Poder, Conciencia y Democracia

 Poder, Conciencia y Democracia

Por Nayib Abdala

Todos sabemos que el poder es un   fenómeno   histórico, pero dudamos si nos dicen que la conciencia también lo es, pues si nos va bien, tendemos a creer que lo que se sabe sobre la solidez y la calidad de nuestras creencias y costumbres no sólo siempre ha sido igual, sino que también siempre será así.

Sin embargo a veces los acontecimientos inesperados como los golpes de Estado y los llamados "robos" de las elecciones  hacen que quienes piensan así se den cuenta de que ignoran que la conciencia está en interacción con el poder, y que en general se supone que en los países libres las conciencias sólo pueden entrar en relaciones fructíferas bajo el concurso de instituciones sólidas del poder como el voto libre y la institución de la democracia, bajo cuyo apoyo interactúan las conciencias de gobernantes y gobernados.

En efecto, sólo gracias al antropólogo e historiador de Grecia, Jean Pierre Vernant supimos que en esa llamada "cuna de la democracia" no siempre la democracia fue considerada  el mejor régimen, como parece haberlo sido bajo la Atenas de Pericles en el siglo V a. C, sino que por mucho tiempo  hubo grupos "democraticos" que eran   temidos por tratarse de  invasores de ciudades, hasta cuando hubo reacciones verdaderamente políticas como las reformas de Clístenes en Atenas, el cual acabó con los enfrentamientos entre pueblos divididos por sus diferentes culturas y herencias ancestrales derivadas de sus diferentes  regiones que los colocaba en las costas o en las montañas y por eso no se sentían unidos, hasta cuando  justamente Clístenes consideró que lo que podía mantener realmente unidos a esos grupos en conflicto  no eran sus creencias ancestrales ni sus costumbres derivadas de sus diferentes regiones y formas de vida, sino unas instituciones como la de la ciudadanía o la "isonomía",  el igual derecho a hacer uso de la palabra ante la reunión de los ciudadanos . 

Así, por más diferencias que tuvieran las  tribus de las montañas con las de las costas, por primera vez se podía observar que una institución como la ciudadanía podía no unirlas sino permitirles inter cambiar razones  en una especie de esfera pública  gracias a que les otorgaba la "isonomía" o la igualdad de voz y voto en la nueva institución de la asamblea de los ciudadanos donde eran expuestos los problemas comunes. 

En nuestros días hemos visto que en Italia ilustres juristas han llamado la atención sobre el papel que juegan las constituciones para dar sentido a la vida en común de los ciudadanos y han expresado lo que hoy puede mantener unidos a pueblos de culturas y creencias muy diferentes con lo que han llamado, usando un lenguaje parecido al del gran filósofo del derecho después de la Ilustración, Jorge Guillermo Federico  Hegel: el "espíritu constitucional de un país", que es lo que hace que en Italia, por ejemplo,  después de largos años de disputa y división los pueblos aceptaran abolir la pena de muerte, tan pronto se acordó eso en la constitución después de interminables debates. Y sin embargo hay quejas de que en países avanzados como Estados unidos no se respete del todo  la constitución

Hoy, cada vez más se tiende a creer que una política seria exige cumplir  además de con las actividades del voto y de los partidos, con el compromiso de   velar por el cumplimiento de la constitución, es decir,  si está vigente la constitución que permite el enfrentamiento pacifico de varios partidos políticos  realmente representativos de las tendencias políticas reales y opuestas,  pues si falta esa confrontación real, existe el peligro de que se trate de  meras representaciones de valor mágico, como las fórmulas que repiten los brujos para que los pueblos primitivos sigan sus directrices no basados en razones sino en el miedo y la superstición.

En Colombia, en la década de los sesentas el fundador de la Universidad de los Andes, Mario Laserna, afirmaba que las instituciones políticas entre nosotros funcionaban como si tuvieran valor mágico, con lo cual parecía querer recordar que, si bien es cierto que verdad y poder alguna vez tuvieron orígenes e interpretaciones míticos, ya era hora de que se interpretaran bajo los nuevos valores democráticos.

