Comprensión, decisión y acción (¿Qué significa actuar con sentido?)

 

Por Nayib Abdala   

Noviembre de 2024

 

Junto con la filosofía moderna entró a América Latina y a España a principios del siglo XX la llamada “ética de los valores” de Max Scheler  que mereció densos comentarios de Ortega y Gasset y de muchos autores hispanoamericanos, que se dedicaban a discutir la teoría de los valores que traía aparejada dicha ética, (1) entendiendo por valores los correlatos de ciertos tipos de actos de preferencia de lo que es bello o bueno o digno de ser seleccionado antes que otra cosa. Otra forma de entenderlos es trarar de observar conductas axiológicas o actos de valoración intercambiados mutuamente por ejemplo, cuando cada mañana las personas se desean unas a otras  que "se encuentren bien", palabras que en vez de cerrar el encuentro con el otro, lo abren. 

Como entre nosotros advirtió el profesor de hermenéutica de la Universidad de los Andes Carlos B. Gutiérrez, la concepción de la percepción de Max Scheler la veía no como los conductistas que la reducían a la captación de datos neutros de los sentidos, sino como un proceso de encuentro cargado de afectos y sentimientos  con otros seres humanos que abre el mundo como un escenario grato o ingrato, lo que se confirma cuando se observa que el  filósofo Martin Heidegger, amigo de Scheler, sostenía que el yo que percibe los valores  según Scheler no es sólo un sujeto pensante como el Yo de Descartes, sino un yo en el que se  unen la comprensión  y el  "estado de ánimo",  expresión con la que se traduce  al español la palabra alemana "befindlichkeit", del verbo "sich befinden": "encontrarse"). Para entender  o comprender bien un mensaje uno necesita "encontrarse en" o estar en un estado de ánimo receptivo. 

Según dice Scheler  en su libro "Esencia y Formas de la Simpatía", el ser humano siente diariamente una alternación constante entre una tendencia a "abrirse" y otra a "cerrarse" a los demás y entre el sentimiento de una capacidad de acoger a todos y una tendencia, por el contrario, a encerrarse en sí mismo, y puede suceder que de pronto, tras largos días de oscuridad en los que  ni el más grande padecimiento logra hacer que el ser humano salga de su "ciego mundo interior", gracias a  una nueva y positiva situación sentimental, "se abra" la mente durante largas semanas a las alegrías y tristezas de la vida y pase como cuando en un lugar oscuro se enciende de pronto "una luz deslumbrante que inunda el mundo" (2)

Heidegger, a su vez, caracterizaba al ser humano como un “ser en el mundo”, entendiendo por mundo no la totalidad de las cosas, sino la totalidad de lo que tiene sentido. es decir, que el ser humano, por ser capaz de usar un lenguaje tiene la capacidad de entrar en una relación intencional con los seres que nombra y con los que habla, entendiendo por “intencional” la característica de las palabras o signos de referirse a un determinado aspecto de una cosa antes que a otro, gracias a su capacidad de  portar un sentido, a diferencia de las relaciones no intencionales como las que se dan entre dos seres humanos que en lugar de hablar o de procurar llegar a un acuerdo se pegan o hieren (3).

Otro tema importante  que Scheler escudriñó fue el de la pregunta por la naturaleza de la acción humana, la que entiende como la realización de valores y deduce que la acción buena es la que tiene en cuenta que hay una escala de valores, algunos  de tipo espiritual, como la verdad y la justicia y otros de tipo sensible como el goce de los sentidos, de tal modo que actúa bien quien al actuar prefiere realizar valores espirituales a valores sensibles y actúa moralmente mal quien prefiere realizar valores sensibles en lugar de valores espirituales.

Esta es la base de una ética que gustó a ciertas mentes religiosas incluida la respetable del Papa Juan Pablo II, quien la apreciaba porque para Scheler, en su "tabla de valores", el valor superior o fundamental, sobre el cual se alza toda ética es el amor y dedicó a este tema algunos de sus escritos más importantes; sin embargo, en el período entre las dos guerras mundiales, cuando Alemania, durante la llamada “República de Weimar” sufrió una gran crisis económica y las costumbres se pervirtieron hasta el punto de que en novelas que se refieren a esa época como la  novela "FABIAN" del pacifista Erich Kaetsner (la cual sería quemada por los Nazis en 1933) había episodios en los que se notaba que prostitutas y borrachos abundaban por las mañanas en las calles de Berlin mientras se enfrentaban "a plomo" militares y subversivos o bandidos y por eso  parecía que la ética de Scheler no sería capaz de aportar guías para la acción, según el filósofo Hans G. Gadamer, porque, nadie antes de actuar se toma el trabajo de consultar una tabla de valores.   

Fue en esa atmósfera, después de la toma del poder por los nazis, cuando se realizaron especies de “experimentos” nazis de transformar mediante “terapias sicológicas”, delincuentes o vagos o enfermos mentales en una especie de esclavos al servicio del poder. Debemos a la obra: "El hombre en busca del sentido," de un gran sicólogo que presenció algunas de dichas prácticas, el doctor Viktor Frankl, la crítica teórica y el rechazo de los experimentos nazis que consistían en ordenar a grupos de prisioneros trasladar piedras de un lado de un galpón al lado opuesto y luego ordenarles la misma acción en sentido contrario innumerables veces. Eso hacía que algunos prisioneros perdieran la razón (4).  

