SUBJETIVACIÓN Y MUNDO COMÚN. TRABAJO Y LIBERTAD.
Por Nayib Abdala Ripoll.
1. ¿Qué
significa “comprender” un asunto?
A lo
largo de estos artículos, en el fondo lo que hemos hecho es plantear la
pregunta por lo que significa “comprender” realmente un problema. La cuestión
la planteaba el gran pensador colombiano Mario Laserna, al inicio de encuentros
con investigadores y profesores, para señalar que a veces se estudiaba y se
leía mucho acerca de un problema y se recopilaban muchos datos y, a pesar de
eso, al final algún detalle, por pequeño que fuese, podía indicar que no se lo
había comprendido.
Muchos
años después de haber estado explicando un texto en clase me sucedía que un
estudiante brillante, basado en su intuición e inteligencia personales, lo
interpretaba mejor que lo que yo lo hacía después de noches en vela
leyendo las interpretaciones oficiales
del texto que encontraba a mi alcance; lo único que me consolaba entonces era
mi costumbre de llevar a clase un texto que también el estudiante pudiera
intentar comprender a su manera.
En
estas notas hemos partido de la cuestión de cómo la fenomenología planteaba
este tema, que nos condujo a Heidegger y su convicción de que no se puede
comprender qué es el hombre sin comprender su “mundo”, pues el hombre no era
una “sustancia pensante” (como afirmaba Descartes) sino un “ser en el Mundo”. Hans Georg Gadamer, a su vez, mostró
que para Heidegger comprender no era un método de conocimiento de las ciencias
de la cultura (como afirmaba Wilhelm
Dilthey, para diferenciarlas de las ciencias de la naturaleza, las cuales,
según él no trataban de comprender, sino de “explicar” un problema), sino un
modo de ser del ser humano. Y el mismo Gadamer mostró cómo, incluso en la vida
cotidiana, el que comprende algo es el que sabe cómo hacerlo bien, lo que se
encuentra ya al nivel práctico del que arregla bien un aparato técnico y la
gente dice que “sabe de eso” aunque no haya hecho altos estudios, pero sí se ha
familiarizado por un largo contacto práctico con ellos.
Al
tratar de Hanna Arendt hemos visto
que lo que se proponía, ante el problema del totalitarismo era comprenderlo y
para eso partió de la idea de la acción política que para aparecer necesita
distinguirse en un espacio público y en un mundo común. También Simone Weil para comprender qué era el
trabajo, pasó un tiempo en la fábrica
Renault. Cuando, interesados en comprender lo que significó la revolución
haitiana en el ámbito del Caribe, observamos los videos de YouTube en los que la
profesora Bayyinah Bello trata de
mostrar a un auditorio el sentido de dicha revolución, nos llama la atención
que ella siempre advierte que no se comprenderá qué significó ese
acontecimiento, si no se comprende que los líderes como Toussaint y Dessalines
partían del conocimiento de sí mismos y de su misión en la vida.
Por
eso ella invitaba a cada persona del auditorio a preguntarse quién era y cuál
era su misión en la vida, dos preguntas con las cuales se iniciaba también el
que pretendiera comprender en qué consiste la creencia en el “Vodú”. En este artículo trataremos de acercarnos a
las formas de comprensión del ser del hombre y de su acción en algunos intentos
artísticos, religiosos y políticos sobre la relación entre el hombre,
considerado como “sujeto”, es decir, un ser capaz de transformarse a sí mismo y
el mundo social y político. También veremos algunas formas actuales de
plantear la relación del hombre, considerado como cuerpo, con la naturaleza en
América Latina.
2. Comprensión
y experiencia.
Una
experiencia personal de cómo el arte, la religión, y el lenguaje pueden influir
al mismo tiempo en el modo como una persona se percibe a sí misma y su mundo
circundante se puede lograr asistiendo a las excelentes exposiciones de la
artista de Cartagena de Indias Ruby Rumié, sobre las expresiones
corporales y simbólicas de los desplazados de los barrios marginados y de las
mujeres víctimas de la violencia, así como del legado cultural de los barrios y
poblaciones tradicionales (1).
