SUPERSTICIÓN Y FORMAS DE VIDA SEGÚN ESPINOSA
NAYIB ABDALA RIPOLL
Nos preguntamos dónde se origina cierta tendencia general al desprecio de la vida que se nota en las frecuentes masacres y en el aumento del sicariato en ciertos paìses de Latinoamérica, y cómo ganar una nueva visión de las formas de vivir que nos conduzca a apreciar la que algunos llaman: la "alegría" de estar vivos, y para contestar nos basamos en lo que dice el filósofo holandés del siglo XVII que a pesar de la difamación y del odio que sufrió, trató de vivir en armonía consigo mismo, con los demás y con la naturaleza, a saber, Baruch Spinoza. En efecto, en el prefacio de su “Tratado Teológico Político” (1), afirma que el odio se basa en formas de vida impulsadas por la superstición, la cual, a su vez, está basada en el miedo y en afectos negativos, como la tristeza.
En efecto, Spinoza encontró, leyendo la vida de Alejandro Magno, que este héroe cuando estaba alegre y se sentía seguro de su victoria en las batallas no buscaba brujos ni sacerdotes que realizaran ritos para adivinar si iba a ganar o a ser derrotado, pero cuando se sentía inseguro le entraba un miedo que lo hacìa consultar a todos los adivinos que se encontraba en su camino.
De forma parecida, algunos que creen en la magia y la brujería, confunden algo tan respetable como las religiones con ciertas creencias supersticiosas y llegan a confundir religión y política, lo que ha conducido en América Latina a regímenes autoritarios o dictatoriales después de ser apoyados masivamente por votos de creyentes religiosos que han sido convencidos por la superstición de que tenían la misión sagrada de apoyar a ese candidato y no a otro. (2)
Sin embargo, hay afortunadamente hoy nuevas formas de vivir las religiones en América Latina. Qué diferente, en efecto, viven y sienten la religión los jóvenes que hoy se reúnen por las mañanas a cantar la paz y la alegría del inicio del nuevo día a la orilla del mar o de la bahía, para dar gracias a Dios por ese don de la naturaleza.
También son diferentes los teólogos que enseñan que Dios no es un ser "poderoso" (en el sentido vulgar de "fuerte") y vengativo que busca castigar a los que desobedecen su ley, sino que es un ser que busca “hacer comunión con todo el mundo” (palabras de un sabio estudioso del nuevo testamento que guardo con grata rememoración) y como prueban las acciones de aquellos sacerdotes y/o pastores que han acompañado a pueblos enteros cuando huían desplazados por paramilitares tolerados por el Estado en el Tercer Mundo.
Estos casos muestran que la religión no es superstición, porque no está fundada sobre el miedo ni la ignorancia, sino sobre el amor a la vida y la búsqueda de mejores formas de vida no basadas en la superstición. Sin embargo, para Spinoza las religiones de su tiempo estaban basadas en el miedo y la superstición, por estar fundadas en ideas inadecuadas de dios, al que concebían a imagen del hombre como una persona, mejor, un rey soberano con sumo "poder" (en latín: "potestas" (potestad de gobiernoo, a diferencia de "potentia" o Fuerza) y sujeto al cambio de sus emociones como la rabia y la cólera; un ser voluble en fin, que podía castigar y perseguir a sus enemigos según su voluntad.
Estas ideas estaban fundadas en el miedo y la superstición, pero también en los afectos que tienen los vencedores y poderosos que los hace sentirse seguros frente a los demás, si cuentan de su lado esa imagen útil y acomodada de un Dios que está con ellos y no con sus enemigos. Por cierto que algunas personas se incomodan en ciertos retiros espirituales inspirados en San Ignacio de Loyola, qué comienzan preguntando a los participantes qué imagen de Dios tienen. En cierta ocasión fui testigo de la furia con la que cierta dama, al parecer de creencias muy ortodoxas, abandonó esos ejercicios afirmando que a ella nadie le cambiaría nunca su imagen de Dios,
A lo largo de la historia, dos palabras fueron claves para expresar las ganas de vivir: la felicidad, desde la antigua Grecia, y la alegrìa, desde el mundo moderno. En la Ciudad antigua el fin de la política era encontrar la mejor forma de vida que es la del ser humano que actuando con prudencia, valentía y fortaleza, es decir, practicando las virtudes conseguía ser un buen ciudadano y lograr su fin propio que es la felicidad, porque la felicidad consiste en una “capacidad del alma de actuar según la virtud”, como decía Aristóteles en la Ética a Nicómaco (en griego: “Energeia Psyches kata areten”), la cual indica que la felicidad consiste no en un estado pasivo de gozo, un gozo pasivo como el de un santo o un ser ascético retirado del mundo, sino en un "estar en acto", pura actividad real).
