SUBJETIVACIÓN Y MUNDO COMÚN. TRABAJO Y LIBERTAD.

   Por Nayib Abdala Ripoll.  



  


1. ¿Qué significa “comprender” un asunto?

A lo largo de estos artículos, en el fondo lo que hemos hecho es plantear la pregunta por lo que significa “comprender” realmente un problema. La cuestión la planteaba el gran pensador colombiano Mario Laserna, al inicio de encuentros con investigadores y profesores, para señalar que a veces se estudiaba y se leía mucho acerca de un problema y se recopilaban muchos datos y, a pesar de eso, al final algún detalle, por pequeño que fuese, podía indicar que no se lo había comprendido.

Muchos años después de haber estado explicando un texto en clase me sucedía que un estudiante brillante, basado en su intuición e inteligencia personales, lo interpretaba mejor que lo que yo lo hacía después de noches en vela leyendo  las interpretaciones oficiales del texto que encontraba a mi alcance; lo único que me consolaba entonces era mi costumbre de llevar a clase un texto que también el estudiante pudiera intentar comprender a su manera.

En estas notas hemos partido de la cuestión de cómo la fenomenología planteaba este tema, que nos condujo a Heidegger y su convicción de que no se puede comprender qué es el hombre sin comprender su “mundo”, pues el hombre no era una “sustancia pensante” (como afirmaba Descartes) sino un “ser en el Mundo”. Hans Georg Gadamer, a su vez, mostró que para Heidegger comprender no era un método de conocimiento de las ciencias de la cultura (como afirmaba Wilhelm Dilthey, para diferenciarlas de las ciencias de la naturaleza, las cuales, según él no trataban de comprender, sino de “explicar” un problema), sino un modo de ser del ser humano. Y el mismo Gadamer mostró cómo, incluso en la vida cotidiana, el que comprende algo es el que sabe cómo hacerlo bien, lo que se encuentra ya al nivel práctico del que arregla bien un aparato técnico y la gente dice que “sabe de eso” aunque no haya hecho altos estudios, pero sí se ha familiarizado por un largo contacto práctico con ellos.

Al tratar de Hanna Arendt hemos visto que lo que se proponía, ante el problema del totalitarismo era comprenderlo y para eso partió de la idea de la acción política que para aparecer necesita distinguirse en un espacio público y en un mundo común. También Simone Weil para comprender qué era el trabajo, pasó un tiempo en la fábrica Renault. Cuando, interesados en comprender lo que significó la revolución haitiana en el ámbito del Caribe, observamos los videos de YouTube en los que la profesora Bayyinah Bello trata de mostrar a un auditorio el sentido de dicha revolución, nos llama la atención que ella siempre advierte que no se comprenderá qué significó ese acontecimiento, si no se comprende que los líderes como Toussaint y Dessalines partían del conocimiento de sí mismos y de su misión en la vida.
Por eso ella invitaba a cada persona del auditorio a preguntarse quién era y cuál era su misión en la vida, dos preguntas con las cuales se iniciaba también el que pretendiera comprender en qué consiste la creencia en el “Vodú”.  En este artículo trataremos de acercarnos a las formas de comprensión del ser del hombre y de su acción en algunos intentos artísticos, religiosos y políticos sobre la relación entre el hombre, considerado como “sujeto”, es decir, un ser capaz de transformarse a sí mismo y el mundo social y político. También veremos algunas formas actuales de plantear la relación del hombre, considerado como cuerpo, con la naturaleza en América Latina.

2. Comprensión y experiencia.

Una experiencia personal de cómo el arte, la religión, y el lenguaje pueden influir al mismo tiempo en el modo como una persona se percibe a sí misma y su mundo circundante se puede lograr asistiendo a las excelentes exposiciones de la artista de  Cartagena de Indias Ruby Rumié, sobre las expresiones corporales y simbólicas de los desplazados de los barrios marginados y de las mujeres víctimas de la violencia, así como del legado cultural de los barrios y poblaciones tradicionales (1).