En
particular, uno se pregunta si existe alguna relación entre la idea de la
liberación de la esclavitud (cosas que hoy la gente prefiere olvidar) y las imágenes de Rumié de un grupo de vendedoras ambulantes del
pueblo de Palenque, fundado por esclavos africanos fugitivos, a pesar de que en
la imagen no aparece ninguna alusión expresa a la lucha por la libertad, sino la
representación de las “palenqueras” sentadas con un vestido blanco de corte
tradicional y mirando al frente con un gesto expresivo de la sensatez y de la dignidad
producidas en el sereno rostro de una adulta mayor afrocaribeña por
muchos años dedicados a cuidar con amor su hogar y sus hijos, sin dejar
de recorrer las calles de la ciudad con una palangana en la cabeza para ofrecer
sus frutas.
El
arte habla así al mundo común y permite aparecer en el espacio público lo que antes,
a pesar de ser aparentemente muy “común”, resultaba invisible, es decir, toda
una forma de vida resultado de sus tradiciones comunitarias de religiosidad y
de liberación. Para cambiar la sociedad, dicen por eso algunas investigaciones
actuales sobre la relación entre ética y política, a las que nos vamos a
referir más adelante, hay que cambiar el sentido común.
Se da
en esas representaciones de Rumié ese encuentro del ser humano con la
facticidad de su existencia que a veces se da también, pero de otras formas, en
los actuales movimientos juveniles latinoamericanos de cultivo de su
corporalidad y de su espiritualidad por medios religiosos, místicos y de
creatividad artística y, en general, por medio del cultivo de su relación con
la naturaleza.
Coincidencialmente
los estudios de la acción política, a los que nos acercamos como profanos
afanosos por comprender nuestra situación, cada vez tienen más en cuenta la
particularidad de los discursos que expresan la experiencia estética y
religiosa de las comunidades, y corrigen nuestra tendencia a subvalorarlos,
movidos por viejos hábitos de estudio de corte universalista, como si fuéramos
europeos de la Ilustración. Es lo que pudimos observar al conversar con algunos
de los miembros del grupo de investigadores de “Kompost” que estuvieron en
Cartagena de Indias dialogando con los jóvenes artistas, estudiantes y
escritores como parte del año de intercambio entre Francia y Colombia en torno
de lo que llaman:” la fábrica de lo común”.
3. Comprensión,
historia y cultura.
Otra
gran experiencia de la relación entre lo que llamamos "comprensión" y lo que hacen los sujetos con su identidad
y su relación con el mundo circundante y con los demás, se puede dar a raíz de una
lectura del relato fascinante de los
historiadores Rebecca J. Scott y de Jean M. Hébrand (2) de la lucha de Rosalie, una esclava africana raptada
en Senegambia, África, en 1785, y vendida
en Haití, pocos años antes de las sublevaciones y de la Revolución, quien después de servir a sus
amos, logra ser declarada libre (por medio de varias certificaciones ante
notarios que los investigadores persiguen y logran establecer de manera
rigurosa) y tras conseguir escaso apoyo
de sus maridos, se ve lanzada, por la
cada vez más complicada situación de sublevación esclavista y las reacciones
sangrientas de los propietarios de la isla, a una emigración peligrosa a
Santiago de Cuba (por el implacable y cruel esclavismo imperante en las
plantaciones), donde forma parte de una
asociación de mujeres ex esclavas para apoyarse solidariamente, y tras grandes
esfuerzos logra enviar a su pequeña hija Elisabeth, con su madrina, a Nueva
Orleans, donde la niña iniciará también la lucha que mantendrán sus descendientes por ser reconocidos
dignamente en Estados Unidos y Europa, sin negar su origen africano a lo largo
de tres generaciones que llegan hasta el siglo XX.
Las
formas de vida y de trabajo (entre las que me parece de importancia el comercio
de las vendedoras ambulantes) de las mujeres de color, esclavas o libres en
Haití se pueden ver en esta gran obra histórica, en casos como el de “Marthone”,
apodo de Martha, otra mujer extraordinaria que después de haber sido esclava y
de conseguir la declaración de liberada, dirige una extensa red de varias de sus esclavas a las que convierte en “pacotilleuses”, (palabra que
los diccionarios etimológicos del español, después de fijar su origen francés,
explican que desciende de antiguas expresiones para señalar las cosas de menor
valor, lo que también en español se llamará “pacotilla”), en suma, ventas al
por menor, ambulantes, y llega a tener sus propias casas y a ser prestamista incluso de los blancos. Nos
parece que no hemos puesto atención a lo que significa este tipo de labor
comercial y de trabajo en el tránsito de la esclavitud a la libertad.
