuse el atrevimiento.
      Nayib Abdala Ripoll

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  4. Olvidé comentar que pienso que hay un mundo común despreciado por los extremistas que es el mundo público sin el cual no aparecen las diferencias.

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  5. También aclaró que siempre me refiero a algo común que desprecia el extremismo pero no es una unidad dada sino buscada. Nayib Abdala

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