EL SENTIDO DE LO JUSTO Y EL CUIDADO DE LA VIDA
Por Nayib Abdala
El ser humano se desarrolla mental y moralmente con ayuda de valiosos encuentros con otras personas. Es lo que sostiene el médico y psicoterapeuta familiar Marcelo Pakman quien otorga gran importancia a esos encuentros (1).
Basándose en parte en la filosofía francesa de Alan
Badiou, Sartre y Foucault, entre otros, Pakman cree que al ejercicio de vivir siempre lo tiene que acompañar algún
afecto que impulse a una búsqueda sin fin de una vida mejor. Para él se trata de un impulso "onto-ético" (es decir, ontológico, relativo al ser de una persona, y ético, relativo al deber ser, al mismo tiempo). Dicho más sencillamente, se trata de una especie de guía de cómo vivir bien que toda persona lleva consigo inconscientemente desde cuando estaba en el vientre de la madre. (2).
Por eso, valdría la pena indagar si este impulso ético por una mejor forma de vida es lo que se echa de menos en algunos comentarios de usuarios de las agencias de salud que se pueden escuchar en las salas de espera, que afirman sentirse incomunicados o restringidos en sus intentos de comunicación con ellas debido a la practica de las plataformas virtuales de reducir a unas pocas opciones los reclamos, peticiones o comentarios de los pacientes.
No sólo se sienten incomunicados, sino también remitidos a diversos especialistas sin estar seguros de que la agencia tiene una visión unitaria de su situación basada en un diagnóstico serio. El grandioso encuentro de médico y paciente puede convertirse así en una "colcha de retazos", una serie de prácticas y procedimientos desconectados, sin vida, puramente técnicos, sin comunicación ni mutuo reconocimiento.
En cambio, es admirable la seriedad con la que Pakman interrumpe sus explicaciones para narrar momentos importantes de sus encuentros con pacientes de todas las edades, algunos de los cuales le han sido presentados cuando estaban próximos a la muerte o al agravamiento, después de haber sido tratados por otros profesionales de la salud.
En estos casos, según el autor, se puede estimular la imaginación y la razón de un paciente a explorar nuevas vías o nuevos pasos de un tratamiento, sea por nuevos medios médicos, sea con ayuda de recursos estéticos, por medio de la lectura de un cuento, de la apreciación musical o de la representación de un drama sobre lo que más les preocupa (3).
Así, por medio de la representación de un drama, por ejemplo, pueden comprender mejor algo que ya habían conocido, pero cuyo verdadero sentido sólo se hizo presente con la representación estética, pues la política de la representación estética choca con las ideologías y restricciones éticas o jurídicas impuestas por la ley o por las ideologías de las redes sociales para favorecer los intereses burocráticos (que con Foucault llama "micropolíticas" ) que encubren el verdadero sentido de los eventos.
Así que la dimensión del sentido como orientación hacia una vida mejor es ocultada por el empirismo de las prácticas médicas usuales que pretende reducir todo sentido a hechos empíricos o hábitos trillados, o por la hermenéutica que tiende a reducir todo sentido a significados tradicionales y a reducir todos los problemas a problemas de lenguaje.
En cambio, la posición del autor, que denomina "crítico-poética" ( donde "poética" viene del griego "poiesis" o creación) puede ser de gran ayuda para trascender las normas abstractas y los esquemas de acción que no tienen en cuenta al paciente como un cuerpo viviente dentro de una situación singular que suelen ignorar los traficantes del cuidado de la vida.
Hace rato que en la cultura hispanoamericana autores consagrados como el médico español Pedro Laín Entralgo habían dedicado páginas conmovedoras a lo que también llamaban el “encuentro” entre médico y paciente, inspirado en la distinción que hacía el filósofo judío Martin Buber entre la mera relación técnica del hombre con las cosas y lo que llamaba, con un nombre especial, el “encuentro”, es decir, el de dos personas.
Pero Pakman es crítico de todos los enfoques que no partan de lo que el filósofo francés Michel Foucault llamaba la práctica de “el cuidado de sí” (4), después de una crítica de toda concepción de los sujetos como dotados de una identidad metafísica o una esencia sin tener en cuenta que son cuerpos vivientes y no sólo "personas" o seres pensantes como decía el filósofo Descartes.
En cambio, Foucault, con base en el estudio de las prácticas de cuidado de si (meditación, contemplación, dietas) que enseñaban las filosofías de la antigüedad tardía, como los estoicos y los cínicos, se proponía mostrar que en ellas los que buscaban ayuda médica y espiritual eran conducidos no solamente a que se aplicaran a sí mismos la máxima de Sócrates: "conócete a ti mismo", sino también a que trascendieran la mera relación de conocimiento de sí mediante prácticas para volver la vida cada vez más bella y valiosa.
Así se entiende que Pakman, evitando todo falso optimismo, invite a un niño desahuciado, con poco tiempo de vida, pero que aprecia mucho tres cosas: a su hermano, montar a caballo y la historia del "Principito", a emprender una indagación sobre los centauros (seres mitológicos mitad hombres y mitad caballos) para ensayar nuevos caminos de búsqueda del sentido de lo justo, como si los relatos del principito aviador y los mitos de los centauros exploraran nuevas rutas hacia una vida mejor (5).
Uno tiene la impresión de que Pakman, cuando entra en relación con un paciente, trata de no perder de vista que está frente a un ser cargado de una enorme capa de significados recogidos en los lenguajes que habla y en los hábitos o costumbres y herencias culturales desde cuando empezó a caminar, después de adoptar la posición vertical que lo separa de otros homínidos; así que es también un ser capaz de diseñar herramientas y de crear obras de arte y de imaginar nuevas presencias que intervengan en el mundo. Entonces estamos lejos de las usuales consultas médicas de un minuto, irresponsables, sin diagnóstico, deprimidas y devaluadas que comentan algunos usuarios de algunas agencias de salud de nuestros días.