Al
preguntarse por qué no se ha puesto atención a las formas culturales y de
trabajo y de comercio de las comunidades más pobres puede encontrarse una respuesta en otra obra, ya no histórica, sino filosófica, del profesor de la
Universidad Nacional de Colombia Santiago Castro Gómez (3 ) quien critica la tendencia teórica de aplicar a las formas
de trabajo y de comercio particulares de las comunidades populares un mismo
rasero general y abstracto para su estudio, invisibilizando de esta manera
posibles aportes para formas alternativas de comprender la relación del trabajador
con el mundo.
Los
sujetos de prácticas comerciales o laborales de las comunidades locales
introducen en su oficio, su “historia personal y cultural”, así que para
comprender su actividad no basta reducirla al concepto de “trabajo abstracto” originario
del análisis del capitalismo europeo, ni concebirla como una explotación que
sufrirían pasivamente los sujetos de dichas prácticas, sino que lo primero que
hay que preguntar es, como dice en una frase magistral el profesor Castro-Gómez: “qué es lo que realmente
hacen”, sin separar abstractamente su trabajo de sus condiciones históricas y
culturales .
Nos
parece que Castro-Gómez comparte con
otros investigadores como Laura Quintana
y Carlos A. Manrique una visión crítica
del hecho de que generalmente se entiende
por política proyectos que presuponen como bueno el orden normativo existente y
no tienen en cuenta formas alternativas de sentir, valorar y pensar que sobre
las instituciones y el orden jurídico tienen las comunidades particulares ,
porque han sido invisibilizadas o por considerarlas ignorantes, primitivas, o de regiones rurales sin
educación, con creencias míticas o religiosas consideradas no aptas para
aparecer en el espacio público.
También
critican la tendencia a supervalorar la democracia procedimental concebida como
espacio puro para "acabar con el conflicto" por medio de la deliberación de los ciudadanos, pues la democracia no es
una mera forma de gobierno que “acaba con los conflictos”, sino que la
democracia parte de considerar la finitud y el carácter inacabado de toda
comprensión. Lo más que puede hacer es hacer visibles los conflictos para que
las partes prosigan el antagonismo sin violencia. Lo que sí se puede lograr son
los acuerdos para poner fin a la guerra, no al conflicto.
Así,
observamos en uno de esos trabajos que la profesora Laura Quintana muestra la necesidad de “pensar sin barandillas”
(tomando una expresión de Arendt) en el sentido de una búsqueda incesante de
sentido sin apoyarse en categorías sociales, políticas o morales estables o
tradicionales, que ocultan en vez de hacer visibles las alternativas de los
nuevos movimientos sociales, sino más bien partir con coraje del convencimiento
de que hay diversas maneras de poner esas categorías tradicionales en discusión, lo cual requiere entender que
pensar no es un ejercicio solitario sino en común, que necesita apertura a las
palabras y acciones de los que piensan distinto, y eso significa aceptar la
finitud y el carácter “parcial y provisional” de toda comprensión ( 4 ).
Por
otra parte, muy importante, por proponer repensar el papel de la cultura como
fuente de sentido para conducir los procesos de superación de la violencia y de
negociaciones de paz, es el trabajo el profesor Alfredo Gómez Müller (5)
quien propone basar las negociaciones de
paz en un concepto de cultura que dé sentido a la vida, repensando la perdida
diferencia entre ideología y utopía, pues la segunda tiene como función concebir
que “otro mundo es posible”, pues por partir del futuro proporciona una base
para “proyectar mundos alternativos” y
criticar lo que en el presente no deja que la vida crezca y florezca e
incentive una formación (sentido
originario de la palabra “cultura”).
Para
él, si no hay futuro, no hay utopía ni cultura, pues el núcleo de la cultura es
utópico. El observa cómo ya el sociólogo Karl
Mannheim en su libro sobre ideología y utopía veía ya en 1929 que se
extendía un modo de pensar ideológico con una “racionalidad belicista” que
borraba del mundo toda trascendencia al convertir la utopía en ideología y
concebía la realidad como una objetividad estática que terminaba por convertir
al hombre en una cosa. Pues, según el profesor Gómez-Müller, las posibilidades del ser humano, una vez concebido
como cosa en un mundo sin trascendencia, son las del que se siente inmerso en
una guerra de todos contra todos permanentemente.
