Lectura y Escritura en Medio de la Opresión

 

Por Nayib Abdala          abril 15 de 2024

 Quién fue Simone Weil ? Parece que América Latina lee hoy a esta escritora, matemática, estudiosa de la filosofía de Descartes y Spinoza y de las reflexiones sobre la economía y la historia social de Marx, además de la lucha de principios del siglo XX por la reivindicación de los derechos del trabajador y de la mujer- 

De especial interés  han gozado sus pensamientos sobre las formas de la  violencia en la etica y la política, que la condujo a reflexionar sobre lo que corrientemente se llama la "desgracia", término hoy banalizado, para entender el cual se necesita prestar "atención".

Qué significaba la actitud de "poner atención" para ella? Cuando en la escuela nos decían que había que "poner atención", nosotros arrugábamos la cara y poníamos los músculos en tensión, porque creíamos que poner atención significaba "hacer un esfuerzo", por ejemplo, con la voluntad, para tratar de ver o de entender algo que. a veces,  en el fondo no nos interesaba. 

Pero leyendo a Simone Weil uno se da cuenta de que se trata simplemente de aprender a ver, con serenidad, lo que usualmente no vemos, porque no comprendemos, como delante de un cuadro o pintura modernos o porque no suele ser agradable a primera vista a causa de prejuicios comunes. O cuando una buena pintura o una fotografía nos muestran transfigurado en algo digno de atención  lo que aparentemente es cotidiano y banal, como pasa  con las palomas caídas  o con los rostros de las palenqueras en  la pintura y la fotografía de la pintora cartagenera  Ruby Rumie 

Weil se interesaba por que pusiéramos atención al vecino que nos saluda todos los días, sin llamar la atención, del que despues de su muerte nos enteramos de que estaba solo y enfermo o de que no quería vivir  (señal por excelencia de la "desgracia"), desde cuando ofendieron a su hija delante de él y no tenía fuerzas para defenderla. 

También mostró que en la relación con Dios la atención puede demandar que el ser humano adopte la actitud de estar como "a la espera" de Dios, y uno de sus escritos se titulaba "Attente de Dieu", traducido al español como "A la espera de Dios", debido a que en francés estar a la espera de algo que viene a la presencia se expresa mediante el verbo  "atender" (attendre"). 

Pero también reflexionó sobre lo opuesto a Dios, la violencia de la guerra, a la que llamaba la “fuerza”, que es la palabra con la que nombraba lo que le parecía más importante en el gran poema de "La Ilíada", que comienza con una guerra feroz y termina con una serie de guerreros esparcidos por los mares, buscando retornar con grandes pérdidas a sus pueblos lejanos, como Ulises a su aldea Itaca, según narra "La Odisea". Si se quiere comprender como se inicia la vida en común, hay que conocer que el poder o "la fuerza" puede esclavizar a los pueblos.  

 Además no solo emigró huyendo de la conquista nazi de Francia, sino que también colaboró en la guerra civil española contra el franquismo. 

También en Hannah Arendt, la luchadora alemana contra el totalitarismo, se dio un combate parecido contra los nazis y la guerra. Y se discute en cual de las dos se compara el inicio de la historia y de la vida en común con la guerra o con la fundación de una ciudad.

Gracias a la investigadora Emilse Galvis, en su recientemente publicada obra: Simone Weil Escritura de la Gracia, la atención y materialidad (1) se puede observar que en la obra de Weil hay dos formas de escritura (de quitar el distanciamiento y buscar el encuentro con el otro): una muy sensible, desde la corporalidad  y otra espiritual, referida al encuentro con los otros, sobretodo en los casos de experiencias  que colindan con lo desgarrador y triste.

Y es que después de sus trabajos teóricos sobre la “opresión social” logra ingresar a una fábrica y vive en carne propia la tensión de lo que otros llaman explotación, en especial, lo que es cumplir un horario a destajo bajo un director técnico implacable. Galvis muestra, sin embargo, que ella, para escribir narrando lo que ha vivido, parte de una especie de umbral, en el que se une la experiencia de la “desgracia” que tuvo en la fábrica. donde sufre bajo un jefe déspota, con ciertos gestos de "gracia" (p. ej., de acogida) y ciertos bienes espirituales  (amistad, lealtad) provenientes de otros obreros que le sonríen y la ayudan.. 

Y es la escritura la que le permite ingresar en el umbral que consiste en la “mutua imbricación de la  lectura y el despliegue de una "escritura de la gracia”, que es el nombre que da a esos primeros “gestos de gracia” (1) que surgen en medio del trabajo sin piedad de la fábrica En ellos ve Weil las primeras muestras de nuevas “formas de ser en común” que pueden convertirse en nuevas formas de convivir, ética y políticamente.  

