LA POLÍTICA DE LA CRUELDAD EN EL CARIBE: FUNCIÓN DE LA MALEDICENCIA Y EL INSULTO
Por Nayib Abdala Ripoll
Octubre 12 de 2022
La tradición política entre nosotros está acostumbrada al uso de la política para ganar plata y también entre nosotros el insulto y el desprecio se han convertido en instrumentos políticos ¿Cuántos muertos han causado en los trópicos la maledicencia y la calumnia, sea por medio del chisme, las falsas noticias o, en caso de que la víctima se defienda con palabras, acusándola, al responderle, de algún defecto o delito, mediante el empleo de falacias?
Ahora bien, la policía ha reducido la barbarie de las religiones en guerra a una falta pequeña que nombra con la palabra "intolerancia", palabra que aplica a simples peleas de barrio de hoy día y a los enfrentamientos de fanáticos de las canchas deportivas y eso hasta puede aceptarse, pero siempre y cuando no se olvide que la intolerancia religiosa terminaba en verdaderas masacres que hoy permanecen escondidas, como si quisieran ser calladas o convertidas en silencio público.
Pues gran parte de la política actual recurre a las falacias, es decir, a los argumentos falsos, porque se basan en razones que suelen ser prejuicios políticos o religiosos o racistas al tachar al rival de godo, comunista, “negro”, “judío” o “turco” o, en fin, acusándole de tener alguna tendencia sexual, política o moral odiada por motivos políticos o religiosos, cuando incluso el Papa Francisco ha sostenido que nadie puede ser acusado por tener una tendencia, sino por sus actos.
Por eso, tan necesarias como la defensa de un espacio público libre por Hanna Arendt son las ideas políticas desarrolladas por otras dos mujeres brillantes que sufrieron las consecuencias de las guerras mundiales del siglo pasado, en primer lugar, la francesa de origen judío Simone Weil, convertida en "migrante" a la fuerza, al haber tenido que huir hacia Londres, cuando el régimen colaborador de los Nazis de Pétain se convirtió en la autoridad superior en la que luego será llamada: “Francia combatiente”.
Por otro lado, también se convirtió forzosamente en "migrante" otra pensadora de origen judío, Judith Shklar, al verse obligada a trasladarse desde Riga a los Estados Unidos donde se convirtió en una brillante profesora de la Universidad de Harvard.
A pesar de ser muy diferentes en formación y pensamiento (Weil, aunque estudiosa de la concepción de la ciencia de Descartes y matemática, llegó a ser mística y guerrera participante de la Guerra Civil española, mientras que Judith era una científica de la política) tenían en común basar su pensamiento político en el rechazo de la crueldad, lo que las llevó a considerar la importancia de las víctimas cuando se trata de la ciencia de la política.
Según Judith, el liberalismo no era una defensa romántica de la libertad, como creemos muchos hoy, sino que "surgió como reacción a las crueldades" (1) de las guerras religiosas de los siglos XVI y XVII que afectaron más duramente a la gente pobre y al buscar y defender la tolerancia no lo hace por favorecer a los más ricos y poderosos, sino precisamente a los campesinos que sufrieron la persecución, el desplazamiento y el trato inhumano de los poderosos.
Ahora bien, volviendo a la situación actual entre nosotros, la importancia del tema de la crueldad en política, aunque está fuera de los límites de un artículo como éste, se puede notar al leer informes como el del investigador de los conflictos Oliver Kaplan (2) sobre ciertos casos de lucha de civiles no armados contra la crueldad ejercida por agentes armados militares y paramilitares.
Uno de esos casos es el de la lucha de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare en Colombia, formada para acabar con la violencia que dejaba muchas víctimas en la región del Carare, en Santander, donde, a pesar de que los grupos armados de la región habían asesinado al 10% de la población y los seguían matando, se reunieron formando consejos para la concertación tanto con los grupos armados como con las autoridades.
