EL SER HUMANO COMO AFÁN Y FRACASO. LA ACCIÓN HUMANA Y LA ÉTICA DE LA “RENOVACIÓN” DE EDMUND HUSSERL)
Por Nayib Abdala Ripoll
El fracaso y su
relación con la aspiración a lograr ciertas
metas en la vida, así como en general, la persona humana entendida
como “un afán, esfuerzo o aspiración”
por alcanzar una forma de vida cada vez mejor, es uno de los importantes
temas que el filósofo alemán Edmund Husserl trató en cinco artículos que le había
encargado la revista japonesa “Kaizo” en la década de los veinte. (Ver:
“Renovación del hombre y de la cultura. Cinco Ensayos”, Trad. De Agustín
Serrano de Haro, introducción de Guillermo Hoyos, Rubí (Barcelona) Anthropos,
México, U. A. de I. 2002).
El tercero de los artículos se refiere a la
necesidad de la “renovación” de la vida humana, en cuanto vida de las “personas”, es decir, según Husserl, de seres capaces de “autoconocimiento”, de “autovaloración”,
de “autodeterminación” y por tanto de “autorregulación” por medio de la razón universal. Es como si subrayara que el
ser humano es ante todo un ser que tiene relación consigo mismo y que puede
examinar y criticar no sólo el conocimiento que tiene de sí mismo, sino también
sus voliciones y metas, y sus apreciaciones y valores. Pero justamente si tiene esas esas capacidades, eso se debe a
que el ser humano puede errar, auto engañarse y fracasar en su afán por
alcanzar las metas. La renovación propuesta quiere hacer frente a estos
peligros. Husserl cita el verso de Goethe: “Yerra el hombre en tanto se afana”
y agrega: por lo tanto en tanto es hombre.
Tarde hemos descubierto que ese llamado a la renovación
mediante la invocación de la razón universal, había sido puesto en duda años
más tarde, y sin proponérselo intencionalmente, por el teólogo alemán Dietrich
Bonhoeffer, quien sostenía que para enfrentar al nazismo no bastaba con acudir
a principios universales, valores ni
normas sin base en la realidad, pues en nombre de ellos eran asesinados
los inocentes que sufrían las consecuencias de la guerra.
Según este pastor
había que buscar el fundamento de la renovación en la “realidad” misma, la cual
podía ser encontrada en la historia real
de cada pueblo, historia en la cual él, como teólogo, creía que se
incorporaba la persona real de Jesucristo. En nombre de esa realidad de la
persona de Jesucristo comenzó a señalar valientemente a cristianos que decían
seguir principios y valores elevados y, a pesar de eso, colaboraban con los nazis. Naturalmente los
nazis terminaron por ejecutarlo cobardemente. (D. Bonhoeffer. Ética. Traducción
de Lluís Duch, Madrid, Trotta, 2000)
Uno no entiende lo que significa eso de llamar a Jesucristo
la realidad, si no viene a la América Latina, a El Salvador, la tierra en la
que trabajó el jesuita español Ignacio Ellacuria, valiente defensor, como
Bonhoeffer, de los inocentes que sufrían la violencia del conflicto interno, vilmente
asesinado también por fuerzas
extremistas de derecha, y quien había escrito su tesis de grado en filosofía
dirigido por su maestro el filósofo español Xavier Zubiri.
Este gran pensador no
estaba de acuerdo con el filósofo Martin
Heidegger, el discípulo de Husserl que partía de la tesis de que la palabra
“ser”, con la cual la filosofía tradicionalmente nombraba su tema principal, había
perdido su sentido radical en la actualidad. Por eso propuso poner en marcha la
filosofía con la pregunta por el “sentido” del ser.
En cambio, Zubiri
argumentaba que aquello que había que buscar no era el “sentido” de la
realidad, sino la realidad misma. Ellacuría y sus discípulos abordaron el tema
de la realidad como la alteridad (lo otro diferente del pensamiento) que
convierte en acto los intentos de pensar la realidad y de actuar sobre ella, en
suma aquello a lo que tendía la praxis humana realmente radicada en la historia
de los pueblos, y hoy han desarrollado una realmente seria filosofía de la
praxis, además de una teología de la praxis en aquella tierra donde hoy se vive
un terrible “postconflicto”. (Ver: Antonio González. Estructuras de la Praxis.
Ensayo de filosofía primera. Madrid, Trotta, 1997)
Nos ha llamado la atención encontrar que una idea parecida a la idea de la “renovación” aparece también
en el trasfondo de la novela “Fabián”
((1931) 1988, Trad. Por Miguel Ángel Vega, Círculo de Lectores, Barcelona) del
gran escritor alemán de la época, Erich Kaetsner, cuya obra fue quemada por los
nazis. En el prólogo advierte que se
trata de una sátira con intención moral, pues quería advertir del
“precipicio” al que se acercaba Alemania
y con ella toda Europa, basado en las señales que lo anunciaban, es decir, “el
enorme desempleo, la depresión espiritual que siguió a la depresión económica,
el ansia de narcotizarse, las actividades de partidos sin escrúpulos” (p.6). El
Estado, además, protegía los latifundios
no rentables y la industria pesada y eximía de impuestos a los más ricos y
recargaba con ellos a los más pobres. (Cualquier parecido
con la realidad actual donde reinan soberanas las corporaciones financieras
¿será mero accidente?)
