El atrevimiento de decir la verdad. Nietzsche y los estoicos

 

Por Nayib Abdala

Con motivo del rescate contemporáneo  de la filosofía estoica, se volvió a usar en español la palabra: “probidad”,   en lugar de “verdad” y si preguntamos por qué, encontraremos que según los estudios de Lemn dedicados al vitalismo de  Nietzsche (1), el aforismo 230 de la obra “Más allá del bien y del mal” parece sugerir que “probidad”, vocablo que proviene del latín “probus” y en español,“probo” se refiere  al que se esfuerza por sostener lo verdadero aunque le cueste un sacrificio o una contrariedad y en ese sentido también  es “íntegro” y valiente o mejor, tiene “voluntad de poder” para usar el concepto de Nietzsche.

Lemn se ocupa de cómo no sólo Kant con su idealismo se planteó la pregunta “¡Qué es el hombre?”, sino también Nietzsche con su vitalismo y por eso a Foucault le pareció importante constatar, además, que para este último el hombre es ante todo un ser de la naturaleza en contra de lo que concebía como una “ilusión antropológica de las ciencias humanas”, que parecían soñar con colocarlo por encima o más allá de la naturaleza. Lo que hizo decir a Nietzsche que contemplaban al hombre en relación con la naturaleza como un imperio dentro del imperio.

 Y precisamente encontró que lo que diferencia al “homo natura” de Nietzsche de las ilusiones de las ciencias humanas es que él tiene en cuenta la virtud intelectual de la probidad”, que se refiere a la honradez o carácter probo, como el que tiene la virtud de decir la verdad con coraje contra la tendencia a engañarse sobre su situación.

Debido a que Michel Foucault rescató la filosofía estoica de los usos regulares, para él estancados, del vocabulario estoico, gracias a haber asistido a las clases del profesor Hadot sobre filosofía antigua y observar cómo este recobraba el carácter de ejercicios espirituales o mentales de las practicas que los maestros estoicos ordenaban para recobrar la calma, extinguir los miedos y acabar con la angustia de sus discípulos, llegó a pensar que el aforismo 230 de “Más allá del bien y del mal” sugiere que la concepción de Nietzsche del “nuevo coraje” puede haberse inspirado en los antiguos cínicos y en su concepción del ser humano no truculento ni engañoso que desprecia la retórica de los sofistas y se convierte en un ser natural, honesto y franco, dispuesto a acoger como una tarea la clarificación continua de su naturaleza.

La actual renovación del estudio filosófico de los estoicos no ha logrado opacar el estudio de una figura importante del pensamiento antiguo. Se trata de Sócrates. Ahora bien Foucault fue el que llamó la atención acerca de la necesidad de enfocar los estudios sobre los estoicos y los cínicos como relacionados con la tradición y la herencia de Sócrates, la cual  sólo resulta accesible en la actualidad sin cometer ningún anacronismo, si se parte del pensamiento del gran fundador de la ética moderna, Manuel Kant y en especial de lo que Foucault llama en Kant su gran aporte, es decir, la “actitud crítica”, entendida como una racionalidad que vuelve a poner en cuestión toda receta teórica nueva, todo enfoque  o paradigma que pretenda decir la verdad.

Sin embargo, este llamado al coraje no ha encontrado entre nosotros respuesta, pues cada vez más vemos cómo los ciudadanos han caido en una especie de sueño que les hace creer en la verdad de las tendencias políticas actuales a pesar de su cinismo y de la desvergüenza con la que tratan de esconder sus fallas. 

Además, parecen ignorar  la rapiña, la crueldad imperante en las relaciones cívicas y el irrespeto y total desconocimiento de los derechos de la ciudadanía originarios tanto de la democracia ateniense como de la Revolución Francesa. Así, cuando un importante historiador cartagenero me mostraba un artículo de Rafael Núñez sobre la innovación introducida por Pestalozzi en la educación moderna, incluido en su obra “La Reforma Política”, pensé que que se trataba de  un caso de extraordinaria convergencia del gran pensador político del siglo XIX colombiano con uno de los temas de investigación de la actualidad, por su talante levemente crítico.

Y es cierto que ya la lectura de uno de los diálogos menores de Platón como el que trata sobre la virtud de la valentía, da la impresión de ser una muestra de cómo la crítica racional puede derrumbar todos los preconceptos y prejuicios que tienen los ricos dueños de caballos atenienses sobre el arte militar de la caballería y usos de la caballería que salen a relucir en el diálogo “Laques”, cuyo tema de pronto se nos vuelve importante, por tratarse de una discusión sobre la educación, pues los padres discuten acerca de cuál es la mejor forma de enseñar equitación.

Para, a partir de ahí, llegar a nuestras discusiones actuales sobre la historia de la educación, se puede, guiados por Claude Lefort (en “el arte de escribir y la política”) partir de la idea de que el origen de Europa como “civilización de la libertad” está en las ciudades, aunque también en los estudios fenomenológicos de la política por Jan Patocka nos hemos referido en un artículo anterior a su idea de que la historia como tal y la fenomenología de la libertad sólo pueden originarse cuando se forma la ciudad estado, tras la decadencia de las teocracias. De ahí que ante la confusión política actual valga la pena elegir políticos de honda índole  cívica, como los del humanismo cívico del Re.nacimiento y los líderes de la Revolución francesa

(1)   Rosselló, Diego. (2011). Vanessa Lemm. La filosofía animal de Nietzsche. Cultura, política y animalidad del ser humano. Revista de filosofía67, 309-312. https://dx.doi.org/10.4067/S0718-43602011000100023

(2)   Lefort .Claude (1990), pp 50 ss.

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