Por eso entiende por “sentido” cuando menciona el “sentido de lo justo”, algo así como una potencialidad o posibilidad de las personas, entendidas como cuerpos vivientes de sujetos singulares en situaciones particulares, de vislumbrar o ayudar a proponer ante un problema de salud una nueva perspectiva, que por lo tanto no necesariamente se encuentra fijada en un diccionario o en un recetario o en una norma ; es como una fuente de la que brotan cada vez posibilidades nuevas y singulares de mejorar la vida ante situaciones cada vez nuevas.
El sentido de lo justo es, pues, como una inclinación hacia una vida mejor que se origina en lo que Pakman ve como una especie de "regazo ecológico" o un abrazo inicial y originario de madre e hijo que todos llevan inconscientemente dentro de sí, que se puede entender como una preconciencia o trasfondo potencial de cada vez nuevos conocimientos frente a nuevas situaciones.
Siguiendo la importancia de la imaginación comentada también por Sartre, Pakman propone hacer entrar el arte y la imaginación en la relación con los pacientes, como cuando propone a una madre cuyos hijos se quejan de que no los tiene en cuenta y los rehúye, (conducta que ella niega, una vez interrogada por Pakman), que representen en un drama la visita de los hijos a la madre.
Ahora bien, para representar el drama, Pakman hizo el papel de la madre y la madre representó el papel de un hijo. El desenlace se dio cuando, después del saludo de bienvenida, la madre intenta soltar su mano de la de Pakman y éste, en cambio retiene la mano de ella con más fuerza por un largo rato que termina con estallido de sollozos. En esa forma él le mostraba a ella que una verdadera madre no querría separarse tan pronto de sus hijos, sino retenerlos al máximo.
El libro de Marcelo Pakman, un profesor argentino de terapia familiar sistémica, es, además de sus méritos teóricos como aporte de la investigación en terapia familiar, un llamado a superar la concepción estrecha de la vida y de la enfermedad que se suele dar por supuesta en las normas morales y jurídicas vigentes sobre la salud, que reducen los tratamientos a prácticas tradicionales que tienden a repetir los mismos enfoques y los mismos tratamientos de siempre, aunque el progreso científico los haya convertido en prácticas vacías de sentido, como una especie de hábitos que se repiten y se enquistan en la cultura.
Aristóteles sostenía que en la naturaleza el movimiento consiste en el paso de la potencia al acto, como el paso de la semilla, que es un árbol en potencia, al árbol real que es el árbol en acto. Ahora bien para él era más importante el acto que la potencia, porque era lo que aclaraba cual era el fin del movimiento: producir tal especie de árbol y no otra..
Contrariamente, para Pakman, el sentido de lo justo es una potencia o posibilidad que es más importante que el acto, pues la búsqueda de lo verdaderamente justo (lo portador de una mejor forma de vida) puede conducir a la convicción de que en ciertos casos lo mejor es no "pasar al acto", por ejemplo, no aplicar cierta norma del cuidado del paciente acerca de la cual se ha comprendido que usualmente se aplica sin fundamento; así que la posibilidad es más importante que la actualidad o realidad.
(1) Marcelo Pakman. El sentido de lo justo. Barcelona, Gedisa 2018 (En realidad, se trata de encuentros y desencuentros).
(2) Pakman cree, basándose en algunos de los filósofos llamados posmodernos, que se puede encontrar una guía natural, antes de acudir a principios o normas éticas o jurídicas ya establecidas, en una especie de preconciencia afectiva que heredan los seres humanos desde que están unidos en la díada formada por madre e hijo antes de su nacimiento. Con eso parece evitar el dualismo entre ser y valor o entre cuerpo y alma o entre subjetivo y objetivo que acepta el empirismo reinante hoy en las ciencias de la salud, para luego rechazar como "falacia naturalista" (es decir, el error lógico de derivar "lo que debe ser" de "lo que es") todo intento de relacionar la salud con los valores de lo bueno o lo justo.
(3) En el caso de un paciente reacio a aclarar si lo que lo angustia realmente es la aparente tendencia de la empresa donde trabaja a salir de empleados próximos a jubilarse o la deslealtad de los compañeros con los que ha realizado críticas a la empresa, Pakman se vale de un relato de las deslealtades entre los empleados perseguidos por el régimen estalinista y el paciente cae en la cuenta que teme que la situación de persecución laboral de la empresa fuerce a algunos empleados antiguos a ser desleales con otros, más jóvenes.
(4) El concepto del "cuidado de sí" supone que el paciente está en devenir; no tiene una identidad ya fijada y por eso él y la terapia pueden avanzar más allá de donde se encuentran en un momento determinado. Se pasa del "conócete a ti mismo" de Sócrates al "cuídate a ti mismo" de la Antigüedad tardía, trascendiendo la mera relación de conocimiento mediante "eventos poéticos" o enfoques creativos que reconsideran las normas institucionales de la salud.
(5) Según Pakman, es como si al dibujar a su hermano Esteban y a su caballo marrón, una nueva presencia estremeciera la situación del niño enfermo en la figura del centauro.
(It is necessary to overcome the habits and customs that govern the relationship between therapists and patients with a new ethics based in the search of a new sense of what is just and at the same time try to see how "poetics" (as creativity) can place us at the very root of ethics)
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