Heidegger  no escribió una ética, porque para él su concepción de la existencia humana llevaba ya de por sí  implícita una especie de saber práctico de  dirección del sentido de la existencia que  mostrara que lo que estaba en juego en las cuestiones llamadas morales era una firme resolución (“Entschlossenheit” en alemán, literalmente, decisión "sin condiciones", si me atrevo a traducir lo que parece intraducible a los que saben,) que abriera al ser humano su vida como una totalidad conformada por un conjunto de posibilidades entre las que tenía que elegir, la más importante de las cuales era la muerte

En cambio el ser humano, según su enfoque, la mayor parte del tiempo existía en el "modo  impropio" de existencia, es decir,  se caracterizaba por un carácter irresoluto, que lo mantenía de un capricho en otro,  o como lo que Kierkergaard  habría llamado: el "estadio estético de la existencia", en el cual el ser humano va de la búsqueda de un placer al otro, como un chupaflor.

 Ahora bien, se puede notar que en Heidegger hay una tendencia a dar como fundamento de las acciones no las razones que habría exigido una ética como las de Sócrates, Aristóteles y Santo Tomás, ni una escala de valores, como la de Scheler, sino que para él parecía como si el ser humano pudiera basar el sentido de su existencia en una decisión individual que conformaría la raíz de su existencia moral.

Y hoy sabemos que también en aquel entonces, en el campo de la política y del derecho algunos políticos coincidían en lo que hoy se llama “decisionismo”, es decir, que en política no es el pueblo el que, con base en razones  o en opiniones políticas, participa en la dirección democrática del Estado, sino el soberano absoluto (sea un dictador o un monarca absoluto), el cual tendria la misión de decidir el "estado de excepción"  (es decir la suspensión de todo derecho), cuando lo creyera necesario, en el sentido de que lo que vale es la decisión que se tome, no las razones en que se basa dicha decisión, pues el estado de excepción hace innecesaria la fundamentación  de las determinaciones y no se tiene que dar razones de las órdenes o de las normas que se proponen para mantener la justicia o la paz, (“los valores” de Scheler).

 Así que también Heidegger, en su obra "Ser y Tiempo", de modo semejante al de los decisionistas, creyó necesario partir de la necesidad de reemplazar las razones de la acción por la decisión. El paralelo con la actitud de los dictadores y fascistas es muy llamativo, pero a Heidegger lo que lo motivaba era su concepción del pensar como la capacidad de decidir plantear una pregunta fundamental, como el mismo Platón, según él,  inauguró un modo emblemático de filosofar al plantear el inicio de la filosofía como el acto de decidir  plantear  la pregunta por el significado de la palabra ser, así que el pensamiento comienza no con una afirmación o un juicio, sino con una pregunta.  

Nazismo y fascismo son en el fondo partidarios del decisionismo en moral y en política, pero como ha mostrado el profesor Ernst Tugendhat en su importantísima crítica a Heidegger (5), desde Sócrates y Aristóteles se ha visto que el ser humano para actuar correctamente necesita basarse en razones que se puedan discutir libremente y eso es así desde los griegos y la disciplina griega de la retórica, el arte de basar las propuestas morales o políticas en razones.

 Ahora bien, en el mundo contemporáneo, el mismo filósofo Heidegger dirá que la decisión es un “existencial”, palabra que usa para distinguir las cualidades de los seres humanos de las cualidades de las cosas, pues un “existencial” se refiere no a una cualidad como alto o bajo sino a un modo de ser como “propio” (cuando el ser humano  se preocupa por su ser) o “impropio” (cuando se distrae de lo más importante que es el cuidado de su ser).

 De esta manera, según Heidegger, el ser humano, en la vida cotidiana se comporta de un modo impropio, pues para estar bien con las mayorías aparenta estar de acuerdo con  lo que hacen y dicen los demás, y por esa razón, cuando por algún acontecimiento extraordinario se da cuenta de que su vida es una falsedad, vive con desconfianza y en  un estado de ánimo que, según Heidegger,  es el de la angustia de sentirse culpable o en deuda con su más propio modo de ser, y, si nos atenemos a lo que pasa en nuestros días, también se encontraría guiado no por la verdad, sino  por las ideas que tienen más seguidores en las redes sociales y por haber imitado las ideas y acciones que parecen tener más “éxito” según los “Influencers”.  

Al final de su vida, pues, puede que se encuentre en la situación conmovedora de que aquello a lo que dio más importancia, por lo cual pasó muchos trabajos y se ganó muchos enemigos sin querer, no contribuyó a fin de cuentas a hacer realmente grato el paso por el mundo ni para sí mismo, ni para los demás, y más bien le impidió compartir con su familia y con los demás   los momentos y los sentimientos que dan sentido a las cargas que soportan los seres humanos.

  

Notas Bibliográficas

(1)  Max Scheler, El Formalismo en la Ética y la Ética Material de los Valores, Buenos Aires, Losada, 1943 

(2) Max Scheler, Esencia y Formas de la Simpatía, Salamanca, Ediciones Sígueme, 2005, p. 90 y ss

(3) También el sicólogo Viktor Frankl distingue el "encuentro" de amistad o de amor entre dos personas, por su carácter intencional, de la relación de agresividad entre ellas  porque para él el amor y el odio suponen relaciones intencionales, mediadas por la palabra, a diferencia de las relaciones de agresividad, que no son relaciones de verdad.  .

 (4) Viktor Frankl. “¿Es humanista la psicología humanista?”

(5)  Ernst Tugendhat, trata del tema en su obra no traducida al español sobre el concepto de verdad en Heidegger, pero también en varios ensayos, entre otros el que se titula: Ser, Verdad, Acción. Ensayos filosóficos, Barcelona, Gedisa, 1992.

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