En efecto, para ella trabajar es “una forma de escritura” porque la escritura es una especie de forma de trato con el otro, pues hace surgir momentos en que los otros son  experimentados “ en su verdad y en su fragilidad”, porque, sea por sus expresiones de sufrimiento, sea por sus señales de paz, producen una especie de oasis en medio de la opresión general de la fábrica. 

Y sólo se pueden ver esos gestos de benevolencia de los otros como escritura si se enfocan como las grietas que abre el trabajador con sus herramientas espirituales y materiales al mismo tiempo, en la pesada atmósfera general de la fábrica, mediante los instantes en  que dirige miradas de comprensión o gestos de reconocimiento a los vecinos a los que percibe como seres vivos que manejan herramientas y que a pesar de la pesadez general pueden aspirar a la serenidad.

Cuando el trabajo es considerado como una forma de escribir  o  de tener un encuentro con el otro, deja de ser considerado como una simple actividad manual realizada a cambio de un pago, y no puede ser considerado como lo que Marx llamaba “trabajo enajenado” (trabajo que pierde la conexión con la humanidad del obrero y se cosifica, se vuelve cosa),  pues se convierte en un modo de “poner atención” a lo que se hace, motivo por el cual  hace surgir pequeñas rupturas en el proceso de trabajo mecánico opresivo y dominante y ocuparse aunque sea por instantes de la suerte del compañero de trabajo, lo que para Weil implica no trabajar sólo por el trabajo mismo.

Esto significa que Weil entiende la escritura de un modo diferente al usual; ya no la asume en su carácter lógico-racional solamente, sino que también desde su modo de aparición como un entramado de afectos que puede acoger o perturbar al otro  o “sobrecogerlo”  como cuando se recibe una carta con una noticia fatal, pues ya no se trata sólo de la relación entre un signo y su referencia, sino de una cadena de afectos que puede proporcionar acogida o rechazo en medio de una situación tan grave como la que Weil llama la “desgracia”, o estado del que sufre tan profundamente que es como un "muerto en vida"-

Así que la escritura puede ser para ella una manera de “habitar en la desgracia” (p.84) es decir, no un mero “estar en"  la desgracia como está  un vaso en una mesa, sino un modo de “permanecer en ella” para enfrentar el sufrimiento con ayuda de esa forma radical de escritura que ella llama la “escritura de la gracia” y que consiste en prácticas de amor y compasión con los caídos en desgracia”.

Así se ve que, como bien observa la doctora Emilse Galvis,  en el fondo de esta idea de la escritura como un modo de abrirse al otro hay un escenario ético y político, pues "habitar la desgracia" es vivir con un peso de condiciones “opresivas aplastantes y desgarradoras” y, de manera menos visible, con tristeza, soledad, silencio, sumisión, rabia silenciosa y,  en el cuerpo, envejecimiento. Así que éticamente el estado de la “desgracia” es uno de “desarraigo de la propia vida”.

Desde el punto de vista político hay aquí una pregunta sobre cómo configurar, a pesar de todo,  un “modo de existencia común” y una posibilidad política de transformación de la realidad “con base en la gracia y el amor”.

De tal manera que hay una “experiencia” que consiste en “contemplar la desgracia en la fábrica con la mirada de la atención. Es una experiencia diferente de lo que se llama experiencia (intuición) en el mundo cotidiano, en el cual la realidad  es lo que vemos y percibimos como meras  cosas sensibles, no como productos de las artes y del trabajo que hacemos en compañía con el otro, es decir la simple materia sin ser comprendida mediante el trabajo y el estudio, y por tanto no es la verdadera realidad. La verdadera realidad no se capta si no hay un encuentro entre el pensamiento y el mundo que transforma al pensamiento y para comprender qué es el trabajo hay que comprender qué es lo real, pero con base en experiencias como las que tuvo Weil en la fábrica.

Así que Weil suprime la primacía del raciocinio sobre la experiencia. La autora trae una cita realmente impresionante al respecto:

“cuando se tienen ciertas imágenes clavadas en el alma, en el corazón y en la misma carne, se comprende, se comprende todo enseguida. Solo se tienen que dejar fluir los recuerdos” (2)

Esta primacía de la experiencia le permite a Weil observar los desarrollos de Marx con escepticismo, según la doctora Galvis, pues, aunque acepta que Marx descubre las relaciones entre las "relaciones de producción" y las fuerzas productivas, rechaza el hecho de que traiciona su concepción del sujeto cuando concibe la emancipación no como un proceso en los sujetos mismos, sino en las relaciones de producción.

Notas bibliográficas

  1. Emilia Galvis, Escritura de la gracia, atención y materialidad. Bogotá Universidad de los Andes. Facultad de Ciencias Sociales. Departamento de Filosofía Ediciones Uniandes p. 36- 55
  2. Ibid., p 84

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