En cambio,
es la utopía la que permite vislumbrar la posibilidad de la paz conformada por
proyectos y formas de vida que contienen formas de socialidad alternativas basadas
en la memoria cultural de las comunidades que tengan en cuenta la supervivencia,
la decencia y la dignidad comunes, fuentes de disposiciones a prácticas de
generosidad, benevolencia y lealtad, conformadoras de un fondo ético y
emancipatorio, sin el cual no se renueva una cultura. La cultura genera así una
especie de espacio simbólico que mantiene la capacidad para la esperanza, la
justicia y la igualdad con base en la memoria colectiva.
Al
examinar las posiciones en torno al problema del multiculturalismo y a los
problemas de lenguaje que se presentan cuando movimientos sociales de
ideologías y creencias religiosas diferentes tratan de tomar la palabra en el
espacio público, el profesor Carlos A. Manrique de la Universidad de Los Andes examina la
tendencia de un cierto “humanismo” de
privilegiar cierto tipo de discursos neutrales y universales como más adecuados
para aparecer en el espacio público y en
esta forma discrimina como no aptos y como meros discursos privados que deben
permanecer ocultos a los discursos religiosos, los que se considera como expresión de
comunidades primitivas, no racionales, a los cuales se califica como “míticos”
( 6).
Esto
último ha sucedido con la defensa que la comunidad de San José de Apartadó ha
formulado de su territorio considerado como lugar de la memoria de sus muertos
que por desgracia han sido víctimas de la violencia que sufre esta comunidad a
lo largo de su historia. También se ha rechazado el discurso religioso con el
cual los indígenas “nasa” han defendido su “madre-tierra”, que guarda sus
ancestros. Esto obliga a reconocer que estas comunidades conciben sus acciones
políticas no meramente como acciones humanas, sino también como trascendentes,
como acciones “ultrahumanas”, según propone el autor denominarlas, y eso merece
el respeto y la reflexión sobre el papel de los lenguajes alternativos a la
hora de proponer nuevas visiones de la vida en común que formulen el
cuestionamiento del orden normativo establecido.
En
otro excelente ensayo de gran
importancia para conocer la relación actual entre subjetivación y los movimientos sociales y
entre ética y política, el profesor Manrique se plantea la relación entre la pregunta ética:
“¿cómo vivir?” y la pregunta política:
“¿cómo reconfigurar el ser unos con otros
(o contra otros) en el espacio/tiempo del mundo y de la historia”, a
partir de la rigurosa relación que plantea entre las investigaciones de Michel Foucault sobre la institución de
la “parrhesia” (el decir veraz) y las relaciones de poder en la antigua
Grecia, y las investigaciones del mismo
Foucault sobre lo que significa la Ilustración (7).
Entre
otros aportes realmente importantes para comprender la situación actual, el
profesor se ocupa de la relación de Sócrates y los cínicos con el orden
normativo de la ciudad griega. Sócrates, quien a pesar de que jamás había
aceptado formar parte de las instituciones estatales de la época, a no ser en
casos especiales como el de su servicio
militar, toma la palabra para decir ciertas verdades a la ciudad, al defenderse de las acusaciones que lo llevaron
a la pena capital, de tal modo que muestra con su ejemplo una forma alternativa de comportarse del
ciudadano frente a las instituciones cívicas, mostrando sus fallas, lo que hace
ver que la relación del ciudadano con el Estado, que hoy se entiende como
relación exclusiva de obediencia y sumisión por cierto tipo de educación cívica
superada por el avance del conocimiento puede ser entendida también como forma
de mostrar comportamientos alternativos a los del orden normativo comúnmente
aceptado cuando, por ejemplo, éste viola
la igualdad.
4.
Comprensión y Naturaleza.
Hasta
aquí se puede decir, que, en cierto modo, hemos considerado lo que significa
comprender un problema humano en el campo de la relación entre ética y política.
Ahora pasaremos a considerar el hecho de que, curiosamente hoy se ha vuelto muy
popular una forma de plantear la relación del hombre con la naturaleza (a veces
contemplada desde cierta espiritualidad popular), gracias a la influencia de la
religión, de la mística y del cine (por ejemplo, en la reciente película
“Collateral Beauty” o “Belleza inesperada”). Se trata de la idea de que “todo
está conectado con todo”, como si se pensara que comprende realmente un
problema humano (por ejemplo, un problema afectivo de tristeza, angustia o
miedo o una depresión) aquel que logra ver cómo sólo se trata de una parte
minúscula de un todo significativo que lo abarca.