Uno tiene la impresión de que la novela pone frente a frente a Fabián, quien
cree que sin la “renovación” del ser del hombre no cambiará el sistema social,
y a su amigo Labude, quien piensa que una vez cambiado un sistema, los seres
humanos se precipitan a adaptarse al mismo. El lector está tentado, además, a preguntarse si puede hablarse del fracaso de
una persona que no aspira nada, que no tiene metas o al que todas las metas le
dejan con la misma indiferencia como parece ser el caso del personaje Fabián,
quien dice no querer nada, y cuando su amigo Labude le ofrece elegir entre las
dos metas del dinero y el poder, da a entender que no le encuentra sentido a
ninguna de las dos.
Y eso sucedía en una
gran ciudad como Berlín donde la novela muestra que se agredían a diario individuos
o pandillas de nazis contra los que llamaban comunistas y donde contrastaban la
pobreza espantosa y el lujo de la vida de los elegantes hoteles, restaurantes y
burdeles. En todo caso, Fabián termina volviendo a su pueblo donde se ahoga al
tratar de salvar, sin saber nadar, a un niño que le pareció había caído a un
río.
El eminente germanista Labude, amigo de Fabián, a su vez, se
suicida cuando, después de darse cuenta del engaño de su amada, recibe la
noticia de que su tesis de habilitación
sobre Lessing (un gran representante de la Ilustración alemana) había
sido rechazada, lo que al final resulta ser producto de una absurda broma
pesada que le quería jugar uno de los académicos.
El tema del afanarse
sin sentido y del fracaso vuelve a aparecer hoy en el cine. Durante uno de los
encuentros durante el pasado “Hay Festival” de Cartagena de Indias, pregunté
atrevidamente, dado mi escaso conocimiento del cine, a uno de los directores de
la película “The Homesman”, quien acababa de decir que el “fracaso” era un
tema muy importante para él como productor de cine, por qué al final de la
película la acción del personaje principal, que en contraste con las películas
del lejano Oeste, era una mujer, se podía interpretar desde cierto punto de
vista como un éxito (por haberse logrado una meta que ella se había propuesto)
y no sólo como un fracaso (porque ella se suicida antes del logro de la meta).
En efecto, la película muestra en primer lugar, más con
imágenes que con palabras, el contexto físico, social y económicamente
deprimido en el cual caen enloquecidas tres mujeres, una que había sido violada
constantemente por su esposo, otra que
había perdido tres hijos atacados por la difteria y otra que había botado a su
bebé a la letrina en medio de un paisaje desolado por la sequía, integrado por
restos de ganado muerto, en estado de descomposición y árboles marchitos.
Luego se muestra el
traslado en una carreta de las tres mujeres enfermas mentales a lo largo del
viejo Oeste norteamericano hacia un poblado donde una especie de casa de
acogida asistida por un pastor se haría cargo de ellas. Una de las situaciones
que impresionan de la película es que el traslado había sido asumido por una mujer de carácter que se tuvo que hacer cargo
de la tarea a solicitud del pastor en vista de que ningún hombre se ofrecía para la difícil misión, la cual
debía ser función exclusiva
masculina, según las devotas
mujeres de la parroquia local.
Esta mujer, que algunos críticos de cine han visto como un símbolo del
rescate del valor de la mujer en un mundo predominantemente masculino de
vaqueros, se ve obligada a conseguir como único
ayudante para el viaje a un
sentenciado a la horca, al que ella rescata dramáticamente del cumplimiento de
la sentencia, con la condición de que la ayude a pasar por el peligroso mundo
en el que los indios todavía atacaban
viajeros.
Esta mujer que tenía cierta añoranza de ser culta, por
ejemplo de tocar un instrumento musical y que antes trabajaba solitaria, por tener fama de
“mandona” y exigente, en su propia granja, llevaba dentro de sí un combate
interior, pues había sido rechazada
cuando no le había quedado más remedio que pedirle al joven vaquero que la
ayudaba que se casara con ella para cumplir con esa anhelada meta de formar un
hogar a la que aspiraba toda mujer de ese contexto del siglo XIX norteamericano.
Ese combate interior por una meta no alcanzada debió de ser uno de los motivos
que la llevan a suicidarse colgándose de un árbol, después de haber sido
rechazada de nuevo tras haber propuesto al nuevo ayudante, corajudo pero
borrachín, que se casara con ella y de haberle pedido que se acostara con ella.
La difícil misión debe ser culminada
forzosamente y no de muy buen grado, por
su ayudante, quien termina extrañamente dominado por una lucha interior
entre su dedicación al licor y al placer del instante y su secreta admiración por la enjundia y el valor de la difunta.