En particular, uno se pregunta si existe alguna relación entre la idea de la liberación de la esclavitud (cosas que hoy la gente prefiere olvidar) y  las imágenes de Rumié  de un grupo de vendedoras ambulantes del pueblo de Palenque, fundado por esclavos africanos fugitivos, a pesar de que en la imagen no aparece ninguna alusión expresa  a la lucha por la libertad, sino la representación de las “palenqueras” sentadas con un vestido blanco de corte tradicional y mirando al frente con un gesto expresivo de la sensatez y de la dignidad producidas en el sereno rostro de una adulta mayor afrocaribeña  por  muchos años dedicados a cuidar con amor su hogar y sus hijos, sin dejar de recorrer las calles de la ciudad con una palangana en la cabeza para ofrecer sus frutas.

El arte habla así al mundo común y permite aparecer en el espacio público lo que antes, a pesar de ser aparentemente muy “común”, resultaba invisible, es decir, toda una forma de vida resultado de sus tradiciones comunitarias de religiosidad y de liberación. Para cambiar la sociedad, dicen por eso algunas investigaciones actuales sobre la relación entre ética y política, a las que nos vamos a referir más adelante, hay que cambiar el sentido común.

Se da en esas representaciones de Rumié ese encuentro del ser humano con la facticidad de su existencia que a veces se da también, pero de otras formas, en los actuales movimientos juveniles latinoamericanos de cultivo de su corporalidad y de su espiritualidad por medios religiosos, místicos y de creatividad artística y, en general, por medio del cultivo de su relación con la naturaleza.

Coincidencialmente los estudios de la acción política, a los que nos acercamos como profanos afanosos por comprender nuestra situación, cada vez tienen más en cuenta la particularidad de los discursos que expresan la experiencia estética y religiosa de las comunidades, y corrigen nuestra tendencia a subvalorarlos, movidos por viejos hábitos de estudio de corte universalista, como si fuéramos europeos de la Ilustración. Es lo que pudimos observar al conversar con algunos de los miembros del grupo de investigadores de “Kompost” que estuvieron en Cartagena de Indias dialogando con los jóvenes artistas, estudiantes y escritores como parte del año de intercambio entre Francia y Colombia en torno de lo que llaman:” la fábrica de lo común”.  
  
3. Comprensión, historia y cultura.

Otra gran experiencia de la relación entre lo que llamamos "comprensión" y lo que hacen los sujetos con su identidad y su relación con el mundo circundante y con los demás, se puede dar a raíz de una lectura del  relato fascinante de los historiadores Rebecca J. Scott y de Jean M. Hébrand (2)  de la lucha de Rosalie, una esclava africana raptada en Senegambia, África, en 1785, y  vendida en Haití, pocos años antes de las sublevaciones y de  la Revolución, quien después de servir a sus amos, logra ser declarada libre (por medio de varias certificaciones ante notarios que los investigadores persiguen y logran establecer de manera rigurosa) y tras  conseguir escaso apoyo de sus maridos, se ve  lanzada, por la cada vez más complicada situación de sublevación esclavista y las reacciones sangrientas de los propietarios de la isla, a una emigración peligrosa a Santiago de Cuba (por el implacable y cruel esclavismo imperante en las plantaciones),  donde forma parte de una asociación de mujeres ex esclavas para apoyarse solidariamente, y tras grandes esfuerzos logra enviar a su pequeña hija Elisabeth, con su madrina, a Nueva Orleans, donde la niña iniciará también  la lucha que mantendrán  sus descendientes por ser reconocidos dignamente en Estados Unidos y Europa, sin negar su origen africano a lo largo de tres generaciones que llegan hasta el siglo XX.

Las formas de vida y de trabajo (entre las que me parece de importancia el comercio de las vendedoras ambulantes) de las mujeres de color, esclavas o libres en Haití se pueden ver en esta gran obra histórica, en casos como el de “Marthone”, apodo de Martha, otra mujer extraordinaria que después de haber sido esclava y de conseguir la declaración de liberada, dirige una extensa red  de varias de sus esclavas a las  que convierte en “pacotilleuses”, (palabra que los diccionarios etimológicos del español, después de fijar su origen francés, explican que desciende de antiguas expresiones para señalar las cosas de menor valor, lo que también en español se llamará “pacotilla”), en suma, ventas al por  menor, ambulantes,  y llega a tener sus propias casas y  a ser prestamista incluso de los blancos. Nos parece que no hemos puesto atención a lo que significa este tipo de labor comercial y de trabajo en el tránsito de la esclavitud a la libertad.

