LA CIUDAD COMO FUENTE DE PAZ O COMO NIDO DE HUMILLACIÓN

Por Nayib Abdala Ripoll

En su obra sobre el derecho Natural, Ernst Bloch ha mostrado la diferencia entre dos modos de pensar el futuro, uno es el de la “utopía”, es decir, el de los grandes pensadores que, como Platón en la antigüedad y Tomás Moro en el Renacimiento, imaginaron ciudades ordenadas, cuyos habitantes se caracterizaban por  un modo pacífico de convivir.  

El otro es el camino del “derecho natural” el cual, antes que buscar la felicidad, se preocuparía por  el mutuo respeto de cada ciudadano por la dignidad del otro.  

Si los enfocáramos desde nuestros días, podríamos decir que un camino se preocupaba por asegurar el bienestar del ser humano (1), el otro se preguntaba cómo evitar que, para alcanzar el bienestar, el ser humano se viera obligado a renunciar al cuidado de su propia vida, de su salud y tuviera que convertirse en instrumento de otros más ricos o poderosos que él, renunciando de este modo a su capacidad de cuidar de sí mismo, a su autonomía y por tanto, a su dignidad.(2)  

Dado el continuo deterioro de las ciudades y del entorno del Caribe, un lugar considerado privilegiado por ser cuna de grandes artistas y escritores, este artículo sólo pretende responder de qué modo nos ha parecido que algunas muestras del arte nos han enseñado a ver la belleza y la fragilidad de la naturaleza y a comprender que la ciudad como medio ambiente es capaz tanto de dignificar como de humillar a sus habitantes.

 Ahora bien, una parte de la obra de arte de la pintora cartagenera Ruby Rumie, presentada recientemente en la N. H. Galería de Cartagena de Indias, dedicada a conmemorar la labor de la Comisión Corográfica, grandioso proyecto de estudio de la diversidad natural y cultural del país, se caracteriza por enseñar a ver la belleza de los cuerpos y los rostros humanos representativos de las diversas comunidades y culturas colombianas  combinados con los colores de las plantas y del paisaje natural de sus regiones. Los retratos allí parecen sorprender al espectador con sus miradas serenas como la naturaleza que los rodea.

Otra parte de su magistral obra, presentada en el Museo de Arte Moderno de Cartagena, con el importante título de  "la caída", palabra plena de ecos míticos o bíblicos, pero representada por la pintora como el resultado de un fenómeno desconocido, cuyo rastro ha quedado plasmado en un paisaje conformado por múltiples palomas muertas esparcidas por vastos espacios urbanos, algunos semejantes a  lugares que antaño fueron sagrados, como capillas o templos, otros, en cambio, profanos, que el arte convierte en espacios susceptibles de provocar afecciones de la subjetividad humana. 

Así, si la "poesía" (es decir, el arte en general) es uno de los espacios donde puede "aparecer el ser", según el filósofo Heidegger; la pintura y la fotografía también pueden convertirse en espacios sedes de afectos, que según el filósofo Spinoza, pueden ser fuentes de alegría de vivir. 

 En esta forma, la obra de arte se convierte en fuente de afectos, tanto del bien social como del peligro, o de la alegría y del temor, que conmueven al espectador y le transmiten, a su manera, una inquietud por la ciudad en cuanto entorno de vida, e incluso por la vida misma.

Un poco atrevidamente se puede relacionar  la escogencia por la artista de la palabra " la caída" como título de su exposición, con el hecho de que el filósofo Danilo Cruz Vélez en la Universidad de Los Andes en la década de los sesentas  explicaba que esa palabra era usada por el filósofo Martin Heidegger, justamente para caracterizar la existencia humana como un derrumbe de un proyecto de vida original y propio de la persona y, en este sentido, una "caída" (en alemán: "Schuld": culpa, deuda) en la dispersión de los asuntos banales de la vida cotidiana, impulsado por las habladurías y propagandas de los medios de comunicación, lo que lo distraía de su tarea principal de encargarse con responsabilidad del "cuidado" por el ser y por su existencia, caracterizada por su capacidad de formular la pregunta  por el ser, es decir, por el sentido de las cosas. 