Se puede decir que la tarea emprendida por ella se logra con éxito, pero su
fatal destino hace pensar en un fracaso personal al mismo tiempo. Sin embargo,
el productor comentó que si se oyen con cuidado los diálogos en inglés, se
puede advertir que la película subraya ante todo la presión social que sobre la
mujer ejercía la exigencia de alcanzar la meta de casarse, formar un hogar y tener hijos.
Ahora bien, esta película obliga al espectador a preguntarse
si el gran esfuerzo de la travesía del Oeste ha transformado al final el modo de enfocar sus metas por parte de los
protagonistas y, si volvemos la mirada desde el cine a la filosofía y a la
literatura, ¿no será que la “renovación” es algo inducido por el mismo esfuerzo
al tratar de lograr las metas en determinadas situaciones históricas? No sólo
los fines y los valores sino ante todo la praxis humana puede ser
primordialmente la raíz de la “renovación” y esa raíz debe de estar
profundamente fundamentada en la realidad de la historia de los pueblos.
( In philosophy,
theology and in the films today man is represented as someone striving, or as aiming
at some goals, as if all his efforts could end in
failure. However, the experience gained with that same kind of effort can turn failure into succes and he can put in question his own goals and values and criticize
them. This could be the way of renovation in man´s life according to some
points of view)
(Subject: Ethics. Action . Failure. Husserl,
Bonhoeffer, Ellacuría, Kaetsner. Film: "The Homesman").
Kieran Fitzgerald, productor de la película "The Homesman" no estuvo en el "Hay Festival" de Cartagena del presente año sino en el "Festival Internacional de Cine", en marzo del presente año, dentro de cuya programación dio la conferencia de prensa a la que usted se refiere.
ResponderEliminarPresento mis excusas por haberme equivocado al tratar de recordar las importantes ruedas de prensa del Festival Internacional de Cine de Cartagena, las cuales usualmente se llevan a cabo en la sede de la Casa Museo de Santo Domingo de la EACID.
EliminarPero qué es el fenómeno del suicidio? Parece que aquí no se puede tomar como paradigma el esfuerzo o el afán positivos, como si el motivo del suicida fuese alcanzar algo positivo. Parece movido más bien por una meta negativa, la de quitarse la vida.
ResponderEliminarGracias por su importante crítica. De la lectura de la tercera conferencia Kaizo parece seguirse que la vida humana se presenta en última y definitiva instancia para Husserl como un proceso que tiende a una meta positiva o a valores positivos, y trata más bien de huir de los desvalores o valores negativos, aunque pueda seguirlos momentáneamente, pues una persona cuando encuentra una profesión a la que dedicarse ordena todas sus metas adicionales para el perfecto logro de las metas de su profesión, por ejemplo. Otras veces cuando una persona se transforma es debido a que ha encontrado su verdadera vocación lo que significa que clasifica las cosas en las más importantes para ella y las menos importantes y así le da un vuelco a su vida sometiendo a reflexión todos sus deseos y evitando satisfacer los que supongan un obstáculo para su vocación (para hacer lo que la hace feliz).
EliminarParece que por Renovación no se refieren a lo mismo ni Husserl, ni Bonhoeffer ni Kaetsner. Kate
ResponderEliminarGracias, doctora Kate, por su comentario crítico. Por mi lectura de la Ética de Max Scheler, filósofo discípulo y cercano a Husserl una "renovación" es casi como una conversión religiosa (como la de San Pablo que cambia de perseguidor a discípulo cristiano), que Scheler entiende como un cambio la raíz más íntima de todas las intenciones y propósitos de una persona y que en alemán llama "Gesinnung"palabra que traducen como "Disposición de ánimo", es decir una toma de posición radical de la persona que la transforma como cuando encuentra una verdadera vocación y pone todas sus preferencias y deseos y metas al servicio de una gran meta. De la lectura de la Ética de Bonhoeffer me parece se sigue que estamos ante la necesidad de cambiar a las personas que siguen sin reflexionar viejas tablas de valores, viejas tradiciones u obedecen ciegamente a sus superiores cuando siguen una profesión y son incapaces de transformar su vida aunque vean que están masacrando a un pueblo.El personaje Fabian de Kaetsner me recuerda al Budismo y a Schopenhauer, como si para evitar el miedo o la tensión que produce la posibilidad de fracasar lo mejor es suspender deseos, preferencias y metas.
EliminarAñadido al comentario sobre el suicidio. El comentario es muy importante y merece ser tratado como un tema aparte. En el estado de la ética de los valores no he encontrado todavía un texto que verifique mi primera impresión de que para el Husserl de "Kaizo" en últimas el ser humano persigue o metas o valores positivos o que le parecen positivos, aunque luego resulte desengañado, decepcionado por la realidad. Nunca persigue valores negativos por el hecho de ser negativos o perseguir el mal por ser el mal, tema que Kant habría llamado el problema del mal radical.
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