Al preguntarse por qué no se ha puesto atención a las formas culturales y de trabajo y de comercio de las comunidades más pobres puede encontrarse una  respuesta en otra obra, ya no histórica, sino filosófica, del profesor de la Universidad Nacional de Colombia Santiago Castro Gómez  (3 ) quien  critica  la tendencia teórica de aplicar a las formas de trabajo y de comercio particulares de las comunidades populares un mismo rasero general y abstracto para su estudio, invisibilizando de esta manera posibles aportes para formas alternativas de comprender la relación del trabajador con el mundo. 

Los sujetos de prácticas comerciales o laborales de las comunidades locales introducen en su oficio, su “historia personal y cultural”, así que para comprender su actividad no basta reducirla al concepto de “trabajo abstracto” originario del análisis del capitalismo europeo, ni concebirla como una explotación que sufrirían pasivamente los sujetos de dichas prácticas, sino que lo primero que hay que preguntar es, como dice en una frase magistral el profesor Castro-Gómez: “qué es lo que realmente hacen”, sin separar abstractamente su trabajo de sus condiciones históricas y culturales .

Nos parece que Castro-Gómez comparte con otros investigadores como Laura Quintana y Carlos A. Manrique una visión crítica del hecho de  que generalmente se entiende por política proyectos que presuponen como bueno el orden normativo existente y no tienen en cuenta formas alternativas de sentir, valorar y pensar que sobre las instituciones y el orden jurídico tienen las comunidades particulares , porque han sido invisibilizadas o por considerarlas ignorantes,  primitivas, o de regiones rurales sin educación, con creencias míticas o religiosas consideradas no aptas para aparecer en el espacio público.

También critican la tendencia a supervalorar la democracia procedimental concebida como espacio puro para "acabar con el conflicto" por medio de la deliberación de los ciudadanos, pues la democracia no es una mera forma de gobierno que “acaba con los conflictos”, sino que la democracia parte de considerar la finitud y el carácter inacabado de toda comprensión. Lo más que puede hacer es hacer visibles los conflictos para que las partes prosigan el antagonismo sin violencia. Lo que sí se puede lograr son los acuerdos para poner fin a la guerra, no al conflicto.

Así, observamos en uno de esos trabajos que la profesora Laura Quintana muestra la necesidad de “pensar sin barandillas” (tomando una expresión de Arendt) en el sentido de una búsqueda incesante de sentido sin apoyarse en categorías sociales, políticas o morales estables o tradicionales, que ocultan en vez de hacer visibles las alternativas de los nuevos movimientos sociales, sino más bien partir con coraje del convencimiento de que hay diversas maneras de poner esas categorías tradicionales  en discusión, lo cual requiere entender que pensar no es un ejercicio solitario sino en común, que necesita apertura a las palabras y acciones de los que piensan distinto, y eso significa aceptar la finitud y el carácter “parcial y provisional” de toda comprensión ( 4 ).

Por otra parte, muy importante, por proponer repensar el papel de la cultura como fuente de sentido para conducir los procesos de superación de la violencia y de negociaciones de paz, es el trabajo el profesor Alfredo Gómez Müller (5) quien propone  basar las negociaciones de paz en un concepto de cultura que dé sentido a la vida, repensando la perdida diferencia entre ideología y utopía, pues la segunda tiene como función concebir que “otro mundo es posible”, pues por partir del futuro proporciona una base para  “proyectar mundos alternativos” y criticar lo que en el presente no deja que la vida crezca y florezca e incentive una formación  (sentido originario de la palabra “cultura”).

Para él, si no hay futuro, no hay utopía ni cultura, pues el núcleo de la cultura es utópico. El observa cómo ya el sociólogo Karl Mannheim en su libro sobre ideología y utopía veía ya en 1929 que se extendía un modo de pensar ideológico con una “racionalidad belicista” que borraba del mundo toda trascendencia al convertir la utopía en ideología y concebía la realidad como una objetividad estática que terminaba por convertir al hombre en una cosa. Pues, según el profesor Gómez-Müller, las posibilidades del ser humano, una vez concebido como cosa en un mundo sin trascendencia, son las del que se siente inmerso en una guerra de todos contra todos permanentemente.