En Ámsterdam, Baruch Spinoza, cuyos antepasados habían huido de Portugal para escapar de la persecución de la Inquisición contra los practicantes de la religión judía, se pone a favor de los republicanos en la lucha polìtica contra la monarquía por la libertad de pensamiento o como la llama Spinoza, la “Libertas Philosophandi" y aplica al estudio de la vida humana el método de la matemática y de la física de la época, método que con Galileo inicia una nueva explicación del movimiento de los cuerpos en el espacio que culmina con el principio de la inercia, según el cual todo cuerpo tiende a permanecer en el estado de movimiento o reposo en que se encuentra, a menos que otra fuerza lo afecte y cambie.
Spinoza, de modo paralelo, afirma que todos los seres naturales, incluido el ser humano, tienen una tendencia a perseverar en su ser que llama “conatus” ( palabra
que se deriva del verbo latino “conari”: tender a) Lo que hace que el ser humano busque amar y defender su vida es, pues, el "conatus", pero las afecciones o pasiones (como el amor o el odio en el caso del ser humano) pueden afectar a esa tendencia a perseverar en su ser y debilitársela o aumentársela y
por eso dedica Spinoza en su "Ética" un capítulo a lo que llama los "afectos" o pasiones tristes y alegres. Las primeras
tienden a destruir. Las segundas, a incrementar la potencia.
Para llegar a ésta idea, Spinoza evitó pensar a Dios como lo hacían los teólogos de su época violenta, es decir, como un ser trascendente, es decir, localizado màs allá de este mundo, que crea y gobierna el mundo como un rey todopoderoso. Por eso evitará también hablar de la relaciòn entre hombre y Dios como la del que manda y el que obedece, aunque le parezca normal y aceptable en el lenguaje bíblico, pues esa es la forma típica de expresarse de esas Escrituras.
Tambièn, para evitar pensar a Dios como el terrible que persigue y castiga a los malos, evitará tambièn tambièn usar el lenguaje de los valores, del bien y del mal como categoría morales, porque le parece que provienen de una actitud humana de falsa superioridad que hace que unos, creyéndose justos, se sientan capaces de juzgar a los demás, y se creen superiores a los que juzgan como malos y desprecian como pecadores. Spinoza comienza la tendencia actual a rechazar el uso de conceptos negativos como los de culpa y arrepentimiento (nos sorprende incluso constatar que hoy todo el mundo aconseja no decir jamás que uno "se arrepiente" de algo, porque eso suena mal para el hombre que sueña con ser un buen emprendedor, ideal educativo actual, que requiere màs bien actitudes positivas de avance y progreso o, como se suele decir, se aprecian las actitudes "proactivas").
Asì que en vez de hablar del bien y del mal prefiere hablar de lo bueno y de lo malo, es decir, de las acciones que no producen daño y de las que sì lo producen, Por cierto que en este punto el Nuevo Testamento muestra a Jesús en la actitud de no juzgar a nadie, actitud a la que el actual Papa del Catolicismo ha dado un nuevo sentido, es decir, ha hecho ver que generalmente se tiende a juzgar a las personas por el solo hecho de que se les reprocha tener una tendencia que se juzga mala, aunque no haya hecho nada malo.