Por
otra parte, la concepción de la naturaleza como un todo orgánico también se ha
manifestado en otra forma, menos popular, pero más a propósito para enfrentar
graves peligros sociales y ecológicos. En el marco del reciente Hay Festival de
Cartagena de Indias, Andrea Wulf se refirió, al presentar su excelente libro sobre Humboldt ( 8 ) a la
forma en que el sabio alemán llegó a prever la creciente desertificación de vastas
regiones latinoamericanas por la agresiva tala de árboles (la cual, continúa
hoy entre nosotros por la actual tendencia a preferir en los
espacios públicos las plantas decorativas a los árboles y de reemplazar las oxigenadoras
riberas de los manglares y los ríos con carreteras contaminantes).
Todavía
más asombrosa es la previsión, en aquella época lejana y con aquellos viejos
instrumentos técnicos que tuvo Humboldt, del mismo cambio climático cuya
existencia niegan hoy todavía las grandes corporaciones internacionales que
dependen de la guerra para su progreso financiero y tecnológico.
Ahora bien, esos diagnósticos guardan relación
con una forma de “comprender” la naturaleza muy especial. A partir de versos
del Fausto de Goethe que expresan que en la naturaleza todos los seres están
entrelazados, la obra de Wulf muestra que una parecida visión unitaria aparece
en Humboldt y en el poeta inglés que hablaba alemán, Samuel Taylor Coleridge, quien lamentaba que
en su época la gente se olvidara de que la verdadera “comprensión” de todo
fenómeno natural parte de una contemplación de la conexión de todas las partes
de la naturaleza. Así se llegó a la noción
de la naturaleza como un todo armoniosamente interrelacionado, como si fuera un
organismo vivo.
5.
Comprensión del ser como intuición estética según el pensador colombiano
Everardo Ramírez Toro.
Si
pasamos ahora al ámbito latinoamericano, encontraremos que un pensador
colombiano que también sintió profundamente
el daño ecológico y el cambio climático, trató de describir en sus
ensayos filosóficos una intuición estética de la naturaleza como un todo. Pocos
tienen hoy el privilegio que él tuvo en su pueblo natal antioqueño de ver desde
su ventana uno de esos árboles gigantescos que se deshojan a principios del año
y renacen con las primeras lluvias. Son árboles que muestran, para el que sepa
ver, el cambio de las estaciones, la
demora o la rapidez de la llegada de las
lluvias y la relación de esos cambios con los ciclos de la vida, mejor que
ciertos informes técnicos sobre el tiempo
que dan ganas de llorar. (Este privilegio pronto desaparecerá por la actual moda de cortar árboles de los frentes o del patio de
las casas con la “buena” intención de
evitar que impidan la visión de la “belleza” de las edificaciones)
Nos
referimos al filósofo Everardo Ramírez, quien inicia sus meditaciones “sobre el
ser” evocando la forma en que comenzó
desde niño, gracias a su contacto con uno de esos árboles, a forjar su noción
de lo que llamó después el Ser (con mayúscula, para distinguirlo de los “seres”,
en plural) tema al que dedicó su obra “La pirámide encantada” ( 9 ). Aunque es
uno de los temas de la filosofía más difícil y desconocido, él vuelve accesible para sus lectores los
diferentes planteamientos que ha recibido, gracias a su inteligencia y su
proverbial dominio del lenguaje.
Es
poco lo que he podido encontrar sobre su pueblo natal Jericó, que ayude a
entender el contexto natural y cultural de los escritos del profesor Ramírez, pero
mediante la lectura de apartes de la obra de su coterráneo Héctor Abad Facio Lince y de la
de su ilustre padre, médico mártir de los derechos humanos, quien estudiaba el paisaje y las flores de Jericó, con las cuales estaba
familiarizado, me pude dar cuenta de que en esas flores y paisajes que pude apreciar de lejos, en una reciente
película que transcurre en el intenso
verdor de ese bello pueblo de Antioquia (10),
se podía encontrar la clave para entender ciertos temas de sus poemas y
ensayos, entre otros el principal, el tema del “Ser”, nombre que da a lo que ni
se puede definir ni conocer, y con lo
cual sólo se puede tener ciertas experiencias personales gracias a sus “manifestaciones” en la naturaleza, pues
es el fundamento de todo, raíz del
hombre, de la naturaleza y de los dioses.