En cambio, es la utopía la que permite vislumbrar la posibilidad de la paz conformada por proyectos y formas de vida que contienen formas de socialidad alternativas basadas en la memoria cultural de las comunidades que tengan en cuenta la supervivencia, la decencia y la dignidad comunes, fuentes de disposiciones a prácticas de generosidad, benevolencia y lealtad, conformadoras de un fondo ético y emancipatorio, sin el cual no se renueva una cultura. La cultura genera así una especie de espacio simbólico que mantiene la capacidad para la esperanza, la justicia y la igualdad con base en la memoria colectiva.

Al examinar las posiciones en torno al problema del multiculturalismo y a los problemas de lenguaje que se presentan cuando movimientos sociales de ideologías y creencias religiosas diferentes tratan de tomar la palabra en el espacio público, el profesor Carlos A. Manrique  de la Universidad de Los Andes examina la tendencia de un cierto “humanismo”  de privilegiar cierto tipo de discursos neutrales y universales como más adecuados para aparecer en el espacio público  y en esta forma discrimina como no aptos y como meros discursos privados que deben permanecer ocultos a los discursos religiosos,  los que se considera como expresión de comunidades primitivas, no racionales, a los cuales se califica como “míticos” ( 6).

Esto último ha sucedido con la defensa que la comunidad de San José de Apartadó ha formulado de su territorio considerado como lugar de la memoria de sus muertos que por desgracia han sido víctimas de la violencia que sufre esta comunidad a lo largo de su historia. También se ha rechazado el discurso religioso con el cual los indígenas “nasa” han defendido su “madre-tierra”, que guarda sus ancestros. Esto obliga a reconocer que estas comunidades conciben sus acciones políticas no meramente como acciones humanas, sino también como trascendentes, como acciones “ultrahumanas”, según propone el autor denominarlas, y eso merece el respeto y la reflexión sobre el papel de los lenguajes alternativos a la hora de proponer nuevas visiones de la vida en común que formulen el cuestionamiento del orden normativo establecido. 
En otro excelente  ensayo de gran importancia para conocer la relación actual entre  subjetivación y los movimientos sociales y entre ética y política, el profesor Manrique  se plantea la relación entre la pregunta ética: “¿cómo vivir?” y la pregunta  política: “¿cómo reconfigurar el ser unos con otros  (o contra otros) en el espacio/tiempo del mundo y de la historia”, a partir de la rigurosa relación que plantea entre las investigaciones de Michel Foucault sobre la institución de la “parrhesia” (el decir veraz) y las relaciones de poder en la antigua Grecia,  y las investigaciones del mismo Foucault sobre lo que significa la Ilustración (7).

Entre otros aportes realmente importantes para comprender la situación actual, el profesor se ocupa de la relación de Sócrates y los cínicos con el orden normativo de la ciudad griega. Sócrates, quien a pesar de que jamás había aceptado formar parte de las instituciones estatales de la época, a no ser en casos especiales  como el de su servicio militar, toma la palabra para decir ciertas verdades a la ciudad, al  defenderse de las acusaciones que lo llevaron a la pena capital, de tal modo que muestra con su ejemplo  una forma alternativa de comportarse del ciudadano frente a las instituciones cívicas, mostrando sus fallas, lo que hace ver que la relación del ciudadano con el Estado, que hoy se entiende como relación exclusiva de obediencia y sumisión por cierto tipo de educación cívica superada por el avance del conocimiento puede ser entendida también como forma de mostrar comportamientos alternativos a los del orden normativo comúnmente aceptado cuando, por ejemplo,  éste viola la igualdad.  


4. Comprensión y Naturaleza.

Hasta aquí se puede decir, que, en cierto modo, hemos considerado lo que significa comprender un problema humano en el campo de la relación entre ética y política. Ahora pasaremos a considerar el hecho de que, curiosamente hoy se ha vuelto muy popular una forma de plantear la relación del hombre con la naturaleza (a veces contemplada desde cierta espiritualidad popular), gracias a la influencia de la religión, de la mística y del cine (por ejemplo, en la reciente película “Collateral Beauty” o “Belleza inesperada”). Se trata de la idea de que “todo está conectado con todo”, como si se pensara que comprende realmente un problema humano (por ejemplo, un problema afectivo de tristeza, angustia o miedo o una depresión) aquel que logra ver cómo sólo se trata de una parte minúscula de un todo significativo que lo abarca.

