EL JUEGO COMO FORMA DE VIDA EN EL REINO DE LAS CORPORACIONES FINANCIERAS



Nayib Abdala Ripoll  


El Juego como Forma de vida: 
De la ciudadanía pasiva, dedicada a los "juegos de la muerte", al rescate de la  ciudadanía activa y deliberante. 

En algunas partes de América Latina la llamada “esfera pública” parece integrada, en primer lugar, no por la política sino por la policía o sus aparatos burocráticos derivados   y – en segundo lugar – por unos  ciudadanos que no tienen como foco de sus intereses las decisiones de sus representantes políticos, sino los informes mediáticos sobre los cambios de jugadores de los equipos deportivos con los que se identifican. Esto se refleja en  la premiada y excelente  película “Los juegos del destino”. En ella las personas supuestamente autónomas por ser mayores de edad se comportan como meros intérpretes de  los signos o señales  mediáticos de los juegos deportivos y las competencias de sus estrellas.
En el filme “Los juegos del destino”, la situación mencionada en las líneas anteriores (“Reading the lines”) se pone en evidencia con las apuestas de fútbol americano. 
Con ellas se representa el ámbito de la lucha entre la “cooperación” y la “competencia”, lo que el sociólogo  Richard Sennet en su libro “Juntos” (Barcelona, Anagrama, 2012), muestra como las claves para encontrarle sentido a la vida en común en los tiempos que corren. 
 La película es realista, al mostrar un mundo social que en el fondo es un casino en el cual la gente ha perdido sus ahorros o sus seguros sociales, debido a los juegos “duros” de las corporaciones financieras y empresariales. De esta forma, serán dichas corporaciones quienes gobiernen – en último término – realmente tras bambalinas, reduciendo  las esperanzas de las personas ordinarias a un  horizonte de incertidumbre.

En suma, la esfera pública se ha reducido y en su lugar aparece un espacio neutro de incertidumbre parecido al vacío que se forma en la mente del apostador, cuando espera que la ruleta en el siguiente minuto le marque su destino de “vida o muerte”. Tal vez por eso ha aparecido también el género de películas sobre los “juegos de la muerte.” Esto conduce a que se plantee el interrogante de si los todavía hoy llamados ciudadanos, que algunos comunitaristas como Benjamín Barber consideran con razón ya reducidos a meros consumidores, han visto reducido también su horizonte a esa nada de la apuesta del juego. También la vida y la muerte serían entonces convertidas en algo que se puede ganar o perder como en un  juego y tendrían que acostumbrarse a considerar  cada vez con más  indiferencia  las noticias diarias de muertes violentas, y más bien debería preguntarse  por qué, a pesar de todo,  el ciudadano parece percibir algunas muertes no sólo ya como  más naturales que otras, sino también como más indignas de duelo que otras, tema del que se ha ocupado la investigadora Judith Butler. 

.Vulnerabilidad de la vida e indiferencia de la  ciudadanía 
 
Judith Butler, después de estudiar las fotos de Abu Grahib  que revelan torturas a los prisioneros de la guerra contra Irak y Afganistán, se ha preguntado bajo qué criterios determinan los ciudadanos qué vidas deben considerarse merecedoras de duelo, de protección y con derechos que deben ser respetados.

Butler señala que la recién mencionada pregunta remite a otro interrogante: ¿Cómo se regulan los afectos de los seres vivos y qué significa regular el afecto?

Aunque ella está primordialmente instalada en el contexto de las actuales “guerras preventivas”, es posible cuestionarse respecto del hecho de que  ambas cuestiones se pueden plantear también en el contexto de los conflictos  violentos dentro de un mismo Estado o, incluso, dentro de una misma ciudad. Pues si Butler muestra la indiferencia con que parecen recibirse las noticias de Abu Grahib entre los ciudadanos norteamericanos, también es posible detectar en los medios de comunicación cierto lamento por  la indiferencia o  la indolencia con que los ciudadanos parecen percibir las noticias del aumento de las muertes violentas dentro de las ciudades del Tercer Mundo. Parece ser que los muertos de determinadas guerras y conflictos, cuando caen bajo la categoría de terroristas, narcotraficantes, drogadictos o pandilleros no merecieran consideración alguna.  En ambos contextos se puede plantear la otra pregunta de Butler: ¿Existe  algún factor en la percepción de ciertas vidas que las clasifica como no merecedoras ni de duelo ni de protección?  (1)

Butler investiga de qué manera las reacciones morales  (que toman la forma de los afectos) están reguladas tácitamente por ciertos marcos interpretativos y, consecuentemente, se siente más horror y repulsa frente a las pérdidas de vidas en una guerra patrocinada por el Estado y percibida como legítima, que por las pérdidas de vidas perpetradas por grupos rebeldes considerados  ilegítimos.

