EL MOVIMIENTO SOCIAL AFROCOLOMBIANO EN LA ETAPA DEL POSTCONFLICTO, COMO OPCIÓN POLÍTICA PARA FORTALECER EL PODER DEMOCRÁTICO
(Sobre el libro: Movimiento social afrocolombiano, negro,
raizal y palenquero como opción política para el fortalecimiento de la democracia).
Escrito por el investigador y profesor Rubén Darío Hernández Cassiani
Por Nayib Abdala Ripoll
Aunque sólo los expertos
que han dedicado toda su vida al tema o los grandes luchadores por los derechos
del pueblo afrocolombiano están capacitados para dar un juicio fiable, definitivo
y completo sobre el valor de esta obra realmente sorprendente por la precisión,
la claridad y la ausencia de toda retórica, además de su completud, dedicada a la
exposición detallada, clara y rigurosamente fundamentada de la cultura, la sociedad, la historia, los
logros y fracasos y las organizaciones de los movimientos sociales de las comunidades
afrocolombianas, procedemos aquí, dada su importancia, a intentar una presentación desde nuestro
punto de vista de apenas iniciados recientemente en el estudio de los estragos
de la esclavitud y en la lectura tardía
de algunas obras del gran escritor Manuel Zapata Olivella.
Esta obra abarca desde el
origen, en la cosmovisión africana, de la cultura del pueblo afrocolombiano
hasta la forma como sus luchas por el reconocimiento influyeron en el resultado
del proceso de paz colombiano que culminó en la Habana hace dos años y puede servir para el que quiere estudiar la
historia de la cultura y del desarrollo histórico de las diferentes poblaciones
afrocolombianas, pero también puede desempeñar la función de un manual de
registro de las leyes e instituciones que han venido conformando un legado de
los reconocimientos que ha obtenido por medio de sus luchas, así como también la
de una orientación para investigadores sociales que necesitan conocer las
organizaciones con las cuales dirigen, de un modo autónomo, sus acciones
políticas, sus seminarios, congresos y
reuniones.
Debo advertir al lector que como el libro
describe casi exhaustivamente y con el máximo rigor todo el aparato
organizacional e institucional del pueblo afrocolombiano en sus diferentes
regiones y de acuerdo con la historia y la cultura de cada pueblo, un
desarrollo completo de esos temas está fuera de las posibilidades de este
intento de reseña y en su lugar me he permitido seleccionar algunos casos para
ilustrar un punto de vista, cuando me parezca necesario.
Después de esta breve
presentación, abordaremos ahora una rápida descripción del contenido. El libro es
el resultado de una investigación que parece recoger las enseñanzas y las
experiencias de toda una vida sobre el tema y por eso se abre con un capítulo
(el segundo, después de la introducción) dedicado a exponer la propuesta guía
de la investigación, de gran utilidad para los investigadores que se asomen al
tema exigiendo el planteamiento del problema, el horizonte teórico, la
planeación minuciosa de los pasos metodológicos y la cita completa de las
fuentes de primera y segunda mano. Nosotros, como profanos, dejamos esa
lectura, así como las conclusiones, al lector acucioso y preferimos pasar al valioso
contenido, comenzando por citar el breve párrafo inicial de la introducción
sobre el objetivo principal de la obra redactado con la maestría del autor para
decir lo básico en la forma más breve y clara:
“Esta investigación tiene
como punto de partida las exigencias y vicisitudes del conjunto de
organizaciones que integran el movimiento social afrocolombiano, negro, raizal
y palenquero. En este sentido amplía el horizonte del conocimiento de su
realidad como opción política de poder, para el fortalecimiento (desde abajo)
de la democracia en Colombia y América Latina, a partir de la identificación de
los factores que lo debilitan e impiden el cumplimiento de sus idearios y fines”
(p. 7)
Ya aquí vemos que el
libro no sólo es útil para los interesados en la historia y la cultura de los
pueblos y de los movimientos sociales afrocolombianos, sino también para los
estudiosos de las dificultades de la democracia en América Latina, así como
para los estudiosos de las formas organizacionales y de las normas e
instituciones jurídicas y políticas que
adoptan los movimientos sociales para que sus derechos se cumplan y para
enfrentar siglos de falta de reconocimiento o de exclusión. El desarrollo temático,
abarca cuatro puntos básicos:
1.
El capítulo tercero está dedicado a
exponer lo que se entiende por población afrocolombiana y sus derechos sociales,
económicos, políticos y culturales.
