EL FUNDAMENTO BANAL DEL VÍNCULO COMÚN

Por Nayib Abdala Ripoll

 

Para reflexionar sobre las recientes noticias del aumento de los asesinatos durante o después de las riñas en la ciudad colombiana caribeña de Cartagena y, en general, sobre el aumento de los actos de vandalismo en América Latina, sin querer meternos en el tema sicológico y social de las causas, tema que tiene sus expertos y un saber que merece respeto por parte de nosotros, los legos, nos parece que pueden ser de utilidad algunas consideraciones sobre la vida en común que se encuentran en la experiencia acumulada por el arte, la religión y la historia, y que muestran lo frágiles que pueden ser los vínculos que unen durante algunas celebraciones, rituales o movimientos populares; vínculos que mueven a las gentes a juntarse con otras o a imitar sus movimientos y acciones. Tanto en el arte como en la historia se encuentran testimonios de esa contingencia o banalidad, (tomada esta palabra en su sentido común, como lo no extraordinario ni excepcional)

Así, en la literatura, en un anterior artículo hemos recalcado de qué forma se unen los vínculos de la risa y el llanto durante el encuentro entre varios vecinos en el que se pasa fácilmente de la una al otro, como en el capítulo de las fiestas de los "quisquillosos" de la obra “Gargantúa y Pantagruel” del escritor francés del siglo XVI Francois Rabelais. 

Su tendencia a fomentar la risa popular hace que Rabelais describa al pueblo de los "quisquillosos" como caracterizados por celebrar sus fiestas invitando a los visitantes de otros pueblos a darles grandes golpizas, es decir que se pasaba de la celebración y de la risa a las palizas y la "violencia", aunque en una atmósfera carnavalesca. 

Casi de la misma forma, en ciertas noticias cotidianas sobre riñas en algunas ciudades caribeñas, se relata cómo lo que comenzó con festejos y risas se convierte de pronto en duelo y en llanto.

Ahora bien, en filosofía, los vínculos comunes se piensan de modo diferente. Aristóteles  observa todos los procesos como algo que conduce a un fin y por eso prefiere enfocar la comunidad como un grupo de cercanos amigos que dialogan en busca de lo bueno  en común; en cambio Kant prefiere enfocarlos como ciudadanos unidos paradójicamente por el distanciamiento que produce el respeto a la ley y  como seres que se merecen mutuo respeto en el trato común. 

Spinoza, guardando su distancia de ambos enfoques, habría preferido enfocar el tema como la imitación que hacemos de ciertos afectos que apreciamos por su aporte a la conservación de la vida  

Parece que quiere navegar en aguas más profundas, como si  buscara otra raíz oculta de lo que nos hace salir de nuestros caparazones de protección y nos aproxima a los demás; algo que  vemos hoy en nuestras calles en la forma como todos los jóvenes se parecen porque imitan la pequeña barba del último galán de cine, o en como muchas damas se parecen porque imitan la moda de la actriz principal de la última novela, o porque muchos deportistas usan los mismos peinados, camisas y pantalones de los campeones de su deporte favorito o cómo muchos militares imitan la actitud del nuevo general que desprecia a los ateos y obliga a repetir a cada rato la consigna: ¡Dios y Patria!  

Pero hay más. Spinoza se parece a la tradición kantiana en su rechazo del excesivo acercamiento de los ciudadanos como "amigos" que está detrás del enfoque aristotélico de la deliberación en común por medio de  la retórica o arte de la discusión y de la deliberación, pues opone la geometría, como modelo del verdadero saber, a la retórica. 

Además, desde cuando se pusieron de moda las recientes manifestaciones de protesta contra gobiernos latinoamericanos, lo que muchos quieren decir con palabras como “bandas” o “vandalismo”, todo eso se puede buscar en sus estratos más banales como producto de la imitación de los afectos de los demás. 

Es por eso que Spinoza, según dice uno de sus grandes intérpretes, parece que  se situara en un punto anterior a la división entre el  “yo” y “el otro”: se trataría de un cierto lugar donde el aprecio egoísta del yo y el buen aprecio altruista del otro no se han convertido en alternativa.  

De tal manera que alegrarse de la alegría que uno ocasiona a sus semejantes es como si uno se amara a sí mismo por medio del amor que ellos expresan.  

Por otro lado, el comportamiento que llamamos vandálico tendría mucho que ver con algo que hoy, en la época en que todos buscan mostrar que eligieron ropa de “marca”, en el fondo por imitación de los demás, tiende a parecernos banal, sin importancia, como al principio parece la imitación de los afectos, según Spinoza.  

Pero bien mirado, la calidad de banal parece inadecuada cuando se trata de acontecimientos de carácter trágico, como cuando estamos frente a actos que a él le tocó vivir, como el asesinato de su amigo, el jefe de Gobierno de Ámsterdam, un político de avanzada, que respetaba las ideas ajenas y la libre expresión, descuartizado por un grupo de fanáticos calvinistas que estuvieron a punto de matar al mismo Spinoza, y lo habrían logrado si sus amigos lo hubieran dejado salir con una pancarta que él mismo había elaborado contra los vándalos, con una leyenda en latín que todavía hoy se puede exponer, por su carácter combativo, contra ciertos tipos de vandalismo tan recurrentes. 

En efecto, la pancarta de Spinoza decía en latín: ULTIMI BARBARORUM, que, leído desde hoy, quería decir: “Ustedes son lo peor, la hez de lo que llamamos: “Bárbaros” tradicionalmente", es decir, los incivilizados, sin una gota de cultura en sus mentes, que vienen de afuera, del mundo sin normas para atacar lo que no conocen: la ciudad y al honor de ser ciudadano.”    


Nota Bibliográfica

1) Ver: Spinoza, Ética, parte IV “De la servidumbre humana, proposición 37: “Bonum quod homo sibi appetit et amat, constantius amabit si viderit alios idem amari” (Edición bilingüe de Trotta Madrid, Traducción y edición de Pedro Lomba 2020): "Lo que el que ama observa que tiende a ser amado por los demás lo amará aún más por esa razón". Dicho en otra forma: Se tiende a imitar los afectos de los demás, incluido el odio, en el caso de los vándalos.  

2) También en la obra de Etienne Balibar: “Spinoza Político. Lo transindividual”. Barcelona, Gedisa, 2021, al referirse a la acción humana, destaca que la "servidumbre humana" a la que Spinoza se refiere en la parte IV subraya la “impotencia humana” del que es sometido por los afectos (“afectibus obnoxius”), por ejemplo en el caso del "impotente" ( o "dominado" por afectos como el miedo o la venganza) que se caracteriza por la aceptación supersticiosa de la “imposición afectiva” y por su renuncia a desvelar qué es lo que lo mantiene sujeto a la tendencia de imitar lo que hacen los demás, sin entender, sin conocer mediante la razón lo que lo mantiene en esa esclavitud o servidumbre.

(Sometimes we tend to ignore that acts of vandalism may have their origin in the instinct or desire to imitate, as discovered by philosopher Spinoza)




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