Y ningún momento mejor que el actual para preguntar qué quería decir Mario Laserna, pues acaba de pasar el año en que  se conmemoró el nacimiento del gran pensador Inmanuel Kant considerado como el defensor de la Razón universal cuyo nombre se acostumbra a considerar junto con el gran momento histórico de la Ilustración o del siglo de las Luces, es decir, el siglo XVIII, siglo de la Revolución Francesa y de la Enciclopedia, época que generalmente se llama la “época de la Razón” como opuesta al mito y a la superstición.

Eso es lo acostumbrado, pero hoy tenemos la fortuna de que otro gran pensador francés, Michel Foucault, en una conferencia que dictó en la Sociedad Francesa de Filosofía en mayo de 1978 con el título de “¿Qué es la crítica?” inauguró una nueva forma de considerar el significado de la Ilustración. 

En efecto, él sostenía que lo que, al respecto de la Ilustración, valía la pena indagar era qué significaba lo que queriamos decir con la tan mencionada y anhelada pregunta por la  “actitud crítica”, pregunta que según él renace siempre y que puede  alguna vez reemplazar a la pregunta por cómo será la “filosofía por venir”, pues preguntar lo que significa hoy adoptar una  “actitud crítica” ante un asunto es preguntar por algo que en el fondo siempre buscamos con la buena política: "cierta forma de relación con lo que existe, con lo que sabemos, con lo que hacemos, con la sociedad y con los otros” (1).  

En general adoptar una actitud crítica es como proponerse actuar “bajo un imperativo de excluir los errores” y por eso hablar de la crítica es como hablar de la virtud en general. Pues al hablar de adoptar actitud crítica debemos según Foucault recordar lo que pasaba  en  sus comienzos, cuando en el campo de la pastoral cristiana medieval que ejercía el arte de examinar la conciencia de los fieles para dirigirlos a buscar el mejor camino para su salvación se fue formando un "arte de gobernar" y los religiosos dirigían o gobernaban  así la conciencia de aquellos que tenían lazos de obediencia con ellos. (la palabra gobernar, en su origen griego, designaba la dirección del timón de un barco o "kibernao", de donde también procede la palabra "cibernética")

Uno se pregunta si  cuando Foucault dice que se trata de un arte de dirigir la conciencia, en el fondo  supone que hay un "sentido" (una meta a la que dirigir la conciencia y su acción).  

Y entonces encontramos que en realidad él dice que  al lado de la verdad entendida como dogma en los casos de la dirección de las conciencias de raigambre religiosa, en otros casos la verdad  se entendió como cierto saber individualizante o aplicable a cada persona en particular, lo que permitía que se fuera formando una verdad que incluye unas técnicas de reflexión sobre cada caso, y exige confesiones y  preceptos. 

Se creó  así una serie de artes de la conciencia (“ars conscientiae”) o artes de gobernar las conciencias que a partir del siglo XV se convirtieron en laicas, es decir se practicaban en la sociedad civil ya fuera de la religión y se fueron multiplicando junto con  las artes de gobernar,  las artes pedagógicas y las artes políticas

Cuando no se quiere ser gobernado a la fuerza por otro  es entonces necesario  aceptar las directrices de las autoridades como verdaderas o aceptar lo que una autoridad dice sólo si también el individuo acepta como buenas las razones en que la autoridad se basa.

Así, parece decir Foucault, la actitud crítica supone que “el poder, la verdad y el sujeto están bajo un haz de relaciones” (2) el cual, de ser ignorado, hace que  el arte de gobernar se convierta en tarea difícil, si no imposible.

 

(1) Michel Foucault Sobre la Ilustración, Madrid, Tecnos, 2007, p. 7

(2)  Ibid.,p.8

Comentarios

Entradas populares de este blog

El perturbador del orden y la ciudadanía

Marco Aurelio: El sentido de la libertad vista como “práctica de si” o “arte de vivir”.

LA HISTORIA DE CARTAGENA CÓMO HISTORIA DEL CARIBE (SOBRE UN NUEVO LIBRO DEL HISTORIADOR ALFONSO MÚNERA)