2.
El capítulo cuarto expone las organizaciones
afrocolombianas y su papel en la gestión de los derechos.
3.
El capítulo quinto estudia la
participación comunitaria y electoral para el cumplimiento de los derechos.
4.
El capítulo sexto expone la construcción
de una ruta epistemológica para la comprensión del movimiento social
afrocolombiano como opción política democrática.
1.
Orígenes. La Población Afrocolombiana.
Comenzamos,
pues, por el capítulo tercero, sobre los pueblos afrocolombianos y sus derechos.
Es muy especial, pues comienza con un estudio realmente ejemplar de los
orígenes de la cultura africana en la cosmovisión religiosa yoruba, la cual
abre el mundo lleno de significados del hombre postulando un dios creador,
Olodumare, y presentando al ser humano como compuesto de tres partes, “Ara” o
el cuerpo físico, “Emi o la mente-alma y “Ori” o la personalidad, sede del
destino de la persona, lo que hace pensar que no existe la idea de libertad
como libre albedrío, tal como la ve Occidente. El autor hace ver aquí, citando
a Manuel Zapata Olivella, algo importante y es el papel central que juega la
concepción de la familia como integrada por los ancestros, quienes acompañan a
los vivos en su trabajo, lo que el autor interpreta de una forma muy ingeniosa,
pues eso enseña que “el trabajo de los vivos debe enriquecerse con la
experiencia atávica anclada en la tradición” (p. 34).
Después
de referirse a la historia de la
esclavitud, culmina con un estudio científico del
desarrollo de las poblaciones afrocolombianos en sus ambientes propios y en sus
territorios, pues será una constante de la obra apuntar que no se puede
comprender el desarrollo de los movimientos sociales de estos pueblos sin tener
presente la interrelación entre las poblaciones y los territorios, lo que
prepara al lector para el recuento de las organizaciones e instituciones
jurídicas adoptadas por ellos, las cuales, entre otros objetivos, tienen el de
la conservación y el cuidado de los territorios.
Decíamos que encontramos
aquí una visión diferente de la historia de la esclavitud, porque subraya
aspectos que por lo menos los profanos no habíamos encontrado en otros
enfoques. En efecto, el autor comienza citando un texto realmente importante,
que conocemos por primera vez, de Manuel
Zapata Olivella (p. 29), en el cual el gran escritor invita a considerar el
proceso de la esclavitud no sólo como un proceso de explotación, como es usual
, sino también como un proceso en el cual el esclavo pronto inició formas de
resistencia y de aprendizaje que lo convirtieron en un proceso de desarrollo
cultural de ricas experiencias en minería, herrería, orfebrería, agricultura,
ganadería, albañilería, cerámica, cestería, talla en madera, marfil y hueso,
así como también en construcción de embarcaciones .
Esto nos recuerda que
actualmente un investigador de la Universidad Nacional ha lamentado la poca
atención que se ha dado entre nosotros al estudio de las formas populares o comunitarias
de trabajo de los pueblos latinoamericanos, pues los despreciamos al
compararlas con formas de trabajo de pueblos supuestamente más adelantados.
Ahora bien, justamente contra esta forma de pensar, el autor desarrolla a lo
largo de varios capítulos de esta obra varias menciones de las formas de
trabajos de los pueblos afrocolombianos, subrayando que dependen mucho de su
particular relación con el medio ambiente y su territorio, motivo por el cual
están enriquecidos por unas experiencias muy particulares. Nos parece que ya
desde este momento el lector se va dando cuenta de la gran importancia que el
autor da al territorio, como algo inseparable del pueblo afrocolombiano, tema
que volverá a surgir a la hora de discutir la historia de la depredación que se
ha venido ejecutando del territorio de estos pueblos y, finalmente, la historia
de la lucha de esos pueblos por recobrar sus territorios.
La historia de la
esclavitud la ve el autor, basado en Manuel Zapata Olivella, no sólo como un
proceso salvaje de explotación, sino también una ocasión del esclavo para
mostrar su capacidad de reacción. A partir de ahí se detiene acertadamente en
otros aspectos que no habíamos visto antes entre los historiadores de la
esclavitud, la cual, como resume el autor, fue también un proceso de
“resistencia y de autoconciencia”, pues, dice citando a Antón y del Pópolo:
“Este fenómeno (el de la
resistencia del esclavo en forma silenciosa y digna, mediante el cimarronaje,
para buscar “mecanismos de sobrevivencia”), obligó a romper con la conciencia
ingenua y colonizada, para asumir una conciencia crítica y descolonizadora, que
sería la semilla para la revaloración cultural, la búsqueda de la libertad, la
conquista de la ciudadanía, la politización de la identidad y luego la lucha
frontal contra el racismo y la pobreza” (p.29).
