POLÍTICA Y EXPERIENCIA


Por Nayib Abdala Ripoll

  

En países del Caribe con un pasado violento, pocas veces el periodismo se ha tomado en serio el trabajo de contextualizar  por medio de un buen relato logros y fracasos de  la vida constitucional y económica que oriente los criterios del ciudadano a la hora de votar, y que encuentre un sentido, además, en medio de la sensación de caos dejada por los frecuentes crímenes atroces como el asesinato del presidente de Haití, el del fiscal general del Paraguay (1) y, en casos como el nuestro, de los de patriotas como Lara Bonilla y Gómez Hurtado, a pesar de sus esfuerzos y sacrificios por la paz. 

En el fondo se plantea  aquí el grave problema de la ausencia de alternativas reales en la política, a la hora de votar, y el problema que Carlos A, Manrique ha planteado, en otro contexto, como  la relación entre la pregunta ética: “¿cómo vivir?” y la pregunta  política: “¿cómo reconfigurar el ser unos con otros  (o contra otros) en el espacio/tiempo del mundo y de la historia”?, (2).

Ahora bien, no sólo hay confusión mental en el campo de la política, sino también caos en la vida de las ciudades por la percepción de inseguridad, que se expresa sea en el lamento común por la ausencia de vigilancia policial en carreteras y barrios, sea en el sentimiento de que no se les otorga importancia a los clamores de los ciudadanos por ayuda, sea en el lamento por el maltrato recibido por parte de la fuerza pública, cuando no se trata. al revés,  del igualmente reprochable mal recibimiento de la fuerza pública por parte de algunos ciudadanos  en los barrios populares.

Sin embargo, no todo es negativo; se nota que entre la ciudadanía renace la esperanza en la recuperación del sentimiento de seguridad y confianza cuando, en vez de la policía, las fuerzas armadas disciplinadas como la Escuela Naval Almirante Padilla, en el Caribe colombiano se hacen cargo de cuidar las ciudades, a pesar de que algunos rechazan esta medida por lo que llaman, de manera exagerada, una "militarización de la ciudad". Un ciudadano desprevenido comentaba, sin embargo,  que en esos casos se notan dos grandes cambios. 

El primero es que comprobaban, casi con asombro, que los miembros de las fuerzas armadas, en especial de la Escuela Naval, caminaban largas distancias por calles y avenidas de los barrios lentamente, con serenidad y en silencio, sin usar motos y, en segundo lugar,  a veces se detenían largos ratos y miraban a los ciudadanos, a la vez con atención y respeto e inspeccionaban con atención y en calma lo que sucedía a su alrededor.

Qué diferencia con lo que pasaba con el desempeño de los policías, que generalmente, daban la impresión de que en vez de caminar, preferían andar en motos, aunque se tratara de trayectorias cortas, lo que les impedía detenerse y  mirar  a los ciudadanos o inspeccionar con calma  sus calles (por cierto que algunas estaciones de policía parecían a veces gigantescos depósitos de motos y de carros estremecidos por el caótico sonido de altavoces y de  alarmas dañadas).

Contra esta situación sería de esperar un cambio de actitud en la política y en el enfoque de los problemas de seguridad, cambio  que esté basado en una forma no tradicional de entender la experiencia de gobernar, que sirviera para establecer qué tan peligrosas son para el país por anticonstitucionales las propuestas descabelladas de algunos políticos como la politización de las fuerzas militares o la supresión de instituciones democráticas o de salvaguardia de   los derechos humanos, así como también los cambios drásticos de política económica sin tener en cuenta la intrincada relación entre las economías y los mercados internacionales.

 Ahora bien, el conocimiento de la discusión sobre el concepto de experiencia en filosofía puede ayudar a entender esto, aunque su exposición sobrepasa los límites del presente artículo. 

En efecto, en su importante exposición de los problemas que ha provocado la aclaración del concepto de experiencia, William Jay (3) ha llamado la atención al hecho de que el filósofo Walter Benjamin diferenciaba la experiencia entendida al modo tradicional y la experiencia moderna.  

El consideraba que la tradicional, es decir la científica de Bacon y Descartes y la historicista de Burke se caracterizaba por estar vuelta hacia el pasado, por ser, además alabada por los que tienen el poder que se creen dueños de los monumentos conmemorativos de victorias militares  y, naturalmente, por las personas  mayores de todas las épocas que aspiraban a contener bajo su poder a las jóvenes generaciones. 

En cambio, le parecía que en los “Ensayos” de Montaigne se admitía la posibilidad de muchos  tipos de experiencia, además de la experiencia científica, basados en el arte, la religión y el pluralismo de los valores.

Ahora bien, fue con base en estos nuevos modos de experiencia que   Benjamin sometió a crítica el concepto tradicional de experiencia, al que acusaba de ser la bandera con que los adultos rechazaban las ideas de los jóvenes en su escrito "Metafísica de la juventud", en el cual propuso  liderar un movimiento juvenil pacifista por la alegría de la vida y por una política basada en un nuevo concepto de experiencia como capacidad de inventar nuevas formas de intervención en la realidad y de evitar repetir estrategias y tácticas fallidas.