Cuenta
el profesor Ramírez que de niño el
“Ser”, se le “manifestó” (como dice empleando un lenguaje fenomenológico) varias
veces mediante experiencias de exploración del campo, en los movimientos de los
pastos, los árboles, las flores y los animalillos de los bosques. Alguna vez
nombra esas experiencias con la palabra “intuición”, en uno de los textos
filosóficos recopilados en la obra “La pirámide encantada”, la novela “La Tortuga de Aquiles. Vida con mi padre”,
cuya primera parte denomina “Los primeros años o la inconmensurable belleza del
Ser”, lo que nos permite sugerir que se
trata de experiencias estéticas.
En
conclusión, en el intento por comprender la relación del hombre con la
facticidad de su existencia (con el hecho de que es el único ser que no puede
vivir sin mantener una relación con su propio ser), se puede partir de la
fenomenología y de Heidegger y su principio, según el cual no se puede entender
el ser humano sin entender su mundo, para llegar a las actuales tendencias de comprender la
relación entre los procesos de subjetivación y los movimientos sociales y a la
relación entre el cuidado de sí mismo y
el gobierno de sí mismo y el
gobierno de los otros, (o del mundo privado y del mundo el mundo común). En
fin, comprender implica poner más
atención a la relación de la cultura, como fuente de sentido, con la política,
y a la relación de las múltiples formas de vida y de trabajo con la naturaleza
y el orden normativo de la comunidad.
At
present, the aim is to understand the relationship between social movements and
the processes of subjectivation, that is, the capacity of individuals,
considered as subjects, to transform themselves, and the effects of these
self-modulations of the subject on the common World. To achieve this goal, the
various communities participating in social movements must be allowed to
express themselves freely through their different forms of artistic creation
and discourses on their religious, ethical and political beliefs,
Citas
(1)En
la NH Galería de Cartagena de Indias. De gran ayuda ha sido la obra: Ruby Rumié (Involucrada). NH Galería,
Cartagena de Indias, 2014, con un importante recorrido a lo largo de la obra de
la artista y prologada por Alberto
Abello con el importante lema de Derek
Walton: “Lo que no se conoce no puede ser amado”, tema que planteó la
fenomenología con los importantes trabajos de Max Scheler sobre amor y
conocimiento y de Heidegger sobre comprensión y estado de animo.
(2) Papeles de Libertad. Una odisea
trasatlántica en la era de la emancipación. Bogotá, Ediciones Uniandes e ICANH,
2015
(3)
Santiago Castro-Gómez. Revoluciones
sin sujeto. Bogotá,
Akal/Interpares, 2015, pp.155 ss.
(4) Laura
Quintana. “¿Paz política o paz sin política?” en: Intervenciones Filosóficas en medio del conflicto: Debates sobre la
construcción de la paz en Colombia hoy/ Anders Fjeld, Carlos
Manrique, Diego Paredes y Laura Quintana (Compiladores). Bogotá: Universidad de
Los Andes, Facultad de Ciencias Sociales, Departamento de Filosofía. Ediciones
Uniandes, 2016. Pp. 33ss.
(5)
Alfredo Gómez Müller: “Reconstruir la cultura: La paz como utopía” Ibíd., pp
141 y ss.
(6) Carlos
A. Manrique: “Hacia una libertad ultra humana: Espiritualidad y acción política
en dos movimientos sociales en Colombia”: en Movimientos Sociales y subjetivaciones políticas.
Anders Fjeld, Laura Quintana y Etienne Tassin (Compiladores). Bogotá: Universidad
de Los Andes, facultad de Ciencias Sociales, departamento de Filosofía.
Ediciones Uniandes, 2016, pp. 155 y ss.
(7) Carlos
A. Manrique: “Actitud, crítica, ruptura: La reconfiguración dela Esfera de lo
Público en la reflexión de Foucault sobre la Parrhesía como Modo del decir
veraz”. (Agradezco a la profesora Camille Louis, del KOMPOST, el acceso a este
artículo).
(8)Andrea
Wulf. La invención de la Naturaleza.
El nuevo mundo de Alexander de Humboldt. Taurus, 2016
(9)
Everardo Ramírez Toro. La Pirámide
encantada. Obras filosóficas. Barranquilla, Editorial Antillas, 1999,
pp.167 y ss.
(10) En el documental: “Jericó: el infinito vuelo
de los días”.