Es de notar que en todo
este capítulo se trata justamente de mostrar cómo desarrollaron los pueblos
afrocolombianos esa conciencia crítica, esa búsqueda de la libertad y culmina,
al estudiar la situación actual, en la descripción de las formas como los
pueblos afrocolombianos enfrentan actualmente la lucha contra el desplazamiento
forzoso, el racismo y la pobreza.
2.
Organizaciones afrocolombianas.
El
importante capítulo cuarto comienza por exponer las formas organizativas
ancestrales, a saber, palenques, cabildos y los grupos que en lengua nativa
denomina: “kuagros”. Sin poder entrar, en esta breve reseña, en la descripción
exhaustiva que el autor realiza, nos llama la atención la doble función, a la
vez legal y ancestral- cultural, o tradicional y moderna (en el sentido de
“funcional”), que cumplen las organizaciones del pueblo afrocolombiano.
Por ejemplo, esta doble función se encuentra al
comparar una organización tan identitaria y tan arraigada en las costumbres y tradiciones
como los “kuagros” con las “juntas” que las conforman. Por cierto que hace años
nos había llamado la atención al leer una obra sobre Palenque de la antropóloga Nina S. Friedemann, que la organización por
kuagros es como un movimiento comunitario que divide a las comunidades en
pequeñas células para cumplir algunas tareas. En una ocasión tuve en mis manos
un manual de un “movimiento por células” que se inventaron en Inglaterra para
recobrar la normalidad de las comunidades después de la Segunda Guerra Mundial.
Mientras los “kuagros” expresan en su reglamento
una especie de lo que el autor denomina (por cierto, empleando una expresión
apropiada y afortunada):” pacto de vida” (p. 99), las juntas, en cambio, se
forman para atender específicamente asuntos particulares, como situaciones
críticas, de enfermedad, muerte o de conmemoraciones de los kuagros y por eso
tienden a desintegrarse una vez cumplido el objetivo particular para el que
fueron conformadas.
En general, en algunas
organizaciones las juntas adoptan reglamentos especiales que les permitan
trascender su papel de juntas comunitarias palenqueras y funcionar simultáneamente como
organizaciones institucionales reguladas por el Estado con base en la ley 70 de
1993. Se trata entonces de” organizaciones de base”, registradas ante el
Ministerio del Interior para facilitar el acceso a espacios conquistados por la
lucha del movimiento afrocolombiano por sus derechos.
También produce asombro
comprobar que entre las juntas de Palenque que el autor menciona, las más
reconocidas sean femeninas y con razón sostiene el autor que “la mujer
constituye la columna vertebral y el centro del mundo cultural palenquero”
(p.99).
3.
Participación comunitaria y electoral.
El capítulo quinto
comienza con la exposición de las normas constitucionales que regulan la
participación política de las comunidades. Está convencido de que fue la
existencia de un “sistema político elitista, avasallador y negador de derechos”
lo que desembocó en un conflicto social armado para cuya solución fue convocada
una Asamblea Nacional Constituyente en 1991, sobre cuyos resultados se detiene
el autor un momento para luego pasar al análisis de la ley 70 de 1993, la cual desarrolló el artículo transitorio
55 de la Constitución camino que conduce al reconocimiento de los derechos de
las comunidades negras y sus organizaciones. Mediante esa normatividad se
establece el importante reconocimiento de la diversidad étnica y cultural del
país, así como el derecho a la igualdad de todas las culturas, el respeto a su
integridad y dignidad y la participación de las comunidades negras y sus
organizaciones en el proceso de decisión de las medidas que las afectan.
También se detiene en el
análisis de la ley 649 de 2001 que les permitió la ocupación de dos curules en
la Cámara de Representantes, pero luego señala que, a pesar de que llegaron a
ser elegidos dos representantes de las comunidades negras para ocuparlas, por
carecer de arraigo cultural esos representantes no lograron mantener la alta votación
que ganaron al principio. El hecho de que se les haya asignado en principio dos
curules en la Cámara y ninguna en el Senado es para el autor una muestra de que
entonces no se reconoció el puesto significativo de la población afrocolombiana
en relación con la totalidad de la sociedad y refleja la indiferencia del
Estado con respecto a la “enorme deuda histórica” que tiene con las poblaciones
descendientes de los africanos y concluye que hace falta que se respete y
aplique el principio de proporcionalidad y favorabilidad para las comunidades
que han sufrido lo que denomina un “daño estructural” por prácticas
invisibilizadoras y excluyentes a las que fueron sometidas a lo largo de los
siglos.
