LA EXPERIENCIA DE HABITAR LA CIUDAD FALLIDA
Por Nayib Abdala Ripoll
Al observar por medio de videos escenas de la vida cotidiana de grandes ciudades del mundo como Nueva Delhi y compararlas con las de algunas ciudades del Caribe, es posible encontrar las tres características de superpoblación, malos servicios públicos (o ausencia total del servicio público de aseo) y un tráfico excesivo y caótico, (acompañado de un ruido sordo de pitos y de alarmas, de motores y de parlantes a todo volumen, todo en medio de un "trancón" por falta de orden y autoridad del tránsito).
Sin embargo, puede que algunos espectadores busquemos razones para salvarlas del quiebre económico y defender su existencia, casi como cuando en la Biblia Moises se pone a regatear con Dios preguntándole si seguiría con su intención de destruir una cierta ciudad por pecadora en el caso de que todavía se encontraran en ella 20 justos (o solo 10 o ¡siquiera uno!).
Pues no tardamos en darnos cuenta de que en medio de aquel caos y suciedad se encuentran mujeres, rodeadas de niños que o también venden mercancías o ayudan en alguna forma a los mayores, pero que es de presumir que no están en el colegio, de tal modo que el futuro de la ciudad se oscurece, pues toda la familia está concentrada en ganar el pan de cada día, en un mercado o en una esquina de la calle bien sucios y ruidosos, al pie de ciertos caños sucios y de ciertas aguas negras.
Ahora bien, generalmente pensamos que además de las causas económicas o la herencia de la pobreza del Tercer Mundo, hay una causa cultural de la oscuridad de estos tiempos: no la que tienden a dar los que gustan de observar desde arriba, a la distancia, tapándose la nariz, acusando de desordenados o de flojos a los habitantes, o acusando a la política por lo que llaman la “ausencia del Estado”, sino la que daría el filosofo español Luis Sáez Rueda al distinguir el "habitar" una casa del mero "estar en" ella, así como los seres humanos distinguen entre el "habitar" una casa y el "estar en el estadio"(1).
Sáez Rueda, a su vez, está basado en la diferencia planteada por Heidegger entre el "estar en el mundo" que es una característica del ser humano, el cual siempre está en relación con un mundo circundante en cuyo horizonte de sentidos se le muestran las cosas, y el mero "estar en", que alude a una mera situación espacial como cuando se dice que la jarra "está en" la mesa (2).
Por otro lado, Wolfgang Heuer, al exponer la concepción de la ciudadanía en Arendt, muestra cómo ella rechaza llamar "hermanos" a los ciudadanos con base en el sentimiento de la compasión y la fraternidad, como le parece que hace Rousseau, y prefiere llamarlos "amigos" apelando a la verdadera amistad, que para ella, casi como para Aristóteles, es realmente de índole política, es decir, presta atención al mundo, el cual aparece ahora como el "entre", que instala relaciones de sentido entre los seres humanos, para que discutan la situación y busquen acuerdos(3) .
Además, según piensa Sofie Oliver 4), en estos casos hay que reconocer las prácticas de humillación que dejan las masacres, genocidios y violaciones en masa debidas a la discriminación y la exclusión social.
En efecto, las prácticas de humillación social no sólo producen menoscabo de los derechos, sino también una experiencia de marginalización de la comunidad y la “percepción dolorosa” del temor de que la propia vida deje de ser comprensible para los demás, para expresarlo en los términos de la ontología social que Judith Butler y Sara Ahmed sostienen que fundamenta las relaciones humanas. (5)
Por eso se hace necesario partir de la fenomenología de la percepción ( es decir, partir del cuerpo y no de las ideas solamente) para comprender también en qué consiste la experiencia de ser humillado, sea por los políticos y el poder, sea por el resto de los ciudadanos que viven en otras partes privilegiadas de la ciudad que ignoran la situación de los habitantes de la ciudad fallida.
Si consideramos un valioso estudio de Avishai Margalit (6), comprender la situación de la ciudad fallida implicaría considerar si se trata o no de una "sociedad decente", pues una sociedad decente evitará tener instituciones que humillen a los ciudadanos y evitará al que tiende a sustituir la política que se preocupa por el mundo, por una mera lamentación, por ejemplo por el no cumplimiento de los derechos humanos, sin notar que la gravedad de la situación consiste en que puede faltar algo más radical: "el derecho a tener derechos" del que Arendt sostiene que faltaba en los campos de concentración nazis, característica de todo totalitarismo.
Esto se puede ampliar considerando, a pesar de Arendt, por ejemplo, una situación como la que se comenta haberse dado en cierta ciudad del Caribe cuando uno de los que generalmente se tiene por un "simple limosnero", pero que todos vieron que comenzó a pedir limosna siendo niño y se fue convirtiendo en adulto en las calles de la ciudad a la vez que la enfermedad iba forzando a la amputación de sus miembros inferiores, de repente se aisló y comenzó a llorar solo durante varios días seguidos, sin que nadie se preocupara por saber por qué lloraba y sin que se pudiera atribuir el llanto a algún daño producido por otra persona. ¿Hasta qué punto puede resistir una ciudad fallida escenas como esta ateniéndose sólo a la compasión ?
(1) Luis Sáez Rueda. Ser errático. Una ontología crítica de la sociedad, Madrid, Ed. Trotta S.A. 2009. Ver en la pag. 67 la relación entre el carácter "excéntrico de la existencia" ( es decir, su capacidad para observarse a sí misma) y la precompresión en que vive el ser humano de su ser y del de los demás, antes de todo saber científico.
(2) Ibid. y Heidegger, Ser y Tiempo, ver el análisis existencial del "ser en", en los párrafos 12 - 40. México, F.C.E. 1982
3) (Wolfgang Heuer CITIZEN. Personliche Integritat und Politisches Handeln. Eine Rekonstruktion des politischen Humanismus Hannah Arendts ( Ver a partir de la página 241 cómo prefiere partir de la acción en el mundo para evitar la separación entre pensar ("Denken") y Actuar ("Handeln") Berlin Akademie Verlag 1992, pp 241 y ss.
4) Liliana Cecilia Molina y Luis Antonio Ramírez Zuluaga. Editores Académicos. ¿QUE HACER ANTE EL DAÑO QUE PRODUCE LA VIOLENCIA? Reflexiones sobre el mal moral, el resentimiento, la memoria y el perdón. Editorial Universidad de Antioquia, 2019 (ver en la pag. 105 de qué manera el examen de la humillación como fenómeno social puede ser una vía para comprender lo que llamamos la "dignidad humana"
5) Ibid.
6) Avishai Margalit, La Sociedad Decente, Ediciones Paidós, España 1997
(Living in a failed city does consist in merely being in it, without being comitted to its well being and without avoiding the possibility of suffering humillation)
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