Por otra parte, la concepción de la naturaleza como un todo orgánico también se ha manifestado en otra forma, menos popular, pero más a propósito para enfrentar graves peligros sociales y ecológicos. En el marco del reciente Hay Festival de Cartagena de Indias, Andrea Wulf se refirió, al presentar  su excelente libro sobre Humboldt ( 8 ) a la forma en que el sabio alemán llegó a   prever la creciente desertificación de vastas regiones latinoamericanas por la agresiva tala de árboles (la cual, continúa hoy entre nosotros  por  la actual tendencia a preferir en los espacios públicos las plantas decorativas a los árboles y de reemplazar las oxigenadoras riberas de los manglares y los ríos con carreteras contaminantes).

Todavía más asombrosa es la previsión, en aquella época lejana y con aquellos viejos instrumentos técnicos que tuvo Humboldt, del mismo cambio climático cuya existencia niegan hoy todavía las grandes corporaciones internacionales que dependen de la guerra para su progreso financiero y tecnológico.

 Ahora bien, esos diagnósticos guardan relación con una forma de “comprender” la naturaleza muy especial. A partir de versos del Fausto de Goethe que expresan que en la naturaleza todos los seres están entrelazados, la obra de Wulf muestra que una parecida visión unitaria aparece en Humboldt y en el poeta inglés que hablaba alemán, Samuel Taylor Coleridge, quien lamentaba que en su época la gente se olvidara de que la verdadera “comprensión” de todo fenómeno natural parte de una contemplación de la conexión de todas las partes de la naturaleza. Así se llegó  a la noción de la naturaleza como un todo armoniosamente interrelacionado, como si fuera un organismo vivo.  

5. Comprensión del ser como intuición estética según el pensador colombiano Everardo Ramírez Toro.

Si pasamos ahora al ámbito latinoamericano, encontraremos que un pensador colombiano que también sintió profundamente  el daño ecológico y el cambio climático, trató de describir en sus ensayos filosóficos una intuición estética de la naturaleza como un todo. Pocos tienen hoy el privilegio que él tuvo en su pueblo natal antioqueño de ver desde su ventana uno de esos árboles gigantescos que se deshojan a principios del año y renacen con las primeras lluvias. Son árboles que muestran, para el que sepa ver,  el cambio de las estaciones, la demora o la rapidez de la  llegada de las lluvias y la relación de esos cambios con los ciclos de la vida, mejor que ciertos informes técnicos sobre el tiempo  que dan ganas de llorar. (Este privilegio  pronto desaparecerá  por la actual moda de  cortar árboles de los frentes o del patio de las casas  con la “buena” intención de evitar que impidan la visión de la “belleza” de las edificaciones)

Nos referimos al filósofo Everardo Ramírez, quien inicia sus meditaciones “sobre el ser”  evocando la forma en que comenzó desde niño, gracias a su contacto con uno de esos árboles, a forjar su noción de lo que llamó después el Ser (con mayúscula, para distinguirlo de los “seres”, en plural) tema al que dedicó su obra “La pirámide encantada” ( 9 ). Aunque es uno de los temas de la filosofía más difícil y desconocido, él  vuelve accesible para sus lectores los diferentes planteamientos que ha recibido, gracias a su inteligencia y su proverbial dominio del lenguaje.

Es poco lo que he podido encontrar sobre su pueblo natal Jericó, que ayude a entender el contexto natural y cultural de  los escritos del profesor Ramírez, pero mediante la lectura de apartes de la obra de  su coterráneo Héctor Abad Facio Lince y de la de su ilustre padre, médico mártir de los derechos humanos, quien estudiaba  el paisaje y las  flores de Jericó, con las cuales estaba familiarizado, me pude dar cuenta de que en esas flores y paisajes que  pude apreciar de lejos, en una reciente película  que transcurre en el intenso verdor de ese bello pueblo de Antioquia (10),  se podía encontrar la clave para entender ciertos temas de sus poemas y ensayos, entre otros el principal, el tema del “Ser”, nombre que da a lo que ni se puede definir ni conocer, y  con lo cual sólo se puede tener ciertas experiencias personales gracias a  sus “manifestaciones” en la naturaleza, pues es  el fundamento de todo, raíz del hombre, de la naturaleza y de los dioses.