En otro sentido, el profesor Rodolfo Arango de la Universidad de Los Andes,  en varias ocasiones en su columna semanal del periódico colombiano “El Espectador”, después de advertir que vivimos en un mundo y en un país: “no libres, sujetos a estructuras de dominación que impiden que todos participen en la vida política, presenten sus posiciones al foro común y deliberen sobre el interés general”,  ha señalado que: 
“los intereses  burocráticos y los poderes económicos no favorecen la participación, la presencia popular y la deliberación pública en el ejercicio del poder político.” 
Por esas razones, ha invitado  a que en las negociaciones  no se les dé más importancia a los guerrilleros  que al pueblo o a la porción de pueblo que representan, pues  antes que un “lugar retórico”, el pueblo debe ser el que actúe y lleve la voz y exija responsabilidad a sus representantes: 

“Solo si ampliamos y fortalecemos los espacios públicos para conocer, reflexionar y deliberar críticamente sobre los asuntos que nos conciernen a todos, podremos fortalecer  la defensa de los intereses comunes  y la toma de decisiones democráticas. Si se quiere contribuir a la realización del ideal de no dominación tanto externa como interna, la participación política debería diseñarse de forma que la sociedad civil pueda periódicamente cambiar a sus representantes y neutralizar las decisiones contrarias a los principios constitucionales y al interés público.” (2))  

En un artículo del 2011, el profesor Arango había señalado que los ciudadanos tienen miedo del modelo económico y, en vez de discutirlo y de propender por la defensa de “lo público” y la protección del ambiente, prefieren apostar por obtener alguna ganancia con iniquidad,aprovechando la situación de corrupción general. 
Ahora bien, a diferencia, diríamos nosotros, de los héroes homéricos (que viven defendiendo su honor o fama) y del ciudadano antiguo (que se cuidaba del reconocimiento pleno por su comunidad política), el profesor Arango muestra que la proliferación de la corrupción puede ser señal de “el desprecio de los infractores por su comunidad  política (…)” su falta de estima por la comunidad en que viven. 
En este sentido, se podría decir que a los ciudadanos actuales poco les interesa el reconocimiento de la sociedad a que pertenecen. Ese menosprecio a su comunidad no debe leerse como un producto del ambiente familiar o de la corrupción general, sino que “es síntoma de una enfermedad mayor: la de una comunidad susceptible de desprecio. Porque a mayor iniquidad mayor es el “desdén hacia las instituciones comunes”. 

Ahora bien,  si  existe hoy día una percepción de la comunidad como algo susceptible de desprecio, volviendo a la pregunta de J. Butler, ¿no se debe a esa percepción el que los muertos de esa comunidad, caídos en las olas de violencia urbana, sean percibidos como indignos de duelo?  Si se partiera del supuesto de que la comunidad es como la raíz de la vida ciudadana ¿no se podrá preguntar si actualmente los ciudadanos están desarraigados de su comunidad y por eso han perdido cierto sentido de orientación? Esta última forma de cuestionarnos es muy próxima a la inaugurada  entre las dos guerras mundiales del pasado siglo por la militante de la resistencia francesa, Simone Weil, después de meditar intensamente sobre cierta indiferencia que veía en la reacción de los ciudadanos frente  a la existencia de los  campos de concentración. De esta manera, llegó a pensar que aquellos carecían de lo que ella llamaba una necesidad fundamental del ser humano, la de tener raíces, la de no perder su contacto con su comunidad de origen (3).


 (1).Judith Butler. Reflexiones hegelianas en la Francia del siglo XX, Bs. Aires, Madrid, 2012, Amorrortu Ed.  
(2) Rodolfo Arango,  Derechos Humanos como límite a la democracia, Bogotá, Edit. Norma, 2008 y, para las columnas semanales, ver: El Espectador. COM Columnistas.
(3) Simone Weil. Echar Raíces. Madrid, Trotta, 1996

(Is the way of life in Latin American something like the “games of dead” in the movies? The fall of public sphere seem to lead to a place like the world of the play “Wallenstein” of Friedrich Schiller: Alli comentan los que observan los combates de las batalla: “Who life would win he must dare to die” (El que quiera ganar su vida debe atreverse a perderla ").  

Comentarios

  1. "Me parece interesante su enfoque de la situación actual de América Latina, pero me parece que usted aplica al caso latinoamericano el caso de una película norteamericana, lo que es, por lo menos, muy discutible".

