NATURALEZA, CIVILIDAD E HISTORIA
por Nayib Abdala
Dada su importancia para comprender la tarea actual de luchar por la libertad de pensamiento, intentamos trazar un breve esbozo de cómo uno de los perdedores en la lucha por la libertad, el filósofo checo Jan Patocka, que vivió el infierno de las dos guerras mundiales del siglo XX y murió a consecuencia de un salvaje interrogatorio por la policía comunista de su país, trazó una relación entre lo que llamaba el mundo natural ( en el sentido de que todos asumen que hay que conformarse con él porque “el mundo es así”) y el mundo histórico ( que es el mundo en cuanto se reflexiona sobre las que nos parecen sus fallas y se cuestiona que “el mundo sea así”).
Eso implica que la historia ni ha existido siempre, ni es seguro que exista en el futuro. pues aunque los seres humanos necesitan, para vivir bien, de lo que le da significado o sentido a la vida, ya antes de que aparezca la visión histórica del mundo se vive en un mundo donde el significado de las cosas nos lo dan o el saber común o los mitos y las religiones en civilizaciones prehistóricas; es un significado pre-dado, que procede directamente de la tradición, y, por tanto, de las costumbres o de los dioses o seres sobrehumanos que según dichas tradiciones nos gobiernan.
Así que para el autor la historia nace cuando se problematiza la simplicidad y la aceptación del significado sin reflexión que se dan en el mundo prehistórico, el de las grandes civilizaciones como las de Egipto y Mesopotamia, donde la visión del sentido de la vida la daban los grandes mitos y sus cantos heroicos. Grandes ciudades llegaron a tener estas civilizaciones, pero como eran teocracias, no permitieron lo que luego se llamarían "democracias".
En
Grecia sucedió algo diferente, como resulta de las investigaciones de Hanna Arendt,
cuando interpretó el papel de Sócrates en la Ciudad de Atenas como el
descubridor de la conciencia crítica, a quien ya Hegel había interpretado como
el luchador por la conciencia que, sin embargo, debía morir porque lo exigían
los principios que se habían establecido para salvar la "democracia" de la Ciudad de sus enemigos
internos.
Su
discípulo Platón, invocó entonces la imagen del mundo natural como una caverna en
la que unos prisioneros están atados de tal manera que están obligados a ver
las sombras reflejadas en la pared que son proyectadas por un fuego y unas
figuras que se mantienen a sus espaldas por lo que tienen que aceptar como lo
único verdadero el mundo de imágenes sensibles bajo cuyo manto han nacido y
bajo el cual morirán si no les llega un liberador como Sócrates, que les
muestre como sede de la verdad el mundo que está fuera de la caverna. Arendt alcanzó a vislumbrar aquí las bases para
reconocer, como requisito de la vida en la Ciudad la necesidad de una esfera
pública donde se puedan discutir, con libertad, los problemas comunes.
Ahora bien, Patocka, inspirado por esta nueva interpretación del pensamiento de Sócrates, planteó que el salto de la prehistoria a la historia, es decir, del mundo natural al mundo histórico no se puede dar si antes no se ha fundado el espacio cívico de la Ciudad y con él la política como praxis o acción basada en la búsqueda de la verdad e inspirada por la idea de un espacio público libre.
Estas
ideas las basaba en su profundo estudio de la ciudad-estado griega, aunque actualmente críticos como Luciano Canfora han mostrado las limitaciones de esa "democracia" griega, palabra que originalmente tenía mala fama, pues se usaba para mostrar atroces invasiones de una ciudad por otra para derrotar gobernantes de la clase aristocrática e imponer gobiernos "populares", El fenómeno de la "guerra civil" había hecho su aparición como mostró la investigadora Nicole Loreaux (1), a pesar que se intentó borrar de la historia esas pruebas de que la ciudad griega estaba dividida,
Para Patocka, que no pudo conocer esas discusiones actuales sobre la democracia griega, Sócrates, al proclamar que una vida sin reflexión, sin capacidad de examinar
críticamente lo que todos dan por “natural”, no vale la pena de ser vivida, estaba
planteando el legado cultural o la
herencia más valiosa que dejó Europa a la humanidad y por eso ha sido criticado
como “eurocéntrico”.