Lo importante para Kaplan es que para dichas concertaciones esos grupos, viendo la ausencia del Estado, asumían la "autonomía civil", con base en la cual declaraban su decisión inquebrantable de permanecer fuera de la violencia con la expresa convicción y promesa de no colaborar con ninguno de los grupos armados enfrentados, aunque estos cruelmente los amenazaban con eliminarlos si no tomaban partido por ninguno de ellos. Aquí se puede ver la importancia de las tesis de Hannah Arendt sobre la importanmcia de formar consejos para discusión de los problemas de política y violencia, conversar en vez de combatir.
En otros informes diferentes del de Kaplan sin embargo, se puede ver que también algunos miembros de las fuerzas armadas los amenazaban si no colaboraban con ellos, pues decían que no colaborar equivalía a militar en uno de los grupos subversivos que se combatían entre ellos y contra el ejército de su país.
Ahí se nota que los grupos de civiles desarmados, en especial los que forman parte de las Juntas de Acción Comunal, han sido tenidos por colaboradores de los grupos subversivos sin razones suficientes y por ello han sido convertidos por sus enemigos armados y por algunos agentes del estado en víctimas de la calumnia y de la maledicencia que son empleadas a menudo por fuerzas oscuras para justificar, todavía hoy, los asesinatos de líderes cívicos.
Por otro lado, el totalitarismo entre nosotros se disfraza de políticas de la seguridad contra cierta violencia en el espacio público, notable sobre todo por los crecientes ataques a piedra contra el transporte público y la inseguridad en las carreteras, de una de cuyas etapas más violentas nos salvó el expresidente Alvaro Uribe. Hay, además, un vandalismo nuevo que perjudica la protestas legítimas contra los abusos del poder o el irrespeto a los derechos humanos.
En las entrevistas públicas de emisoras de ciertas ciudades del Caribe el público se queja de la absoluta inoperancia de la fuerza pública, comenzado por la ausencia total de vigilancia en los sitios peligrosos y por defectos curiosos, por ejemplo su desaparición de las calles cuando llueve, a pesar de que saben que las pandillas juveniles salen más a menudo a combatirse cuando llueve.
Ahora bien las pandillas no siempre hieren con las armas: más a menudo lo hacen con la boca. En efecto, tanto los armados como los desarmados, sin disparar un tiro tratan de "matar" al ofender de palabra a los rivales de tal modo que aunque el agravio esté basado en una falsa idea producto de la imaginación, del engaño o de la mentira, produzca aquel tipo de desesperación que Weil llamaba la "desgracia", capaz de impulsar al suicidio a los que llegan a sentirse como "muertos en vida", por la falta del reconocimiento del valor de su persona y del valor particular de la diversidad de su cultura (3) o de su modo de pensar.
En nuestras ciudades los mismos que asumen conductas violentas contra sus vecinos interrumpen su tranquilidad con altos volúmenes de los equipos de sonido o echándoles los perros cuando pasan, o arrojando a las calles excrementos y orinas, sin que nadie diga nada.
(1) Judith Shklar. Los rostros de la Injusticia. Trad, de Alicia García Ruiz. Barcelona, Herder, 2013
(2) Oliver Kaplan RESISTIR LA GUERRA O cómo se protegen a sí mismas las comunidades. México, F.C.E.2020
(3) Alfred Honneth ha señalado que además del desprecio de la persona existe el desprecio de su cultura y de su forma de vida. Ver: La sociedad del desprecio, Madrid, Trotta p, 141
(It is necessary to accompany the politics
of freedom in the Caribbean with a politics against cruelty that allows the recognition of a main role for the
victims)
Gracias por compartir
ResponderEliminarInvita a reflexionar sobre la responsabilidad humana particular y nuestro papel en una historia colectiva y a la vez personal.
ResponderEliminarLa evolución de la violencia en la sociedad, dictaminada por la decadencia política y el consumismo extremo en el que vive la sociedad alentando conductas poco éticas para alcanzar objetivos vacíos, excelente artículo.
ResponderEliminarEl reflejo de nuestro estado interior enmarca una sociedad y sus conductas exteriores. encontraremos un sin fin de ideas, sin embargo llegar a un conceso como humanidad, nos permitiría vivir en condiciones de hermandad.
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