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    1. Tiene usted razón, pues sólo la discutible pretensión de que existe un trasfondo común mundial (la llamada "Globalización") entre América del Norte y Latinoamerica puede autorizar a que se pretenda ampliar a esta última las formas de vida propias de la primera que aparecen en la película "Los Juegos del Destino ("Silver Linings Playbook") de 2012 y en las series de películas sobre los "Juegos de la muerte" y olvidé mencionar esa justificación.

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    2. La globalización no ha convertido el mundo en un casino, sino en una aldea global muy bien intercomunicada y el hecho de que la gente utilice los nuevos medios de comunicaci{on para apostar o manipular las vidas de los jugadores deportivos no es su culpa.

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    3. Excuse que haya omitido en mi respuesta anterior otra justificación de la aplicación del ejemplo del cine norteamericano al caso latinoamericano que baso en los excelentes análisis del predominio actual de las corporaciones sobre el individuo como una característica mundial que hace el profesor canadiense John Ralston Saul en el libro:"La civilización inconsciente" trad. por Javier Calzada (Barcelona, Anagrama,1997), donde también se advierte que ese predominio lo justifican las corporaciones de manera platónica reclamando que hoy el experto administrador de negocios debe gobernar por encima de l ciudadano ignorante. Por eso reclama el autor que el ciudadano actual debe convertirse en un Sócrates escéptico y cuestionador de las ideologías y propaganda mediática de las corporaciones.

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  2. Parece favorecer a los que lamentan las muertes de los que se enfrentan al Estado, lo que se aplica al caso de Abu Grahib, en el que se trata de una guerra y del trato a los prisioneros de guerra, pero no al caso de los conflictos de los países latinoamericanos.

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    1. El problema es que se puede manipular la información y el material fotográfico para convertir a los asesinados (sea que se trate de pandilleros, narcotraficantes o guerrilleros, de un lado, y, de otro, de fuerzas armadas legítimas) en indignos de todo duelo o al contrario. Algo parecido a la tragedia de Sófocles y la defensa que hace Antígona de los muertos y de sus parientes frente al Estado que declara indigno de duelo a su hermano- Judith Butler en su libro. "Marcos de Guerra. Las vidas lloradas"(Madrid, Paidós Ibérica, 2010). ha mostrado como hoy en la fotografías de Abu Grahib se ve que el Estado interviene, indicando el trasfondo de las fotos y limitando así el comtenido sin que el que ve la fotografía lo note y esto es una manipulación indebida de la información en cualquier lugar del mundo..

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  3. Gracias, profesor Díaz Abdullah, pues su objeción me puso a repasar los textos para encontrar que tiene usted razón, pues en el libro "Echar Raíces" Weil no se limita a oponer la vuelta a la comunidad contra un individualismo liberal como en la polémica norteamericana entre liberales y comunitaristas sino a combatir la des humanización que ejerce el dinero y la técnica en la sociedad europea de entre guerras, sino que trata de mostrar la acción aniquiladora de lo que ella llama la "fuerza" (es decir el totalitarismo) sobre la familia, las provincias, las ciudades y las naciones. Por otro lado, Ralston rechaza el ataque de los promotores de la globalización contra el individualismo liberal, pues él defiende que sólo el individuo autónomo moderno crítico de las tradiciones puede refutar las ideologías en que se basa la globalización, pero también defiende el papel que hace el Estado-Nación como institución que puede enfrentar las extra-limitaciones de la des-regulación económica. Hasta ahora no he encontrado una referencia expresa a Foucault en las menciones que hace el profesor Arango de los que están sujetos a estructuras de dominación, pero dado que apenas estoy iniciándome en Foucault encuentro explicado por el profesor Santiago Castro Gómez ("Historia de la Gubernamentalidad",Siglo del Hombre, 2010) que en una primera etapa de su obra el loco, el preso, el soldado y el obrero son son "subjetividades" que se forman por medio de actividades disciplinarias en el hospital psiquiátrico, en la cárcel,etc y ser sujeto equivale a ser sujetado (p.25).

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  4. Continuación de la respuesta anterior: Su pregunta me ha puesto a indagar sobre las ideas de Foucault acerca del control de los ,medios de comunicación por las sociedades de control y por eso le responderé posteriormente. Mientras tanto, le agradeceré si me puede ayudar acerca de ese punto, pues sè que usted se ha dedicado al estudio de una parte de la obra de Foucault..