Cuenta el profesor Ramírez que  de niño el “Ser”, se le “manifestó” (como dice empleando un lenguaje fenomenológico) varias veces mediante experiencias de exploración del campo, en los movimientos de los pastos, los árboles, las flores y los animalillos de los bosques. Alguna vez nombra esas experiencias con la palabra “intuición”, en uno de los textos filosóficos recopilados en la obra “La pirámide encantada”,  la novela “La Tortuga de Aquiles. Vida con mi padre”, cuya primera parte denomina “Los primeros años o la inconmensurable belleza del Ser”, lo que nos permite  sugerir que se trata de experiencias estéticas. 

En conclusión, en el intento por comprender la relación del hombre con la facticidad de su existencia (con el hecho de que es el único ser que no puede vivir sin mantener una relación con su propio ser), se puede partir de la fenomenología y de Heidegger y su principio, según el cual no se puede entender el ser humano sin entender su mundo, para llegar  a las actuales tendencias de comprender la relación entre los procesos de subjetivación y los movimientos sociales y a la relación entre el cuidado de sí mismo y  el gobierno de sí mismo y  el gobierno de los otros, (o del mundo privado y del mundo el mundo común). En fin, comprender  implica poner más atención a la relación de la cultura, como fuente de sentido, con la política, y a la relación de las múltiples formas de vida y de trabajo con la naturaleza y el orden normativo de la comunidad.


At present, the aim is to understand the relationship between social movements and the processes of subjectivation, that is, the capacity of individuals, considered as subjects, to transform themselves, and the effects of these self-modulations of the subject on the common World. To achieve this goal, the various communities participating in social movements must be allowed to express themselves freely through their different forms of artistic creation and discourses on their religious, ethical and political beliefs,



Citas

(1)En la NH Galería de Cartagena de Indias. De gran ayuda ha sido la obra: Ruby Rumié (Involucrada). NH Galería, Cartagena de Indias, 2014, con un importante recorrido a lo largo de la obra de la artista y prologada por Alberto Abello con el importante lema de Derek Walton: “Lo que no se conoce no puede ser amado”, tema que planteó la fenomenología con los importantes trabajos de Max Scheler sobre amor y conocimiento y de Heidegger  sobre comprensión y estado de animo.

(2) Papeles de Libertad. Una odisea trasatlántica en la era de la emancipación. Bogotá, Ediciones Uniandes e ICANH, 2015

(3) Santiago Castro-Gómez. Revoluciones sin sujeto. Bogotá, Akal/Interpares, 2015, pp.155 ss.

(4) Laura Quintana. “¿Paz política o paz sin política?” en: Intervenciones Filosóficas en medio del conflicto: Debates sobre la construcción de la paz en Colombia hoy/ Anders Fjeld, Carlos Manrique, Diego Paredes y Laura Quintana (Compiladores). Bogotá: Universidad de Los Andes, Facultad de Ciencias Sociales, Departamento de Filosofía. Ediciones Uniandes, 2016. Pp. 33ss.

(5) Alfredo Gómez Müller: “Reconstruir la cultura: La paz como utopía” Ibíd., pp 141 y ss.

(6) Carlos A. Manrique: “Hacia una libertad ultra humana: Espiritualidad y acción política en dos movimientos sociales en Colombia”: en Movimientos Sociales y subjetivaciones políticas. Anders Fjeld, Laura Quintana y Etienne Tassin (Compiladores). Bogotá: Universidad de Los Andes, facultad de Ciencias Sociales, departamento de Filosofía. Ediciones Uniandes, 2016, pp. 155 y ss.

(7) Carlos A. Manrique: “Actitud, crítica, ruptura: La reconfiguración dela Esfera de lo Público en la reflexión de Foucault sobre la Parrhesía como Modo del decir veraz”. (Agradezco a la profesora Camille Louis, del KOMPOST, el acceso a este artículo).

(8)Andrea Wulf. La invención de la Naturaleza. El nuevo mundo de Alexander de Humboldt. Taurus, 2016

(9) Everardo Ramírez Toro. La Pirámide encantada. Obras filosóficas. Barranquilla, Editorial Antillas, 1999, pp.167 y ss.

(10)  En el documental: “Jericó: el infinito vuelo de los días”.


