El ser Humano como superación del subjetivismo y del solipsismo.

 Por Nayib Abdala

  

El ser humano fue pensado durante la antigüedad y parte de la Edad Media como una substancia compuesta de cuerpo y alma, pues, por herencia de los griegos, en especial de Aristóteles,  todos los seres eran concebidos como substancias o cosas que se diferenciaban por sus propiedades.  

Incluso al aparecer la filosofía moderna, cuando en el siglo XVII Descartes concibió por primera vez al ser humano como un “yo pienso”, seguía empleando la categoría de "substancia" usada por Santo Tomás de Aquino, al considerar al hombre "substancia pensante", como demostró el gran tomista francés Etienne Gilson. Pues Santo Tomás consideraba al hombre como una substancia compuesta de materia  (es decir, el cuerpo) y forma, (es decir, "el alma"). 

Ahora bien, como punto de partida, el "yo" de Descartes, era pensado como un Sub-iectum", en latín, es decir lo que está a la base de todo lo demás, y a eso se le ha llamado: "subjetivismo" porque el fundamento de todo es un sujeto, entendido, además, como un ser que permanece siempre identico, en medio de los cambios, independiente de los demás, sin relación con el otro; un yo que estaba solo consigo mismo, y por eso, visto desde el ámbito de la acción, a eso se le llama: "solipsismo".

 Pero, como en nuestros días vio el filósofo Michel Foucault, mucho antes de Descartes, en la misma Edad Antigua, cínicos y estoicos consideraron al sujeto no como algo idéntico en medio de los cambios, sino como una serie de "prácticas de sí" en relación con los demás, o un ser que se transforma a sí mismo, que deviene.

Sólo después de Descartes, con Locke y Hume, se comienza en la Modernidad , a abandonar la idea del yo como substancia y más bien se aborda el problema del Yo como una función que desempeña la mente humana.  

En el siglo XVIII, el filósofo Manuel Kant transformó el concepto de sujeto al pensarlo como una condición que hace posible el conocimiento, un "yo" que tiene que poder acompañar todas las representaciones del sujeto, al que llama: el “Yo de la apercepción trascendental”, pues se suponía que toda percepción de un objeto tenía como su fundamento otra percepción en su base, llamada apercepción, que era la percepción que todo sujeto tiene de sí mismo (el yo de Descartes) y que hacía posible todo conocimiento, por lo cual se la llamaba: "apercepción trascendental", es decir, una estructura compuesta de intuiciones y conceptos que hace posible toda experiencia. 

Todo eso cambió cuando la fenomenología existencial del siglo XX intentó dejar de pensar al ser humano como una substancia o cosa, por considerar que de esa manera se “cosificaba” o se convertía en cosa un ser más complejo e importante y se tendía a evitar considerarlo en lo que tiene de originario con respecto a los demás seres naturales. 

Así, se afirmó que el ser humano no se puede definir como los demás entes por sus “propiedades” (o "categorías"), porque cuando se pregunta "qué es el hombre?" se pregunta no por un "qué", sino un por un "quién", el cual en vez de propiedades tiene “existenciales”, es decir, modos de comportarse, como el “existencial de la decisión" o capacidad de tomar una resolución y de guiar su vida de acuerdo con sus decisiones.  

Para Schopenhauer y Nietzsche, lejos de ser un mero ser pensante, el ser humano es ante todo un ser vivo que lucha y sufre y es capaz de lo peor para alcanzar lo que quiere y no sólo piensa; para el importante representante de la fenomenología hermenéutica (es decir, el enfoque de los seres que se basa en lo que se dice de ellos ) del siglo pasado, Martín Heidegger,  el ser humano es “el ser al que le importa o incumbe su propio  ser”; dicho de otro modo, mientras que a los demás seres no les importa cómo se los conciba,  para el ser humano es crucial la forma como se comprende a sí mismo por la sencilla razón de que su ser consiste en ser capaz de preguntar por el ser.  

El filósofo Ernst Tugendhat ha dicho por eso que cuando Heidegger en su obra más importante, "Ser y Tiempo", se refiere al ser humano como aquel “al que en su ser le va su ser” (es decir, aquel al que le importa su ser, ) lo que hace es mostrar que lo caracteriza un cierto modo de comportamiento, el “comportarse consigo mismo” (en alemán: “sich zu sich verhalten”). 

Sin embargo, se ha reparado en el peligro del solipsismo. Y Heidegger tiende a ese solipsismo, pero parece que lo superara cuando observa que el ser humano es capaz de escapar de la "medianía" (es decir, el seguirse por lo que comúnmente se dice y se hace) en que se encuentra en la cotidianidad, cuando emprende la transformación de su existencia buscando ser en propiedad o "ser si mismo" al considerar la realidad a partir de la apertura a su verdadera situación, que le muestra su finitud, su estar destinado a la muerte. (Por eso Heidegger dice que su ser consiste en "Apertura" o estar abierto al mundo, a la muerte  y al ser en propiedad. 

Pues entonces nota la importancia del "cuidado", es decir de su forma de ser preocupandose de su situación y de si mismo, lo que lo puede llevar a tomar en cuenta a los demás y "procurar por" el bien de los demás, sin quitarles su autonomía, sin querer gobernarlos, pues el "procurar por" es la forma que adopta el "cuidado" cuando se ocupa del otro. 

Sin embargo, críticos como el gran  pensador judío Enmanuel Levinas consideran que Heidegger no puede superar el solipsismo por haber convertido en tema de la ontología (es decir del estudio ser de los entes) el problema del encuentro con el otro o del "procurar por" el otro, debido a que para Levinas  la relaciones con los demás sólo pueden comprenderse desde el punto de vista ético, como si la verdadera "filosofía primera", en estos casos,  fuera la ética y no la ontología que prefiere Heidegger. 

En suma, considerar el rostro del otro, segun Levinas, basta para ver que la relación con él es ética, porque el rostro lleva un mensaje ínsito que dice: "no matarás". No se refiere al ser como la ontología, sino al deber ser de la ética.



Notas bibliográficas:

1. Jesús Adrián Escudero. "Resolución y decisión", en guía de lectura de Martín Heidegger, Vol. II. Barcelona, Herder, pp 53 y ss.

2. Tugendhat, Ernst. Antropología en vez de metafísica, Barcelona, Gedisa 2008

3, Michel Foucault. "El cuidado de sí" en: El coraje de la verdad, Bs Aires, F,C,E. por 323 y ss. 

4 Levinas, Totalidad e Infinito (Ensayo sobre la totalidad. Salamanca, Ediciones Sígueme, 1977, p.111)

(The overcoming of methaphysics of subjectivity is achieved by Heidegger and Foucault through the concepts of "care" and "truth")

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