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  5. Mi querido Maestro, su artículo me genera dos reflexiones. Primero, la frase de Rodolfo Arango ( “no libres, sujetos a estructuras de dominación que impiden que todos participen en la vida política, presenten sus posiciones al foro común y deliberen sobre el interés general”) bien podría aplicarse a todo tiempo. En efecto, yo no soy de quienes creen que el nuestro es el siglo del síntoma de la dominación y de lo que yo llamo la “de-sujetivacion”. ¿Por qué digo esto? Porque desde siempre hemos estado sujetos a normas (ethos), que condicionan nuestras elecciones, en este sentido la libertad plena/total no existe. No obstante, esta ausencia de libertad total/plena, no nos convierte en dominados, siempre y cuando nuestras elecciones respondan al contexto en el cual estamos inmersos. El problema estriba en que en el mundo líquido de la globalización (comercial y financiera) (Bauman en sus libros Globalización, 1998 y la Comunidad, 2003), el contexto (nuestro) se presenta a menudo móvil, fluido y en la “tensión-sostenida” a la cual hice referencia en el primero de sus artículos.
    Segundo, en el contexto señalado arriba, la pregunta de Butler (bajo qué criterios determinan los ciudadanos qué vidas deben considerarse merecedoras de duelo, de protección y con derechos que deben ser respetados) no puede ser universal que a condición de posicionarse en el rol del filósofo normativo. Pues de otra forma (fuera del análisis normativo y universal de la filosofía del concepto) pienso que antes el interrogante “¿Cómo se regulan los afectos de los seres vivos y qué significa regular el afecto?” estamos obligados a responder que es el contexto en el cual se prefiguran y condicionan nuestras elecciones. Y ello explica por qué lo que ocurre en Paris (masacre de CH) no genera forzosamente la misma empatía en Irán, como lo que ocurre en Syria, no produce la misma empatía en Inglaterra o Colombia. Angélica MONTES MONTOYA

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    1. Muchas gracias por su importante aporte, profesora Angélica, el cual merece un comentario más amplio. Por lo pronto le abrevio: Particularmente interesante me parece el problema que usted plantea de la intraducibilidad del discurso filosófico al lenguaje común sobre los conflictos, pues no sólo pone en entredicho, de una manera muy seria, lo que hacemos ciertos comentaristas que intentamos movernos entre el discurso filosófico y el lenguaje ordinario, sino también encierra la promesa de una mejora de la articulación del lenguaje en los medios de comunicación y un cambio en el enfoque del comentario periodístico de los conflictos.

      Por otro lado, me parece que tiene usted razón al apartarse de la identificación de la época actual como era de la dominación y de la de-subjetivación. El mismo Foucault entró a considerar en sus etapas finales si no al sujeto, a ciertas prácticas de libertad que parecen sugerir ciertos procesos de subjetivación sin los cuales cualquier movimiento de liberación social quedaría incompleto y fracasaría. Su llamada de atención acerca de la idea de que hoy más que nunca no somos libres, sino presos por determinadas prácticas e instituciones la tomo como para mí y no para el texto del profesor Arango que yo cité, pues lo cité fuera del excelente y amplio contexto de la admirable obra del profesor Arango y por eso me excuso, Esto me hará reconsiderar la idea de que estamos condenados a jugar el juego que plantean las corporaciones capitalistas. Muy clarificadora me parece su atribución al contexto social y simbólico de los pueblos génesis de las apreciaciones afectivas sobre las muertes de las víctimas de que habla Butler. Esto me hará repensar el asunto. Y admiro que usted haya encontrado en otros autores una confirmación de lo que yo encontré en el librito de Bauman sobre la comunidad, a saber, que nunca se ha hablado tanto de ella como en los tiempos en los que parece haber desaparecido o convertido en una aspiración, lo que me mantiene en reflexión permanente. pues soy uno de los que a la vez valoran al individuo crítico moderno pero al mismo tiempo valoro ciertos aspectos de las comunidades tradicionales. Yo me pregunto, ya para finalizar, si usted estaría de acuerdo en considerar lo que usted llama el contexto simbólico de las muertes indignas de duelo como algo que se manifiesta en las formas de vida de las personas, es decir, en lo que Pierre Bourdieu consideró como "habitus" o prácticas que se repiten cada día, según el mismo esquema general, prácticas que llevan consigo la respuesta cotidiana de la gente a lo que consideran digno o indigno y que eso merece la atención de la filosofía. Yo me he preguntado toda la vida qué es la acción y me parece que Bourdieu me ha señalado donde debo buscar la respuesta. Le agradeceré su aporte al respecto.

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  6. Muchas gracias por su aporte, estimado profesor Díaz. Creo sin embargo, que el Foucault que habla del cuidado de sí, de las prácticas de sí y de las tecnologías del yo, aunque no vuelve a caer en el sujeto cartesiano, nos plantea el interrogante de qué entiende por sujeto en esta última etapa de su pensamiento y me parece que la entrevista famosa "La ética como práctica de la libertad" nos puede ayudar a ver si se trata ahora de prácticas de subjetivación, como me parece que sugiere los intérpretes .

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