A su
vez Arendt vio lo que no han visto muchos aspirantes a políticos en América
Latina, a pesar de que estudiaron derecho, a saber, que uno de los significados de la aparición de la ciudad griega y más tarde, del Estado Moderno, era que mostraban el significado político de una ciudad o de un país, es decir, que no se los podía gobernar como si fueran una finca de propiedad del gobernante. En Colombia en
cierta ocasión Alfonso López Michelsen un político liberal que era un gran constitucionalista durante una polémica con la célebre política conservadora Berta de Ospina Pérez pidió a los políticos que diferenciaran entre la administración del hogar y el gobierno de un paìs, es decir, que aceptaran la existencia de una esfera pública independiente
de los intereses particulares, económicos o religiosos o de otra índole.
Y sin
embargo, para oponerse a la acción de instituciones internacionales que defienden
los derechos importantes como el derecho a la salud, los presidentes de Brasil
y Estados Unidos llegaron a oponerse a la lucha de la Organización Mundial de
la Salud contra una pandemia, lo que alcanzó a mostrar que el populismo es una
forma de irracionalismo no sólo nacional, sino también global.
Una crítica de actitudes autoritarias e
irracionales como esas realiza Patocka al afirmar que lo que caracteriza a la
cultura griega es que se rehúsa a aceptar la decadencia cultural como algo
dado, como un destino que hay que aceptar, pues gracias a Sócrates y Platón se creó
lo que llamaron “el cuidado del alma” (2), porque esa es la idea que resume la
lucha por la verdad y la libertad.
El
“cuidado del alma” entiende la libertad como una resistencia a la tendencia a
degenerar del mundo cultural, según Patocka, porque Sócrates entiende la verdad
no como un concepto abstracto, sino como la virtud de la veracidad o forma de
vida que tiende a examinarse a sí misma una y otra vez para observar si está de
acuerdo consigo misma.
En
efecto, ya Hanna Arendt había encontrado que Sócrates, cuyo mayor placer consistía
en discutir en el “ágora” o plaza pública de Atenas lo que convenía o no a la
Ciudad y a los ciudadanos (3), afirmaba que prefería estar en desacuerdo con
todos en vez de entrar en desacuerdo consigo mismo.
Ella
como nosotros, meditó qué quería decir aquel "mártir de la democracia" con esas
palabras y encontró que Sócrates practicaba el “cuidado del alma”, es decir,
que estaba convencido de que el que está en contradicción consigo mismo es como
el que tiene como un buen amigo a una persona que acepta como bueno el conjunto de
prejuicios, intereses e ideologías que a él le parecen malos e irracionales. En
conclusión, para Patocka sólo con base en la amistad cívica basada en la verdad
puede una comunidad histórica enfrentar los enemigos naturales y culturales de
la vida humana.
(1) Nicole Loraux , La Invención de Atenas. Trad. por Sara Vasallo. Katza editores. Buenos Aires, 2012, p.77 y ss.
(12) Cuidar del alma es lo que hace Sócrates, es
decir, examinar continuamente lo que es bueno y verdadero, porque eso es lo
duradero, la roca sobre la cual se funda la verdadera comunidad. Tambièn Michel Foucault basó en parte su concepto del "cuidado de Sí" tanto en el tema del "cuidado" como modo de ser del hombre, según Heidegger, como en las prácticas de los filósofos estoicos que como decía Cicerón, fomentaban la "Cultura animi" ("cultivo" del alma, significado originario de la palabra "cultura"). Ver Patocka.
Platón y Europa, Traducción de Marco Aurelio Gal marini, Barcelona,
Península, 1991
()3) A
diferencia de la gran atención al individuo solitario, al yo descubierto por la
modernidad como “yo pienso”, Patocka quiere hacer sentir que lo primario es el
estar juntos o en relación con otros, de modo comparable al modo en que madre y niño no son dos
objetos diferentes que se representan el uno al otro, sino que primordialmente
forman una unidad pre- objetiva, una experiencia interior y cuando
posteriormente se separan, sienten interiormente, antes de relacionarse con reflexión, que ya no son del todo extraños. Cada
uno lleva dentro de sí una huella de la vida en común que la vida cívica no hace sino despertar nuevamente.. Ver Patocka, Jan. El Movimiento
de la existencia humana, Traducción de María Teresa Padilla, Jesús María
Ayuso y Agustín Serrano de Haro. Madrid, Ediciones Encuentro, 2004
(According
to Jan Patocka, passage from prehistory to history requires “care of the soul”
or responsibility for ourselves” and just that is the kind of relationship
which humanity needs now in order to overcome disease and dead)
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