Por eso examina a
continuación la tendencia a entender por “étnico” lo minoritario o la señal de
lo que el filósofo Kant habría llamado la “minoría de edad” (p. 212), es decir,
como una señal de incapacidad para ser un ciudadano, del cual se espera que
haya llegado a la mayoría de edad o madurez para ser capaz de pensar por sí
mismo, sin necesidad de ser dirigido por otro.
En el país existiría un
“imaginario de la incapacidad” que favorece el predominio de los partidos
políticos tradicionales que suelen ser los grandes triunfadores de las
elecciones debido a su capacidad para ejercer prácticas de clientelismo
político. Luego el autor examina con estadísticas los resultados de los
procesos electorales en los que se observa cómo, paradójicamente, en ciudades
como Cali y Buenaventura, con gran mayoría de afrocolombianos, sólo una pequeña
minoría vota por la circunscripción especial de negritudes.
Por eso pasa a examinar
lo que le parece un cierto divorcio entre la identidad cultural y la identidad
política (p.213) y le parece que se trata de una señal de que la cultura política
está todavía sufriendo las consecuencias de la colonización mental. Por otra
parte, señala que existe una falta de garantías reales para la participación de
las comunidades afrocolombianas en pie de igualdad con los partidos
tradicionales.
Sus causas se remontan al
pasado, en especial a la herencia del racismo que fomenta la invisibilidad y la
negación de derechos de los herederos de la cultura africana (p. 215), lo que
ocasiona una “subvaloración de “la importancia económica, intelectual,
organizativa, epistemológica y, en definitiva, cultural de los pueblos
afrocolombianos” (Ibíd.)
Luego analiza la escasa
potencialidad política de los movimientos sociales afrocolombianos considerados
como opción política y señala como causas el individualismo, el egoísmo, la
politiquería, y lo que nos parece un aporte, ya que pocas veces se habla de
este tema en los círculos políticos, lo que llama la ausencia de políticas
impulsadas desde el nivel de lo local, así como la “debilidad identitaria o
sentido de pertenencia” (p. 217).
Sin embargo, habría que señalar que cuando se considera que la democracia debe ser situada más allá de las reivindicaciones de intereses locales o de carácter identitario, siguiendo a Hannah Arendt, quien la refiere a la esfera pública, y a Charles Taylor, quien critica la anteposición de intereses étnicos a intereses políticos, se puede considerar que este aspecto del problema merece un análisis especial.
Al respecto agrega que
desde el Proceso de Comunidades negras y en las conclusiones de un congreso
realizado en Quibdó en el 2013 se impulsan iniciativas para promover la
participación política con identidad. Y lo que es más importante, se ha planteado
la construcción de un movimiento político que trascienda la circunscripción
especial y que luche por una auténtica democracia participativa, sobre cuya
orientación programática se concentra el autor indicando, entre otros puntos,
el del compromiso de preservación del territorio, el de un modelo de desarrollo
que fomente prácticas productivas en armonía con la conservación del territorio
y el importantísimo, de una política de empleo que considere el problema de la
economía informal e impulse formas de
economía solidaria rural y urbana, así como comunitaria.
Al final de este capítulo
el autor señala el importante avance logrado por el movimiento social
afrocolombiano al lograr incorporar en el acuerdo de paz un “capítulo étnico”
con el fin de adoptar medidas para los pueblos étnicos afrocolombiano e
indígena “simultáneamente y en plano de igualdad” y por los compromisos del
Estado a nivel internacional con políticas de reparación colectiva y el respeto
del principio de autodeterminación de los pueblos indígenas y afrocolombiano”
pero esta vez en calidad de “ sujetos colectivos de derecho”, lo que para el
autor significa que se ha reconocido a esos movimientos sociales como pueblos y
no simplemente como comunidades, lo que implica que, frente a la tendencia de
la globalización neoliberal de impulsar el reconocimiento mundial a una sola
forma de vida, se ha opuesto la posibilidad de un punto de vista de un mundo
multiverso, construido desde abajo, con base en la solidaridad entre las
diversas culturas que se comunican sin perder su “raíz contextual”, según subraya el autor mediante una cita de
Fornet (p. 233).