Por cierto que vale la pena rememorar este tema en vista de que el presente  siglo se va pareciendo, guardando las distancias,  al pasado en sus comienzos, por los “vientos” de Guerra Mundial que soplan desde los restos del viejo Imperio ruso, impulsado por un populismo político y un fanatismo religioso que veíamos formarse hace rato en  las redes sociales detrás de las aparentemente inocentes procesiones de ciertos grupos de creyentes jóvenes rusos, 

En efecto, dichos jóvenes,  al parecer agrupados en cofradías que portaban, durante las celebraciones religiosas de la Iglesia ortodoxa,  los iconos religiosos y los paseaban por las calles de ciertas ciudades rusas,  pedían renovar la fe, pero, por desgracia, al mismo tiempo,  tratando de obligar a los que no asistían y acusándolos de traidores no sólo a la fe, sino también a la patria. 

Ahora bien, tanto la política del miedo de los rusos como la visión de la historia como procesión inacabable de los vencedores, están basadas, como decíamos al principio, en el concepto tradicional de la experiencia, que consideraba a los jóvenes como idiotas (4)  a los que los mayores, en especial sus maestros, debían supuestamente transformar en “héroes” dispuestos  a morir por la patria.

Sin embargo, se trataba de tácticas para enviarlos a la guerra, es decir, según Benjamin, a la muerte, pues a consecuencia de esa obligación de presentarse para ser reclutado su gran amigo Heinle se había suicidado con su novia, al tratar en vano de oponerse al reclutamiento forzoso, lo que para Benjamin fue ocasión de proponerse hacer oposición al olvido y al silencio que veía venir sobre ese suicidio y su significado. 

No obstante, una cosa es el "silencio" de un hospital, de una iglesia o de una casa desierta y abandonada, representado o sugerido, por ejemplo, en un cuadro, y otra es el silencio producido por el acto voluntario de callar. Este último tipo de silencio fue el que se propuso Benjamin como una reacción a lo que estaba observando. 

Es lo que sostiene Shoshana Felman (5), rigurosa y profunda investigadora de la relación entre el relato y el silencio en la obra de Walter Benjamin, al comentar el hecho de que él observó que la gente regresaba a sus casas después de la Primera Guerra Mundial como si todos hubieran enmudecido, a causa de los horrores que habían vivido en la guerra de trincheras. Por cierto, que, entre nosotros, según creo, la película “1917” fue ocasión para, por fortuna, mediante un buen relato, darnos cuenta de esos horrores. 

En la obra de Benjamin se puede ver que después del primer desastre bélico en Alemania fue apareciendo una frialdad y cierta distancia del comportamiento de las gentes durante los años veinte del siglo pasado, lo que permaneció inalterado hasta 1945. 

Los sentimientos de la gente habían permanecido mudos, a pesar de que, en 1945, al final de la segunda guerra mundial, Alemania pasó del régimen del Nacionalsocialismo a un gobierno libre. Sin embargo, Benjamin no llegó a gozar de este cambio histórico debido a que se suicidó, como es sabido, cuando era perseguido por los Nazis hasta la frontera de Francia.

Pero él alcanzó a ver que el militarismo alemán desde el siglo XIX, promovió una historia al servicio de la identidad nacional que fue identificando la verdad con el poder, a pesar de que, como anota Shoshana, la verdadera historia se basa en la discrepancia entre ellos. 

En estos casos, los que  detentan el poder y la victoria suprimen la voz de los vencidos y por eso comienza a formarse una multitud deseosa de la paz cuyas palabras no se oyen debido a que los vencedores de las guerras hacen resonar en las plazas de las ciudades las trompetas debajo de  sus arcos del triunfo, lo que llevó a Benjamin a reflexionar sobre la disposición de las estatuas conmemorativas de actos bélicos que se caracterizaban por ser estatuas aladas de la diosa griega "Nike", diosa  de la victoria en bronce, algunas de las cuales se encuentran todavía hoy en Berlín. 

Pero esa fue la ocasión que provocó la respuesta de Benjamin al evocar, en vez de las diosas griegas aladas de la victoria, al “ángel de la historia,” nombre que dio a un dibujo del pintor Klee que luego se volverá  famoso: un ángel que con expresión de horror mira la carretera llena de escombros que ha dejado la búsqueda del progreso por la civilización moderna mientras que un huracán lo empuja de espaldas hacia el paraíso. 

Se trata, pues, de una alegoría cuyo significado para la obra de Benjamin y para entender los conceptos de la experiencia y de la representaciín del silencio en la obra de arte es de especial importancia a la hora de escribir un buen relato de los procesos políticos de América Latina. 


(1) (Suceso trágico agregado posteriormente, dada su gravedad). 

(2)Tratan del problema de la ausencia de alternativas reales en política: Valencia, H. Zúñiga, A. Vargas, G.E. Tobar, J.P. Democracia, Teoría Crítica y Ciudadanía. Cartagena, Col. Ediciones Pluma de Mompox S.A. 2016 y para el problema general de la relación entre ética y política, ver Carlos A. Manrique en el volumen Movimientos sociales y subjetivaciones políticas http://dx.doi.org/10.7440/2016.22

(3) Martin Jay. Cantos de Experiencia. Variaciones modernas sobre un tema universal, Bs. Aires. Paidós, 2009, pp.34 y ss. 

(4) Walter Benjamin. La Metafísica de la juventud, Trad. De Luis Martínez de Velasco. Barcelona, Altaya S. A. 1994 Pp.93 y ss.

(5) Shoshana Felman. “El silencio de Benjamin”, en Gamboa C de y Uribe M.V. (eds.) Los Silencios de la Guerra (2017) Bogotá U. del Rosario 

(The decline of narrative in political journalism and its replace by the so called “fake news"  is causing the decline of Democratic politics in Latin American)


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