Dicho brevemente, con tal de evitar toda interpretación de la Biblia que incitara al odio, Spinoza concibe a Dios como la naturaleza, es decir, como la única substancia o realidad verdaderamente libre por ser causa de sì misma, que en el fondo es "potencia" o actividad absoluta, un fluir de potencias o fuerzas y los seres son simplemente “modos” o modificaciones de esa sustancia.
Por eso ha sido acusado de ateísmo y vilipendiado siempre. Se puede notar que la palabra substancia antes de Spinoza indicaba, como en Descartes, de què estaba hecha una cosa (Descartes diferenciaba la sustancia material o sustancia extensa, de la sustancia pensante, carente de extensión en el espacio). Pero en Spinoza la palabra sustancia indica una Potencia o fuerza. Dios es Potencia (en latín. "potentia") y no "poder" como el que se dice que posee un rey soberano (en latìn: "potestas")
Esto no era tan nuevo. Ya
algunos filósofos griegos presocráticos habían sostenido que la naturaleza era una
especie de divinidad y sus ideas fueron renovadas por algunos filósofos del
Renacimiento que terminaron siendo perseguidos o quemados por la Inquisición. Lo que importa es que en
la época en que se descubre lo que en física se llama la dinámica, el estudio
de las fuerzas, los seres humanos son concebidos también cada uno como un ser
singular que se diferencia de otros por su mayor o menor "fuerza" en el sentido de potencia o tendencia a perseverar en su ser.
Finalmente, la respuesta a la pregunta que nos hacíamos al principio, es decir, ¿ como contrarrestar el odio y la muerte violenta, la da Spinoza cuando explica que para conservar su potencia o deseo de vivir los seres humanos buscan buenos encuentros con otros seres de la naturaleza, como una manzana no envenenada. y con otros seres humanos, es
decir, con aquellos seres que puedan proporcionarles alegría de vivir, ganas de vivir
más, y que incrementen su potencia, y evitan los malos encuentros, es decir,
aquellos que los pueden llevar a la descomposición de su organismo, como la manzana envenenada, y aquellos que conducen a la tristeza, a la angustia o a lo que hoy
llamamos el enemigo número uno del género humano: la depresión. (por cierto, hemos
oído en estos días quejas por la depresión que produce tener que permanecer en casa).
Esa respuesta de Spinoza revela una tendencia en contra de todo lo que conduzca a la tristeza y a la muerte; una “aversión a todo lo que disminuye la potencia del cuerpo”, es decir, a todo lo que debilita esas ansias de vivir alegremente que notamos en la juventud sana que pasa de un juego al otro, de una diversión a otra más gratificante para el cuerpo, los sentidos y para la mente. Pero ante todo hay que subrayar, por último, que Spinoza se queja del desprecio que tenía la gente por el cuerpo, al que tenían como menos importante que el alma, y por eso decía como más tarde Freud, que nadie sabe de lo que un cuerpo es capaz y que a veces es cierta sabiduría del cuerpo y no sólo, como nos dice cierta tradición, nuestra mente lo que nos mantiene vivos.
(1) Al inicio del Tratado está la afirmación de la falta de firmeza en los criterios humanos que varían por miedo a los cambios de la fortuna, lo que los hace fluctuar entre el miedo y la esperanza (“inter spem metumque misere fluctuant” Benedicti de Spinoza Opera Vol III. Edition Stereotypa Lypsiae Berne 1846. (Digitilized by Google) P.3
(2) (Tratado Teològico-polìtico. Trad. Por Atilano Domínguez, Madrid, Alianza, 1980, p.64) Demócrata en su obra final, en este tratado se limita a criticar la monarquía, por “disfrazar” bajo el nombre de religión el “miedo” con el que se mantiene sujetados los súbditos hasta el punto de que lleguen a luchar por su esclavitud “como si se tratara de su libertad". Debo añadir que sin las interpretaciones de Gilles Deleuze no hubiera podido leer gran parte de la obra de Spinoza, pero pido al lector que me atribuya los errores de interpretación a mí y no a este autor cuya obra he citado en un artículo anterior,
(Based
on Spinozas philosophy, this article seeks to ask how to overcome the current
trends against the enjoyment of life and the desperate ways of life that tend
to hatred and intolerance driven by superstición.)
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