4. Ruta epistemológica para la comprensión
del movimiento social afroamericano como opción política de poder democrático.
En
este capítulo parte el autor, del problema de su investigación, que implica que
para lograr que se reconozcan los movimientos sociales afrocolombianos como
opción política democrática hay que hacer visibles factores que debilitan al
movimiento social afrocolombiano como constructor de democracias desde la
sociedad civil y de mostrar que esos factores en el fondo son epistemológicos.
Desde
el capítulo anterior se venían señalando las debilidades del movimiento social
afrocolombiano como opción política pero ahora se trata de lograr una
conceptualización completa de dicho movimiento.
Para
lograr eso tiene que mostrarse que el movimiento social afrocolombiano es una
síntesis cultural de la “colectividad étnica de raigambre africana”, que tiene
varias dimensiones: la ontológica, la humanística, la ético-política y la
pedagógica. Las cuales entra el autor a definir con cuidado.
Se
trata, pues de un enfoque multidimensional, en cuya exposición no podemos
detenernos dados los límites de una reseña, pero si se puede señalar a grandes rasgos
que dicho enfoque permite conceptualizar el ser afrocolombiano como sujeto de
derechos que no es una sustancia o cosa sino un conjunto de relaciones
políticas, culturales, sociales, económicas, territoriales y ambientales que
hay que tener en cuenta para la comprensión de los desafíos que plantea el
postconflicto.
Ahora
bien, para permitir el empoderamiento de un ser tan multidimensional se
necesitan procesos pedagógicos de recreación y socialización del mundo
cultural. Se
necesita indagar en la memoria colectiva de esos pueblos teniendo en cuenta su
conformación de carácter grupal.
En
la etapa de postconflicto el enfoque multidimensional permite construir una
especie de diálogo para el conocimiento de situaciones nuevas que desafían la
comprensión de los pueblos en transición. En
esta forma se podría construir una ruta metodológica más adecuada para romper
con la herencia colonial, fortalecer la autonomía y la autodeterminación del
movimiento social afrocolombiano y recuperar su dignidad como colectividad.
Al
finalizar la lectura del libro recordé el aprendizaje que tuve de lo que
significa espiritualidad, amistad y ciudadanía, así como del afecto respetuoso
por la mujer y de su valoración como capaz de dirigir comunidades y enfrentar
momentos difíciles del barrio, cuando fui en varias ocasiones invitado a los
encuentros de las comunidades de Santa Rita, un barrio cartagenero de gran
raigambre del pueblo afrocolombiano. Desde entonces me parece que me invadió
una para mí nueva visión sobre el futuro de la ciudad, cuya herencia libertaria
y democrática me parecía ver marchar de la mano de estas comunidades en
formación. La lectura de este libro me convenció de que mis conjeturas no eran
desacertadas.
Se trata del Movimiento Afrocolombiano Palenquero y raizal y no de todos los movimientos sociales afrocolombianos. (Excusa y rectificación).
ResponderEliminarAgradezco la observación crítica del profesor Waditt Díaz Abdullah, que me ha permitido ver que mi exposición da la impresión de que la obra pretende tratar de todos los movimientos sociales afrocolombianos.
Debo pedir a los lectores que se me atribuya a mí y no al autor, el que mi interpretación haya podido dar pie a la idea de que la obra trata de todos los movimientos sociales afrocolombianos, pues, incluso desde el título se puede observar que la investigación va dirigida a promover la participación creativa del movimiento social afrocolombiano palenquero en la lucha por el avance de la democracia, meta cuya clara visión está impedida por obstáculos epistemológicos, es decir por formas erróneas de conciencia de las tareas.
Ahora bien, para emprender la tarea de mostrar esos errores conceptuales el autor se ve obligado, ahí sí, a mantener a las vista los avances, retrocesos y formas de organización de muchos movimientos sociales afrocolombianos (como los del Pacífico) y enfocar las dificultades que no les permiten ver claramente la interrelación entre identidad étnica e identidad política, ni votar con conciencia de su responsabilidad por conservar el legado cultural de trabajo y creatividad por ejemplo en su relación respetuosa y amistosa con los demás pueblos y con el medio ambiente, legado heredado de sus ancestros y de su pasado de esclavitud