Como consecuencia de ese descuido culpable, se habría producido un impulso del "nihilismo" (la sensación de que nada tiene sentido), una de cuyas ultimas manifestaciones en el urbanismo fue la aparición de ciudades diseñadas para mostrar grandes estructuras técnicas que descuidaban al caminante, como le parecía a Danilo Cruz que en aquel entonces era  Caracas, que construía grandes autopistas sin aceras.

Ahora bien, basta aprovechar la actual proliferación de videos en el Caribe (ofrecidos a veces por entidades serias, a veces por viajeros y turistas que desean compartir sus experiencias) para observar las experiencias de la humillación que sufren sus habitantes, cuando evitan salir en el trasfondo urbano de las fotografías o vídeos, por ejemplo en ciertas regiones deprimidas de Haití, tierra, por otra parte,  gloriosa por su pasado y llena de paisajes bellos inexplorados. 

Para terminar, hay casos admirables de ciudades que mantienen su hospitalidad, a pesar de haber sido invadidas por migrantes en mala situación. No hace mucho se supo que, en el Hospital universitario de Cartagena de Indias, en el Caribe colombiano, que por experiencia personal sabemos que cuenta con algunos de los mejores médicos y cirujanos de la ciudad, uno de los jóvenes médicos se interesó por el caso de un migrante nada menos que de  Marruecos, enfermo y casi en calidad de habitante de calle, que se sostenía con limosnas y mostraba una pierna en muy mal estado. El joven médico logró que sus restantes colegas se interesaran por el caso, que al parecer era tan grave que pedía amputación de la pierna.

En otro caso muy diferente, en otra ciudad del Caribe colombiano, comentado en el exterior, hace algunos años, un escándalo mostró que parecía haber cierta conexión entre la necesidad de cadáveres para la enseñanza de la medicina  y el hecho de que ciertos indigentes llamados “habitantes de calle” aparecieran muertos con disparos en la cien. En estos casos los muertos eran normalmente calificados por la gente como seres “desechables”. Este puede ser un modelo de los casos de relación entre las necesidades del espacio urbano y el “desprecio de la dignidad”.

Notas bibliográficas.  

(1) Según el filósofo Schopenhauer, la felicidad no es algo positivo, es negativa. Solo se sabe qué no es ser feliz; Si se tiene un deseo y se persigue, una vez que se lo alcanza se da uno cuenta de que no era lo que buscaba y se comienza a buscar otro. Así que el ser humano es un proceso de un continuo desear sin término (Ver su obra: El arte de insultar, traducción de Fabio Morales Madrid, Alianza, p,109 y ss. y  ver lo que dice sobre el "aspirar" sin término (en alemán: "Streben", esforzarse por alcanzar algo) en "El Mundo Como Voluntad y Representación", traducción de Ovejero y Maury, México, Porrúa, 1997, pp.136 y ss.) Sin embargo, Ernst Bloch sostiene que en tanto que voluntad de ser, la voluntad utópica no es una aspiración infinita, pues también puede ser movida por la esperanza. (El Principio Esperanza, vol. 1Madrid, Trotta,2004)

(2) Criticando a los que atentaban contra la libertad ( que según él eran los jesuitas, la Inquisición y los chinos) Schopenhauer comentó que eso condujo a convertir el "imperativo categórico" (la idea de Kant de que el fundamento de la moral era un mandato de obedecer la ley sin otra justificación que el respeto a la ley misma ) en "imperativo despótico". Para Schopenhauer eso era lo que hacían los malos maestros, a los que, con ironía, tachaba de gente que enseñaba tanto que nunca tenía tiempo para aprender. Ver "El Arte de Insultar" Ibid., p.87) Es una lástima que no pudiera reconocer la lucha actual de los jesuitas contra la violencia y por la paz.

(Cities depend on the citizens to become the source of Contempt  or Dignity)


Comentarios

Entradas populares de este blog

El perturbador del orden y la ciudadanía

Marco Aurelio: El sentido de la libertad vista como “práctica de si” o “arte de vivir”.

LA HISTORIA DE CARTAGENA CÓMO HISTORIA DEL CARIBE (SOBRE UN NUEVO LIBRO DEL HISTORIADOR ALFONSO MÚNERA)