Imperio y verdad. Sobre la obra “Venecia salvada” de Simone Weil

 

Por Nayib Abdala

Cartagena, diciembre de 2025

Leyendo una obra de teatro con espíritu renacentista como la escrita por la brillante matemática y profunda pensadora sobre la estética, la moral política y la religión, Simone Weil, muerta en 1943  a los 34 años, después de haber considerado como obligación trasladarse de su país, Francia, a España para defender a los ciudadanos partidarios de la idea de República en la Guerra Civil, uno se pregunta si es verdad lo que pasa en el momento actual en el que líderes antidemócratas y populistas se declaran por encima de la obligación de consultar al senado o a la misma ley cuando supuestamente van a defender sus naciones del colapso de la economía y de la política mundiales Cada vez más notamos que en la red se destaca la preocupación de Weil por la violencia social y por la opresión de las mujeres y de los obreros, pero lo que más sorprende es que a pesar de su gran cultura científica y humanística, su pensamiento sorprende por una especie de énfasis en lo fundamental, que para ella no son lo que la gente persigue desesperadamente y que llama sus "derechos", sino lo que ella llamaba la necesidad, aludiendo tanto a los deberes para con su país como a los compromisos de ayudar a los que sufren, a la base de los cuales consideraba las necesidades de “poner atención” y de “echar raíces” y para los que nos preguntamos si nos sirven algunos de sus pensamientos para pensar la crisis actual de la ciudad, del vivir en la ciudad y de si tiene algún sentido vivir entre esos a veces  meros nidos de basura y de escombros llenos de ruido, de ladrones, de peligros de robo y atracos constantes por donde parece que hay competencia permanente de velocidad de motos y carros tan abundantes que están literalmente tomándose las aceras, último refugio del ciudadano de a pie. Weil atrae por su capacidad de tocar lo elemental de la vida humana, el trabajo y la paz social y de enfrentarlos a partir de esa necesidad de echar raíces y de lo que llama  poner “atención” a lo que hay de “sagrado” en las personas, es decir, a lo que los altos porcentajes de robos atracos y accidentes de tránsito hacen pensar que se ha perdido el sentido de los que es vivir en comunidad y en un total olvido de los que se suele llamar la herencia cultural de Occidente, la democracia, la libertad y la justicia. Por tal motivo dedicaremos a partir de hoy abordar lo que Simone Weil enseñó sobre la vida en común y el sentido de las instituciones cívicas, tarea difícil porque su obra apenas está siendo traducida del francés y aunque poco a poco se han editado en español, todavía no ha sido leída y la gente se pregunta si es mística, filósofa, escritora literaria o como llegaron a pensar algunos filósofos de la época existencialista, una loca.

Es curioso que la atención también ha recaído recientemente y por razones parecidas   sobre las crónicas de Walter Benjamin sobre sus recorridos infantiles y juveniles por Berlín, que refieren cómo caminaba una y otra vez por pasajes de los jardines y plazas donde gustaba detenerse y esconderse en busca de momentos de diálogos consigo mismo. En sus crónicas Benjamin rememora a la vez su infancia y antiguas estampas de la vieja ciudad de Berlín luego devastados por la guerra, mientras que la obra de teatro “Venecia  Salvada” de Simone Weil representa uno de esos intentos de asalto de una ciudad por otra comunes en la Renacimiento italiano, esta vez  del asalto largamente planificado por el Imperio español de la ciudad de Venecia , intento fallido, y allí está el quid del asunto,  porque el personaje principal, el italiano  Jaffier, traiciona a los españoles cuando, a pesar haber traicionado a su patria al principio, se arrepiente justo antes del golpe fatal. Mientras que la fuerza o violencia se muestra como la clave del desarrollo social en algunos pensadores como en el Hegel que trazó la lucha entre amo y esclavo como clave del desarrollo de la sociedad moderna, Simone Weil plantea desde el inicio de su pensamiento forjado en el estudio de las grandes creaciones culturales de griegos, romanos, hindúes y egipcios  que la fuerza carece de capacidad para movilizar realmente el espíritu de los pueblos, y termina sus reflexiones sobre la “Ilíada o el poema de la fuerza” afirmando que la fuerza suele convertir al hombre en “cosa” y en la Obra “Venecia sitiada” el héroe es el que comprende eso y se opone a la toma de la ciudad por los españoles a pesar de en un principio había sido ganado por ellos para su causade que fue ganado por ellos para su causa, sus compañeros al negarse a participar  en el asalto, el asalto, y justamente la obra se detiene en examinar los motivos que tiene este héroe para evitar la violencia, tema indudablemente central para la autora, porque parece que se enfrentaran la verdad y la fuerza cuando para ella el ejemplo del uso de la fuerza en la “Ilíada” es determinante para averiguar lo que significa el abandono de la ley y del bien en asuntos políticos, pues el resultado es siempre el mismo de la Ilíada, es decir, la fuerza convierte al ser humano en cosa.La importancia particular de la revisión del espacio cívico por medio de los escritos de la filósofa francesa Simone Weil procede del hecho de que parte importante de su legado consistió en una meditación sobre lo que llamaba el peso de la “necesidad” sobre la vida y la historia humana, mientras que al intentar hablar de la historia de una gran ciudad es común que la gente tienda a verla como la historia de la libertad o de las luchas de sus habitantes por conseguir su independencia, por ejemplo, de un imperio opresor. Ella, en cambio, consideraba un deber moral y político meditar sobre las obligaciones de los ciudadanos en tiempos difíciles o de guerra a diferencia de los autores que preferirían destacar la importancia de la libertad y de los derechos de los ciudadanos. 

En la obra de Weil ya había habido una primera aparición de la violencia de la guerra en sus meditaciones tituladas hoy “La Ilíada o el poema de la fuerza”, donde la potencia del imperio de Menelao impulsada por el héroe Aquiles atraviesa el mar Egeo para apoderarse de la Ciudad de Troya, gobernada por los padres del héroe Héctor, ejemplo de varón fuerte y responsable por su familia y por su ciudad, cuya mujer había sido raptada por el otro héroe, Aquiles, violento y voluptuoso. Sin embargo, es característico de Weil que en lugar de destacar la lucha de los héroes violentos, se ocupe de la suerte de sus mujeres, condenadas por su situación o como diría Weil, por la “Cruel necesidad”, a sufrir en silencio total, totalmente desprovistas de derechos. En un comentario anterior hemos comparado la concepción moderna de la justicia basada en la igualdad de John Rawls con lo que en la obra de Weil se podría llamar no ya un “concepto” de la justicia, sino una “experiencia de la injusticia”, lo que la acerca a las reflexiones de autores como Reyes Mate y Adorno que en el siglo XX trataron la justicia como experiencia en los campos de concentración.

 

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