Comentarios

  1. Parece que al examinar el uso de la palabra comprensión en los ensayos sobre ética y política, usted encuentra que la comprensión es entendida en ellos, no como una pregunta muy general sobre el sentido del ser, como la formuló Heidegger, sino como un fenómeno social, que implica a varios sujetos que piensan y actúan en común, y, lo más importante, que se comunican, es decir, que usan el lenguaje para disentir o asentir, pues el lenguaje (o las expresiones artísticas y religiosas ) permiten formular modos alternativos de ver hacia dónde va una comunidad. Por lo tanto, en los ensayos recientes que usted cita se ha llegado a plantear el carácter histórico y la finitud de la comprensión, en el sentido de que nunca es definitiva y siempre llega a resultados provisionales, sujetos a discusión y en desarrollo permanente a lo largo de la historia. Y esto, tan importante para “comprender” la situación actual, ni lo examina usted más detenidamente, ni lo recoge en la conclusión.

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  2. Debo agradecer al corresponsal, un joven profesor estudioso de los derechos humanos que prefiere no mencionar su nombre,( a quien solicité que tratara de formular por escrito su observación originalmente telefónica), que con su inteligente objeción no sólo señala una carencia de mi artículo, sino cierta violencia que se hace con los autores de los textos citados cuando no se menciona el contexto dentro del cual ellos trabajan y cuando lo hace un profano en esos temas como yo. Así que pienso dedicar otro Blog a explicitar que el artículo de Laura Quintana se comprende mejor si se estudian no sólo sus trabajos sobre Hannah Arendt, sino también sobre la dialéctica entre acción e institución; el artículo del profesor Manrique tiene en su trasfondo un cuidadoso estudio de las clases de Michel Foucault sobre el "Coraje de la Verdad" y "El gobierno de sí y de los Otros" y una discusión sobre su intento de formular una ontología del presente. El trabajo del profesor Castro-Gómez se comprende mejor si se leen su obra sobre la Ilustración en Colombia y el intento de los ilustrados de partir de un "punto cero" de la interpretación y de su particular y extraordinariamente clarificadora historia de lo que se ha llamado "humanismo" en América Latina. Le digo al corresponsal que cuando me he esforzado por comprender lo que se quiere decir cuando se basan los derechos humanos en la "dignidad humana" he caído en grandes dificultades y veo que en casos como éste el concepto de la Dignidad no se puede entender como una esencia dada de una vez y para siempre, sino, como dice el corresponsal, de un modo provisional, siempre en marcha o, como han puesto de presente en España, por medio del disenso.

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  3. Comentario adicional: El peligro de la comprensión orgánica de la naturaleza y de la vida, según Jacques Ranciere.
    Debo agregar que después de reflexionar sobre la respuesta anterior he caído en la cuenta de un peligro que en cierta ocasión la profesora Angélica Montes señaló a la concepción unitaria de la naturaleza que se formuló en este Blog hace un tiempo al describir los manglares, es decir, que esa visión orgánica de la totalidad se ha usado para defender cierto orden jerárquico de la sociedad. Por eso La profesora Montes sugería ver más bien los Manglares como RIZOMA, es decir como múltiples ensayos de exploraciones quehace la vegetación todos igual de importantes y sin necesidad de estar sujetos a una estructura única, como la que se entiende por la "totalidad orgánica". Este valiosos aporte de la profesora merece un Blog aparte, en el cual también será considerada la crítica del pensador francés Jacques Ranciere al modelo romántico de la naturaleza que la consideraba, con Goethe y con Humboldt como una totalidad orgánica. En efecto, en su extraordinaria obra "El hilo perdido. Ensayos sobre la ficción moderna", Traducido por María del Carmen Rodríguez, Bs, Aires, Manantial, 2015 hay una rigurosa crítica de este ideal a partir del examen de la novela moderna, por ejemplo en la tendencia de la novela realista del siglo XIX a describir detalles mínimos de un cuarto o de un espacio donde tiene lugar la acción, que los comentaristas juzgaban detalles inútiles o que sobraban y perturbaban la unidad de la obra, sin entender que esas prolijas descripciones mostraban modos alternos de percibir formas de vida por ejemplo de los más pobres, que mostraban que otro mundo es posible. Presento disculpas por este error que sólo acabo de comprender por desgracia, ahora. Nayib Abdala Ripoll.

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