Parece que al examinar el uso de la palabra comprensión en los ensayos sobre ética y política, usted encuentra que la comprensión es entendida en ellos, no como una pregunta muy general sobre el sentido del ser, como la formuló Heidegger, sino como un fenómeno social, que implica a varios sujetos que piensan y actúan en común, y, lo más importante, que se comunican, es decir, que usan el lenguaje para disentir o asentir, pues el lenguaje (o las expresiones artísticas y religiosas ) permiten formular modos alternativos de ver hacia dónde va una comunidad. Por lo tanto, en los ensayos recientes que usted cita se ha llegado a plantear el carácter histórico y la finitud de la comprensión, en el sentido de que nunca es definitiva y siempre llega a resultados provisionales, sujetos a discusión y en desarrollo permanente a lo largo de la historia. Y esto, tan importante para “comprender” la situación actual, ni lo examina usted más detenidamente, ni lo recoge en la conclusión.
ResponderEliminarDebo agradecer al corresponsal, un joven profesor estudioso de los derechos humanos que prefiere no mencionar su nombre,( a quien solicité que tratara de formular por escrito su observación originalmente telefónica), que con su inteligente objeción no sólo señala una carencia de mi artículo, sino cierta violencia que se hace con los autores de los textos citados cuando no se menciona el contexto dentro del cual ellos trabajan y cuando lo hace un profano en esos temas como yo. Así que pienso dedicar otro Blog a explicitar que el artículo de Laura Quintana se comprende mejor si se estudian no sólo sus trabajos sobre Hannah Arendt, sino también sobre la dialéctica entre acción e institución; el artículo del profesor Manrique tiene en su trasfondo un cuidadoso estudio de las clases de Michel Foucault sobre el "Coraje de la Verdad" y "El gobierno de sí y de los Otros" y una discusión sobre su intento de formular una ontología del presente. El trabajo del profesor Castro-Gómez se comprende mejor si se leen su obra sobre la Ilustración en Colombia y el intento de los ilustrados de partir de un "punto cero" de la interpretación y de su particular y extraordinariamente clarificadora historia de lo que se ha llamado "humanismo" en América Latina. Le digo al corresponsal que cuando me he esforzado por comprender lo que se quiere decir cuando se basan los derechos humanos en la "dignidad humana" he caído en grandes dificultades y veo que en casos como éste el concepto de la Dignidad no se puede entender como una esencia dada de una vez y para siempre, sino, como dice el corresponsal, de un modo provisional, siempre en marcha o, como han puesto de presente en España, por medio del disenso.
ResponderEliminarComentario adicional: El peligro de la comprensión orgánica de la naturaleza y de la vida, según Jacques Ranciere.
ResponderEliminarDebo agregar que después de reflexionar sobre la respuesta anterior he caído en la cuenta de un peligro que en cierta ocasión la profesora Angélica Montes señaló a la concepción unitaria de la naturaleza que se formuló en este Blog hace un tiempo al describir los manglares, es decir, que esa visión orgánica de la totalidad se ha usado para defender cierto orden jerárquico de la sociedad. Por eso La profesora Montes sugería ver más bien los Manglares como RIZOMA, es decir como múltiples ensayos de exploraciones quehace la vegetación todos igual de importantes y sin necesidad de estar sujetos a una estructura única, como la que se entiende por la "totalidad orgánica". Este valiosos aporte de la profesora merece un Blog aparte, en el cual también será considerada la crítica del pensador francés Jacques Ranciere al modelo romántico de la naturaleza que la consideraba, con Goethe y con Humboldt como una totalidad orgánica. En efecto, en su extraordinaria obra "El hilo perdido. Ensayos sobre la ficción moderna", Traducido por María del Carmen Rodríguez, Bs, Aires, Manantial, 2015 hay una rigurosa crítica de este ideal a partir del examen de la novela moderna, por ejemplo en la tendencia de la novela realista del siglo XIX a describir detalles mínimos de un cuarto o de un espacio donde tiene lugar la acción, que los comentaristas juzgaban detalles inútiles o que sobraban y perturbaban la unidad de la obra, sin entender que esas prolijas descripciones mostraban modos alternos de percibir formas de vida por ejemplo de los más pobres, que mostraban que otro mundo es posible. Presento disculpas por este error que sólo acabo de comprender por desgracia, ahora. Nayib Abdala Ripoll.